martes, 25 de octubre de 2011

La caja 27 (Relato en dos folios)

El tapón de plata giraba despacio en su mano. Y Don Miguel, con la mirada perdida en el fondo de la habitación, que fuera primero el gabinete de trabajo de su padre y luego, cuando murió, el refugio al que acudía para encontrarse con sus amados libros, se complacía recordando.

Aquella botella de vidrio verdoso, elegante y estilizada, con tapón y refuerzos de plata, se la había regalado Maritxu, su Maritxu, hacía ya tantos años que era como si siempre hubiera sido suya, -para que pongas dentro el oporto que tanto te gusta- le había dicho al dársela.

Y la botella y su tapón aún olían al oporto que había contenido; notaba su leve aroma emanando de entre sus dedos. Aunque, como su propia vida, era un recuerdo que se desvanecía por momentos.
¡Pobre Maritxu!, ya no volvió a ser la misma desde la muerte de Rosita; desde aquel desgraciado accidente que se llevó a su hija, a la única que tuvieron. A partir de aquel momento Maritxu comenzó a morir, si es que morir es ir dejando de vivir. Su alegría, su desparpajo, su coquetería… todo desapareció aquella noche de invierno en la resbaladiza carretera que lleva a El Escorial.

Con un brusco movimiento de cabeza, como para ahuyentar aquellos pensamientos, Don Miguel volvió la vista a la ventana y percibió que la tarde avanzaba, y que la falta de luz se iba dejando sentir en la habitación. Había cajas apiladas, muchas cajas; todos sus libros y muchos recuerdos estaban ya encerrados en cajas de cartón, todas ellas numeradas y precintadas con cinta de embalaje.

Encima de la mesa de roble, que había sido parte del despacho, quedaba una caja aún por cerrar, llevaba el número 27 y en ella, además de la botella para el oporto, había un pequeño espejo redondo con mango de plata y una lamparita de mesa, con la pantalla de pergamino muy ajada, pie también de plata y que su padre calificaba, “como de mucho mérito”.

El espejo se lo había regalado a Maritxu en una fecha de aniversario que ya había olvidado –así podrás ver de cerca esa cara tan preciosa que tienes- recordaba que le había dicho. Y desde entonces ella no dejó de utilizarlo nunca todas las mañanas nada más levantarse, -para arreglarme un poco-, decía.

La lamparita había sido de su padre, y Don Miguel la recordaba encima de la mesa desde siempre. Cuando era pequeño, y entraba a escondidas en el gabinete, jugaba con la perilla de bakelita que tenía, a encenderla y apagarla. Luego fue suya, y acariciando la perilla, encendiéndola y apagándola, aún podía ver a aquel niño pequeño, curioso y algo gordito, que jugaba con todo.

Ya era casi la hora, pronto vendrían a buscarle, tendría que irse, y para siempre. Al principio le había horrorizado la idea, pero poco a poco la fue aceptando y el día había llegado, casi sin sentirlo.
El coste de la vida había subido mucho y su escuálida pensión, lo único que le quedaba tras más de cuarenta años de trabajo en la imprenta municipal, era insuficiente para poder seguir viviendo en aquella casa. Y además comenzaba a necesitar cuidados que no podía pagar.

La residencia a la que se trasladaba, “muy buena” según la mujer del Servicio Social, no aceptaba que los internos llevaran ningún objeto personal, “tan sólo fotografías y con marcos pequeños”, le dijeron. Por eso todo quedaba atrás; López, el brocante de la vecina calle del Prado, le había hecho un precio por todo lo que quedaba, y es que la larga enfermedad de Maritxu se había llevado los ahorros y las pocas cosas de precio que tenían. Así, sus libros, muebles, y algunos pequeños adornos, casi sin valor, estaban ya embalados, precintados y listos, como lo estaba él mismo.

Unos golpes en la puerta le sobresaltaron.

-¡Vamos Don Miguel, que le esperan en el portal y aún tengo que terminar aquí!, casi le gritó, algo desabrido, un mozo con mono de trabajo.

Y Don Miguel, levantándose de la silla ya embalada, en la que había estado sentado, puso el tapón, metió la botella en la caja, y cerrando la puerta muy despacio tras de si, como sabiendo que era algo más que una puerta lo que cerraba, fue bajando los escalones hacia el portal.

Unas semanas después la voz impersonal volvió a repetir ¡Lote 27, botella para licor, lámpara de mesa y espejo de mano, todo en plata de baja ley, sale en 90 euros! Al fondo de la sala, una chica joven, morena, y de apariencia tímida, levantó su cartel.

jueves, 20 de octubre de 2011

Entre mujeres y hombres

Tengo la costumbre de asistir, una vez por semana, a una tertulia que se organiza en la terraza del Espejo en Madrid. No es una tertulia literaria, ni política, ni económica, sino que tiene el propósito de ser un poco de todo. A la misma suele asistir un grupo de amigos y sobre todo de amigas, todos de de edad mediana, que durante un par de horas nos sentamos a la mesa y disfrutamos de la charla. Como no podía ser menos, la cuestión recurrente en casi todas las conversaciones, cuando se difumina el tema del día, es la relación, a veces enconada, que mantenemos en estos momentos hombres y mujeres maduros y que ya están de vuelta de un primer matrimonio o relación; es decir, que somos divorciados, viudos, separados o solteros con espolones.

Suelen tomar la voz cantante ellas, ya que nosotros somos, para este tipo de conversaciones, más púdicos, tímidos o reservados, si se quiere, aunque otros pudieran decir que es un tema tan gastado que ya no nos interesa. Cuando aparece esta conversación, que ya es redundante y manida, se percibe enseguida un cierto sentimiento de malestar, contra los hombres, entre algunas mujeres asistentes. Y es preciso puntualizar que no es contra los hombres que fueron sus parejas durante años, sino contra los que encontrándose en su misma situación, es decir, separados, viudos, divorciados o solteros –solos todos- no comparten las mismas inquietudes, gustos y aficiones que ellas y no se muestran en el escaparate, a su disposición. En palabras de una de las asistentes “los hombres están agazapados”.

Otra de las opiniones, bastante generalizada, es que los hombres hemos perdido el sentido romántico de una relación entre hombre y mujer, y lo digo en el sentido protocolario. Es decir, que no estamos pendientes de la otra persona, que no llamamos cuando – en teoría- nos corresponde, que perdemos el interés enseguida; en suma, que no hacemos los movimientos de cortejo que gustaban antaño. Y utilizo adrede esta palabra, algo anticuada, para entender que si a las mujeres les gusta que se hayan perdido algunas costumbres anteriores, tienen que entender que necesariamente, en la misma maleta, se han ido otras; que estamos en el siglo XXI para todo, para lo que nos gusta y lo que no.

Aún recuerdo aquellos años jóvenes, cuando recién salidos de la adolescencia o en ella aún, comenzábamos a salir por las noches. Por cada diez de nosotros había una chica, solicitada como si fuera la última sobre la tierra. Cuidado con el desodorante, que todo vaya bien limpio y los zapatos brillantes, afeitados y bien olientes… aprendías a tocar la guitarra, a bailar si era preciso, todo, con tal de poder tener unas ciertas dosis de éxito. Ahora, que la proporción ha cambiado y en casi cualquier actividad nocturna o diurna, salvo en las estrictamente deportivas, hay muchas más mujeres que hombres, tal vez los esfuerzos de antes ya no son tan necesarios y sea, por el contrario, preciso cambiar el modelo del cortejo. ¿Pero estamos preparados, tanto hombres como mujeres, para aceptar este cambio?

Ante todas estas definiciones e ideas preconcebidas, sobre todo la de “agazapados”, me suelo rebelar, porque considero que está muy lejos de la realidad y que en esta realidad, lo que sucede, es que los gustos, necesidades e inquietudes entre los grupos de hombres y mujeres, de los que estamos hablando, son muy diferentes. Y no voy a entrar en la compleja situación anímica del hombre de hoy en día, que en menos de dos generaciones ha experimentado un completo cambio en su rol social. Eso lo dejo para psicólogos, sociólogos y antropólogos, si es que estos últimos pueden comenzar a hablar ya.

No puedo menos que reconocer, ya que no hay nada más tozudo que la realidad, que hay muchas actividades, ya sea en los campos de la cultura, la música, el baile y sociales en general, en las que el número de mujeres asistentes multiplica en muchos dígitos al de hombres. ¿Basta esto para decir que los hombres se agazapan? Yo creo que no, porque en otras muchas actividades, más deportivas o viajeras, el número de hombres multiplica en muchas veces al de mujeres. En deportes como la bicicleta, la vela, la pesca, la motocicleta, el trekking … o los viajes de aventura con esfuerzo físico o pocas comodidades, la desproporción a favor de los hombres es manifiesta. Luego no hay tal ausencia de uno u otro genero, lo que sucede es que las inquietudes son diferentes y hombres y mujeres nos ajustamos a ellas y coincidimos poco.

Otra cuestión, que también aparece ligada a la de los hombres “agazapados”, es la de sus preferencias en lo referente al género femenino.

- Sólo les interesan las jovencitas –dice una.

- Y las sudamericanas –dice otra.

Hay que precisar, que cuando se habla de jovencitas para un hombre maduro, de entre 45 y 55 años, se está hablando de mujeres de entre 30 y 40; es decir, de entre 15 0 20 años menos de su edad, lo que no son precisamente jovencitas hablando con propiedad, sino mujeres que saben bien lo que quieren y tienen capacidad sobrada para elegir. Y si hablamos de sudamericanas, la preferencia es por su carácter meloso –dicen las unas- tierno y cariñoso –dicen los otros.

En este sentido voy a relatar una experiencia que tuve, hace ya unas semanas, en un hipermercado. Estaba yo pensando en mis cosas, apoyado más que agarrado, al carro de la compra en la cola de la caja, cuando no pude dejar de escuchar la conversación, mejor dicho, el estridente monólogo que se desarrollaba alrededor del carrito que tenía delante; justo el que estaba ya pagando. La mujer, prematuramente avejentada, pero de entre 45 y 50 años de edad, se dirigía al hombre, de más o menos los mismos años, aunque mejor conservado:

-¡Es que no te enteras de nada!, los cereales que te gustan no son estos que has cogido. ¡Mejor que no hagas nada! ¡No te enteras!- y los improperios seguían en estos términos, a toda velocidad y como producidos por una máquina.

El hombre, que no decía nada, continuaba poniendo, con parsimonia y la cabeza baja, las bolsas ya llenas en el carrito. Cuando terminó de hacerlo sacó la cartera, pagó y tras coger el recibo se fue empujando el carrito tras su mujer, que continuaba echándole miradas furibundas y sin ayudarle en lo más mínimo.

Cuando este hombre se divorcie y busque otra persona no querrá nada igual a lo que tuvo. Buscará a una mujer más joven y más cariñosa. Se pondrá unos vaqueros y saldrá de nuevo a la calle dispuesto a hacer todo lo que no ha podido hacer en estos últimos veinte años; a viajar, a salir por la noche, a hacer deporte, a escuchar la música que le gusta. Pero todo esto lo querrá hacer ya acompañado.

Yo creo que es cierto que los hombres maduros buscan, de manera mayoritaria, mujeres bastante más jóvenes que ellos o también más cuidadas y al día, que la media. Es como si intentaran atrapar una juventud que se les va, divirtiéndose y riendo otra vez en la vida, sin estar dispuestos a aguantar las eternas recriminaciones que han tenido hasta ese instante y que, al parecer, las mujeres de su edad no están dispuestas a dejar de hacerle. Y desde ese momento el hombre comenzará a hacer más deporte, a cuidarse, a dejar de fumar, a vestirse de otra forma más actual.

También buscan mujeres más cariñosas, como debió ser su pareja cuando se encontraron hace ya demasiados años. ¿Podría tacharse al hombre por ello, como he tenido que escuchar en una ocasión, ante el alborozo, aplauso y arrobamiento de las mujeres presentes, de vicioso y desviado? Yo creo que no, tan solo quiere que le traten bien. Nota que su autoestima está por los suelos y quiere recuperarla. Que todos somos libres de buscar en la vida lo que más nos interesa o compensa en cada momento. Y que no debe ponerse en la picota a nadie, ni por elegir una mujer más joven que él, ni por elegir quedarse en casa en lugar de salir a conocer otras mujeres, lo que para algunas parece un desatino, sobre todo porque desconocen su dirección.

Por lo que podríamos deducir de las conversaciones de la tertulia, el hombre maduro actual, su cliché más general, sería el de un hombre de 50/55 años, separado o divorciado, que busca mujeres de 35/40 años y sudamericanas, que ha perdido el romanticismo y olvidado las reglas del cortejo, que no gusta de actividades culturales o musicales y que se refugia en casa o con sus amigos y en actividades de macho heterosexual , con algo de adrenalina y cerveza. Yo creo que esto no es así, pero si lo fuera habría que intentar sacarle partido a la situación.

Y si los hombres maduros buscan como compañeras mujeres más jóvenes que ellos y más cariñosas que su anterior pareja, ¿qué buscan las mujeres de su misma edad? No soy mujer y es muy difícil meterse en su mente, casi imposible. Nosotros somos más sencillos –simples dicen ellas- y en sus vericuetos mentales es casi imposible no perderse, además de resultar muy cansado. Por ello tan solo puedo aventurar opiniones que, seguro, serán fácilmente rebatibles.

Puede ser que la mujer actual tenga los mismos problemas de cambio de papel en la sociedad moderna que está teniendo el hombre. Que en su mente, tan capaz como la masculina, pero distinta, exista en estos momentos una lucha entre lo que fue, lo que es y lo que quiere ser. Fue mujer, madre y trabajadora doméstica y el hombre la valoraba como a tal. Ahora es mujer, madre, trabajadora doméstica y trabajadora por un sueldo ¿Qué es lo que más valora ella de todo eso? ¿Y el hombre? ¿Y qué quiere ser la mujer a partir de ahora? ¿En qué quiere ser más valorada? ¿En qué quiere resaltar más?

No creo que la mujer madura busque hombres más jóvenes que ella con idea de una relación duradera; lo que por el contrario sí sucede en los hombres, que buscan con su nueva pareja más joven una relación estable. Creo que la mujer busca un hombre más o menos de su edad, que sea compañero y con el que poder hacer las cosas que le gustan y que en su anterior experiencia pudo no realizar a su gusto: viajar, ver museos, bailar, ir al teatro, sentirse querida… Todo ello en el ámbito de una relación más o menos estable y duradera, lo que creo que ya, a estas edades, buscamos todos, aunque puede haber alguna excepción.

Por desgracia para muchas mujeres maduras y no me siento muy orgulloso de ello, creo que el hombre, cuando ve a una mujer, primero ve el exterior –como es lógico hablando de ojos- y después, si hay tiempo y ocasión para profundizar, se asoma al interior.

En estos momentos de profundidad intelectual recuerdo una opinión de esa tertulia:

- ¡El hombre sólo repara en el físico y yo quiero un hombre que vea mi interior, los demás no me interesan!

Como si la susodicha fémina en cuestión no se fijara en el estilo de los trajes que compra, el diseño del coche que le gusta o los muebles y decoración para su casa. Independientemente de la calidad del tejido, los amortiguadores que lleve o si están hechos de roble o haya.

Ya. El problema es que si el físico no acompaña es difícil que exista el tiempo para poder reparar en lo demás. ¿Es injusto? Sí. ¿Es superficial? También. ¿Se puede hacer algo para corregirlo? Sí, podemos dar una clase intensiva a cada uno de los hombres para que cambien su proceder….más bien creo que no, que sería una misión imposible e improductiva, que, como ya he dicho, la realidad tiende a ser tozuda y que en lugar de querer cambiarla resulta más eficaz ajustarse a ella.

Y en este punto sale a relucir mi afición a la pesca –criticada por desconocida, pero no menos instructiva- Si quiero pescar lubinas, tendré que ir al rompiente y recorrerlo a pié, tendré que ir allí al amanecer –que es cuando están- poner el cebo que les guste y no el que me resulte más cómodo de encontrar y esperar a tener suerte. Así, tal vez, pescaré alguna. Si voy a la dársena del puerto a media mañana, me siento en una silla con la cervecita cerca, pongo el cebo que tenga y espero con comodidad, no cogeré ninguna. ¿Diré entonces que están agazapadas? ¿O entenderé que tengo que cambiar de técnica?

Si es preciso competir con mujeres más jóvenes habrá que cuidarse, hacer deporte, vestirse bien, ponerse tacones y vaqueros y no machacar a la lubina que se acerque –perdón quería decir hombre- con dilatadas conversaciones sobre el compromiso, lo mal que lo hacen los hombres en general y lo superficiales y ridículas que son las mujeres que se dejan el pelo largo, llevan biquini y se visten con moda juvenil, que es precisamente lo que más nos gusta.

Casi con seguridad, la opinión generalizada al llegar a este punto, si es que habéis conseguido llegar hasta aquí, lo que os agradezco, será que todo lo escrito es un potpurrí de ideas machistas y trasnochadas. Tal vez sea así, aunque no era mi intención. Pero vuelvo a referirme a la realidad y si el tema de conversación en esa tertulia, y con seguridad en otras muchas, es casi siempre el mismo, será porque esta realidad existe y es tozuda.

Los hombres, al igual que las mujeres, están ahí fuera. Ni han dejado de existir, ni están agazapados. Puede ser cierto que se hayan vuelto cómodos, también que no estén donde algunas mujeres les buscan y sí en lugares a dónde no van a buscarles, pero si están y no se acercan al negocio es porque lo que tenemos no les interesa. Tendremos que cambiarlo o seguir en la eterna discusión.

Eduardo Lizarraga

viernes, 7 de octubre de 2011

Los paganos de la fiesta

Escuchaba por televisión el pasado fin de semana una intervención del candidato por Andalucía, Arenas Bocanegra; con cara seria y gesto adusto nos anunciaba que la fiesta se había acabado y que ahora tocaba pagarla, y lo decía en la distancia, como si él mismo hubiera estado ausente del jolgorio. Nada nuevo en un discurso, el del PP, que se repite desde hace unos meses. Todos conocemos esa realidad, algunos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, otros han ganado dinero con la situación y ahora toca apretarse el cinturón. Y sin embargo creo que se debe profundizar en el comentario del candidato, que espero vuelva a serlo en las próximas elecciones.

A la hora de pagar algo en grupo siempre pasa lo mismo. Unos pagan más, los hay que pagan menos y también están los que no pagan. Ya no es que el que ha cenado angulas pague a escote con los demás, incluyendo al que por estar a dieta tomó una tortilla a la francesa y un vaso de agua, no, es que pudiera ser que los que han estado con barra libre en la fiesta se vayan sin pagar y se cotice a escote entre los que permanezcan en el local y algún involuntario que pase por la calle en ese momento.

Y mucho me temo que con los datos en la mano, los que nos están proporcionando todos los días las autonomías gobernadas por el PP, se vaya a lo fácil. A que algunos no paguen y a que el resto paguemos a escote. Y esto es lo fácil de hacer, además de lo injusto. Porque, si no nos hemos beneficiado de la misma manera en las vacas gordas ¿por qué vamos a pagar a medias cuando llegan las flacas? No será más justo que se establezcan algunos baremos como el de acumulación de patrimonio o su incremento durante los años de bonanza para adjudicar a cada uno un pago justo. Ya se que puede no ser fácil el establecimiento de esos ratios, pero ¡demonio!, que los empleados públicos, tanto fijos como de cuatro años de contrato, piensen y se ganen el sueldo.

Resulta curioso observar,aunque previsible,que sean dos de los principales pilares del bienestar, Educación y Sanidad, los que han comenzado a rebajar los políticos del PP recién ascendidos a gobernantes autonómicos. Parece como si a ellos y a los suyos no les afectara la medida. Está claro que a Cospedal, que gobierna ahora en Castilla la Mancha –nuevo cargo, nuevo sueldo ¿cuántos van?- ni la rebaja en la gratuidad de la enseñanza, ni en la sanidad pueden afectarle mucho. Tampoco en Cataluña están las cosas mejor, aunque claro, vuelve a ser la derecha la que gobierna, dispuesta a reducir el presupuesto sanitario pero no a hacer lo mismo con el programa de inmersión lingüística. ¿Qué opinaran los que han votado tanto a PP como a CIU? Y no sólo allí, sino en Baleares, Extremadura, Aragón…

En este punto podemos hablar de la pérdida de conciencia de clase que han traído consigo todos estos años de lenta mejoría económica, desde el fin de la dictadura franquista hasta nuestros días. A la fiesta que menciona Arenas no sólo hemos ido a comer y a beber, sino que hemos abandonado el traje de pana, el jersey casero y las Panter, y nos hemos puesto los vaqueros de marca y los Martinelli. La clase obrera ha desaparecido y en su lugar queda una ampliada clase media, desideologizada y consumista, que va a ser la pagana de la fiesta. Y ya se está comenzando a dar cuenta de la factura, aunque pudiera ser que algo tarde porque su voto se ha ido o se irá al PP que, en esta ocasión, con programas y mensajes vergonzosos, ha ganado la batalla de la comunicación.

¿Que el PSOE ha hecho mal las cosas?, no seré yo quien lo discuta; su actuación me recuerda a la franquista en 1973 con la primera crisis del petróleo. Se negó la crisis, se protegió el precio de los carburantes y se nos metió de hoz y coz en un marasmo económico que duró años. Algo similar ha sido la actuación de Zapatero negando la crisis económica y no sabiendo ver su importancia para nuestro país. O no quería escuchar a nadie o sus asesores estaban pagados por Génova, porque desde luego, peor imposible. Perdió los ayuntamientos, perdió las autonomías y ahora perderá el Gobierno de la nación. Vamos a una refundación del partido, lo que no está mal si desaparecen las aidos, pajines y otros especímenes del aparato, aunque espero que queden algunas cabezas pensantes, porque inmolarse alrededor del candidato Rubalcaba, aunque honorable, no lo veo muy inteligente.

Casi con seguridad, con el resultado de las próximas elecciones generales perderemos lo poco que habíamos obtenido de estado del bienestar europeo. Sanidad, Educación, prestaciones sociales, derechos laborales, derechos sindicales… y ya veremos qué más, van a ser sacrificados por el PP en aras de una recuperación económica que tan sólo se producirá en consonancia con la situación de nuestro entorno. Y culpando, eso si, de todo a Zapatero, al PSOE y a la herencia recibida. Y lo harán,lo están haciendo ya, durante esta legislatura que se iniciará en unos meses y durante la siguiente si les dejamos.

Los perjudicados vamos a ser todos los que hemos estado en la fiesta, pero a régimen. Y los beneficiados la banca, las grandes empresas, los empresarios y todos aquellos que sustituirán los servicios ofrecidos hasta ahora por el estado del bienestar, por otros pagados al contado. Asi dispondremos de menos dinero y nos sablearán con los mismos impuestos o más… ¿Hemos votado o votaremos eso?

No espero más que estulticia de la masa aborregada, asustada y apesebrada en la que nos han convertido treinta años de molicie intelectual. Al menos no en el breve espacio de tiempo que resta hasta la elecciones. Pero espero que la conciencia social dormida se despierte ante las agresiones que vamos a recibir a partir de enero y que cuando vengan a buscar al amigo o al vecino de enfrente no dejemos que se lo lleven, porque los siguientes podremos ser nosotros.

Que lo que comieron angulas, bebieron reserva y se tomaron un armagnac paguen lo que se llevaron; eso es lo justo y no que se lleven por delante la casa del parado, el colegio de sus hijos y el hospital de su madre. Pero seguro que aún no estamos preparados para despertarnos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Adaptarse al medio

Todos los “millones” de espectadores, que vemos a diario los documentales de la 2, estamos cansados de oír eso de que son las especies que se adaptan al medio las que sobreviven. Que cuando cambian las condiciones ambientales y aumenta el frío o disminuye la cantidad de alimento algunas especies emigran, las hay que desaparecen y otras se adaptan y prosperan. Pues algo parecido es lo que está sucediendo en nuestro país. Las condiciones han cambiado en estos tres últimos años, y parece que todo va a seguir en la misma línea de empeoramiento, por lo que sólo podemos emigrar, adaptarnos o desaparecer. La primavera no va a volver antes de tiempo.

Nos enfrentamos a una crisis de recursos; el primero el dinero y a continuación la alimentación, la energía y el agua. Debemos volver a aprender a vivir con menos, como lo hicieron en su momento nuestros padres y abuelos, y a limitar el tamaño de muchos de los bienes de que disfrutamos, a saber casas, coches y hasta televisores. Tenemos que consumir menos, sobre todo de los recursos que están escaseando, es decir, dinero, alimentos, energía y agua. Ya se que este concepto de gastar menos va en contra de los que defienden la necesidad del crecimiento económico constante para que todo funcione, pero tal vez haya llegado el momento de decir basta al crecimiento y buscar otras soluciones. La fiesta dura desde mediados de los 90 y debemos de comprender que ya se han apagado las luces y toca rascarse el bolsillo para pagar.

¿Cuántos metros cuadrados de casa necesita una persona para vivir? ¿Cuántos cms3 necesita un coche para funcionar lo suficiente? ¿Necesitamos tres o cuatro coches por familia? ¿Y cuatro televisores? ¿Hay que comprar ropa todas las temporadas y estar a la moda? ¿Es necesario comer o cenar en los restaurantes para ser felices? ¿El que algo sea viejo o esté anticuado obliga a que lo sustituyamos aunque funcione correctamente?
Hay que responderse a estas preguntas y a unas cuantas más, y seguro que a todas las que planteemos la respuesta será la misma: que necesitamos muchas menos cosas de las que creemos para vivir bien. Otra cosa es que los especialistas en vender intenten crearnos la necesidad y que casi siempre lo consigan.

Tenemos casi cinco millones de personas en el paro, los sueldos o bajan o se estancan, debemos una escalofriante cantidad de dinero como país y solo saldremos de esta si somos capaces de sobrevivir con menos y ahorrar más. Debemos hacer de la necesidad virtud y ser imaginativos, en lugar de derrochadores, a la hora de enfrentarnos al día a día. La comodidad debe, además, dejar paso a la economía.

Los hipermercados, que llevan con nosotros poco más de treinta años, no son la solución más barata a la compra alimentaria. Basan su atractivo en el establecimiento de unos precios reclamo en productos básicos, como son la leche y el aceite, pero luego tienen el mismo precio o son más caros que las tiendas de barrio. Y ya en el caso de las frutas y verduras la diferencia puede resultar escandalosa. Además suelen estar situados en el extrarradio y siempre debemos utilizar el vehículo propio para poder acercarnos a ellos. No son la solución más económica, tal vez la más cómoda, pero en una situación de crisis como en la que estamos desenvolviéndonos no son sostenibles, ni por lo que consumen en recursos, ni por el empleo que generan, ni por lo que nos hacen gastar.

Los bancos y cajas de ahorro también están notando la crisis; sus aventuras inmobiliarias, de las que están saliendo con el dinero de todos, haciendo realidad el viejo axioma de “socialicemos las pérdidas pero no los beneficios” y la caída de su principal negocio, la venta de dinero, basada en la concesión de hipotecas y créditos al consumo, están haciendo una buena mella en sus cuentas de resultados. Su solución es sencilla, nos están subiendo y seguirán haciéndolo, todas las comisiones por los servicios que hasta ahora nos prestaban gratis, a cambio de tener nuestro dinero. Hay que contabilizar este coste en comisiones diversas y cerrar un buen número de cuentas inútiles y que solo nos cuestan dinero. Concentrar todo lo posible en una única cuenta y negociar el precio de las comisiones, que sí se puede hacer, aunque se obstinen en decirnos lo contrario.

Se avecina una nueva privatización de servicios, como puede ser la venta del Canal de Isabel II en Madrid, algunos tramos de la Sanidad y otros de la Educación. De nuevo vamos a volver a pagar los de siempre y sin devolución alguna. Porque, aunque las administraciones autonómicas o estatal cuando le toque el turno, eliminen algún coste de estos servicios al privatizarlos, nosotros vamos a pagarlos en directa y no nos van a bajar los impuestos en la parte proporcional al ahorro conseguido, porque ese dinero ya se lo han gastado. Es decir, pagaremos dos veces.

Y en cuanto a la venta en Madrid del Canal de Isabel II, para el que Esperanza Aguirre, por razones obvias, está buscando otro posible comprador que no sea Aguas de Barcelona, los madrileños se pueden ver privados de unos de sus bienes más preciados y que hasta el momento en que se comenzó a preparar la venta ofrecía un muy buen servicio a todos sus usuarios. Ahora ya no tanto porque hay que subir su EBITDA como sea. Y aunque el agua es un bien de todos, cuando su gestión sea privada, entrará en conflicto la calidad y la garantía de abastecimiento con el coste, y unas tendrán que bajar y otro subir para que los beneficios se incrementen. Nuevo incremento de precio, y por lo tanto rapiña a nuestro bolsillo, en algo tan básico como es el agua.

Y la energía no le va a ir a la zaga; aunque se hayan estancado sus tarifas hasta fin de año, por razones electoralistas y de control de precios, debemos ir preparándonos porque subirán de nuevo el año que viene. Y no de una manera contenida. La liberalización del mercado energético que traería, eso nos dijeron, una libre competencia en la política de precios, es una cuchufleta que nos vendieron de forma interesada. Todos sabemos lo que nos ha subido el recibo de la luz en estos dos últimos años, y las prebendas que ha conseguido el sector del Ministerio de Industria, que han sido muchas, no han ido en beneficio del consumidor. Preparemos más dinero para la electricidad. ¿Cómo vamos a poder ahorrar?

Tenemos que consumir menos, ahorrar más y también, hay que volver a decirlo, ser más eficientes en nuestros trabajos. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, permanecer más horas en la oficina o fábrica, que estamos a la cabeza de Europa en horas trabajadas y a la cola en competitividad conseguida. Tal vez sea ahora el momento de normalizar nuestros horarios que cada vez son más disparatados. Y para ello hace falta un gran pacto con múltiples intervinientes; patronal y sindicatos por un lado, administraciones por otro, y hasta las televisiones deberán comprometerse para acabar sus programas de máxima audiencia antes de las once de la noche. Debemos ajustar nuestros horarios a los del resto de nuestros vecinos porque cada día se están distanciando más y esa puede ser una de las razones, seguro que hay muchas más, de nuestra falta de competitividad.

Todos debemos hacer un análisis de cuáles son nuestros recursos y cómo podemos hacer, no sólo para que sean suficientes, sino para poder ahorrarlos en lo posible y salir de la crisis adaptándonos a ella. Casas y coches grandes que pueden compartirse, mayor eficiencia energética en los hogares, comunidades de compradores para bajar los precios, movilizaciones para impedir el desmantelamiento de los servicios públicos y, por lo tanto, una duplicidad en sus costes, participación en bancos de tiempo, intercambios de bienes y servicios, vuelta a mirar las estructuras tradicionales de la familia como organización social… cada uno de nosotros debe saber hasta donde va a tener que llegar para pasar los tres años de crisis, como poco, que nos quedan. Hay que adaptarse para sobrevivir y lo dicho antes, hacer de la necesidad virtud.

Eduardo Lizarraga
5 de Octubre 2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

En la ardiente oscuridad

Por si había alguna duda sobre el agosto movidito que han tenido nuestros políticos, no hay más que ver lo que éstos últimos días de agosto nos dejan; nada menos que una pedorreta a la soberanía popular y una fractura del consenso constitucional , que tiene riesgo de convertirse en costumbre.

La Constitución que tenemos los españoles se sometió y aprobó en referéndum, y aunque legalmente los partidos mayoritarios puedan ampararse en la Ley para reformarla, no resulta ético ni moral hacerlo. Eso sin olvidar el precedente que está dejando para posteriores “necesidades reformistas”. Se nos dice que es urgente hacerlo ¿es que no puede esperar dos meses? , se nos asegura que un referéndum resultaría demasiado oneroso en las actuales circunstancias ¿y una tercera urna el 20N?, se invoca a los mercados y a su tiranía ¿resulta mejor convertirse en tirano y hurtar sus derechos al pueblo? A veces tengo la impresión de que quien nos gobierna de verdad son los mercados financieros, y es a ellos a los que se rinden cuentas y no al pueblo español. ¿Cuándo se han puesto en estas dos legislaturas de acuerdo el PP y el PSOE para algo? Hasta el paro, que es la mayor preocupación del país, ha pasado a un segundo o tercer término frente a las exigencias de de estos mercados sin rostro.

Y todo esto en cuanto a la rotura del consenso constitucional, pero también hay otras cuestiones que saltan a la palestra. ¿Se puede limitar el déficit presupuestario a las comunidades históricas? Y si esto es así ¿se puede limitar la solidaridad de estas comunidades? ¿Con qué va a negociar el consumido Gobierno de ZP para tener la aquiescencia de algunos partidos en los trámites parlamentarios que se van a suceder estos días? Durán y Lleida sabe negociar muy bien cuando está en ventaja, seguro que saca adelante su eternas peticiones para el sector empresarial, ¿tal vez la de cargarse la obligatoriedad de los convenios colectivos?. Se necesita que 35 parlamentarios pidan la convocatoria de un referéndum vinculante para que la decisión de reforma de la Constitución pueda ser sancionada o rechazada por la sociedad española. ¿Podrán comprarlos a todos?

Mucho me temo que la limitación del déficit presupuestario va a afectar sobre todo a los conceptos más sociales del presupuesto. Es decir, Sanidad, Prestaciones, Ayudas, Educación… porque no nos engañemos, ya son varios los botones de muestra que este ejecutivo nos ha dejado en estas últimas semanas. Sus prioridades se dirigen a que el sistema financiero no tenga pérdidas y que paguen los excesos no los que han ganado más, sino los que tienen menos. Y es necesario recordar una vez más que el origen de todo este problema mundial tiene poco que ver con las cuentas públicas y mucho con una nueva forma de hacer negocio, vendiendo lo que no se tiene y comprando sin dinero, manejando en todo momento los mercados a conveniencia. Los que inventaron esta nueva economía financiera y que se lucraron de ella a costa de todos, son a los que ahora se ayuda para que el sistema, su sistema, pueda seguir funcionando.

La reducción del IVA en las viviendas nuevas es una medida dirigida al sector bancario, para que éste pueda reducir el stock de vivienda que tiene y compita con ventaja frente a la venta de vivienda usada. Vivienda que es propiedad de un hipotecado, que ve como se continúa devaluando mes a mes y que no tiene posibilidad de venderla a un precio que le pueda permitir pagar al banco lo que le debe. A ese mismo banco que ahora compite en el mercado de la vivienda con una nueva ventaja fiscal, concedida graciosamente por este ejecutivo que se dice socialista.

Decía Maquiavelo “Los hombres son tan simples que el que los quiera engañar siempre encuentra a algunos que se dejan”. Y así nos va. Seguro que nos vuelven a engañar y nosotros, contentos y encantados de habernos conocido, les iremos a votar de nuevo. Porque pensemos desde otra óptica el porqué de la elección de la fecha del 20N. Este otoño no va a ser nada conflictivo, salvo algunas protestas por la chapuza constitucional que se quiere hacer. A este verano caliente, lleno de maniobras en la oscuridad, y en el que todos andamos preocupados por la economía, -hay que difundir el sorprendente dato de ventas de los diarios económicos que este agosto ha batido todos los records-, va a seguir un otoño electoral que tan sólo va a tener trascendencia política, pero a las navidades le sucederá un periodo de decisiones y toma de medidas que van a atentar sobremanera contra nuestro bienestar social. Esta reforma constitucional, que quiere impedir déficits superiores al 0,4%, es una buena indicación. Y unas elecciones sumergidas en crispación social y agitación callejera, no tienen sentido político para ninguno de los grandes partidos, que quieren seguir manteniendo la comodidad y seguridad de la alternancia.

A partir de las Navidades, que se dejarán tranquilas para que tiren en lo posible del consumo, veremos la verdadera cara del PP y una nueva radicalización de los sindicatos y del movimiento 15M, porque el derecho laboral y los derechos adquiridos de los trabajadores van a ser los primeros grandes perjudicados. A ellos seguirán la sanidad y las prestaciones sociales, el medio ambiente y la educación., entre otras. No creo que se introduzca ninguna medida fiscal especial sobre los bancos ni sobre las grandes fortunas, como en Estados Unidos o Francia, y no porque estas puedan irse, que ya se han ido, sino porque tal declaración fue una mera cortina de humo para distraer la atención de lo que se estaba trajinando a escondidas. Los paganos vamos a volver a ser los mismos de siempre, los que no podemos defendernos, porque tenemos una nómina visible y somos fáciles de engañar, porque somos almas sencillas, con mucho que perder y una familia detrás. Nos hemos aburguesado demasiado.

Lo dicho, este ha sido un verano caliente, y trabajando codo a codo en la oscuridad los dos grandes partidos han puesto las bases para volvérnosla a jugar.

Eduardo Lizarraga
Agosto 2011

martes, 23 de agosto de 2011

Un agosto tórrido y movidito


Este mes de agosto de 2011 está siendo muy diferente, en el terreno político me refiero, a todos los años anteriores. No hay vacaciones políticas en el sentido estricto, y los líderes de los distintos partidos “interrumpen” sus periodos de descanso para irrumpir en el ruedo político con absoluta asiduidad. Signo inequívoco del mes de septiembre que nos aguarda.

Y varias son las razones de la singularidad de este agosto tórrido y movidito. Por un lado, claro está, la crisis económica en la que estamos inmersos, que lejos de irse despejando, nos sacude día a día con nuevos sobresaltos, lo que indica que aún nos queda mucho por sufrir. Y por el otro lado todo el resto de “la movida”; es decir, los últimos meses de presidencia de Zapatero, con sus intentos de enderezar en lo posible la situación; las apariciones del candidato Rubalcaba, que pretende a su vez convencernos de lo bien que lo puede llegar a hacer, si le damos la oportunidad para ello; y los sobresaltos alarmistas de toda la plana mayor del PP, desde Andalucía a Castilla la Mancha o Aragón, pasando siempre por Génova, vestidos de verano, pero ya con el tono de campaña electoral.

Menos mal que ya han eliminado el soniquete de adelanto electoral y comienzan a mostrar “la patita” en lo que va a ser su campaña de elecciones generales. Y aunque ya no venga casi a cuento , sigo sin entender el porqué de sus prisas; y es que su eterno argumento de que miran por el bien de España me hace sonreír de medio lado. No son estos, los hombres del PP, ni tampoco los del PSOE, más que políticos que miran por su interés, y por el del partido del que cobran, por un plazo de cuatro años, no son estadistas que miren por el beneficio de una generación. En este orden de cosas se avecinan muy malos tiempos –creo que peores que los ya pasados- para los trabajadores y parados de este país, y por consiguiente para el partido que esté en el Gobierno. Yo hubiera dejado que, aunque fuera por vergüenza torera, Zapatero hubiera dejado hechos o encauzados algunos de los deberes que al parecer hay que hacer. Y me gustaría no tener que cargar en mi currículo con el recorte de derechos sociales y laborales que se avecina. Pero las cosas están así y así hay que tomarlas.

Me encantaría saber, como a todo el resto de españoles, cual es el programa económico y social del Partido Popular para la próxima legislatura. Es decir, cuál va a ser la reforma laboral, la sanitaria y la impositiva, cuáles los recortes a los funcionarios y los recortes de derechos laborales a los trabajadores, las prebendas a las grandes empresas y a las pequeñas, las privatizaciones de servicios y empresas públicas, las subidas de impuestos… en fin, todo ese conjunto de medidas que dicen que no van a hacer y de las que echarán la culpa al antecesor cuando las hagan. Son fáciles de adivinar sus pasos a partir del 2012, tan sólo hay que ver quiénes han sido sus firmes aliados en estos últimos tres años y a los que tendrá que devolver lo recibido. ¿Qué quiere la CEOE? ¿Qué quieren las grandes empresas?¿Y las grandes fortunas? ¿Qué desea la Iglesia? Todos se van a poner a la cola para cobrar y sino, al tiempo. Pero, ¿pondrán al país, y a ellos mismos, bajo las patas de los caballos para contentarlos?

Preveo un año 2012 muy complicado y frustrante, no sólo en la política, sino también para un elevado número de los trabajadores de este país, funcionarios o no, parados o no, jóvenes o no. Todos nosotros, y me incluyo entre los preocupados y posibles damnificados, vamos a ver recortados muchos de los derechos laborales y sociales conquistados a lo largo de casi un siglo. Y la gran pregunta es ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿y la de los sindicatos comprados y amansados por el PSOE? Están estallando revueltas sociales en muchos países del mundo, algunos con una tradición de tranquilidad muy grande. Estaría bien que el Gobierno que venga tenga especial cuidado en que esto no suceda.

Los indignados del 15M van a crecer en número y sus acciones se van a multiplicar. Porque tienen razón en su principal planteamiento. Hay que cambiar un sistema viciado e ineficaz, que cada vez privilegia a un menor número de personas y perjudica a más. Ni el mercado ni el dinero pueden dejarse en manos privadas porque ya vemos lo que sucede. Si el sistema no cambia iremos abocados a otra crisis –parece que hay nuevos problemas económicos llamando a la puerta- de la que tal vez ya no podamos salir. Los Gobiernos occidentales deben hacerse con el control financiero de los mercados, no sólo para evitar los enriquecimientos de unos pocos, sino para impedir la miseria y el sufrimiento a millones de personas. Ya se que la música no gusta, y menos a estos liberales de viejo cuño que llegan, pero como dice el refrán “a la fuerza ahorcan”.

Y es que si no se toman las medidas adecuadas para impedir el caos económico y existencial a millones de españoles, los indignados pueden pasar primero a desesperados y luego a amotinados. Cierto es que ya el Partido Popular, a través de algunos de esos programas de falso debate político con los que se pretende presentar la realidad del país, y se confunde a las almas sencillas, ha lanzado la acusación de que “son las hordas de Rubalcaba las que ocuparon Sol y se lanzarán contra el gobierno del PP después de que el PSOE pierda las generales”. Pero esta no es la realidad, el descontento social crece y hay que tener claro que no es contra la democracia, sino contra la caterva de políticos mediocres, de uno u otro signo, que se creen de una casta especial, tanto por sus prebendas, como por sus sueldos, y que envueltos en su particular burbuja de yupie, han llevado al país al borde del abismo.

Hay que cambiar el sistema y tan sólo una nueva clase de políticos y un gran pacto entre los partidos, con un gobierno de concentración, podrá hacerlo y salvar así la situación. Porque en caso contrario volveremos a la misma tesitura, a echar la culpa al que estuvo antes –parece que esa será la “gran estrategia del PP” y a no hacer nada porque el que está enfrente no dejará hacerlo, no sea que salga bien. Y estoy apuntando ahora al PSOE, que se ha quejado amargamente de que el PP no le ha ayudado en ningún momento, por miseria política, a capear la gran crisis en la que estamos inmersos. ¿Hará lo contrario el PSOE de lo que acusa al PP y será un firme aliado cuando le necesite el Gobierno? Creo que no; que su miseria será la misma de la que ha hecho gala el PP durante estos últimos tres años y que hará todo lo posible para conseguir que la situación vaya mal al partido gobernante, no importándole un ardite lo que suceda con el país y sus ciudadanos.

Lo dicho, o hacemos un gran esfuerzo común para cambiar el sistema, o seguiremos inmersos en la misma inmundicia, y cuando la situación es mala todo tiende a peor.

EDUARDO LIZARRAGA

AGOSTO 2011

Perlas vaticanas


No he estado siguiendo la visita del obispo de Roma a nuestro país en modo alguno, para ser exacto lo único que me ha preocupado, y por tanto a lo que he prestado atención, ha sido el modo en que sus actividades podían interferir en las mías, lo que ha sido unas cuantas veces para mi disgusto, y sin embargo, ha sido tanta la cobertura mediática que a esta visita le han prestado muchas cadenas de TV, que algunas de sus frases e ideas han llegado hasta mi. En concreto dos de ellas no han dejado de preocuparme, porque si el representante máximo de varios centenares de millones de católicos es capaz de esgrimir tales barbaridades en público, es porque no sólo muchos políticos, sino también la Iglesia, han perdido definitivamente el pudor.
Me sorprendía la primera de sus frases cuando en un telediario, de no se qué cadena, el Jefe del Estado Vaticano decía al nuestro, es decir a Juan Carlos, que “el cristianismo está siendo rechazado en el mundo”. Y lo decía sin ningún rubor y con todo el aplomo de que es capaz. Y creo que este buen hombre, porque estimo que debe serlo, anda un poco equivocado. No es el cristianismo al que se rechaza, yo me considero cristiano y a lo único que rechazo es a una Iglesia que ha perdido sus valores, sus ideales y cuyo único objetivo en el mundo es continuar manteniendo su poder; eso sí, en medio de unos lujos tan desorbitados y con un boato que ya no son de recibo.
No voy a entrar ni en el coste de la visita ni en los beneficios –todos los políticos, incluso los más católicos tan sólo han hablado de beneficios económicos para Madrid, ¿dónde queda la espiritualidad?-, pero con la historia de la Iglesia en la mente tengo obligación de hacerme una serie de reflexiones. El verdadero poder de la Iglesia comienza tras el Edicto de Milán, entre Constantino y Licinio, que garantizaba la libertad religiosa en todo el Imperio Romano; fue en el año 313 y desde ese instante la recién permitida Iglesia maniobró acertadamente para quedarse con la exclusiva religiosa del Imperio, medida que consiguió de Teodosio en el año 380. A partir de ese momento comienza la persecución del paganismo –vergonzoso cierre de la Academia de Atenas- y de cualquier otra religión que no sea la cristiana. Persecución que llenó de sangre y terror los siguientes 1500 años, convirtiendo a la Iglesia católica en un azote, sangriento e inculto, de pueblos, costumbres y religiones, compitiendo con las tiranías más sangrientas que hayamos conocido. Con la excusa de “Dios lo quiere” causó centenares de miles de muertos con las Cruzadas, a ellas siguieron la tortura y muerte de los cátaros, la persecución de los judíos, la quema de brujas y las guerras de Religión de los siglos XVI y XVII que causaron la decadencia y empobrecimiento de la España de la época. Todo esto por citar unos pequeños ejemplos, pero podría seguir hasta llenar más de un libro.

La Iglesia creció y se hizo fuerte durante sus primeros siglos estando del lado de los pobres, de los esclavos, de los desarraigados, ¿qué queda de aquel espíritu? Creo que nada, tan sólo es una empresa, tal vez la más antigua del mundo y la que tiene mayor número de clientes, con su política comercial, sus inversiones, sus directivos, su presidente, su Consejo de Dirección, sus sueldos y dietas, su escalafón, sus jefes de zona…Ya no está ni con los pobres, ni con los esclavos, ni con los que sufren, al menos la Iglesia Vaticana. No he visto ni una imagen de esta iglesia en Somalia, ni en la India, ni en Haití. ¿Para qué todo ese lujo, ese boato, ese derroche de medios? ¿Con cuantos millones del presupuesto que ha costado la visita del sucesor de San Pedro se podía haber solucionado la hambruna de Somalia?
No creo que nos apartemos del cristianismo, sino más bien es esa Iglesia la que se aparta de la realidad, y hace menos que algunas ONGs laicas por solucionar los problemas del mundo.
La segunda “frase del día” con la que me sorprendió el Jefe del Vaticano y me reforzó aún más en mis convicciones de que la Iglesia es ya tan sólo una empresa más o menos rentable, fue la escuchada el día antes de su marcha: “A Jesucristo sólo se puede llegar a través de la Iglesia Católica” Si Jesucristo es Dios está claro que la Iglesia Católica quiere tener la exclusiva de la salvación. No está mal, nada mal. Me quedo con la marca, los derechos de uso, le instalo el copyrigt y el que quiera salvarse me paga. Vamos, es que ni la SGAE que casi nos cobra por cantar en la ducha ¿Dónde quedan los seguidores de otras religiones, incluidas las cristianas? ¿Dónde quedan los hombres buenos que siguen unas correctas normas éticas y morales? Esto no lo dijo el Pontifex Maximus, o tal vez no se atrevió a decirlo, pero seguro que su director comercial ya tiene en mente decir, como argumento de venta, que el usuario de otras empresas de salvación se podrá quedar sin cobertura divina en cualquier momento.
Como a todas las empresas del mundo a la Iglesia Católica también le ha llegado la crisis; otras iglesias más pequeñas y activas, más cercanas a los pobres y desfavorecidos, le están dando sustanciosos bocados al negocio de la salvación; muchos de sus trabajadores se desligan de la misma, hartos de unos corsés estrechos y anticuados y abren su propia oficina, y sus clientes principales, ricos, cultos y occidentales, abandonan la empresa de sus padres y dedican sus superávits económicos a la financiación de ONGs en todos los rincones del mundo. Ante esta situación se produjo una pequeña discusión entre las dos tendencias mayoritarias, y aunque pareció que en un primer momento pudo triunfar la opción más aperturista, el cambio de propietario del anillo del pescador consiguió que el fundamentalismo más rancio y retrógrado se instalara definitivamente en la cúpula eclesiástica. Amparados por una organización algo siniestra, los partidarios de la tradición fundamentalista se centran, desde hace unas décadas, en afianzarse en los países más ricos pregonando las bondades de la familia y pasando el diezmo a sus acólitos, que pagan a gusto su plaza en el paraíso. Mientras tanto se abandona a su suerte a millones de personas que, originarios de muchos de los estados llamados fallidos, carecen de toda posibilidad económica y necesitan ser salvados del hambre sin poder pagar nada a cambio.
Así lo veo y así lo siento; y mucho tiene que cambiar esta “Iglesia Universal” para que yo pueda volver a creer en ella. Mientras esto sucede espero que el actual ocupante de la silla de San Pedro, y los que le sigan en el cargo, se fijen más para sus visitas en otros países y nos dejen un poco de tranquilidad en éste.

Eduardo Lizarraga
Agosto 2011