viernes, 26 de agosto de 2016

Fardos de ilusiones rotas




Con la noche ya casi cerrada, un suave silbido atravesó el tupido macizo de argoma con nitidez. Era la señal. Hacía un buen rato que protegidos de miradas indiscretas, del frío y de la humedad, dormitábamos en una pequeña borda hecha con helechos, que de lejos podía parecer una vieja meta desmantelada. Salimos con cuidado de no pincharnos. Entre las sombras estaba Joxean, el mugalari.

-          ¡Venga, venga, que tenemos el tiempo justo! -nos apresuró para de seguido ponerse en marcha ¡Goazen!

Joxean, natural de la cercana Oyarzun, era uno de los mugalaris más experimentados de la zona. Ya se dedicaba al “negocio” con su padre,  antes de la guerra, llevando ganado de un lado a otro de la muga. Mulas viejas que sólo servían ya para carne, pasaban a Iparralde, y ganado joven y robusto, de trabajo, entraba en Hegoalde; vacas de esas de leche, blancas y negras, también traían. Luego, con la guerra en Europa, formó parte de la red que ocultaba y pasaba a aviadores derribados o miembros de comandos aliados,  hurtándolos de las garras de los nazis y sus amigos franquistas.

Fueron tiempos duros y peligrosos, en los que los tiroteos de alemanes y Guardia Civil menudeaban y a menudo se saldaban con víctimas silenciadas y sin nombre. Lo que siguió, con el maquis filtrándose por todos los Pirineos, tampoco fue mejor y los contrabandistas no tuvieron sus mejores momentos.

Éramos seis los que le seguíamos como podíamos. A pesar de su edad, Joxean tenía aún piernas fuertes y conocía cada piedra de las trochas y torrenteras por las que nos llevaba. A veces paraba para escuchar con atención y enseguida proseguía. Íbamos hacia Sara a recoger la mercancía que ya tendrían preparada. Pasaríamos al otro lado dejado Bera a nuestra izquierda y volveríamos antes del amanecer para atravesar la muga por Endarlaza. Noviembre es con mucho el mejor mes para nuestras andanzas; no hace aún frío y las noches ya son largas y protectoras.

Los días anteriores había llovido mucho y las errekas que llegan al Bidasoa aún bajaban con violencia. Por eso tuvimos que arriesgarnos y pasar el río, con la ropa sobre los hombros, por un vado que tenía poco fondo y que a veces estaba vigilado. Pero lo hicimos sin novedad. Veríamos a la vuelta…

Al poco de pasar la muga, comenzó a caer un sirimiri fino y persistente que empapaba nuestras txapelas con sus gotas menudas. Bajábamos a través de un bosque de hayas ya desnudas y la hojarasca lo cubría todo. La noche era tranquila, con la luna queriendo mostrarse de vez en cuando entre las nubes. Si  la lluvia proseguía, la vuelta sería segura. Ni carabineros ni Guardia Civil salen a mojarse, sino tienen motivos concretos.

Nuestro grupo era bastante heterogéneo. De edades y necesidades varias. Desde los que vivían sólo de esto y que lo necesitaban para alimentar a su familia, al caso de Kepa y mío propio, que lo hacíamos por el afán de aventura y por poder tener un dinero extra con el que poder salir al baile con las chicas o regalar algún capricho a la novia. Creo que en mi caso la excitación de la aventura era los primero, y aunque también me estaba ya gastando alegremente el dinero que sacaría del “pase”, aquello me divertía.

Llegamos a casa de Erru, en Sara, poco antes del amanecer. Allí recogeríamos mercancía de precio y de la que obtendríamos un buen beneficio. Nylon, jabones, componentes eléctricos, ropa interior,  pantalones vaqueros americanos. Todo para un comerciante de Donosti con el que ya teníamos hechos buenos viajes. A mí me había introducido en el negocio un conocido de Onddarbi, arrantzale de oficio y contrabandista de ocasión, que se dedicaba a pasar mercancía con su txipironera, trayendo rodamientos, duralex, piezas de coches importados…todo lo que pesaba demasiado para andar con ello a cuestas por los montes. Aquello le dejaba buen dinero y hasta había conseguido llevar a sus hijos a estudiar a Bilbao.

Había otros tipos de tráfico por la muga, algunos más lucrativos, otros más honorables, algunos repugnantes y todos, sin excepción, más peligrosos. Entre lo peor estaba el comercio de personas; hombres y mujeres, casi siempre portugueses o norteafricanos, que buscaban llegar a Iparralde para desde allí encontrar una vida mejor en Europa. Había en Irún una red especializada en su paso; su responsable, hombre de pocos o ningún escrúpulo, vivía en una calle cercana a la iglesia del Juncal. Tenía un viejo coche americano, de esos grandes, negro y con un maletero tan inmenso que presumía de poder meter hasta cuatro personas dentro. Un Packard creo que era. Si tenían suerte les pasaba por alguno de los pasos poco vigilados del Baztán, Etxalar o Peñaplata. Pero al mínimo contratiempo los abandonaba en pleno monte y les decía que ya estaban en Francia. Eso cuando no los dejaba en la orilla izquierda del Bidasoa y les impulsaba a atravesarlo para llegar a su destino. Algunos no llegaban nunca al otro lado y aparecían en la bahía de Txingudi a los pocos días. Nuestro río, por pequeño y revuelto, puede ser muy traicionero para los que no conocen sus mañas.

En el establo de Erru encontramos los fardos ya hechos, unos cuarenta kilos para cada uno. Antes de salir de vuelta aprovecharíamos para secarnos, comer algo y dormir entre el heno hasta el anochecer. La dueña de la casa siempre se portaba y tenía preparada una buena mesa a la que sentarnos para reponer fuerzas.

Antes de caer la tarde ya estábamos todos despiertos y nerviosos por salir. Un cigarrillo, encendido con mi chisquero de mecha, ese que no se ve al prenderlo en la noche, y compartido con Kepa en silencio cómplice, puso punto final al descanso.

-¡Goazen mutilak! –la voz de Joxean nos recordaba que nos quedaba la vuelta. Y ahora cargados. 

Volveríamos por un camino más fácil, dejando a un lado Biriatou, y atravesando el Bidasoa pasado Endarlaza, cerca de Punttas. Y de allí subiendo hacia Irumugarrieta para pasar por el collado de Saroia, llegaríamos a Oyarzun en poco más de seis horas.

-          ¡Kontuz, begira! –la advertencia nos sobrecogió

Era  Txelis, que iba en cabeza con Joxean, quien los vio cuando pasábamos el río con los fardos al hombro. Eran dos bultos oscuros y deslavazados, aplastados en el ribazo del vado. Les debía haber dejado la corriente al bajar el caudal tras las intensas lluvias. Un hombre y un chico joven, casi un niño. A su lado, entre las piedras, algunas ropas dispersas,  mojadas y manchadas de barro y una maleta de cartón empapada y vacía. Ambos,  con los brazos abiertos se enganchaban a la tierra y sus caras miraban la orilla que sólo la muerte les dejó alcanzar.

-¡Putos cabrones inhumanos! -exclamó Joxean con un tono de voz salido desde el alma.

Y no hubo nada más, proseguí el camino inmerso en un silencioso y culpable griterío interior. Mi noche de aventura, de riesgo controlado, de algo de dinero fácil, era también noche de muerte y de sueños rotos para otros más desafortunados que llegaban hasta aquí buscando una vida mejor,.


Eduardo Lizarraga

Hondarribia, Agosto 2016

miércoles, 24 de agosto de 2016

Andanzas felinas


Tras más de media hora de espera, un ligero movimiento en la hojarasca me obligó a tensar los músculos y a caer sobre ella en dos saltos. Pero a pesar de mi rapidez se volvió a escapar. Todo el invierno llevaba detrás del topillo y hasta ahora no había tenido la menor oportunidad. Y seguía sin tenerla. Chasqueada,  di la vuelta y me dispuse a hacer la ruta acostumbrada. Ya llegará la primavera…

Desde el agujero de la alambrada metálica contemplé la calle que era parte de mis dominios. Una calle excelente, con muchos escondrijos y sin presencia de ninguno de esos peludos ladradores tan molestos. Ocho casas por las que merodeaba a placer, de las que conocía todos sus secretos y también a sus dueños y las posibilidades que me brindaban.

Aunque con pocas esperanzas decidí comenzar por el chalet de enfrente. Un chalet pequeño, de piedra basta y con muchos escondites ya explorados. Su dueño, Javier, siempre tiene varios coches aparcados en la ancha explanada que se extiende delante de la puerta principal. Y desde debajo de cualquiera de ellos, puedo pasar horas acechando a los pájaros que merodean por el jardín. Es mi casa preferida, sobre todo los fines de semana de buen tiempo. Porque Javier es muy aficionado a las barbacoas con sus amigos. Claro está, que en cuanto huelo el tibio aroma de la carne a la parrilla, me acerco sin pensarlo. Un par de maulliditos tenues, de esos de gatita desvalida y hambrienta, siempre me dan un resultado excelente. Mucho más cuando hay chicas. Hasta he conseguido  que me pongan un platillo con trocitos ya cortados, nada de sobras o huesos.

-Ven gatita, ven….bsss, bssss, bssss- me dicen, y yo me acerco a comer con parsimonia y hasta dejo que me acaricien un poco, aunque sin dar excesiva confianza.

No hay nada, ni por los alrededores de la mesa de piedra en la que suelen comer, ni debajo de los bancos. Zapirón o la negrita, mi profunda enemiga, han debido pasar por aquí la noche pasada y han limpiado a conciencia. Tampoco hay suerte con los pajarillos, que están atentos a mis movimientos y no me pierden de vista. Pero sé que en unas semanas, con la llegada de la primavera, templará la temperatura y entonces comenzarán sus arrumacos y revoloteos con las hembras, se despistarán y serán míos. Me relamo los bigotes con sólo imaginarlo.

La casa siguiente es la del músico. Es un hombre mayor, ya canoso, siempre tiene música puesta o toca el violín. Vive con una mujer muy agradable a la que nunca le falta  un trocito de jamón york para darme. Mmmm, jamón york….mi comida preferida…Pero no hay suerte, no se oye nada y eso quiere decir que no están. Dudo un momento en quedarme un rato, veo una manta sobre la silla que hay a la entrada,  me invita a tumbarme con promesas de tibia suavidad; es una terraza soleada y desde la que se divisa todo muy bien. Pero decido seguir la ronda.

Me salto la casa del antipático. Un hombre que siempre está enfadado.  Una vez vi a la mujer, la única persona agradable que hay en esa casa, llorando. El hombre le estaba insultado y amenazando…no sé si le había pegado. Si llego a ser algo más grande le hubiera hecho ver lo que vale una chica… Los niños que tienen, dos peligrosos y uno que aún no anda,  también son odiosos. Siempre que pueden me tiran cosas y aún recuerdo con horror cuando el verano pasado me encontraron desprevenida, dormitando al sol y me enchufaron con la manguera.

-¡Gatito, gatito! –gritaban, mientras veían como salía huyendo, dando bufidos de enfado y toda mojada.

Deslizándome entre la hiedra y el muro de ladrillo me asomo a la casa de Philippe. Es un chico joven, muy agradable al que no le faltan nunca  palabras cariñosas. Pero debe ser vegetariano porque todo lo que tiene para comer es horroroso. Ni siquiera jamón york.

Suelo mirar lo que hace desde una de las ventanas de su garaje. Lo tiene puesto como sala de baile, con espejos, unas barras de madera en los laterales y muchos posters de señoras y señores bailando. Ahí está, con su música y dando saltitos. Lo curioso es que muchas veces, como hoy, está vestido de mujer. Hasta zapatos de tacón lleva. Gira y gira, salta y salta mirándose en los espejos. Nadie le reconocería con su peluca rubia, los labios y ojos pintados y otras cosas que no quiero decir, porque aunque un tanto arisca soy muy pudorosa y determinada cosas me dan un poco de vergüenza.

En un momento dado me ve y me llama.

-¡Tomasa, Tomasa! – sí, soy yo, es el nombre que me pusieron pero no contesto jamás.

Mira que podían haberme puesto algún nombre más lucido, Cleopatra, Lucinda, incluso Terpsícore que me gusta mucho. Pero no, se les ocurrió Tomasa. Y con el nombrecito me quedé, como si fuera de pueblo.

Me exhibo un poco en el poyete de la ventana y salgo con el rabo en periscopio hacia la última casa de ese lado. La del señor triste. También suele estar en el garaje, pero en lugar de sala de baile lo tiene convertido en cuarto de herramientas y trastos. Cuelgan bicis de distintos tamaños de las vigas, hay máquinas para el jardín y un cierto desorden que me gusta. Antes siempre estaba trabajando allí, arreglando cosas, pintando, con la radio puesta, contento. Sus manos grandes, callosas y llenas de grasa y pintura,  me acariciaban y yo me dejaba tranquila. No sé cómo se llama, pero me agrada.

También antes había más personas en la casa. Recuerdo una mujer y unos chicos jóvenes. Recuerdo que había fines de semana llenos de bullicio con barbacoas y piscina. Pero hace ya tiempo que está solo, que no hay barbacoas y la piscina está llena de un agua verdosa con algas. Tampoco trabaja ya en el garaje taller. A veces está sentado en una silla, debajo de las bicicletas, que siguen colgando de la viga. La cabeza entre las manos y los ojos con lágrimas. Como siempre tiene la puerta abierta, me acerco y me restriego contra sus piernas. Y esas manos que me gustan, me acarician con suavidad y me dicen cosas en voz baja.

Hoy también está la puerta abierta y el hombre triste está dentro. Pero no está sentado. Cuelga de una cuerda al lado de las bicicletas y la silla está caída bajo sus pies. Permanece inmóvil y sus ojos abiertos están llenos de lágrimas.

-Bssssss, bssssss, bsssss….¡Tomasa!, ¡Tomasa!...bssssss, bssssss, bsssss

Me está llamando ese con el que vivo, desde lo alto de la cuesta, desde mi casa. Pero yo ni caso, que a ese nombre ni contesto ni voy a contestar. ¡Y es que no se entera!

Pero de repente se oye la palabra mágica

-Toma, toma, toma…. Jamooonnnn….
Y mi estómago sale disparado cuesta arriba y yo detrás, dando saltos como una gacela.


Eduardo Lizarraga
Hondarribia, Agosto  2016


sábado, 20 de agosto de 2016

La debilidad en lo precios viene para quedarse



Un mes más todos los indicadores nos hablan de incrementos sustanciales en las ventas de viviendas, sobre todo en las de segunda mano, que continúan siendo la estrella. También confirman la debilidad en la venta de vivienda nueva que continúa a la baja, así como su diferencial de precios con la vivienda usada. Pero los datos generales nos indican también que los precios, pasados los primeros meses del año que tiraron hacia arriba, comienzan a mostrar signos de haber llegado a su máximo incremento anual, con descensos o estancamiento casi generales en los últimos datos.

Y es que casi todos los expertos continúan sin percibir mejoría en los precios de la vivienda residencial, salvo excepciones en zonas privilegiadas de las grandes ciudades, Madrid y Barcelona principalmente y poblaciones muy exclusivas de la costa mediterránea e islas. A lo que parece, la subida de precios del 5% registrado en los seis primeros meses del año no va a consolidarse y vamos hacia un mercado débil, con incrementos de precios en línea con el PIB, que se situará alrededor del 2% anual.

Está claro que la oferta aún supera muy ampliamente a la demanda, incluso con una demanda surgente que se ha pasado siete años embalsada y que está saliendo al calor de una política bancaria menos exigente con las hipotecas y un euríbor muy favorecedor. Y esta amplia demanda embalsada puede ser la causa del incremento de precios de estos primeros meses, con un efecto que no va mucho más allá.

Pero la razón fundamental de esta situación de debilidad en los precios de venta, con estancamiento y descensos,  hay que buscarla en los resultados de la larga crisis que padecemos, con una gran incertidumbre laboral, un descenso de salarios que en los casos de nuevos contratos puede llegar hasta el 50%  en los mismos empleos y un ajuste general en los sueldos de contratos antiguos que se sitúa cercano al 20%. Está claro que la situación laboral actual es más favorable para los empresarios que pueden contratar y ser más competitivos basados en salarios bajos y no en otras mejoras estructurales. Pero como contrapartida tenemos un país que ya no puede comprar vivienda con la alegría de los años anteriores a la crisis, eso cuando puede plantearse comprarla.

En los próximos años el incremento de precios en la vivienda se va a mover paralelo al crecimiento del PIB anual, que se situará alrededor del 2%. Está claro que existirán zonas en las que el incremento de precios será mayor, pero serán las que hemos comentado anteriormente. Y también pueden existir otras zonas en que los descensos de precios continuarán por un tiempo, por un exceso de oferta y una mala situación laboral en su entorno. Es el mercado a dos o tres velocidades al que nos tendremos que ir acostumbrando.

Es cierto que en los últimos meses aparecen elevados índices de visados para nuevas viviendas, de alrededor del 18% sobre el año anterior, lo que podría mostrar el afianzamiento de un nuevo ciclo expansivo. Pero hay que tener en cuenta que cuando procedes de dónde nos había dejado esta larga situación de penuria, cualquier incremento parece llamativo y esta aclaración puede cuestionar la llegada de nuevos buenos tiempos en un futuro cercano. Esta hipótesis, menos optimista, llega avalada por las opiniones de empresarios de la construcción residencial que no ven una verdadera recuperación crediticia para promotores y constructores, observando además una debilidad importante en la demanda familiar. Debilidad causada por los bajos salarios, la inseguridad laboral y la movilidad en el empleo.

Ante esta situación de demanda creciente, sin aspavientos y con incrementos de precios débiles o estancados, el sector debe olvidar las reglas de antes de la crisis y ajustarse a la nueva realidad. Y la receta es la de siempre, la que ya se está haciendo, controlar costes, comisiones, gastos, colocar los sueldos en la realidad y mirar el futuro sin acordarse de los días de oro en los años previos al estallido de la burbuja inmobiliaria. Internet, las nuevas tecnologías, las redes sociales, el concepto  low coast y la precaución, pueden ayudar a promotores, constructores, agencias inmobiliarias, franquiciados y franquiciadores a crecer y obtener beneficios en un sector al que le queda mucho tiempo, si es que alguna vez lo consigue, para volver a ser el que fue.


Eduardo Lizarraga

sábado, 23 de julio de 2016

Agencia inmobiliaria ¿sí o no?



A casi todos nos llega el día en que compramos o vendemos una casa y ante esa tesitura hay distintas formas de enfrentarnos a la situación. Dejando aparte si queremos dos o tres habitaciones, ático, adosado o los más pudientes, chaletón en la Moraleja,  la primera duda que se nos plantea es si nos enfrentamos a la búsqueda del tesoro solos o buscamos la ayuda de un intermediador inmobiliario.

Las estadística dicen que los españoles no se arredran ante las dificultades del mercado inmobiliario y a diferencia de otros países como Estados Unidos o Canadá, casi un 60% venden o compran la casa por su cuenta. Internet, las redes sociales y los portales inmobiliarios gratuitos, están facilitando mucho esta opción, que antes  se encarecía sobremanera con los anuncios en prensa.

Y es que a la hora de vender nuestro piso o pisito, se abre la ventanilla de pagos y todos trincan…Montoro, que a pesar de lo que diga no somos todos, el notario, la gestoría,  el impuesto municipal, gastos registrales de cancelación de hipoteca…todos ellos son ineludibles. Y por toda la retahíla de pagos  y por  la considerable depreciación en el valor de las propiedades, que se estima en una media del 36% en estos momentos,  frente al  valor que tenía en el 2007, el ahorro de entre el 3 y el 7% del intermediador inmobiliario nos parece casi obligado. Porque llega a parecer que de la venta de la casa, pagada con nuestros mil sudores y esfuerzos, todos ganan menos nosotros.

Cuestión aparte es la mala fama que se está ganado el sector de las agencias inmobiliarias por la excelsa labor de unos pocos desaprensivos que practican con saña el viejo refrán “ave de paso, cañazo”.  Y el problema se ha agudizado desde la liberalización de un sector, con mucho dinero en juego y al que pueden acceder personas con poca o ninguna preparación.  Personas  que no se acogen a ningún código ético, ya que no pertenecen a colegio profesional alguno y que en algunos casos parecen vendedores de zapatos.

Lo cierto es que el intermediador inmobiliario realiza una labor por la que cobra unos honorarios. Y que en la mayoría de los casos se ganan el dinero con profesionalidad, dedicación e invirtiendo sus recursos, para que la venta de nuestra propiedad llegue a buen fin, en el menor tiempo posible. Y que los servicios que ofrecen, cuando son correctos, pueden valer esos 3 ó 4.000 euros que nos piden.

Son muchos los vendedores o compradores que se dirigen a nosotros, al portal WWW.AQUIMICASA.NET pidiendo asesoramiento a la hora de elegir una buena inmobiliaria, aunque también son muchos, sin duda más, los que llegan escaldados por malas experiencias.  A los primeros les decimos siempre lo mismo, que busquen un intermediador inmobiliario de su barrio, al que si puede ser conozcan, que esté tras su escaparate desde antes de la crisis y que disponga de los conocimientos suficientes para llevar la operación que nos interesa a buen fin. Y para demostrar estos conocimientos, a falta de un examen que le hagamos, nos puede servir su titulación o pertenencia a determinados colegios profesionales. A los segundos,  que la mayor parte de las agencias inmobiliarias funcionan bien y que la venta por cuenta propia requiere esfuerzos y sinsabores.

A partir de aquí la siguiente pregunta oscila entre ¿y cuánto me pueden cobrar? o ¿qué tipo de contrato firmo?. También somos claro en la respuesta; para la primera no existen tarifas oficiales y la comisión que nos cobren dependerá en unos casos de la bonhomía del vendedor , o de la comunidad autónoma o zona en la que estemos, cuando no de la cara de panoli que nos vean. Pero más de un 3% nos parece un abuso. Y es que los costes de las inmobiliarias han bajado mucho, sobre todo en las de nuevo cuño,  desde lo que  se ahorran en los contratos de los vendedores  o agentes–todos con mercantil y la cuota de autónomos por su cuenta- , hasta en los costes publicitarios y de promoción que han descendido desde la generalización de internet, los portales inmobiliarios y las redes sociales.

No quiero dejar pasar la ocasión de comentar el caso de una franquicia, muy nombrada, que cobra a los comerciales 100 euros al mes por luchar bajo su bandera, que no lleva las barras y estrellas, pero tiene los mismos colores.

Y en cuanto al tipo de contrato también nuestro consejo es claro: NO FIRMAR NINGÚN MANDATO DE VENTA EN EXCLUSIVA y consultar con un abogado, portal asesor  o especialista el documento que nos presenten –la picaresca llega a no proporcionar una copia previa de lo que se va a firmar o impedir que el “papelín” salga de la oficina- que las prisas no son buenas y menos en cuestiones de dinero. A fin y al cabo el mayor número de reclamaciones, tanto de vendedores, compradores y agencias inmobiliarias que termina en los juzgados, viene por las exclusivas, los mandatos de venta y las comisiones poco claras.

Cuestión aparte es la última moda entre determinadas franquicias inmobiliarias, que están en la boca de todos,  y que ante la disminución de las comisiones, por la situación de baja en el sector,  se han lanzado a obtener dinero tanto del vendedor, como del comprador, duplicando así la comisión por operación. Por eso al comprador también le aconsejamos que no firme ningún documento que no entienda y que, por supuesto, no entregue ninguna cantidad a cuenta para “demostrar interés y pasar delante de otros interesados”.  Que se están cobrando cuotas de 3.000 euros por éste concepto y que con estos dineros entregados –no se sabe muy bien a quién y bajo qué epígrafe- que se dejan como señal , pero parecen luego un contrato de arras, nos atan a una operación que puede ser que al final no nos interese, y que nos cueste recuperar, cuando no los perdamos.

Lo dicho, vender una casa no es una operación de 1000 o 2000 euros y que si no dejamos que a nuestro coche lo toque cualquier desaprensivo,  aún más cuidado debemos tener con una compraventa que nos puede salir cara. Si optamos por una agencia, por comodidad, seguridad y profesionalidad,  meditar bien cual sea, no dar exclusiva a nadie, no dar la venta a más de una inmobiliaria y quedarnos siempre la opción de poder vender el activo por nuestra cuenta sin penalización alguna.  Más vale prevenir que terminar en los juzgados.

Eduardo Lizarraga/Periodista
www.aquimicasa.net

viernes, 15 de julio de 2016

Inflación en el sector inmobiliario

Corría el año 2007 y el sector inmobiliario estaba en plena burbuja; a su calor florecían agencias en cada esquina, compitiendo por captar al fácil comprador con escaparates llenos de ofertas. Además de la afluencia de clientes, propiciada por las facilidades crediticias y por la políticas de las diferentes administraciones, que querían compradores y no inquilinos,  porque producían más dinero para las arcas públicas, había llegado previamente una liberalización del sector algo discutible.

Y es que el Real Decreto-ley 4/2000, de 23 de junio, al que se añadió la Ley 10/2003, de 20 de mayo, contemplaron  la posibilidad de que la actividad de intermediación inmobiliaria pudiera ser ejercida no sólo por los agentes de la propiedad inmobiliaria, sino también por cualquier persona física o jurídica que no tendría la obligación de disponer de título alguno ni de pertenecer a ningún colegio profesional. La liberalización supuso una afluencia de personas poco cualificadas y “paracaidistas” que duraron lo que el dinero en el sector.

Un año después, en el 2008, los escaparates se enlutaban con descuentos y los cierres comenzaban a menudear.

No se sabe ciencia cierta cuántas agencias inmobiliarias llegó a haber en España antes de la crisis…¿50.000, 60.000, tal vez 70.000?. Hablando, claro está, de negocios con puerta, ventanas y dirección conocida, porque francotiradores los hubo a decenas de miles.

 A todos ellos les afectó la crisis; unos sobrevivieron con profesionalidad y fe, otros cerraron, otros se sumergieron hasta que llegaran tiempos mejores…se calcula que las oficinas inmobiliarias se redujeron a una cuarta parte dejando a miles de personas sin empleo y sin posibilidad de seguir en el sector. En ciudades medianas como Santander, Gijón o Tarragona la escabechina se llevó por delante las siete octavas partes de sus efectivos.

Pero a partir del 2014, siete años después del estallido de la burbuja, comenzó la recuperación. Y los más osados, visionarios o necesitados, emprendedores todos, se lanzaron de nuevo a montar su negocio de intermediación inmobiliaria. Muchos de ellos bajo el paraguas de un sector franquiciador, que se frotaba las manos por la vuelta del negocio.

Una gran parte de los que están llegando de nuevo al sector inmobiliario, al albur de la recuperación, no quieren ya, como en la anterior ocasión, hacer dinero fácil. Son personas con cierta preparación y edad, que se han quedado desgajadas del mercado laboral por la profunda crisis que vivimos. Con algo de capital y mucha ilusión y necesidad a partes iguales, buscan su oportunidad para volver a ser personas útiles. Algunos lobos solitarios confiarán sólo en su capacidad y otros se pondrán al amparo de alguna de las franquicias que tanto abundan.

Y tienen donde elegir. Hay en estos momentos en el mercado más de 30 posibilidades a su elección. Desde las más caras de poner en marcha, que van de los 60 mil a los 200 mil euros, como Remax, Coldwell Banker o Engels Volker, a las más baratas, online y sin necesidad de local, como Mercaservice, Unicasa Factory o RH Properties. En medio grandes nombres de las franquicias, como Best House, con un sistema para el franquiciado muy interesante, DonPiso, Look & Find o Century 21, entre muchas otras.

Ante esta abundancia de posibilidades, el futuro franquiciado debe estudiar con detenimiento lo que ofrecen, su coste e imagen en el mercado. Y es que hay algunas marcas, que se están labrando una falta de ética y profesionalidad entre sus posibles clientes que trasciende y echa para atrás, u otras que exigen un pago mensual, no sólo a los dueños de la oficina franquiciada, sino también a los comerciales que luchan bajo su bandera; todo muy americano y agresivo, pero que se compadece poco con nuestra idiosincrasia. Para qué hablar de las que exigen exclusiva con mandato de venta y de las que muchos propietarios de casas en venta huyen como de la peste.

Y es que a veces, o muy a menudo, parece que el negocio inmobiliario se traslada de la simple venta de casas y sus comisiones a la venta de franquicias. Cuántas más sean mejor, que hacen imagen, pagan royalties y no se arriesga nada, beneficios fiscales aparte...

El sector ha comenzado a recuperarse. Desde una caída media del 35% en el valor de la vivienda, el INE señala incrementos del 4%. Y con fuerza en la demanda. Pueden ser los efectos de una demanda embalsada a lo largo de estos años, que está creando unas falsas expectativas en el sector. El incremento de los precios sería un error que no podemos repetir. Por eso y ante el crecimiento incontrolado de las oficinas inmobiliarias, puede que sea bueno un poco de cordura y pararse a pensar si va a haber sector para todos, antes de lanzarse a inversiones que tal vez cueste recuperar.


Eduardo Lizarraga
Periodista

WWW.AQUIMICASA.NET

viernes, 8 de julio de 2016

El brexit propiciará cambios en el mercado inmobiliario

La decisión de la “pérfida Albión” de abandonar la UE, el brexit, va a tener una cierta influencia en el mercado inmobiliario español.  Sobre todo en el de muchas áreas mediterráneas, en las que los ciudadanos británicos forman grandes comunidades. Y es que se estima que no menos de 800.000 “ingleses” residen de forma permanente en nuestro país.  Esta cifra les conforma como el primer grupo de europeos en comprar viviendas en España; es decir, una de cada cinco casas que compran los extranjeros en nuestro país acaba siendo propiedad de un británico, con un precio medio de 315.000 euros.  Todo ello, porque los ciudadanos de Reino Unido siguen considerando que España es uno de los mejores destinos para adquirir una segunda residencia en la que pasar las vacaciones, e incluso disfrutar de la jubilación.

Sin embargo, a partir de ahora, la situación de este amplio colectivo y su relación con nuestro país, al igual que con el resto de los países comunitarios va a cambiar. La fortaleza de su moneda ha caído y puede seguir haciéndolo en el futuro. Comprar una casa en España les puede resultar, ya les resulta, un  20% más caro, pero también los ingresos que perciben por su jubilación o rentas,  han caído en la misma proporción en relación con el euro.

Tan importante como éstas variables, teniendo en cuenta la edad de una gran parte de este colectivo, resulta saber que la asistencia sanitaria ya no tendrá el mismo coste ni calidad para sus bolsillos ya que, a la espera de saber qué tipo de relación tendrá Reino Unido con la UE de los 27, a partir del “desenganche” podrán ser considerados como unos inmigrantes más que, dependiendo de sus ingresos, deberán pagar la sanidad. Para qué hablar de sus derechos políticos y de la validez de sus representantes municipales –más de 40 concejales de municipios españoles son de nacionalidad británica- . 

Las comunidades más afectadas por las consecuencias del “brexit” son las más turísticas de las españolas, con la Comunidad Valenciana en primer lugar, seguida de Andalucía, Canarias, Baleares y Cataluña. Y en todas ellas habrá que tener muy presente la nueva situación y ver cómo evoluciona.

Los migrantes británicos han sido, hasta ahora, bien venidos en la sociedad española sin levantar suspicacias. Todo ello a pesar de sus problemas de integración y su tendencia a concentrarse en guetos; en concreto un 60% de ellos no hablan bien el castellano y un tercio jamás mantiene el mínimo contacto con los nativos, los denominados “PIGS” (Portugal, Italia,  Grecia y España, por su prensa más eurofóbica.

Los británicos dejan mucho dinero en amplias zonas de España, sobre todo en la Costa Blanca, donde más de 300.000 tienen su residencia. Pero también tienen un coste elevado para nuestra Sanidad –casi 300 millones de euros según sus propias cifras-, que utilizan sin medida. Hasta tal punto que la embajada de Reino Unido en España publicó una guía para que sus ciudadanos, residentes o turistas, supieran como utilizar más y mejor nuestros servicios sanitarios. Además de diversos consejos prácticos para gozar de la Sanidad española, se detalla el tipo de trámites que deben cumplimentar para poder utilizar al completo nuestro sistema sanitario, como cualquier otro contribuyente. Y éste disfrute comprende mucho bisturí, con operaciones de cataratas y prótesis en cabeza.

La situación de los británicos en nuestro país puede dar un vuelco en los próximos meses, porque no hay que perder de vista que si comprar una vivienda les resulta un 20% más caro, cuando vendan una propiedad que ya tienen, obtendrán un beneficio de un 20% al cambio. Y no es una cantidad despreciable, sobre todo si tenemos en cuenta que vivir en la UE de los 27 se les acaba de encarecer en la misma proporción.

Eduardo Lizarraga
www.aquimicasa.net

sábado, 26 de diciembre de 2015

¿Y si volvemos a la casilla de salida?

Los catastróficos resultados cosechados por los partidos mayoritarios han puesto de manifiesto los profundos cambios políticos que se están originando en la sociedad española. Por más que ambos partidos intenten disimular, con caras de circunstancias,  lo sucedido el pasado día 20 de diciembre, la realidad es que el bipartidismo ha salido de España con la maleta hecha, como muchos otros, y tal vez para no volver jamás.  Estamos ante un cambio de época y los viejos partidos tradicionales no quieren darse cuenta e intentan seguir agarrados al poder y sus mañas. Aunque el PP haya  perdido cuatro millones de votos  sigue diciendo que ha ganado. Y el PSOE de Pedro Sánchez, con su peor resultado histórico, se muestra ufano por ser segunda fuerza política.

El juego político ya no es a dos, sino a cuatro y éste  aumento de jugadores va a propiciar muchos cambios en su desarrollo. El primero la reacción que van a tener tanto PP como PSOE ante el fin de su hegemonía de turnos y lo que ello significa en cuanto a pérdida de poder real, puestos de trabajo, poltronas varias y negocietes diversos incluidos.

La apertura de las urnas ha dejado un panorama político complicado, con varias opciones de gobierno de difícil manejo y que van a exigir mucha capacidad de negociación y carisma a los participantes.  Panorama, fruto sin lugar a dudas de cuatro años de política desalmada, corta de miras, corrupta y avasalladora del Partido Popular, que ha enconado las posiciones de los sectores más desfavorecidos por la crisis. Para qué hablar de la situación en Cataluña, producto de la legendaria capacidad de diálogo y empatía de Mariano Rajoy y sus acólitos, a los que siempre les ha parecido un acertado recurso la búsqueda de votos en el resto del estado, a costa de Cataluña y País Vasco.

Tampoco el PSOE lo ha hecho mucho mejor y por eso ha bajado 20 escaños, lo que es clarificador estando en la oposición. La corrupción, sobre todo la andaluza,  y el sentimiento de que es un partido al servicio de las oligarquías, con las que ha convivido y favorecido muchos años, le han perjudicado de cara a un electorado que está harto de la clase política y sus desmanes. Tal vez, si el pueblo se hubiera sentido más apoyado en sus reivindicaciones y manifestaciones, la situación hubiera sido diferente. Y es que al parecer la oposición parlamentaria y “educada” del PSOE ya no convence a nadie.

Es alrededor de estos dos partidos, o entre  ellos, de donde tendrá que salir el futuro Gobierno.  Todas las opciones son difíciles y van a necesitar de mucha capacidad de negociación y cintura, de hacer política en suma.

Es el PP el primero que tiene la responsabilidad de formar Gobierno por haber sido el partido que más escaños ha sacado. Pero también es de todas las opciones la que puede entrañar más dificultades. Y es que las cuentas no salen. Hasta con Ciudadanos, que era la opción pensada de antemano, quedan lejos de la mayoría absoluta que el PP necesitaría para gobernar.  Y fuera del partido naranja las posibilidades de apoyos son muy escasas o nulas. La política llevada adelante por Mariano Rajoy y su muchachada durante estos cuatro años le ha dejado solo en el escenario. Los partidos nacionalistas, aliados tradicionales de  PP y PSOE para gobernar en situaciones de minoría parlamentaria, están muy lejos de querer hacerse la foto con el PP.  ¡Para qué hablar de los partidos de izquierdas!  La soledad de Rajoy es manifiesta, tanto como su incapacidad para gobernar si no es en mayoría y aplicando el rodillo. Pedro Sánchez ya le ha dicho que no, y creo que los Reyes Magos no le van a traer una solución.

Después del PP es el PSOE el que mayor número de escaños ha obtenido. Y puede optar también a formar un Gobierno a su alrededor. Tampoco con Podemos obtendría la mayoría absoluta y necesitaría de apoyos puntuales  para poder gobernar y de esos mismos apoyos o abstenciones para  que Pedro Sánchez fuera investido presidente en segunda ronda. Una legislatura compleja, sobre todo con el problema catalán, que será aprovechado por Rajoy, a pesar de haber sido su causante a pachas con Mas, para minar la posición del PSOE y sus apoyos.  Le puede resultar más sencillo a Sánchez alzarse con la presidencia que a Rajoy, pero la legislatura se le puede hacer muy complicada y de profundo desgaste.  Los frentes a su derecha, a su izquierda y la cuestión nacionalista, lo pueden hacer casi imposible.

En clave de astucia, el PSOE podría abstenerse en la segunda opción de Rajoy ,para que este fuera investido presidente y ejercer una política de desgaste en la que el PP no pudiera hacer ninguna de sus políticas habituales durante cuatro años. La primera duda es si el país se lo puede permitir y si los votantes socialistas le perdonarían que se permitiera a Rajoy ser de nuevo presidente. A lo que parece los “barones” socialistas, que ya han salido en tromba a defender sus predios, quieren seguir manteniendo su habitual política de ser de izquierdas con la boquilla y actuar como si fueran de derechas y así,  ya le están diciendo que no quieren un Gobierno apoyado por Podemos. Y no les importa gran cosa ignorar cinco millones de votos.

Existe otra posibilidad,de la que se ha hablado desde la precampaña y que próceres socialistas, bastante desprestigiados por cierto, como Felipe González, apoyan sin despeinarse. Con la excusa del “más alto interés del país”, pero no mencionando que es también lo que les interesa a ellos para no perder sus prebendas, el PP y el PSOE harían un pacto de Gobierno para “seguir pilotando la salida de la crisis” y el mantenimiento del bipartidismo, de paso.  Esta opción ya está siendo apoyada por todos los directivos del IBEX, la Iglesia y otros poderes ocultos o a la luz. Está claro que el coste para el PSOE iba a ser brutal, cercano al suicidio político,  y que la medida beneficiaría al PP, que ya ha dejado aprobados sus presupuestos y en marcha cambios legislativos importantes en Sanidad, Justicia, Trabajo, Educación, Medio Ambiente, Orden Público…

Para finalizar las opciones existe la posibilidad de “volver a la casilla de salida”, es decir, convocar de nuevo elecciones pasados los dos meses sin que ninguno de los candidatos hubiera podido formar gobierno.

Es sin lugar a dudas una posibilidad que puede resultar cara en votos a casi todos los partidos. Pero a algunos más que otros. Para el PP es una buena opción porque de la actual no va a sacar nada más que dolores de cabeza. El bienestar del país y sus intereses le importan un ardite, como ya ha demostrado convocando las elecciones en diciembre y dejando el 2016 perdido sin remedio. Es el partido de esos patriotas de banderita en la muñeca o lacito en facebook,  de boca llena contra catalanes y vascos, de apropiación de los caudales públicos y de buenos dineros en Suiza. Una nueva convocatoria de elecciones,  porque no ha tenido los suficientes apoyos para poder gobernar, le devolvería muchos de los votos que se han ido con Ciudadanos  y eso le interesa. Además, con los presupuestos aprobados,  pueden estar esperando tranquilos a que los otros partidos y el país se desangren…saldrán ganando. Y tal vez el bipartidismo también.

No está el PSOE en la misma tesitura, ni mucho menos, porque si no hay un gobierno de izquierdas, tras unas votaciones en las que las izquierdas se han llevado la mayoría de los votos, va a ser el claro culpable de no haberlo conseguido,  por ser la segunda fuerza política más votada. Y eso no se lo puede permitir porque en una segunda vuelta la sangría aún será mayor. Y los remilgos a la hora de mirar con quien juntarse están siendo poco entendidos por esa  mayoría que ha votado y quiere un gobierno de izquierdas. Ya gobierna por pactos con Podemos en la Comunidad Valenciana, Baleares,  Extremadura y en Castilla la Mancha y nadie se ha roto las vestiduras, sino que sus respectivos barones están muy contentos habiendo echado al PP y  ocupado sus puestos. Susana Díaz, en Andalucía,  prefirió a Ciudadanos, para poder seguir con sus manejos y proteger su estructura clientelar de miradas menos cómplices.

Ciudadanos va ser la más clara víctima del voto útil en unas hipotéticas nuevas lecciones. Y es que los votos que ha arrancado a PP y PSOE  por diversas causas, volverían a sus antiguos destinos. Los naranjitos tienen muy complicado poder ser algo con los votos obtenidos y sus apoyos, por un lado a Susana Díez en Andalucía, para seguir haciendo la política del PSOE que ha llevado a esa comunidad autónoma a la ruina económica y por otro a Cristina Cifuentes en Madrid,  que están sirviendo para  entorpecer la política progresista de Manuela Carmena al frente del ayuntamiento y no destapar los casos de corrupción del PP, le van a pasar factura abultada.

En cuanto a Podemos e IU una segunda vuelta electoral les daría una nueva oportunidad de poder llegar a un acuerdo necesario, sobre todo cuando se contempla un millón de votos en IU que le han propiciado dos escaños. La maniobra se saldaría con 10 u 11 escaños más para esa posible coalición, lo que podría cambiar la correlación de fuerzas resultante, sobre todo si tenemos en cuenta que en éste caso el voto útil de la izquierda podría ir a parar a Podemos, que ante el electorado, está haciendo lo posible por favorecer un gobierno de izquierdas contra los intereses del PSOE,  que quiere seguir manteniendo el “statu quo”.

La realidad salida de las elecciones, que deja un país de difícil gobierno, ha sido mayoritariamente de izquierdas. Y gobernar desde la izquierda es la tarea a la que tendrán que enfrentarse PSOE, Podemos, IU y demás fuerzas progresistas. Es la hora de blindar en la Constitución los derechos sociales, derogar la reforma laboral y el resto de reformas injustas que ha realizado el Partido Popular, acabar con los recortes y el sistema de puertas giratorias para los políticos, que tan caras nos salen, hacer una sociedad en la que todos tengamos los mismos derechos y obligaciones, incluida la Iglesia.  Y por supuesto, y con la máxima prioridad, cambiar una Ley Electoral a todas luces injusta y que ya no tiene razón de ser. Es la hora de plasmar lo que ha votado el país de forma mayoritaria, la hora de la izquierda. Y la sociedad, que ha ejercido su derecho, no va a perdonar a los políticos que por su estrechez de miras e interés de partido o bolsillo, nos hagan volver a la casilla de salida.

Eduardo Lizarraga/Periodista