miércoles, 25 de julio de 2012

¡Que se jodan!


Nos vamos de vacaciones y seguimos el año como lo empezamos. Con recortes de todo tipo, siempre a beneficio y perjuicio de los mismos.  Con nuevas mentiras y similares desaguisados, a los de comienzos del gobierno de Raxoy. El PP no ha desmontado el pequeño estado de bienestar del que disfrutábamos los españoles, lo ha arrasado. Y todo ello sin tacto y con una desfachatez, que en algunos momentos está rayando en el escarnio a la ciudadanía, como es el caso de la señora –por decir algo- diputada por Castellón, Andrea Fabra, que ha aplaudido con un sonoro “Que se jodan” el momento en que se aprobaban los nuevos recortes en la Cámara baja.  ¿Es que los sufrimientos que los nuevos recortes suponen para los españoles son una venganza del PP por los años que no ha estado gobernando? No nos merecemos lo que está sucediendo, ni los gobernantes que tenemos tampoco.

Y es que invocando “la herencia recibida” se permiten toda clase de disparates, incidiendo siempre en los mismos. Porque desde que comenzó la saga de los “viernes negros” no he visto en ningún momento que se esté tocando el bolsillo de los que sustentan el partido gobernante. Ojo que no hablo de sus votantes, que desconocedores ellos de lo que se  les venía encima, dieron con alegría y algazara su voto a Raxoy. Y bien que lo están pagando; porque aunque muchos aún no reconozcan en público su disgusto con el partido de sus amores, otros sí que  han comenzado a hacerlo, y más que lo harán a partir de septiembre.

 Alguien dijo en su momento, que no había nada más tonto que un obrero votando a la derecha, y es cierto, nada más esclarecedor de ésta realidad que la deplorable situación de los sindicatos; pero es que en nuestro país la conciencia de clase obrera, huérfana de una militante intelectualidad de izquierdas, se ha ido diluyendo, desapareciendo conforme aumentaba el estado del bienestar y se fortalecía una falsa clase media. Una nueva clase media echada en brazos del consumo; dependiente de unos sueldos que habían subido de forma constante en los últimos años y que ya se creía derecha asentada cuando llega la crisis. Una clase media de nuevo cuño que, con los modos propios del pequeño burgués,  vota por miedo a perder lo que tiene, creyendo vanamente en las palabras de los que aseguran tener la solución, para no perder en la crisis.

Y el Partido Popular no sólo está haciendo el mayor destrozo en ésta clase media de amplio espectro, que es su votante de éstos últimos años, sino que la está convirtiendo a velocidad de vértigo en clase obrera de nuevo.  O peor aún, en una clase que no se reconoce obrera, pero que carece de recursos, está endeudada y  ya no sabe vivir como lo hicieron sus padres y abuelos.  Ya se han desengañado de su voto los que de ellos apoyaron al PP, pero también se están comenzando a dar cuenta de que lo peor está por llegar.

Y una de las razones por las que la crisis está descarnando a funcionarios, parados, autónomos y a muchos otros, integrantes de esta clase media  carente de ideología, y que hasta hace unos años vivía “el sueño español”, es que las medidas que se están realizando para combatirla están descompensadas. Con un partido de oligarcas, terratenientes  y banqueros en el Gobierno no se pueden pretender ni impuestos a la riqueza, ni a la propiedad, ni a los que más tienen. Escudados en  un infundado temor a penalizar el lujo y el dinero “para que no se escapen del país los ricos y sus capitales”, el Gobierno mima a ese apenas medio millón de españoles que viven en el lujo y estos viven con tranquilidad, contemplando la crisis desde la barrera, y aprovechando la situación para hacer más dinero que nunca, a costa de los que tienen que vender para sobrevivir.

Para que la crisis no siga azotando a los mismos hay dos caminos a la vista: la disolución del actual Gobierno y la convocatoria de una elecciones generales que traerán, sin duda alguna, otra mayoría a las Cámaras, o bien un Gobierno de concentración, con los partidos mayoritarios y los nacionalistas en el mismo. La motivación está clara; se está gobernando con un programa que no existía y la economía, a pesar de las promesas de “la banda del Mirlitón”, está peor que nunca, como bien nos lo dicen los mercados todos los días.

Pero no hay que engañarse ni un momento;  ninguna de estas dos posibilidades, a pesar de la situación,  va a ser concedida graciosamente por Raxoy y su banda . Son demasiados los cargos, las prebendas y los beneficios derivados de su mayoría absoluta, para que renuncien a ellos, habiéndolos saboreado apenas  diez meses. Es la sociedad española la que tendrá que conseguirlo. Y si bien hace unos años yo no esperaba nada de este pueblo apesebrado y mortecino, la situación está cambiando y lo va a hacer más en los próximos meses.

Las nuevas medidas que el Gobierno ha aprobado y que se harán notar a partir de septiembre, empobrecerán más y llevarán a la desesperación a los de siempre. ¿Alguien se está preguntando porque se silencia el espectacular aumento de la tasa de suicidios? ¿Cuántos padres no van a poder hacer frente a los colegios de sus hijos? ¿Cuántas personas viven de las pensiones de sus padres? ¿Cuánto miden las colas de nuevos pobres en los comedores sociales? ¿Cuántos nuevos desahucios al día?

La presión social va a aumentar en la calle a partir de septiembre. Los escasos ahorros de muchas familias se agotan, al igual que los subsidios del paro; de las pensiones son ya demasiados los que comen; las medicinas cuestan más; las empresas no sólo no contratan –como decían los de la Reforma Laboral- sino que siguen despidiendo a sus trabajadores con una multiplicación por siete de los EREs durante lo que llevamos de año;  los funcionarios ven reducidos sus sueldos y eliminada la paga de Navidad –unos no comerán el turrón y otros no lo venderán-; los sueldos de los que mantienen sus trabajos  se derrumban; el consumo continúa disminuyendo y el sector inmobiliario desplomándose…

La manifestación convocada por los sindicatos para el próximo 15 de septiembre, con el objeto de pedir un referéndum de confianza para el Gobierno, puede ser el  origen del otoño más caliente de las últimas décadas. Nos vamos de vacaciones como decía al principio, pero a la vuelta va a haber cambios.



Eduardo Lizarraga
25 de julio de 2012

miércoles, 20 de junio de 2012

Unas cartas de antaño (Relato en dos folios)


El repiqueteo de la campanilla, al entrar en el establecimiento, alegró el ánimo de Salvador; algo le decía que ésta vez sí, que en esta ocasión había dado con lo que llevaba tanto tiempo buscando. López, el viejo anticuario de la calle del Prado, salió a recibirle con una amplia sonrisa. Y mientras le daba la mano, calculaba la suma que pediría.

-          Encantado de conocerle señor Mendoza, nuestro común amigo Cruz me ha hablado mucho y muy bien de usted.

-          El placer es mío señor López. Cruz también me ha hablado de usted y me recomendó encarecidamente sus servicios. Y creo que al parecer de forma no gratuita.

Cruz era un anticuario de San Sebastián, de conocido prestigio y del que Salvador era uno de sus mejores clientes. Como es costumbre en el gremio, los “encargos especiales” se reparten, al igual que las comisiones. Hacía tiempo que Salvador buscaba una pieza muy particular y Cruz había puesto en marcha toda su red de contactos.

-          Está en la trastienda, me ha costado mucho conseguirlo –aseguró el anticuario.

La trastienda no era más que un inmenso batiburrillo de cosas, con un penetrante olor a betún de Judea y a barniz. Pero allí, pegado a una pared del fondo y con una estudiada luz indirecta alumbrándolo, estaba lo que el señor Mendoza venía buscando: un escritorio italiano del XVIII, con incrustaciones de marfil y piedras duras.

Salvador se acercó hasta el mueble, y pasando con delicadeza la mano a lo largo de su extremo superior, abrió el cierre y bajó la tapa que hacía de mesa de escritura. Los dorados de la marquetería brillaban con serenidad, destacando sobre la negra madera de ébano. Innumerables cajones, franqueados por columnas salomónicas, y tiradores con cabezas de león, se asomaron a unos ojos emocionados, que se estaban llenando de lágrimas.

                -¿Qué le parece? preguntó López, frotándose las manos de puro nerviosismo.

- Es el escritorio que estaba buscando, no hay duda. Ya me dirá el precio y cuándo lo pueden llevar a mi casa.

Y echando mano de la chequera, Salvador acompañó al feliz anticuario hasta su despacho, para cerrar la operación. Ni tan siquiera se tomó el excelente Oporto con que López obsequiaba a sus clientes tras una buena venta. Se ahogaba allí dentro, necesitaba salir al exterior para poder gritar, dar saltos, reír… Por fin, después de tantos años de búsqueda, lo había encontrado.

A los dos días el escritorio estaba en casa del señor Mendoza y había vuelto a su ubicación original, a la habitación que fuera de su madre, con un cuadro y una mesilla de noche que había conseguido recuperar también. Habían pasado casi cuarenta años desde que su padre lo vendiera, junto con todo el mobiliario que había en la estancia, a los pocos días de la muerte de su madre.

Nunca había entendido el alejamiento de su progenitor, la distancia que siempre le mantuvo, y que tras quedar huérfano de madre, con apenas doce años, se acentuó hasta el destierro. Como tal consideraba, que desde esa edad, se le mandara a vivir con unos lejanos parientes de San Sebastián. Allí estudió y se casó, y hasta enviudó hacía ya unos años. Todo ello sin tener apenas trato con su padre, salvo el día de su cumpleaños, en que éste se acercaba desde Madrid, comían juntos y luego marchaba, sin muchas palabras por el medio. Cuando le comunicaron su muerte, hacía poco más de dos años, no pudo especificar muy bien el sentimiento que le inundó; desde luego no era dolor, como sintió el día de la muerte de su madre. De ella sí que recordaba cosas; la veía delante de ese escritorio que acababa de recuperar, escribiendo cartas, jugando con él, llorando a veces…

Se veía así mismo, sentado a los pies de su madre, abriendo los cajones del escritorio y escondiendo en ellos los animalitos del zoo que le habían regalado por Navidad. ¡Cuántos recuerdos!

Había vuelto a Madrid, a ocupar la casa familiar, un caserón de tres plantas en la calle Ruiz de Alarcón. La recordaba bien y estaba casi igual, si se exceptúa que la habitación que fuera de su madre estaba vacía. Modernizó la vivienda, contrató servicio y se dedicó a buscar los muebles que recordaba y que ya no estaban. Sobre todo aquel escritorio de sus juegos infantiles.

Ahora ya lo tenía, instalado en su habitación, con la tapa abierta y dejando ver su interior de negros y dorados; le parecía ver a su madre sentada delante, siempre escribiendo cartas.

Debió ser la sugestión del hallazgo, o el dormirse viéndolo enfrente, pero aquella noche soñó con los años felices de su niñez; soñó con sus animalitos del zoo y sus juegos en los cajones del escritorio, con las lágrimas de su madre y con el escondite que le mostrara.

Se despertó, con el sueño fresco aún en la mente y sin dudarlo, se dirigió al escritorio. Giró una de aquellas columnas salomónicas, y al presionarla, se abrió un compartimento secreto bajo uno de los cajones. Dentro encontró un pequeño león de plomo y una jirafa, pero también un paquetito de cartas atadas con una cinta azul.

Estaban dirigidas a un apartado de correos de Madrid, señalando “Para Clara”, que era el nombre de su madre; y en el remite tan sólo ponía S.Z.; pero los sellos de las cartas indicaban que habían llegado desde distintos países hispanoamericanos. Un cierto pudor le impedía leer las cartas, pero decidido, tomó una al azar.

Unos lo llaman destino, otros casualidad, pero una de las frases de aquella carta, dirigida a su madre más de cincuenta años atrás, le obligó a ordenarlas y leerlas todas.

-          Creo, que ponerle ni nombre a nuestro hijo, es algo que tu marido nunca te perdonará si algún día llegara a enterarse.

Y en otra:

-          Sabes que siempre os estaré esperando.

La última carta estaba fechada en Ciudad de Méjico, pocos días antes de la muerte de su madre. No había dirección, pero Salvador comprendió que el escritorio italiano tan sólo había sido el inicio de su búsqueda.


miércoles, 25 de abril de 2012

Los nuevos (Relato en dos folios)


Las habladurías empezaron a llegar desde el  lejano norte. De donde no venía otra cosa que el silencio, acompañado del frío y del viento, comenzaron  a surgir rumores que hablaban de una nueva criatura; eran tenues al principio, leves como el caer de una hoja en el bosque. La novedad venía del continente que estaba más allá del mar, del  que casi todos habían llegado muchos eones antes. Aprovechaba que las tierras hiperbóreas se habían unido con un ancho pasillo de hielo, para ir avanzando hacia el sur, como también habían hecho ellos mismos.

Poco a poco los rumores se hicieron más insistentes,  y a falta de un testigo que les hubiera visto, la constancia de que ya no estaban solos en aquellas tierras, tomó forma en su interior. Al comienzo del otoño, las repetitivas voces de los cisnes trompeteros, que volvían después de pasar el verano en los helados lagos del norte, convirtieron el rumor en certeza.

Una extraña sensación  invadió a los animales del bosque y de las praderas, de las selvas y  de los desiertos. Una sensación que les llenaba de miedo e inseguridad, una sensación que no habían sentido nunca antes, que helaba su corazón y que no les gustaba.

Reiki llegó a finales del invierno; con el bosque y las praderas despertándose despacio del letargo anual. Conforme la nieve y el hielo se derretían, la vida volvía a bullir. Y en ese lento desperezar de la recién estrenada primavera, con los animales aún somnolientos y con hambre, la visión de Reiki, al que se veía escuálido a pesar de su espeso pelo y con el lomo ensangrentado, supuso un revulsivo desagradable.

Reiki era un lobo nordestino, más grande y poderoso que sus hermanos meridionales. Por eso su estado causó aún más alarma, si cabe, entre los habitantes del bosque. El gran lobo habló primero con sus hermanos de sangre, que le acogieron con solicitud en la manada. Les contó la existencia de la nueva criatura, de su apariencia, su fuerza y sus costumbres.  Ya no era un rumor, había un testigo que los había visto y que casi había muerto a sus manos.

Ante la gravedad de la situación, e intentando llegar a un acuerdo para actuar, antes de que fuera tarde, la manada de lobos de los bosques convocó una tregua y una asamblea general. Siempre era mejor que la convocasen los lobos, ya que eran numerosos y todos los animales los respetaban.

Los asistentes fueron llegando al lugar elegido para la reunión, una amplia isla fluvial, en la que crecían cebollas silvestres y  que, cuando el río no bajaba crecido, se unía a la orilla por un estrecho paso.

Osos, alces, bisontes, zorros, bueyes almizcleros…todos fueron formando un amplio semicírculo alrededor de las grandes peñas que habían dado origen a la isla. Uno de los ciervos no pudo evitar un estremecimiento cuando Reiki paso a su lado dirigiéndose a la base de las peñas. Desde allí, con frases cortas y sin pasión, para que todos pudieran entenderle, Reiki les fue contando lo que sabía:

-          Anda sobre las patas traseras y las delanteras las utiliza para otras cosas –comenzó diciendo.

-          Se abriga con pieles de todos nosotros, de los que también se alimenta – prosiguió.

Un estremecimiento general siguió a estas palabras. Algunos de los allí reunidos estaban acostumbrados a servir de presa a los animales carniceros y el que hubiera uno más, al que aún no habían visto, pero parecía ser más poderoso que todos los conocidos, no les hizo la menor gracia. Y para los otros, para los grandes carnívoros acostumbrados a que nadie pudiera amenazarles, el sentirse presa de los recién llegados fue una novedad muy desagradable.

-          Para darnos caza utiliza unos palos afilados que arroja a gran distancia. – Y Reiki miró de reojo, pero de forma muy perceptible su lomo, que aún tenía señales de la herida.

-          Separados no parece que sean muy fuertes, pero siempre van juntos,  y no es posible cazarlos uno por uno. Si lo fuera… -y Reiki cerró de golpe sus fuertes mandíbulas, haciendo un ruido que causó un cierto estremecimiento entre los gamos.

-          ¿Son muchos? - Preguntó un inmenso grizzli de pelo rojizo.

-          Sí, y cada vez llegan nuevos por el puente de hielo que hay al norte –contestó Reiki

-          Y lo peor –y aquí Reiki, como buen orador, esperó a que se extendiera el silencio- lo peor es que tienen por amigo al fuego.

Ante aquella extraordinaria afirmación se hizo un silencio sepulcral, al que siguió un guirigay de voces incrédulas. Era lo más sorprendente que podían escuchar. Todos ellos temían al fuego y huían, sólo con olerlo en la distancia.

-          Yo lo he visto –Reiki casi gritó para hacerse oír- comparten con él su comida y éste agradecido les acompaña por la noche en sus campamentos, dándoles luz y protección, si no hubiera sido por el fuego hubiésemos acabado con ellos ya.

El desconcierto era general y no había forma de llegar a ninguna decisión. La situación era tan difícil que Kodiak, el gigantesco oso grizzli que ya había intervenido en una ocasión, después de dar varios rugidos para imponer silencio comentó:

-          ¿Y si consultamos al espíritu del bosque?

Todos habían oído hablar alguna vez de Nootka, el espíritu del bosque. Algunos incluso habían sentido su presencia en ocasiones, pero nadie le había visto jamás. Aunque esto no era razón para que no existiera o no supieran dónde encontrarlo.  Un  pequeño grupo formado por Kodiak, Reiki y algunos lobos más, fueron los encargados de ir a verle y preguntarle qué podían hacer ante la nueva situación.

Remontando el río que formaba la isla, llegaron a unas montañas, a cuya otra vertiente se extendían las inmensas llanuras. Las leyendas situaban a Nootka en aquellos intrincados y lejanos parajes. Les estaba esperando. No podía ser menos. Su apariencia, que logró que los pelos de Reiki se erizaran como alambres, era la de los extraños que llegaban desde el norte.

-          No podéis hacer nada contra los recién llegados –les dijo-. Hombres se llaman. Ellos mismos son su único enemigo, y serán ellos mismos los que acaben con su raza. Lo que sucederá dentro de un tiempo. Destruirán bosques, ríos, mares y labrarán su perdición. Pero, –y acariciaba la cabeza de Reiki que le dejaba hacer con cara de satisfacción- para cuando eso suceda muchos de vosotros ya no existiréis.

Eduardo Lizarraga/ Abril 2012

sábado, 24 de marzo de 2012

Enchufados al disparate

 
Cuando el mes próximo el ministro Soria, decida subirnos el precio de la energía eléctrica, nos colocará a la cabeza de Europa. Y ser los más caros de Europa, no es precisamente un buen dato. No sólo porque, a pesar de las palabras que repite Rajoy una y otra vez, la medida no será ni justa ni equitativa, sino porque pondrá un nuevo obstáculo a las posibilidades de recuperación económica. Una recuperación económica que debe ir necesariamente ligada a la producción industrial y al incremento del consumo.

En estos momentos tan sólo Malta y Chipre tienen una energía eléctrica más cara que nosotros; situación que en buena medida viene dada por su condición de insularidad. España no es una isla, ¿Qué es lo que pasa entonces?

Además de habernos puesto, de forma sistemática, genuflexos ante las eléctricas, desde la chapucera privatización de Endesa y el período de transición a la privacidad, existe un disparate, gestado en la época del gobierno de Aznar, que luego el gobierno de Zapatero no sólo no solucionó, sino que empeoró con la prima de apoyo a las energías renovables.

A principios de la década pasada, el gobierno de Aznar creó un sistema enloquecido para calcular la tarifa eléctrica. Fue el secretario de Estado de Energía, José Folgado, a las órdenes directas del vicepresidente, Rodrigo Rato, quien parió a la criatura. El sistema consiste en que las compañías se van a apuntando derechos de percepción de ingresos –en base a unos conceptos que debieran revisarse y no se ha hecho- y que son independientes de los precios que marca el Gobierno para los consumidores.  Como en aquellos momentos se vendía moderación en los precios de la electricidad, Aznar y sus ministros económicos decidieron enviar la diferencia al futuro, comenzando el gigantesco problema que sufrimos ahora. El problema ha estallado, como siempre sucede, en el peor momento.

Los ocho años de gobiernos del PSOE no sólo no solucionaron la situación, cambiando el modelo, poniendo fin a los derechos financieros concedidos a las eléctricas y estructurando un nuevo sistema de precios que no favoreciera a las compañías eléctricas, perjudicando a los consumidores, sino que la empeoraron añadiendo al déficit tarifario, las nuevas cargas que significaron las primas de apoyo a las renovables.

Tampoco reclamó el gobierno de Zapatero –tal vez el “olvido” se deba al ministro de Industria del momento, Miguel Sebastián- los más de 3.000 millones que debían las eléctricas por haber ingresado de más en los conocidos como CTC, o Costes de Transición a la Competencia. Aquí vemos la importancia, y los sueldos, que dan las eléctricas a tener  “asesores” bien relacionados.

El resultado es que el desequilibrio entre ingresos y costes en el sistema eléctrico español sumará este año 23.312 millones de euros. Lo que a todas luces es insostenible. Y si no se soluciona puede convertirse en el problema financiero más importante del país, porque crece a razón de 5.000 millones al año. Es decir, 60.000 millones al final de la década. Para que nos hagamos una idea comparando, el saneamiento de la banca ha costado 52.000 millones y la deuda de la Seguridad Social es de 15.000 millones.

Si ya había poco margen de maniobra, en tiempo y en dinero, el Tribunal Supremo ha dado la razón a Endesa e Iberdrola en su reclamación al Gobierno, porque la decisión de congelar la tarifa eléctrica el pasado mes de enero no cubre el desvío de costes previsto. Soria no tiene otra solución que subir el recibo de la luz éste mes de abril.

Pero ya metido en faena debe hacer otros muchos cambios, para intentar contener en lo posible la subida de tarifas:

. Comenzar por cambiar el actual cálculo de tarifas y el reconocimiento de precios marginalista. El sistema de cálculo de tarifas retribuye a las eléctricas por el precio que supone producir de la forma más cara, esto es, con el gas natural. De esta manera el sistema genera unos beneficios descomunales, con la energía producida en las centrales hidroeléctricas y nucleares que, digan lo que digan las empresas, ya están amortizadas. Y además tiene el efecto perverso de que cualquier subida del precio del gas natural, genera un aumento de beneficios en las eléctricas, muy superior al del aumento de costes, por esa subida del combustible.

. Valorar como ya amortizadas las centrales hidroeléctricas y nucleares. Y poner una tasa a la producción eléctrica de estas centrales.

. Reclamar, por vía de negociación, porque legalmente los gobiernos de Aznar y Zapatero dejaron que venciera la posible reclamación, los casi 3.000 millones debidos a la CTC, que las compañías han cobrado de más a los consumidores.

. Poner orden en las primas que cobran las centrales termosolares y en el uso de combustibles fósiles que apoyan el funcionamiento de sus instalaciones. No puede ser que estén generando tasas de retorno, que pagamos los consumidores, superiores en algunos casos al 20%, y que produzcan energía a partir de motores diésel “de apoyo”, beneficiándose de la prima de una manera torticera.

. Solucionar el exceso de producción. En estos momentos el sector registra un exceso de capacidad productora al que se añade una disminución sostenida en el consumo. Puede ser la hora de regular el origen de la energía que consumimos y determinar qué se hace con el exceso.

. Eliminar las subvenciones al carbón. Este es un espinoso asunto que ningún gobierno se ha atrevido a solucionar. Seguimos manteniendo una minería del carbón obsoleta y cuya producción es muy contaminante. Tanto As Pontes de García Rodríguez, como Andorra, contaminan con lluvia ácida grandes extensiones, llegando las emisiones de la primera hasta Reino Unido. Además se paga el precio de la tonelada de carbón a más del triple de lo que cuesta en el mercado libre. La diferencia es la subvención de la que viven miles de mineros. La minería del carbón en galerías no puede competir con la minería a cielo abierto. ¿Qué hacemos?

. Eliminar de la tarifa la compensación que reciben las eléctricas por el suministro a las islas. Parece lógico que el extracoste de dar cobertura energética a las islas –Baleares y Canarias- se pague desde los presupuestos generales del Estado, liberando a la tarifa eléctrica de su carga.

.Contemplar la posibilidad de una quita en la deuda reconocida a las eléctricas. Está claro que las empresas se oponen a esta quita y han puesto el grito en el cielo ante la simple posibilidad. Y por supuesto, a sus lobbys, asesores y bufetes de abogados, a trabajar.

. Imponer tasas a la producción hidroeléctrica y nuclear. Ya que las infraestructuras están amortizadas y la producción genera grandes beneficios a las compañías parece lógico establecer una tasa. Por otro lado no hay que olvidar que también las eléctricas consiguieron, en su momento, poder hacer uso del agua para mover sus turbinas sin coste alguno. Son las únicas empresas que no pagan por el agua que utilizan.

El Ministerio de Industria debe hacer todo lo posible para no repercutir, el precio de éste déficit, sólo en los consumidores. No sólo porque repercutirá de forma negativa en el consumo, la inflación y la competitividad, sino también porque es injusto. Y es injusto porque no son los consumidores los que han provocado este déficit enloquecido, han sido la suma de una serie de gobiernos ineptos, con Ministerios de Industria –desde Piqué a Sebastián- inoperantes o facilones, y de unas empresas que han obtenido buenos resultados y se han opuesto, con todas sus fuerzas, a los pocos intentos que ha habido de subvertir la situación.

Los consumidores no tienen lobbys que les defiendan, ni asesores que presionen por ellos. Todo lo contrario a las empresas del sector, que mueven millonarias cantidades de dinero para pagar todos estos aliados. Dinero que obtienen de los beneficios generados por un abuso de posición en el mercado. Porque, a pesar de lo que digan los “pagados”, no es un mercado libre.

Ahora vemos para qué sirven todos esos “asesores” con sueldos multimillonarios. Por mencionar algunos: Elena Salgado en Endesa; Pedro Solbes en ENEL; José María Aznar en Endesa; Felipe González en Gas Natural; Narcís Serra en Gas Natural… y no hablemos de la nueva generación de “maridos” que están llegando… Cobran de empresas, que más o menos disponen de un mercado cautivo, para ayudar a sacarles el dinero a los consumidores.  Cuando nos llegue la siguiente factura de la luz, acordaros de la cara todos estos ex, de un color político o de otro.

Si Soria incrementa las tarifas, en lo que le pide Endesa, por poner un ejemplo, nos vamos a un 20%, de más, en el precio final del recibo. Y no es cierto lo que dice la CNE, que el recibo repercute sólo un 2% sobre el gasto anual medio de las familias españolas; todavía hay consumidores presos de la desaparecida “tarifa nocturna” para la calefacción.  Lo razonable es repartir entre los distintos agentes económicos, es decir, consumidores, contribuyentes y empresas. ¿Defenderá Soria al consumidor  y a la economía real frente a las empresas? ¿Será víctima de los lobbys y asesores defendiendo los resultados del sector? ¿Hará ingeniería contable?

No tiene mucho tiempo para resolver el problema. Desde Europa le conminan para hacerlo. Lo que está claro es que no podemos seguir enchufados a un disparate, que produjo el interés electoral, de unos y de otros.



Eduardo Lizarraga

Marzo 2012


jueves, 15 de marzo de 2012

Un negocio divino

Han pasado ya veinte siglos desde que Jesús, el galileo, predicara a los judíos sus doctrinas. Por lo poco que nos ha llegado, no eran difíciles de entender ni de cumplir, pero a pesar de ello, si Jesús volviera entre nosotros, no iba a reconocer nada de lo que dijo, en la Iglesia que le siguió. “Mi Reino no es de éste mundo” y nada de sus palabras debieron entender los que continuaron su trabajo, porque tras el edicto de Milán de Constantino y, sobre todo, el edicto de Tesalónica, del hispano Teodosio el Grande, la Iglesia se conformó  como un Estado, cuyo poder temporal superaba al de los reyes de la época.
Y así, sus representantes en la tierra, los sucesores de Pedro, el pescador, los Papas, declararon guerras, se apoderaron de territorios, cometieron crímenes de estado, pagaron ejércitos, masacraron pueblos y hasta intentaron pasar el cargo a sus herederos de sangre. De esta manera, tan poco celestial, se hicieron con un reino en la tierra que dura hasta nuestros días. Aunque, está claro que ha cambiado en sus formas, y de reino con poderes feudales, sustentado por Dios y la espada, ha pasado a ser una multinacional más, en el sector de la salvación.
Los estados europeos católicos, sobre todo tras la revolución francesa, que expropió todas las propiedades eclesiásticas en Francia, fueron eliminando sus posesiones, derechos y prebendas. La reunificación de Italia supuso el fin de los llamados Estados Pontificios; y el poder terrenal de la Iglesia en el mundo se vio limitado al Estado del Vaticano. Hace poco menos de un mes, el Gobierno italiano, presidido por el tecnócrata Mario Monti, dio el hachazo final a las prerrogativas de la Iglesia Italiana, al exigirle el pago del impuesto de bienes inmuebles.
En España, los obispos contemplan las medidas tomadas en Italia con miedo al contagio. Desde la desamortización de Mendizábal, tras las Cortes Constituyentes de 1836, no ha habido un ataque a sus prebendas tan fundado, como el que se está produciendo en estos momentos. Y aunque aquella famosa desamortización simuló la aconfesionalidad del Estado, en realidad no supuso incorporar la laicidad a las instituciones. Todo lo contrario. La actual España del siglo XXI  tiene en nómina, como si de otros funcionarios se tratara, a todos los obispos y curas del país. Y está nómina, vía Presupuestos Generales del Estado, supone un montante de 248,3 millones de euros.
No es el Concordato de 1953, firmado por Franco con la Santa Sede, para lograr un cierto reconocimiento oficial, el que se está poniendo en solfa; es el acuerdo firmado en 1979 por Marcelino Oreja, y que fue obligado por la promulgación de la Constitución, el que ahora nos cuestionamos.  Porque merced a aquel “Acuerdo sobre Asuntos Económicos”, la Iglesia recibe de la Administración pública los sueldos de decenas de miles de enseñantes de religión –ahí vemos el  porqué de tanto ataque a la asignatura “Educación para la ciudadanía” de Zapatero-, de capellanes castrenses, de hospitales y de penitenciarías.  Y no sólo es esto, también se subvenciona la enseñanza religiosa concertada, la conservación del patrimonio eclesiástico y muchas labores de caridad, que luego la Iglesia se adjudica como propias. El total asciende a unos 10.000 millones de euros, de los que algo más de 2000 se deben al paraíso fiscal.
Una situación que raya en la idiotez del Estado es la restauración de edificios religiosos, con cargo a los Presupuestos Generales, que luego aprovecha, su “legítimo” propietario,  para obtener buenos ingresos económicos. Y se pueden citar dos ejemplos bastante sangrantes; por un lado la mezquita de Córdoba, adquirida por la Iglesia por 30 euros y con la que ganan cada año 8 millones de euros. A pesar de estas ganancias siempre se ha acondicionado y reparado vía Presupuestos Generales. Este inmueble lo inscribieron los obispos a su nombre el 2 de marzo de 2006 en el registro de la propiedad, para lo que bastó únicamente que dieran fe que el edificio pertenecía a la Iglesia, sin que interviniera ningún notario; todo ello gracias a la Ley hipotecaria de Aznar de 1998. Esta misma Ley está permitiendo, a los responsables de las Diócesis,  que se apoderen de numerosos edificios y propiedades por el mismo mecanismo. Iglesias, conventos, ermitas, propiedades rústicas y hasta cementerios están registrándose a nombre de la Iglesia. Y estas propiedades eran, en casi todos los casos, bienes comunes de pueblos, cuyos ayuntamientos no los habían registrado.
Otro caso, similar al de la mezquita de Córdoba, se ha dado con la restauración de la catedral de Tarazona, que ha costado 20 millones de euros sufragados por diferentes administraciones, es decir, con dinero público. La Iglesia católica ha puesto en la restauración menos del 2,5% total, pero se va a beneficiar al 100% ,de los 4 euros que cobra por la entrada, que irán a sus arcas, libres de cualquier impuesto.
Se estima que la Iglesia Católica tiene en España más de 100.000 propiedades inmobiliarias de las que 5.000 son iglesias, siguen conventos, locales,  y un buen número de pisos alquilados a terceros. Además, es de su propiedad más del 80% del patrimonio artístico, incluyendo 300 museos y 103 catedrales. De todo ello, y de los beneficios que esto le reporta, la Iglesia católica no paga ningún impuesto, ni el IBI, ni el de obras, ni el de sociedades... Y en épocas de carestía y crisis, como la que atravesamos ahora,  que los ayuntamientos dejen de ingresar entre 2000 y 3000 millones de euros –las cifras son difíciles de contrastar dada la extraordinaria opacidad de la Iglesia para las cuestiones económicas- se está notando mucho y está levantando ampollas. Incluso ya se habla de que se vulneran principios constitucionales básicos.
Y no fue alguien sospechoso de anticlericalismo, el que comenzó sintiéndose perjudicado por esta impunidad fiscal de la Iglesia, bien que argumentara cobrar del Estado, lo que la Iglesia no le pagaba. Fue el actual ministro de Justicia y exalcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, el que con las cuentas municipales mirando al precipicio, decidiera pedir al Estado –entonces en manos de Zapatero y sus boys- los 94 millones de euros que estimaba dejaba de pagar en tributos, la Iglesia católica a su municipio. La verdad, no se quién pensará que le tiene que pagar ahora a Madrid esa cifra. Seguro que le dice a Botella que la ponga en la cuenta de “herencia recibida”.
Estimo que la situación para el bolsillo de los obispos no puede seguir manteniéndose al margen de lo que está ocurriendo.  Parece una burla que se aumente la presión fiscal a los ciudadanos mientras que otros viven en su particular paraíso de “gratis total”. Máxime cuando son los mayores propietarios del país.
Y no son sólo estas prebendas, ya conocidas, las que mantiene la Iglesia Católica en España. Dentro de su oscuro organigrama, existen organismos pseudo-independientes, que gozan de los mismos privilegios en cuanto a impuestos se refiere. Uno de ellos es “la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén”, que aunque a cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores, -que incluso destina personal propio a trabajar en ésta institución-  es en realidad un organismo eclesiástico, propietario de la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid, e inmuebles en Jerusalén, Siria, Turquía y Marruecos. Eso sin olvidar una importante pinacoteca con obras de Zurbarán, Rubalta y Goya. Todo ello con los beneficios fiscales acostumbrados.
Asimismo existe una “Obra Pía” en Italia, dependiente también del Ministerio de Asuntos Exteriores, que se encarga de gestionar un patrimonio de casi 200 pisos y 80 locales comerciales en el centro de Roma. El importe de estos alquileres, que alcanzó la cifra de seis millones  de euros en el año 2008, termina siempre  en manos de la Iglesia Católica, en forma de generosos donativos. Como siempre libres de impuestos.
Cuando el cardenal Villot y Marcelino Oreja firmaron el concordato de 1979, también firmaron una cláusula en la que se recogía el propósito, por parte de la Iglesia Católica, “de lograr por sí misma los recursos suficientes para sus necesidades”. Pero parece que han olvidado esta cuestión y se han acomodado a vivir mantenidos.
Vivimos momentos de crisis en los que el Estado está recortando los derechos de trabajadores, pensionistas, parados…y a la vez subiendo los impuestos para todos. No es lógico, y va a ser difícil mantener, que con el próximo recorte de 5.000 millones, la Iglesia no se vea afectada, que siga viviendo en su particular paraíso fiscal. Todos somos iguales ante la Ley y debemos serlo también ante Hacienda. Además, en pura lógica, a la Iglesia la deben mantener sus fieles, y no todos los españoles, sea cual sea su confesión religiosa.
Las cuentas están ahí: 250 millones en nóminas; 10.000 millones en varios, 2000 de los cuales son por no pagar impuestos. Y mira que Jesús dijo “Al César lo que es del César”. Pero éstos no lo han entendido así y piensan que todo es poco para ellos. ¿Cómo sino iban a poder seguir viviendo como príncipes de la Iglesia?

Eduardo Lizarraga
Marzo 2012



martes, 6 de marzo de 2012

Europa limita al sur con China


Dijo el presidente del Gobierno, durante el Congreso que el Partido Popular llevó a Sevilla para apoyar a Arenas, que la reforma laboral es justa, buena y necesaria para el país. Y lo ha dicho después de “sorprendernos” la semana anterior, en el Congreso de los Diputados,  diciendo que el paro va a empeorar durante este año; lo que quiere decir que en el 2012 nos podremos acercar a los seis millones de parados. ¿Hay que contar, o no,  en esos datos, a los que se están marchando?

Esta reforma laboral, y ya he perdido la cuenta de las que se han realizado en España desde que entró en vigor el Estatuto de los Trabajadores en 1980, no aporta novedades en su fondo; todo es incrementar la precariedad de los contratos, abaratar el despido, eliminar las “rigideces” del mercado de trabajo y conceder el máximo poder a los empresarios, para que manejen el contrato de trabajo a su antojo.  Al final, lo que se perfila con claridad, es que avanzamos hacia una bajada generalizada en las retribuciones de todos los trabajadores del país; ya sean empleados en la empresa privada, funcionarios públicos, pensionistas o parados con subsidio. ¿Y se puede hacer esto,  pisoteando los derechos adquiridos por todos los trabajadores desde el comienzo de la democracia? Pues a lo que parece el PP lo va a lograr, o al menos lo intenta.

El problema que esgrimen los empresarios, que son los que han forzado al PP a llevar adelante esta reforma laboral, es que no somos competitivos en lo que producimos frente a otros países; ¡como si en la competitividad de nuestros productos no entraran en juego otros factores! En el precio final de un producto intervienen toda una serie de componentes; algunos comunes a todos los países desarrollados, como es el coste de las materias primas y otros muchos en los que puede haber diferencias. A saber: costes energéticos, costes financieros, costes tecnológicos, costes operativos, costes de instalación, costes fiscales, logísticos, empresariales, equipo directivo… y, por supuesto, también los costes de la mano de obra.

Y a lo que parece,  sobre los únicos costes que se va a actuar, si descontamos algunas ventajas fiscales que también han pedido y obtenido los empresarios, va a ser sobre los costes de la mano de obra. Porque con los bancos no se ha negociado para que bajen sus costes financieros y haya más financiación en la calle, todo lo contrario, siguen subiéndolos y aplicándonos nuevos gastos de gestión. Tampoco se ha presionado a las eléctricas para bajar los costes de la energía a las empresas; de hecho creo que en breve subirán las tarifas.  Para qué hablar de las tarifas telefónicas y de conexión a internet, que están entre las más caras de Europa. Lo mismo en autopistas, aparcamientos, tasas e impuestos municipales…que encarecen la vida en ciudades, como Madrid o Barcelona, hasta niveles europeos.

Para mí resulta inexplicable que pueda actuarse impunemente sobre los sueldos de millones de trabajadores, y que los intereses de los bancos, las eléctricas, las constructoras y otros grandes grupos monopolísticos, sean intocables.  Y que puedan continuar exprimiendo a un país en quiebra sin que, esgrimiendo las leyes del mercado, se les pueda contener un poco.

La reforma laboral de Rajoy va a conseguir, como ya decíamos, una rebaja general de los sueldos que cobran los trabajadores españoles. Con una cuestión a tener en cuenta, puede darse el caso de que se despida a padres con veinte años de antigüedad y sueldos altos, y se contrate a sus hijos -que vivían con sus padres-, con la cuarta parte de sueldo y en precario. Y esta situación, junto con la imposibilidad de créditos al consumo,  no va a conseguir nada más que reducir el dinero circulante, y por lo tanto el consumo interno. De esta forma la economía, que se está pretendiendo impulsar, va a pararse aún más, y  va a seguir destruyendo empleo en un círculo vicioso de consecuencias inimaginables.  

El decreto de reforma laboral incluye, por primera vez en nuestra historia democrática, la cuantía salarial entre las condiciones de trabajo que las empresas pueden  modificar por diversas razones relacionadas con la competitividad, la productividad y la organización técnica o del trabajo en la empresa. Y lo van a hacer, no tengamos la menor duda.

Pero no es  la reducción de salarios el aspecto más preocupante y discutible de la reforma laboral; el recorte de los derechos de los trabajadores, desequilibra la relación entre trabajador y empresario, hasta llevarla a situaciones nunca vistas antes en España. Y el trabajador deberá aceptar la rebaja salarial y la reducción de sus condiciones laborales, o perder el empleo con una indemnización de 20 días por año de trabajo, con un máximo de nueve mensualidades. ¿Cuánto vamos a retroceder como país en el tiempo?

Con éste panorama en ciernes no tengo más remedio que creerme las palabras de Rajoy –las únicas que me he creído hasta ahora- cuando dice que la destrucción de empleo seguirá durante todo el año 2012.

Hace falta imaginarse el marco general de éste país cuando Europa comience a dejar atrás la crisis –aún falta un tiempo- y en países como España se comience a generar empleo. Un empleo más precario y más barato que en los países desarrollados de Europa.

Antes  que eso suceda, habremos perdido, a muchos para siempre, a la mejor y más preparada generación de jóvenes que hemos tenido jamás. Nuestros jóvenes, sobre todo aquellos que buscan empleo por primera vez, se están marchando. La reforma laboral no va a crear empleo para ellos, al menos para los jóvenes  más preparados y que no estén cobrando el subsidio de desempleo, es decir, que no hayan trabajado antes; estos parados de menos de 30 años supondrán la opción más atractiva para el empresario.

Y se seguirán marchando en los próximos meses y años. Ya no será el “Vente a Alemania, Pepe”, que recordamos los que tenemos más de 50 años; no exportaremos mano de obra de baja calificación y barata. Son los más preparados lo que están emigrando a otros países, y lo seguirán haciendo.  ¿Alguien podría evaluar el coste que va a tener para España esta sangría? Se han obtenido grandes beneficios vendiendo suelo y edificaciones, en lugar de invertir en industria e investigación; creamos puestos de trabajo coyunturales, que se han venido abajo al primer envite serio, en lugar de construir un futuro más sólido para el país. Hemos vivido una década prodigiosa gracias al ladrillo. Y ahora toca pagar el dislate.

El resto se quedará aquí, configurando una mano de obra con cierta cualificación, a bajo precio y con escasos derechos laborales, localizada y a la espera de que empresarios españoles o foráneos vean la salida de la crisis y monten empresas aquí, para vender barato a Europa. Al fin y al cabo estamos más cerca que China.

Para Francia, Alemania y el resto de países desarrollados de nuestro entorno, todo son ventajas en la situación de España. Van a apropiarse de una mano de obra muy cualificada y en cuya preparación no han invertido nada; van a poder montar proyectos industriales en un país cercano y aprovecharse de unos salarios y derechos laborales muy favorables; y además, van a poder  exportarnos otra vez a sus jubilados, cuyas pensiones volverán a tener un buen diferencial en España; y a sus obreros, que de nuevo dispondrán de un lugar barato para pasar sus quince días de vacaciones. Por supuesto, y como nuestra vivienda y suelo –gracias a la extraordinaria visión de unos cuantos- va a colocarse a precios africanos, volverán a comprar lo mejor de nuestra cartera inmobiliaria –que para eso van a cambiar la Ley de Costas.

Tan sólo un inconveniente- y es que algo negativo tenía que haber en ésta jugada maestra- no van a poder vendernos ya casi nada. Porque claro está, sus productos se venderán a unos precios muy poco asequibles para nuestra economía. Pero eso ya pasaba en la década de los 70, y en lugar de BMW o Mercedes comprábamos SEAT, y Fagor competía con Miele o AEG. ¡Lástima de patanegras y grandes reservas, que se nos irán todos rumbo al norte!

Lo dicho, Europa ya no limita al sur con los Pirineos, sino con China.



Eduardo Lizarraga

Marzo 2012




miércoles, 29 de febrero de 2012

La sonrisa de Arlequín (Relato en dos folios)




La pequeña daga florentina, fina como un estilete, brillaba en su estuche de madera. Nunca se imaginó que llegaría un día en que fuera a utilizarla. La habían comprado en un pequeño brocante, en Lyon, en un viaje que el matrimonio realizó, cuando aún estaban enamorados.

-Es un arma de mujer del siglo XVI– dijo el marchante- y es antigua de verdad, añadió.

-Espero que no la utilices conmigo si me porto mal. –bromeó Alberto.

 Arma femenina por excelencia; las mujeres de la época la solían llevar como adorno en el pelo o escondida entre las ropas. La mano de Elena no temblaba cuando empuñó la daga; había tomado una decisión y nada le impediría llevarla a cabo.

-¿Por qué se había interpuesto aquella mujer en su vida?, se decía Elena. ¿Es que era obligado que los hombres maduros se enamoraran de mujeres jóvenes?

 ¡Nunca lo hubiera pensado de Alberto! Y además, ¡qué vulgaridad!,  enamorarse de su secretaria. Por supuesto que habían sucedido otras infidelidades anteriores, algunas de ellas meros devaneos, que no duraron ni un mes. Pero en ésta ocasión todo era diferente, los viajes, los regalos, los mensajes, los planes…Pensaban humillarla en público, con un divorcio, que sería sonado,  y una gran boda posterior.

¡Por supuesto que sabía todo lo que hacía su marido!

Cuando al poco tiempo de casarse, hacía ya casi treinta años, habían puesto  aquella pequeña empresa, poco más que una idea personal de Elena, ella había ocupado la dirección logística. Al principio como su secretaria, más tarde dirigiendo el departamento de ventas.  No podía ser de otra manera. En aquel mundo de hombres era imposible que tomaran en serio a una directora general. Desde su puesto, con poca visibilidad, impulsó a la empresa a lo que era ahora, una corporación instalada en una docena de países, con más de mil empleados y unas ventas que superaban los  1000 millones de euros.

Y Alberto había subido como la empresa. Su simpatía, buena presencia y encanto personal,  le habían abierto muchas puertas, que luego Elena se encargaba de aprovechar. Siempre desde atrás, en la sombra, protegiendo a su marido más que a sus propios intereses.

Y ahora veía que todo su afán, Alberto, le había traicionado en los únicos sentimientos que valoraba, en su amor y en su lealtad.

Lo sabía todo. ¡Qué tontos son los hombres cuando piensan que pueden engañar a la mujer que les quiere!  Ella controlaba la empresa y sus entresijos, desde los balances y cuentas de resultados, al correo electrónico de su marido y del resto de los empleados cercanos; sobre todo las empleadas que le rodeaban. Era su forma de ser, como la araña que teje su tela y que no tolera que nada cambie el entramado, ni penetre en su territorio.

Así había sabido de sus anteriores flirteos y aventuras; así se había enterado de los planes de la pareja, y de la decisión que había tomado Alberto para acabar con su matrimonio. Dejándola a ella, por supuesto, al margen de todo lo que habían vivido y creado.

Y había decidido tomar medidas.

Aquella noche se celebraba el sábado de Carnaval y Alberto y su nueva amor, Luz se llamaba, habían decidido asistir a la cena y  baile que daba el Hotel Ritz en Madrid, el mejor de la ciudad. Para ello Alberto adelantaría su vuelta del viaje que estaba realizando en Estados Unidos, prevista, en principio, para el domingo. Para disfrazarse habían elegido dos personajes de la Comedia del Arte italiana, Colombina y Arlequín.  Los habían alquilado en unos de las mejores guardarropías de cine de Madrid, en la calle San Bernardo. Una cena de gala, ya disfrazados, el baile en el salón de los espejos y una habitación reservada a nombre de Luz, era lo que ambos habían preparado para la velada.

Todo lo habían previsto y planeado  a través de correos electrónicos, a los que Elena sabía como acceder. No en vano había realizado unos completos cursos informáticos,  para estar al día de las nuevas tecnologías y saber lo que convenía para la empresa.

Y sin pensarlo mucho decidió adquirir otro traje de Arlequín, en el mismo lugar en que ya habían alquilado los suyos  la “feliz pareja”. Suponía, con mucha razón, que serían trajes muy similares, sino idénticos. Su figura, bastante hombruna, y su constitución fuerte, y tan similar a la de su marido, que podían intercambiar los trajes de buceo y de esquí,  le facilitaría mucho la sustitución que planeaba.

Había averiguado también la hora a la que Alberto llegaría a Madrid. Desde el aeropuerto hasta San Bernardo, para recoger y ajustarse el disfraz,  y vuelta hasta el Ritz, podían ser dos horas. Allí estaría ya la bella Colombina, esperándole en la habitación, dispuesta para la cena y el baile.

-Sí -dijo la azafata- el vuelo de Chicago acaba de tomar tierra.

En ese momento, Elena, ya disfrazada de Arlequín,  con una máscara veneciana en su cara y llevando una pequeña bolsa, con un disfraz de payaso en su interior, cogió el metro hasta el hotel. Ya era de noche; sábado de Carnaval; la ciudad bullía de alegres mascaradas. Nadie se fijó en ella, y tan sólo escuchó algunos comentarios en el metro.

-Fíjate que bien conseguido el disfraz –dijeron en la acera del hotel.

Ningún problema en la puerta, aunque se tropezó con el portero adrede. Ascensor, habitación 311, toc, toc,toc.

-Alberto ¡qué sorpresa! No imaginaba que vendrías ya disfrazado…

Cerrando la puerta tras de sí, Arlequín hundió su daga una y otra vez en el cuerpo de la pequeña  Colombina. Tras comprobar la muerte de la mujer, cambió su disfraz por el del payaso, recogió la daga y con el sanguinolento disfraz de Arlequín en la bolsa, salió sin más de la habitación, dejándo la puerta levemente entornada.

 Y tras la máscara, sonreía al ver la cara de sorpresa de Colombina, que se veía acuchillada y muerta por quien creía que era su amor.

Eduardo Lizarraga/Febrero 2012