Blog de opinión política y relatos más o menos cortos. La sostenibilidad y el medio ambiente también tendrán su espacio. Te invito a que me des tu opinión y te contestaré.
martes, 23 de agosto de 2011
Un agosto tórrido y movidito
Este mes de agosto de 2011 está siendo muy diferente, en el terreno político me refiero, a todos los años anteriores. No hay vacaciones políticas en el sentido estricto, y los líderes de los distintos partidos “interrumpen” sus periodos de descanso para irrumpir en el ruedo político con absoluta asiduidad. Signo inequívoco del mes de septiembre que nos aguarda.
Y varias son las razones de la singularidad de este agosto tórrido y movidito. Por un lado, claro está, la crisis económica en la que estamos inmersos, que lejos de irse despejando, nos sacude día a día con nuevos sobresaltos, lo que indica que aún nos queda mucho por sufrir. Y por el otro lado todo el resto de “la movida”; es decir, los últimos meses de presidencia de Zapatero, con sus intentos de enderezar en lo posible la situación; las apariciones del candidato Rubalcaba, que pretende a su vez convencernos de lo bien que lo puede llegar a hacer, si le damos la oportunidad para ello; y los sobresaltos alarmistas de toda la plana mayor del PP, desde Andalucía a Castilla la Mancha o Aragón, pasando siempre por Génova, vestidos de verano, pero ya con el tono de campaña electoral.
Menos mal que ya han eliminado el soniquete de adelanto electoral y comienzan a mostrar “la patita” en lo que va a ser su campaña de elecciones generales. Y aunque ya no venga casi a cuento , sigo sin entender el porqué de sus prisas; y es que su eterno argumento de que miran por el bien de España me hace sonreír de medio lado. No son estos, los hombres del PP, ni tampoco los del PSOE, más que políticos que miran por su interés, y por el del partido del que cobran, por un plazo de cuatro años, no son estadistas que miren por el beneficio de una generación. En este orden de cosas se avecinan muy malos tiempos –creo que peores que los ya pasados- para los trabajadores y parados de este país, y por consiguiente para el partido que esté en el Gobierno. Yo hubiera dejado que, aunque fuera por vergüenza torera, Zapatero hubiera dejado hechos o encauzados algunos de los deberes que al parecer hay que hacer. Y me gustaría no tener que cargar en mi currículo con el recorte de derechos sociales y laborales que se avecina. Pero las cosas están así y así hay que tomarlas.
Me encantaría saber, como a todo el resto de españoles, cual es el programa económico y social del Partido Popular para la próxima legislatura. Es decir, cuál va a ser la reforma laboral, la sanitaria y la impositiva, cuáles los recortes a los funcionarios y los recortes de derechos laborales a los trabajadores, las prebendas a las grandes empresas y a las pequeñas, las privatizaciones de servicios y empresas públicas, las subidas de impuestos… en fin, todo ese conjunto de medidas que dicen que no van a hacer y de las que echarán la culpa al antecesor cuando las hagan. Son fáciles de adivinar sus pasos a partir del 2012, tan sólo hay que ver quiénes han sido sus firmes aliados en estos últimos tres años y a los que tendrá que devolver lo recibido. ¿Qué quiere la CEOE? ¿Qué quieren las grandes empresas?¿Y las grandes fortunas? ¿Qué desea la Iglesia? Todos se van a poner a la cola para cobrar y sino, al tiempo. Pero, ¿pondrán al país, y a ellos mismos, bajo las patas de los caballos para contentarlos?
Preveo un año 2012 muy complicado y frustrante, no sólo en la política, sino también para un elevado número de los trabajadores de este país, funcionarios o no, parados o no, jóvenes o no. Todos nosotros, y me incluyo entre los preocupados y posibles damnificados, vamos a ver recortados muchos de los derechos laborales y sociales conquistados a lo largo de casi un siglo. Y la gran pregunta es ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿y la de los sindicatos comprados y amansados por el PSOE? Están estallando revueltas sociales en muchos países del mundo, algunos con una tradición de tranquilidad muy grande. Estaría bien que el Gobierno que venga tenga especial cuidado en que esto no suceda.
Los indignados del 15M van a crecer en número y sus acciones se van a multiplicar. Porque tienen razón en su principal planteamiento. Hay que cambiar un sistema viciado e ineficaz, que cada vez privilegia a un menor número de personas y perjudica a más. Ni el mercado ni el dinero pueden dejarse en manos privadas porque ya vemos lo que sucede. Si el sistema no cambia iremos abocados a otra crisis –parece que hay nuevos problemas económicos llamando a la puerta- de la que tal vez ya no podamos salir. Los Gobiernos occidentales deben hacerse con el control financiero de los mercados, no sólo para evitar los enriquecimientos de unos pocos, sino para impedir la miseria y el sufrimiento a millones de personas. Ya se que la música no gusta, y menos a estos liberales de viejo cuño que llegan, pero como dice el refrán “a la fuerza ahorcan”.
Y es que si no se toman las medidas adecuadas para impedir el caos económico y existencial a millones de españoles, los indignados pueden pasar primero a desesperados y luego a amotinados. Cierto es que ya el Partido Popular, a través de algunos de esos programas de falso debate político con los que se pretende presentar la realidad del país, y se confunde a las almas sencillas, ha lanzado la acusación de que “son las hordas de Rubalcaba las que ocuparon Sol y se lanzarán contra el gobierno del PP después de que el PSOE pierda las generales”. Pero esta no es la realidad, el descontento social crece y hay que tener claro que no es contra la democracia, sino contra la caterva de políticos mediocres, de uno u otro signo, que se creen de una casta especial, tanto por sus prebendas, como por sus sueldos, y que envueltos en su particular burbuja de yupie, han llevado al país al borde del abismo.
Hay que cambiar el sistema y tan sólo una nueva clase de políticos y un gran pacto entre los partidos, con un gobierno de concentración, podrá hacerlo y salvar así la situación. Porque en caso contrario volveremos a la misma tesitura, a echar la culpa al que estuvo antes –parece que esa será la “gran estrategia del PP” y a no hacer nada porque el que está enfrente no dejará hacerlo, no sea que salga bien. Y estoy apuntando ahora al PSOE, que se ha quejado amargamente de que el PP no le ha ayudado en ningún momento, por miseria política, a capear la gran crisis en la que estamos inmersos. ¿Hará lo contrario el PSOE de lo que acusa al PP y será un firme aliado cuando le necesite el Gobierno? Creo que no; que su miseria será la misma de la que ha hecho gala el PP durante estos últimos tres años y que hará todo lo posible para conseguir que la situación vaya mal al partido gobernante, no importándole un ardite lo que suceda con el país y sus ciudadanos.
Lo dicho, o hacemos un gran esfuerzo común para cambiar el sistema, o seguiremos inmersos en la misma inmundicia, y cuando la situación es mala todo tiende a peor.
EDUARDO LIZARRAGA
AGOSTO 2011
Perlas vaticanas
No he estado siguiendo la visita del obispo de Roma a nuestro país en modo alguno, para ser exacto lo único que me ha preocupado, y por tanto a lo que he prestado atención, ha sido el modo en que sus actividades podían interferir en las mías, lo que ha sido unas cuantas veces para mi disgusto, y sin embargo, ha sido tanta la cobertura mediática que a esta visita le han prestado muchas cadenas de TV, que algunas de sus frases e ideas han llegado hasta mi. En concreto dos de ellas no han dejado de preocuparme, porque si el representante máximo de varios centenares de millones de católicos es capaz de esgrimir tales barbaridades en público, es porque no sólo muchos políticos, sino también la Iglesia, han perdido definitivamente el pudor.
Me sorprendía la primera de sus frases cuando en un telediario, de no se qué cadena, el Jefe del Estado Vaticano decía al nuestro, es decir a Juan Carlos, que “el cristianismo está siendo rechazado en el mundo”. Y lo decía sin ningún rubor y con todo el aplomo de que es capaz. Y creo que este buen hombre, porque estimo que debe serlo, anda un poco equivocado. No es el cristianismo al que se rechaza, yo me considero cristiano y a lo único que rechazo es a una Iglesia que ha perdido sus valores, sus ideales y cuyo único objetivo en el mundo es continuar manteniendo su poder; eso sí, en medio de unos lujos tan desorbitados y con un boato que ya no son de recibo.
No voy a entrar ni en el coste de la visita ni en los beneficios –todos los políticos, incluso los más católicos tan sólo han hablado de beneficios económicos para Madrid, ¿dónde queda la espiritualidad?-, pero con la historia de la Iglesia en la mente tengo obligación de hacerme una serie de reflexiones. El verdadero poder de la Iglesia comienza tras el Edicto de Milán, entre Constantino y Licinio, que garantizaba la libertad religiosa en todo el Imperio Romano; fue en el año 313 y desde ese instante la recién permitida Iglesia maniobró acertadamente para quedarse con la exclusiva religiosa del Imperio, medida que consiguió de Teodosio en el año 380. A partir de ese momento comienza la persecución del paganismo –vergonzoso cierre de la Academia de Atenas- y de cualquier otra religión que no sea la cristiana. Persecución que llenó de sangre y terror los siguientes 1500 años, convirtiendo a la Iglesia católica en un azote, sangriento e inculto, de pueblos, costumbres y religiones, compitiendo con las tiranías más sangrientas que hayamos conocido. Con la excusa de “Dios lo quiere” causó centenares de miles de muertos con las Cruzadas, a ellas siguieron la tortura y muerte de los cátaros, la persecución de los judíos, la quema de brujas y las guerras de Religión de los siglos XVI y XVII que causaron la decadencia y empobrecimiento de la España de la época. Todo esto por citar unos pequeños ejemplos, pero podría seguir hasta llenar más de un libro.
La Iglesia creció y se hizo fuerte durante sus primeros siglos estando del lado de los pobres, de los esclavos, de los desarraigados, ¿qué queda de aquel espíritu? Creo que nada, tan sólo es una empresa, tal vez la más antigua del mundo y la que tiene mayor número de clientes, con su política comercial, sus inversiones, sus directivos, su presidente, su Consejo de Dirección, sus sueldos y dietas, su escalafón, sus jefes de zona…Ya no está ni con los pobres, ni con los esclavos, ni con los que sufren, al menos la Iglesia Vaticana. No he visto ni una imagen de esta iglesia en Somalia, ni en la India, ni en Haití. ¿Para qué todo ese lujo, ese boato, ese derroche de medios? ¿Con cuantos millones del presupuesto que ha costado la visita del sucesor de San Pedro se podía haber solucionado la hambruna de Somalia?
No creo que nos apartemos del cristianismo, sino más bien es esa Iglesia la que se aparta de la realidad, y hace menos que algunas ONGs laicas por solucionar los problemas del mundo.
La segunda “frase del día” con la que me sorprendió el Jefe del Vaticano y me reforzó aún más en mis convicciones de que la Iglesia es ya tan sólo una empresa más o menos rentable, fue la escuchada el día antes de su marcha: “A Jesucristo sólo se puede llegar a través de la Iglesia Católica” Si Jesucristo es Dios está claro que la Iglesia Católica quiere tener la exclusiva de la salvación. No está mal, nada mal. Me quedo con la marca, los derechos de uso, le instalo el copyrigt y el que quiera salvarse me paga. Vamos, es que ni la SGAE que casi nos cobra por cantar en la ducha ¿Dónde quedan los seguidores de otras religiones, incluidas las cristianas? ¿Dónde quedan los hombres buenos que siguen unas correctas normas éticas y morales? Esto no lo dijo el Pontifex Maximus, o tal vez no se atrevió a decirlo, pero seguro que su director comercial ya tiene en mente decir, como argumento de venta, que el usuario de otras empresas de salvación se podrá quedar sin cobertura divina en cualquier momento.
Como a todas las empresas del mundo a la Iglesia Católica también le ha llegado la crisis; otras iglesias más pequeñas y activas, más cercanas a los pobres y desfavorecidos, le están dando sustanciosos bocados al negocio de la salvación; muchos de sus trabajadores se desligan de la misma, hartos de unos corsés estrechos y anticuados y abren su propia oficina, y sus clientes principales, ricos, cultos y occidentales, abandonan la empresa de sus padres y dedican sus superávits económicos a la financiación de ONGs en todos los rincones del mundo. Ante esta situación se produjo una pequeña discusión entre las dos tendencias mayoritarias, y aunque pareció que en un primer momento pudo triunfar la opción más aperturista, el cambio de propietario del anillo del pescador consiguió que el fundamentalismo más rancio y retrógrado se instalara definitivamente en la cúpula eclesiástica. Amparados por una organización algo siniestra, los partidarios de la tradición fundamentalista se centran, desde hace unas décadas, en afianzarse en los países más ricos pregonando las bondades de la familia y pasando el diezmo a sus acólitos, que pagan a gusto su plaza en el paraíso. Mientras tanto se abandona a su suerte a millones de personas que, originarios de muchos de los estados llamados fallidos, carecen de toda posibilidad económica y necesitan ser salvados del hambre sin poder pagar nada a cambio.
Así lo veo y así lo siento; y mucho tiene que cambiar esta “Iglesia Universal” para que yo pueda volver a creer en ella. Mientras esto sucede espero que el actual ocupante de la silla de San Pedro, y los que le sigan en el cargo, se fijen más para sus visitas en otros países y nos dejen un poco de tranquilidad en éste.
Eduardo Lizarraga
Agosto 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Una realidad molesta
Pasan ya más de tres años desde el inicio de la crisis financiera y, sin ver todavía el final, creo que aunque hemos aprendido algo de sus causas, no solo desconocemos las consecuencias que va a tener, sino que nos arriesgamos a repetirla. Y todo ello porque salvo algunas excepciones, los principales culpables siguen al frente de sus empresas y continúan dispuestos a mantener su poder y una manera de hacer negocios que no tiene en cuenta ninguna ética y su único objetivo es el dinero. Y las excepciones culpables, que tienen nombres y apellidos, están en retiros dorados dejando pasar el tiempo que les queda, sin que se les moleste. No se va a juzgar a nadie por crímenes contra la humanidad, aunque sus actuaciones hayan llevado el sufrimiento a cientos de millones de personas, y la muerte a decenas de miles. Y esto seguirá sucediendo mientras que no se considere al dinero como el arma más terrible que existe, y que por lo tanto debe estar sometido al control de los estados.
Una de las peores consecuencias de esta crisis financiera es que no nos está dejando ver que agazapadas tras la montaña de paro, datos económicos y balances empresariales, se encuentran dos nuevas crisis llamando a la puerta y cuya presencia y desarrollo están cuestionando ya los doscientos últimos años de civilización. Se trata de la crisis energética y el colapso ambiental.
En cuanto a la primera, de la que se comenzó a hablar durante la crisis petrolífera de los años 70, parece que está triunfando la línea de actuación del avestruz, es decir, la que opina que a pesar del incuestionable declive del petróleo no hace falta preocuparse, ya que obtendremos la energía necesaria de otras fuentes, ya sea el carbón, el gas natural, la biomasa o la fisión nuclear. Es la suicida confianza de que nuestra tecnología puede con todo y que encontrará la solución. El otro punto de vista, el más silenciado por agorero , mantiene que cuando nuestro planeta, durante una era de condiciones climáticas y biológicas muy larga y estable, produjo y acumuló en su subsuelo unas grandes cantidades de energía finitas, y las puso a nuestra disposición, nos tocó la lotería, y es muy improbable que vuelva a hacerlo. ¿Y entonces qué haremos?
En cuanto al colapso ambiental, que se está manifestando todos los días de mil maneras distintas: cambio climático, catástrofes naturales, pérdida de la biodiversidad, envenenamiento masivo del planeta…los grandes poderes económicos, que quieren seguir pudiendo hacer sus negocios bajo el prisma del “bussiness as usual” lo ningunean y se esfuerzan en ridiculizarlo, tachando de pesimistas y catastrofistas a los que ven la realidad. No podemos seguir pensando que el crecimiento infinito es posible, sobre todo cuando los recursos no lo son. Y además, ¿qué significa mantener ese crecimiento continuo de las sociedades occidentales del bienestar?
Vayamos a la huella ecológica. A ese concepto incómodo que todos debiéramos tener presente a la hora de desarrollar cualquier actividad. La huella ecológica de una población o de un individuo se basa en el material consumido, y se estima a partir del área de los sistemas marítimos y terrestres que son necesarios para producir los recursos que dicha población consume y para asimilar el conjunto de los recursos que genera. Como el consumo refleja el nivel de ingresos, la huella ecológica per cápita nacional está muy relacionada con el PIB per cápita. Los ciudadanos de los países ricos necesitan una media global de entre 4 y 10 Ha para mantener sus estilos de vida, mientras que los habitantes de los países pobres precisan algo menos de una hectárea. Los países ricos muy poblados como Japón, Holanda o Reino Unido tienen huellas ecológicas varias veces más grandes que sus áreas productivas respectivas, lo que les hace incurrir en masivos déficits ecológicos que se compensan con los excedentes de países pobres de baja densidad de población.
El promedio de la huella ecológica de una persona es de 2,2 hectáreas, lo que resulta muy alarmante cuando comprobamos que sólo hay 1,8 hectáreas de tierra y agua por persona en nuestro planeta. Es decir, el total de la huella ecológica humana supera ya la biocapacidad global en más del 20%. Ello explica dos cosas, primero que nuestro modo de vida “desarrollado” roba recursos a los países y personas más desfavorecidos condenándolos a la indigencia y subdesarrollo, y que este modo de vida no puede extenderse de forma sostenible a todo el planeta. Y no sólo no puede extenderse, sino que la distancia entre los países ricos y los pobres es cada vez mayor. Es una gran falacia que esta economía liberal globalizadora, de la que muchos políticos , generalmente de derechas, son firmes partidarios, reduzca la desigualdad social; es más bien todo lo contrario. En estos momentos las 500 personas más ricas del mundo disfrutan de mayores ingresos que los 420 millones más pobres y en más del 80% de los países la desigualdad ha aumentado, de manera dramática, en estos últimos años de bonanza económica; lo que está generando tensiones que se traducen en revueltas sociales y grandes movimientos migratorios que pueden volverse imparables.
El sistema que tenemos se fundamenta en la necesidad de un crecimiento anual de entre el 2 y el 3%; el consumidor tiene que consumir y la publicidad está para inducirle a ello. En los últimos cincuenta años la población mundial se ha multiplicado por cuatro, el consumo de energía por 16, la pesca por 35 y la producción industrial por 40. Es una enloquecida y ciega carrera hacia delante con un claro perdedor.
Si queremos desocupar el espacio ecológico que estamos utilizando, para lograr el crecimiento del consumo en los países en desarrollo y una sostenibilidad de los recursos existentes, los países ricos deberemos reducir el consumo de energía y de bienes materiales en un 80%. ¿Podemos hacerlo? ¿Podremos conseguir que la inteligencia colectiva a largo plazo, prevalezca sobre la planificación a corto plazo derivada de los intereses de grupos pequeños? Este es el reto al que nos enfrentamos, con seguridad el mayor al que se ha enfrentado la humanidad en tiempos históricos. Y debemos superarlo porque nos va la supervivencia en ello.
Una de las peores consecuencias de esta crisis financiera es que no nos está dejando ver que agazapadas tras la montaña de paro, datos económicos y balances empresariales, se encuentran dos nuevas crisis llamando a la puerta y cuya presencia y desarrollo están cuestionando ya los doscientos últimos años de civilización. Se trata de la crisis energética y el colapso ambiental.
En cuanto a la primera, de la que se comenzó a hablar durante la crisis petrolífera de los años 70, parece que está triunfando la línea de actuación del avestruz, es decir, la que opina que a pesar del incuestionable declive del petróleo no hace falta preocuparse, ya que obtendremos la energía necesaria de otras fuentes, ya sea el carbón, el gas natural, la biomasa o la fisión nuclear. Es la suicida confianza de que nuestra tecnología puede con todo y que encontrará la solución. El otro punto de vista, el más silenciado por agorero , mantiene que cuando nuestro planeta, durante una era de condiciones climáticas y biológicas muy larga y estable, produjo y acumuló en su subsuelo unas grandes cantidades de energía finitas, y las puso a nuestra disposición, nos tocó la lotería, y es muy improbable que vuelva a hacerlo. ¿Y entonces qué haremos?
En cuanto al colapso ambiental, que se está manifestando todos los días de mil maneras distintas: cambio climático, catástrofes naturales, pérdida de la biodiversidad, envenenamiento masivo del planeta…los grandes poderes económicos, que quieren seguir pudiendo hacer sus negocios bajo el prisma del “bussiness as usual” lo ningunean y se esfuerzan en ridiculizarlo, tachando de pesimistas y catastrofistas a los que ven la realidad. No podemos seguir pensando que el crecimiento infinito es posible, sobre todo cuando los recursos no lo son. Y además, ¿qué significa mantener ese crecimiento continuo de las sociedades occidentales del bienestar?
Vayamos a la huella ecológica. A ese concepto incómodo que todos debiéramos tener presente a la hora de desarrollar cualquier actividad. La huella ecológica de una población o de un individuo se basa en el material consumido, y se estima a partir del área de los sistemas marítimos y terrestres que son necesarios para producir los recursos que dicha población consume y para asimilar el conjunto de los recursos que genera. Como el consumo refleja el nivel de ingresos, la huella ecológica per cápita nacional está muy relacionada con el PIB per cápita. Los ciudadanos de los países ricos necesitan una media global de entre 4 y 10 Ha para mantener sus estilos de vida, mientras que los habitantes de los países pobres precisan algo menos de una hectárea. Los países ricos muy poblados como Japón, Holanda o Reino Unido tienen huellas ecológicas varias veces más grandes que sus áreas productivas respectivas, lo que les hace incurrir en masivos déficits ecológicos que se compensan con los excedentes de países pobres de baja densidad de población.
El promedio de la huella ecológica de una persona es de 2,2 hectáreas, lo que resulta muy alarmante cuando comprobamos que sólo hay 1,8 hectáreas de tierra y agua por persona en nuestro planeta. Es decir, el total de la huella ecológica humana supera ya la biocapacidad global en más del 20%. Ello explica dos cosas, primero que nuestro modo de vida “desarrollado” roba recursos a los países y personas más desfavorecidos condenándolos a la indigencia y subdesarrollo, y que este modo de vida no puede extenderse de forma sostenible a todo el planeta. Y no sólo no puede extenderse, sino que la distancia entre los países ricos y los pobres es cada vez mayor. Es una gran falacia que esta economía liberal globalizadora, de la que muchos políticos , generalmente de derechas, son firmes partidarios, reduzca la desigualdad social; es más bien todo lo contrario. En estos momentos las 500 personas más ricas del mundo disfrutan de mayores ingresos que los 420 millones más pobres y en más del 80% de los países la desigualdad ha aumentado, de manera dramática, en estos últimos años de bonanza económica; lo que está generando tensiones que se traducen en revueltas sociales y grandes movimientos migratorios que pueden volverse imparables.
El sistema que tenemos se fundamenta en la necesidad de un crecimiento anual de entre el 2 y el 3%; el consumidor tiene que consumir y la publicidad está para inducirle a ello. En los últimos cincuenta años la población mundial se ha multiplicado por cuatro, el consumo de energía por 16, la pesca por 35 y la producción industrial por 40. Es una enloquecida y ciega carrera hacia delante con un claro perdedor.
Si queremos desocupar el espacio ecológico que estamos utilizando, para lograr el crecimiento del consumo en los países en desarrollo y una sostenibilidad de los recursos existentes, los países ricos deberemos reducir el consumo de energía y de bienes materiales en un 80%. ¿Podemos hacerlo? ¿Podremos conseguir que la inteligencia colectiva a largo plazo, prevalezca sobre la planificación a corto plazo derivada de los intereses de grupos pequeños? Este es el reto al que nos enfrentamos, con seguridad el mayor al que se ha enfrentado la humanidad en tiempos históricos. Y debemos superarlo porque nos va la supervivencia en ello.
sábado, 4 de junio de 2011
Entre sanguijuelas y garrapatas
Si hay algunos animales que desde siempre han provocado asco y repugnancia entre nosotros son aquellos que viven de la sangre de los demás; pulgas, sanguijuelas, garrapatas, vampiros…no gozan de ninguna buena prensa y su misma mención nos repele. Y ello a pesar de que representan un mínimo riesgo para nuestra vida. Sin embargo, cuando por un extraño arte de metamorfosis esos mismos animales –y pido perdón al reino animal- mutan y colocándose pantalón, chaqueta y corbata, u otros oropeles, se yerguen a nuestro lado convirtiéndose en banqueros, políticos, faranduleros y un largo etcétera, les aplaudimos, admiramos, amamos y estamos dispuestos a dejar que nos chupen hasta la última gota. Y sonriendo. ¿Es que somos tontos?
Hace apenas veinte días que una parte de esa sociedad desangrada ha decidido decir ¡basta! Basta de burlas, basta de ser el rebaño de corderos, basta de alimentar a los morloks con nuestra sangre. Y a pesar de las amenazas han decidido utilizar el espacio común de las plazas, que en esa función tienen más de 2500 años, para exteriorizar su protesta. En Barcelona, Felipe Puig decidió acabar con ellos por la fuerza y no hizo más que echar gasolina al fuego. Ahora son más y tienen más conciencia. En Madrid la CEIM ha decidido denunciarles ante la fiscalía por no dejar hacer negocio a los comerciantes. ¿Es qué es más importante el mercadeo de 20 comercios que el despertar de una conciencia social que parecía dormida? Se les quiere llevar al extrarradio, donde no molesten, donde su voz se pierda entre los campos. No vamos a dejar que eso suceda, vamos a seguir allí hasta que tengan que utilizar la fuerza, y ¿quién se va a atrever? ¿El candidato Rubalcaba? ¿La CEIM y la CEOE al compás? ¿Rajoy?¿Es que no estamos viendo todos los días las imágenes de la primavera árabe? ¿Es que no compartimos sus reivindicaciones? Hay que conseguir que esta sociedad aborregada por Tele5, presa del consumo y esclava de las hipotecas y las tarjetas de crédito, se levante y haga oír su voz. Porque nos va la vida en ello.
Entre un 7 y un 31% han elevado los bancos sus comisiones en este último año. Desde un 7% por el mantenimiento de la cuenta, a un 31% por disposición de efectivo con una tarjeta de crédito. ¿Alguien ha dicho algo? ¿Alguien ha impedido que lo hagan? Pues no, nadie de los que tienen el poder político para decidir en estas cuestiones ha dicho nada. ¿Por qué será? ¿Cuántos partidos políticos dependen del crédito de los bancos para sus campañas y funcionamiento? ¿No son acaso chupasangres con más o menos patas?
Las entidades financieras son las principales causantes de la situación de crisis económica en la que nos encontramos. Su desmedido afán por el beneficio, por repartir dividendos, por crecer, por unos bonus obscenos para sus directivos, por el relumbrón, nos ha llevado a una situación en la que miles de millones de personas están muriendo, sufriendo, pasando necesidades. Todo por querer jugar al Monopoly con el dinero de los demás, mejor dicho, con las deudas de los demás, con un dinero inexistente. Y cuando todo el castillo de naipes se les viene abajo deben acudir los gobiernos centrales, con el dinero de todos, para sacarles del lío en el que nos han metido. Hasta aquí, y luego quiero entrar en las responsabilidades penales que actuaciones de esta calaña debieran tener, todo parece, desde el punto de vista del capitalismo financiero global, algo que entra dentro de lo posible. Lo imposible, el esperpento, viene después. Y este sucede cuando las entidades financieras, salvadas “in extremis” con dinero público en lugar de entonar el mea culpa y cambiar su actuación hacia una política más social y sostenible, adecuada a una situación tan grave como en la que nos encontramos, continúan haciendo de las suyas, y ahora no ya con dinero privado de sus clientes, ahora con dinero público que es de todos. Y en lugar de dar créditos para el crecimiento empresarial y para el saneamiento de la economía, se lanzan de nuevo a la repartición de dividendos, de bonus y a actuar en los mercados financieros en contra de los intereses de los países que les han prestado el dinero; jugando contra su deuda nacional.
Hace falta, de una vez por todas, acabar con los paraísos fiscales desde los que se están orquestando todas estas campañas contra la deuda de diversos países, entre ellos España; hay que dejar de considerar a todas estas sanguijuelas, garrapatas y vampiros como héroes nacionales y modelos a seguir. Y están en todos los ámbitos, desde presentadores de telebasura que actúan como barrenadores del cerebro, hasta personajes como Fernando Alonso que es ciudadano andorrano para no pagar los impuestos en su país. Para qué hablar de políticos diversos, banqueros de papel couché o constructores cementadores de toda nuestra costa.
Pero debemos hacer otra reflexión, y esta es muy peligrosa porque trae al recuerdo conceptos que el capitalismo global quiere dejar definitivamente enterrados. Vamos a juzgar a Ratko Mladic –se lo merece 8000 veces- por crímenes contra la humanidad; cuando caiga Gadaffi se le juzgará por lo mismo. Sus armas han causado el sufrimiento y la muerte a miles de personas. Por ello se las quitaremos y les juzgaremos. ¿Qué debemos hacer con los responsables financieros de esta crisis mundial que han dejado sin trabajo y condenado al hambre, al sufrimiento y a la muerte a cientos de millones de personas? ¿Tal vez a miles? ¿No son el dinero y los instrumentos financieros armas más terribles que los AK 47 y las Oerlinkon? Y si es así, ¿por qué las dejamos en manos de garrapatas y sanguijuelas indeseables para las que no somos nada más que un rebaño al que sangrar? Según Trichet si vamos a otra crisis ya no habrá dinero para solucionarla.
De verdad, hace falta ese cambio de sistema para poder evolucionar hacia un mundo más justo y más seguro. ¡Que me busquen en las plazas!, llevaré dos botes de “Garrapatin” en los bolsillos.
Hace apenas veinte días que una parte de esa sociedad desangrada ha decidido decir ¡basta! Basta de burlas, basta de ser el rebaño de corderos, basta de alimentar a los morloks con nuestra sangre. Y a pesar de las amenazas han decidido utilizar el espacio común de las plazas, que en esa función tienen más de 2500 años, para exteriorizar su protesta. En Barcelona, Felipe Puig decidió acabar con ellos por la fuerza y no hizo más que echar gasolina al fuego. Ahora son más y tienen más conciencia. En Madrid la CEIM ha decidido denunciarles ante la fiscalía por no dejar hacer negocio a los comerciantes. ¿Es qué es más importante el mercadeo de 20 comercios que el despertar de una conciencia social que parecía dormida? Se les quiere llevar al extrarradio, donde no molesten, donde su voz se pierda entre los campos. No vamos a dejar que eso suceda, vamos a seguir allí hasta que tengan que utilizar la fuerza, y ¿quién se va a atrever? ¿El candidato Rubalcaba? ¿La CEIM y la CEOE al compás? ¿Rajoy?¿Es que no estamos viendo todos los días las imágenes de la primavera árabe? ¿Es que no compartimos sus reivindicaciones? Hay que conseguir que esta sociedad aborregada por Tele5, presa del consumo y esclava de las hipotecas y las tarjetas de crédito, se levante y haga oír su voz. Porque nos va la vida en ello.
Entre un 7 y un 31% han elevado los bancos sus comisiones en este último año. Desde un 7% por el mantenimiento de la cuenta, a un 31% por disposición de efectivo con una tarjeta de crédito. ¿Alguien ha dicho algo? ¿Alguien ha impedido que lo hagan? Pues no, nadie de los que tienen el poder político para decidir en estas cuestiones ha dicho nada. ¿Por qué será? ¿Cuántos partidos políticos dependen del crédito de los bancos para sus campañas y funcionamiento? ¿No son acaso chupasangres con más o menos patas?
Las entidades financieras son las principales causantes de la situación de crisis económica en la que nos encontramos. Su desmedido afán por el beneficio, por repartir dividendos, por crecer, por unos bonus obscenos para sus directivos, por el relumbrón, nos ha llevado a una situación en la que miles de millones de personas están muriendo, sufriendo, pasando necesidades. Todo por querer jugar al Monopoly con el dinero de los demás, mejor dicho, con las deudas de los demás, con un dinero inexistente. Y cuando todo el castillo de naipes se les viene abajo deben acudir los gobiernos centrales, con el dinero de todos, para sacarles del lío en el que nos han metido. Hasta aquí, y luego quiero entrar en las responsabilidades penales que actuaciones de esta calaña debieran tener, todo parece, desde el punto de vista del capitalismo financiero global, algo que entra dentro de lo posible. Lo imposible, el esperpento, viene después. Y este sucede cuando las entidades financieras, salvadas “in extremis” con dinero público en lugar de entonar el mea culpa y cambiar su actuación hacia una política más social y sostenible, adecuada a una situación tan grave como en la que nos encontramos, continúan haciendo de las suyas, y ahora no ya con dinero privado de sus clientes, ahora con dinero público que es de todos. Y en lugar de dar créditos para el crecimiento empresarial y para el saneamiento de la economía, se lanzan de nuevo a la repartición de dividendos, de bonus y a actuar en los mercados financieros en contra de los intereses de los países que les han prestado el dinero; jugando contra su deuda nacional.
Hace falta, de una vez por todas, acabar con los paraísos fiscales desde los que se están orquestando todas estas campañas contra la deuda de diversos países, entre ellos España; hay que dejar de considerar a todas estas sanguijuelas, garrapatas y vampiros como héroes nacionales y modelos a seguir. Y están en todos los ámbitos, desde presentadores de telebasura que actúan como barrenadores del cerebro, hasta personajes como Fernando Alonso que es ciudadano andorrano para no pagar los impuestos en su país. Para qué hablar de políticos diversos, banqueros de papel couché o constructores cementadores de toda nuestra costa.
Pero debemos hacer otra reflexión, y esta es muy peligrosa porque trae al recuerdo conceptos que el capitalismo global quiere dejar definitivamente enterrados. Vamos a juzgar a Ratko Mladic –se lo merece 8000 veces- por crímenes contra la humanidad; cuando caiga Gadaffi se le juzgará por lo mismo. Sus armas han causado el sufrimiento y la muerte a miles de personas. Por ello se las quitaremos y les juzgaremos. ¿Qué debemos hacer con los responsables financieros de esta crisis mundial que han dejado sin trabajo y condenado al hambre, al sufrimiento y a la muerte a cientos de millones de personas? ¿Tal vez a miles? ¿No son el dinero y los instrumentos financieros armas más terribles que los AK 47 y las Oerlinkon? Y si es así, ¿por qué las dejamos en manos de garrapatas y sanguijuelas indeseables para las que no somos nada más que un rebaño al que sangrar? Según Trichet si vamos a otra crisis ya no habrá dinero para solucionarla.
De verdad, hace falta ese cambio de sistema para poder evolucionar hacia un mundo más justo y más seguro. ¡Que me busquen en las plazas!, llevaré dos botes de “Garrapatin” en los bolsillos.
jueves, 26 de mayo de 2011
Que nos busquen en las plazas
Una vez pasada la cita electoral del pasado domingo, cita que los que viven de ella llaman sin rubor alguno “la fiesta de la democracia”, los partidos mayoritarios, de forma independiente a como les haya ido, observan, no sin cierta preocupación, un nuevo elemento que puede dar la nota discordante en el año que queda hasta las elecciones generales.
Al igual que está sucediendo en otros países de nuestro entorno, grupos de jóvenes y no tan jóvenes han tomando plazas céntricas en muchas ciudades españolas, para protestar por el devenir de una crisis que no han causado, pero que están pagando como si lo hubieran hecho. Demandan un cambio en el modelo social, económico y político.
En el PSOE, que ha sufrido el mayor debacle de su historia, el ruido por buscar el causante y la sucesión de Zapatero está silenciando cualquier otra cuestión. Pero el PP, que se debate entre pedir a las claras la anticipación de las elecciones generales, o hacerlo con la boca chica para que el PSOE siga haciéndoles el trabajo sucio un año más y desgastándose por lo tanto, se está comenzando a preocupar por esta nueva fuerza que ha tomado las calles y que parece querer seguir en ellas. Y ello no gusta a los ínclitos representantes de la ley y el orden, que ya perciben unos próximos años calientes y que estarían encantados con que el movimiento, recién nacido, no llegara a más. Bastante van a tener con los sindicatos, que entonces si que se echarán al monte.
Los partidos políticos se están haciendo los miopes ante la realidad que preconizan estos recién llegados. No es que no la conozcan, es que es una realidad incómoda para sus intereses. Por poner un ejemplo, no es mal camino el tomado por Islandia, silenciado de forma ominosa por los medios de comunicación, pero evidencia palpable de que los desastres causados por una minoría no deben ser socializados y pagados por la mayoría. Allí, ante la voluntad del pueblo islandés, ha debido dimitir el gobierno, reformarse la constitución y convocarse nuevas elecciones. ¿No es un ejemplo aquí, donde nunca dimite nadie?
La crisis financiera iniciada en 2007 en Wall Street, que llegó a Europa y a España de manos de las famosas “hipotecas basura”, parece que se ha estancado dentro de nuestra fronteras. El paro, la disminución del consumo y el estancamiento inmobiliario son las consecuencias que más están afectando a nuestro país. El resto de Europa también se ha visto afectado, pero ya va saliendo. Nuestros mayores diferenciales son la corrupción y la burbuja inmobiliaria ¿Cuántos listos se han enriquecido con la especulación del suelo? Cuántos políticos se han dejado corromper? ¿Por qué se rescata con dinero público a los bancos y cajas que se mezclaron y enriquecieron con el negocio de la construcción?
Dice mi amiga Pilar, que de esto sabe mucho, que el gran error -¿intencionado?- fue dar las competencias del suelo a las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Y debe tener razón porque toda la gran corrupción, los negocietes y los negociones, el amiguismo y el latrocinio, los tránsfugas y los maletines, iniciaron en aquel momento su imparable camino hacia la crisis en la que estamos instalados.
Ahora ya es tarde para recoger esas competencias, pero algo debiera hacerse porque estoy seguro, que en caso contrario, repetiremos el modelo erróneo cuando la situación mejore, si es que mejora que tengo mis dudas.
Y volviendo a los políticos que estos días nos ocupan, mejor dicho, que estos días se ocupaban de nosotros, porque como ya ha pasado el domingo volvemos a no existir hasta la próxima cita electoral. Pues volviendo a esos políticos que padecemos, no creo, que tengan ni la clase ni la preparación que la situación exige. Creo más bien que, abierto ya el melón de estas elecciones, irán, unos y otros, a remolque de la situación, obedeciendo las instrucciones del mercado y rindiendo pleitesía a los poderes económicos y financieros que les apoyan, aunque para ello deban pasar por encima del pueblo que les ha votado. Todo ello aderezado con peticiones de adelanto electoral y enrrocamiento en la Moncloa por “responsabilidad política”. Eso si, de todo lo que suceda nunca tendrán la culpa ellos, -los políticos en general- será el mercado, la coyuntura, los otros que estuvieron antes…
Y así nos va. Eligiendo lo que podemos entre listas cerradas e imputados y penados; dándonos ya cuenta que después de la crisis de las ideologías lo mismo nos da uno que otro, nos robarán igual; teniendo la certeza de que ninguno hará lo que conviene al país, sino a su partido, al mercado, a la oligarquía financiera, a su interés particular…Hace tiempo que no creo ya en los partidos políticos, son empresas privadas que subvencionamos con dinero de todos; que hacen sus negocios particulares, dan empleo a sus socios, realizan todo tipo de alianzas y se protegen entre ellos, beneficiándose de prebendas inexistentes o prohibidas para el resto de la sociedad, aunque así perjudiquen el interés común.
Acabo de poner la tele y la he apagado. Solo aparecían políticos, preocupados por sus puestos de trabajo cesantes o queriendo hacerse, cuanto antes, con el trozo de pastel que les hemos dado. ¿No se dan cuenta de que en estos momentos necesitamos cambiar el sistema y las reglas de juego? ¿Somos tan mentecatos que no nos enteramos de que sólo quieren mantener su jerarquía y derechos? Tenemos un año para reaccionar y darnos cuenta de la verdadera situación. ¿Y si cuando vuelvan a acordarse de nosotros no vamos ninguno a su fiesta, qué pasa? Que nos busquen en las plazas de nuestras ciudades y nos convenzan.
Al igual que está sucediendo en otros países de nuestro entorno, grupos de jóvenes y no tan jóvenes han tomando plazas céntricas en muchas ciudades españolas, para protestar por el devenir de una crisis que no han causado, pero que están pagando como si lo hubieran hecho. Demandan un cambio en el modelo social, económico y político.
En el PSOE, que ha sufrido el mayor debacle de su historia, el ruido por buscar el causante y la sucesión de Zapatero está silenciando cualquier otra cuestión. Pero el PP, que se debate entre pedir a las claras la anticipación de las elecciones generales, o hacerlo con la boca chica para que el PSOE siga haciéndoles el trabajo sucio un año más y desgastándose por lo tanto, se está comenzando a preocupar por esta nueva fuerza que ha tomado las calles y que parece querer seguir en ellas. Y ello no gusta a los ínclitos representantes de la ley y el orden, que ya perciben unos próximos años calientes y que estarían encantados con que el movimiento, recién nacido, no llegara a más. Bastante van a tener con los sindicatos, que entonces si que se echarán al monte.
Los partidos políticos se están haciendo los miopes ante la realidad que preconizan estos recién llegados. No es que no la conozcan, es que es una realidad incómoda para sus intereses. Por poner un ejemplo, no es mal camino el tomado por Islandia, silenciado de forma ominosa por los medios de comunicación, pero evidencia palpable de que los desastres causados por una minoría no deben ser socializados y pagados por la mayoría. Allí, ante la voluntad del pueblo islandés, ha debido dimitir el gobierno, reformarse la constitución y convocarse nuevas elecciones. ¿No es un ejemplo aquí, donde nunca dimite nadie?
La crisis financiera iniciada en 2007 en Wall Street, que llegó a Europa y a España de manos de las famosas “hipotecas basura”, parece que se ha estancado dentro de nuestra fronteras. El paro, la disminución del consumo y el estancamiento inmobiliario son las consecuencias que más están afectando a nuestro país. El resto de Europa también se ha visto afectado, pero ya va saliendo. Nuestros mayores diferenciales son la corrupción y la burbuja inmobiliaria ¿Cuántos listos se han enriquecido con la especulación del suelo? Cuántos políticos se han dejado corromper? ¿Por qué se rescata con dinero público a los bancos y cajas que se mezclaron y enriquecieron con el negocio de la construcción?
Dice mi amiga Pilar, que de esto sabe mucho, que el gran error -¿intencionado?- fue dar las competencias del suelo a las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Y debe tener razón porque toda la gran corrupción, los negocietes y los negociones, el amiguismo y el latrocinio, los tránsfugas y los maletines, iniciaron en aquel momento su imparable camino hacia la crisis en la que estamos instalados.
Ahora ya es tarde para recoger esas competencias, pero algo debiera hacerse porque estoy seguro, que en caso contrario, repetiremos el modelo erróneo cuando la situación mejore, si es que mejora que tengo mis dudas.
Y volviendo a los políticos que estos días nos ocupan, mejor dicho, que estos días se ocupaban de nosotros, porque como ya ha pasado el domingo volvemos a no existir hasta la próxima cita electoral. Pues volviendo a esos políticos que padecemos, no creo, que tengan ni la clase ni la preparación que la situación exige. Creo más bien que, abierto ya el melón de estas elecciones, irán, unos y otros, a remolque de la situación, obedeciendo las instrucciones del mercado y rindiendo pleitesía a los poderes económicos y financieros que les apoyan, aunque para ello deban pasar por encima del pueblo que les ha votado. Todo ello aderezado con peticiones de adelanto electoral y enrrocamiento en la Moncloa por “responsabilidad política”. Eso si, de todo lo que suceda nunca tendrán la culpa ellos, -los políticos en general- será el mercado, la coyuntura, los otros que estuvieron antes…
Y así nos va. Eligiendo lo que podemos entre listas cerradas e imputados y penados; dándonos ya cuenta que después de la crisis de las ideologías lo mismo nos da uno que otro, nos robarán igual; teniendo la certeza de que ninguno hará lo que conviene al país, sino a su partido, al mercado, a la oligarquía financiera, a su interés particular…Hace tiempo que no creo ya en los partidos políticos, son empresas privadas que subvencionamos con dinero de todos; que hacen sus negocios particulares, dan empleo a sus socios, realizan todo tipo de alianzas y se protegen entre ellos, beneficiándose de prebendas inexistentes o prohibidas para el resto de la sociedad, aunque así perjudiquen el interés común.
Acabo de poner la tele y la he apagado. Solo aparecían políticos, preocupados por sus puestos de trabajo cesantes o queriendo hacerse, cuanto antes, con el trozo de pastel que les hemos dado. ¿No se dan cuenta de que en estos momentos necesitamos cambiar el sistema y las reglas de juego? ¿Somos tan mentecatos que no nos enteramos de que sólo quieren mantener su jerarquía y derechos? Tenemos un año para reaccionar y darnos cuenta de la verdadera situación. ¿Y si cuando vuelvan a acordarse de nosotros no vamos ninguno a su fiesta, qué pasa? Que nos busquen en las plazas de nuestras ciudades y nos convenzan.
lunes, 23 de mayo de 2011
Huyendo hacia delante
Tarde, como nos ha pasado casi siempre, pero ya las tenemos aquí. Las protestas de una pequeña, ínfima parte de la sociedad, se han ido sucediendo en las grandes ciudades españolas, coincidiendo con las celebraciones políticas de la última semana de campaña. Son todavía pocos, porque el aborregamiento y la mansedumbre de nuestra sociedad no conoce límites, pero mejor será no perderlos de vista porque la razón y la fuerza están de su parte. Además, el más largo viaje comienza con un paso.
Piden un cambio de sistema, que no de partido político ni de monigote en la Moncloa. Están hartos de no contar nunca para nada ni para nadie, salvo en ese día que nuestros políticos, en el colmo de la sinvergonzonería, llaman “la fiesta de la democracia”, el día de las elecciones. ¿Y luego? Si te he visto no se quién eres y además no tienes ningún glamour. Guardia, “se lo lleven”, que molesta.
Un cambio en el sistema…es necesario, ¿pero estamos aún a tiempo?
Nuestro sistema político es lamentable; se basa en que demos el poder de decidir en nuestras vidas y haciendas a una persona que un partido, con la representación de una ínfima parte de la sociedad, elige. Y hasta los próximos cuatro años no podremos decir nada. Mi amiga Pilar, con un criterio que sorprende en alguien que aborrece la política, dice que si no hay listas abiertas ya no vota más. Y tiene toda la razón; no hay porqué votar a sinvergüenzas, corruptos, ladrones, mercachifles o tan solo ignorantes que controlan el “aparato” del partido y se colocan en primera fila de la foto. Pero lo más escandaloso es que se les vota, y si no veamos a Camps en Valencia.
Pero dejemos el cambio de sistema en el entorno político para otro día. Quiero hacer hincapié en el necesario cambio de sistema, en todos los ámbitos, que deberemos lograr, si queremos afrontar el fin de un período con las debidas garantías.
La crisis financiera del 2007, de consecuencias todavía no comprendidas del todo y en la que aún estamos inmersos, ha marcado el fin de una época. Ese mundo se ha acabado y ya no volverá más. Y aunque aún no han aparecido en la primera fila del escenario los verdaderos actores que van a marcar nuestro futuro, ya se están dejando ver entre bambalinas. Es la crisis energética y de recursos la que va a poner fin a la desesperada carrera del crecimiento. Eso sin olvidarnos de que nuestra actividad frenética está colocando al planeta al borde del colapso.
Desde 1998 el coste de las materias energéticas no para de crecer, y ello nos está indicando el fin de la época de energía barata. Época que ha permitido que aparezcan en escena países como China o India, que no habrían podido desarrollarse y sumarse al capitalismo global con una energía cara. ¿Vamos a poder mantener las tasas de crecimiento que necesita este capitalismo global para poder seguir vivo? Porque además lo más grave es que en esta cuestión no existe un “Plan B”. Más bien todo lo contrario; con la excusa, en su momento, de la no dependencia de materias primas ajenas y, en estos momentos, del cambio climático, producido por los gases de efecto invernadero, se dio y se pretende continuar dando, un impulso desquiciado a la energía nuclear, que a la larga está resultando nefasto, y cuyos costes pueden desbordar todas las previsiones. Hubiera sido mucho más efectivo dar ese impulso a la producción de energías renovables, pero eran mucho menos atractivas para las grandes multinacionales de la energía, que no querían la competencia de pequeños productores independientes, y además requerían inversiones más modestas, con lo que el tanto por ciento de comisión resultante sería más pequeño. Pero aún estamos a tiempo de cambiar.
El capitalismo lleva dos siglos viviendo de absorber recursos futuros en cuatro aspectos indispensables para su supervivencia: el financiero, el energético, el ambiental y el social. El financiero porque el dinero que las entidades financieras prestan lo hacen en base a una deuda que emiten y que esperan poder pagar con los recursos que se generen en el futuro. Es decir, estamos trayendo capitales del futuro hacia el presente por medio de una expansión enloquecida del crédito, aumentando así el crecimiento y el consumo basados ambos en un endeudamiento masivo de toda la sociedad. Algo similar a la estructura piramidal de esos “banqueros del pueblo” perseguidos como estafadores. Y esto funcionará si la economía está en constante crecimiento. Pero si esto no sucede así el sistema finalmente se colapsará.
El golpe de gracia para que el sistema financiero se colapse lo dará el sistema energético. El tiempo de la energía barata se ha acabado para siempre, como ya decía antes, y de los combustibles, sobre todo del petróleo, depende el funcionamiento del aparato productivo industrial y las fuerzas de transporte y de cohesión territorial. Su encarecimiento y disminución traerá un tiempo de decrecimiento causado por las crisis de la movilidad motorizada y de la relación de las ciudades con la producción agrícola e industrial. Y con el decrecimiento en la producción llegará la quiebra del sistema financiero al no poder hacer frente a las deudas contraídas. Llevamos más de dos siglos creciendo gracias al uso de combustibles fósiles que han tardado millones de años en formarse. La Agencia Internacional de la Energía estima que para atender a la demanda petrolífera en las próximas dos décadas hará falta poner en el mercado una oferta similar a la de seis nuevas Arabias Saudíes, algo imposible porque no existen. ¿Por qué la élite político financiera que dirige el mundo del capitalismo global no aboga por una reducción del consumo energético global y una reconversión energética sostenible? Porque eso sería el equivalente al suicidio del sistema que dirigen y prefieren seguir huyendo hacia delante.
De igual forma que estamos viviendo de capitales futuros y de una energía fósil que desaparece por momentos, utilizamos nuestro planeta como si tuviéramos otros para irnos cuando lo agotemos. El cambio climático y el colapso ecológico son las mayores consecuencias de una política de crecimiento desmedido y de un modelo que utiliza nuestra biosfera a coste cero. Pareció, en un momento dado, que los acuerdos que salieran de Kyoto podrían mejorar la situación, pero el inmenso peso industrial de los no firmantes (EE.UU., China, India, Canadá, Brasil, Australia) ha convertido en inútiles los esfuerzos. La actual crisis global y los costes de la “opción verde” están eliminando las reticencias, y resulta dudoso creer que, en el futuro, se podrá llegar a algún tipo de acuerdo mayoritario que salvaguarde nuestra biosfera, y repercuta los costes ambientales en los distintos procesos industriales y económicos. Seguimos huyendo hacia delante.
Donde no se huye hacia delante, sino que estamos retrocediendo a velocidad nunca vista antes, es en los derechos sociales, políticos, y en el bienestar de los pueblos. Resulta ya evidente a todas luces que el modo de vida occidental no puede exportarse a todo el planeta y que el estado del bienestar se construyó por medio de la depredación ecológica, la explotación del sur y el expolio de las denominadas, en su momento, “colonias”. Para el capitalismo global los países del llamado Tercer Mundo ni existen ni lo harán jamás. Ni son fuerzas productivas en una sociedad tan tecnologizada como la nuestra, ni mucho menos consumidores de productos. Son, a lo sumo, sumidero de residuos o campo de experimentación. Y veremos nuevos esfuerzos, a partir de ahora, para lograr que se mantengan allí. Pero lo que debería hacer reaccionar a la sociedad de los países occidentales es la regresión en sus conquistas sociales, culpándose a la crisis económica de ello, y en sus derechos políticos y ciudadanos con la excusa de defendernos del terrorismo de todo tipo que nos acecha. Pero seguimos inmersos en la trampa del consumo al que nos obligan, necesario para que todo siga funcionando, y en la ilusión y fantasía que nos proporciona el mundo de la comunicación, la imagen y el ciberespacio. Es que somos como niños.
Parece claro que la carrera hacia delante no lleva a ningún sitio, y que el crecimiento sin fin, al menos mientras dependamos de materias finitas, no es posible. Por lo tanto parece lógico comenzar a tomar medidas. ¿Tenemos a las personas adecuadas para liderar esta actuación? Yo no las veo, ni entre nuestros políticos, marionetas del poder financiero, ni entre nadie ligado en cualquier forma al capitalismo global. Habrá que buscar en otro sitio. Por ello hay que dar la bienvenida a los nuevos grupos sociales emergentes que aportan ideas valientes y novedosas, porque lo que tenemos ahora no nos va a servir para nada.
Piden un cambio de sistema, que no de partido político ni de monigote en la Moncloa. Están hartos de no contar nunca para nada ni para nadie, salvo en ese día que nuestros políticos, en el colmo de la sinvergonzonería, llaman “la fiesta de la democracia”, el día de las elecciones. ¿Y luego? Si te he visto no se quién eres y además no tienes ningún glamour. Guardia, “se lo lleven”, que molesta.
Un cambio en el sistema…es necesario, ¿pero estamos aún a tiempo?
Nuestro sistema político es lamentable; se basa en que demos el poder de decidir en nuestras vidas y haciendas a una persona que un partido, con la representación de una ínfima parte de la sociedad, elige. Y hasta los próximos cuatro años no podremos decir nada. Mi amiga Pilar, con un criterio que sorprende en alguien que aborrece la política, dice que si no hay listas abiertas ya no vota más. Y tiene toda la razón; no hay porqué votar a sinvergüenzas, corruptos, ladrones, mercachifles o tan solo ignorantes que controlan el “aparato” del partido y se colocan en primera fila de la foto. Pero lo más escandaloso es que se les vota, y si no veamos a Camps en Valencia.
Pero dejemos el cambio de sistema en el entorno político para otro día. Quiero hacer hincapié en el necesario cambio de sistema, en todos los ámbitos, que deberemos lograr, si queremos afrontar el fin de un período con las debidas garantías.
La crisis financiera del 2007, de consecuencias todavía no comprendidas del todo y en la que aún estamos inmersos, ha marcado el fin de una época. Ese mundo se ha acabado y ya no volverá más. Y aunque aún no han aparecido en la primera fila del escenario los verdaderos actores que van a marcar nuestro futuro, ya se están dejando ver entre bambalinas. Es la crisis energética y de recursos la que va a poner fin a la desesperada carrera del crecimiento. Eso sin olvidarnos de que nuestra actividad frenética está colocando al planeta al borde del colapso.
Desde 1998 el coste de las materias energéticas no para de crecer, y ello nos está indicando el fin de la época de energía barata. Época que ha permitido que aparezcan en escena países como China o India, que no habrían podido desarrollarse y sumarse al capitalismo global con una energía cara. ¿Vamos a poder mantener las tasas de crecimiento que necesita este capitalismo global para poder seguir vivo? Porque además lo más grave es que en esta cuestión no existe un “Plan B”. Más bien todo lo contrario; con la excusa, en su momento, de la no dependencia de materias primas ajenas y, en estos momentos, del cambio climático, producido por los gases de efecto invernadero, se dio y se pretende continuar dando, un impulso desquiciado a la energía nuclear, que a la larga está resultando nefasto, y cuyos costes pueden desbordar todas las previsiones. Hubiera sido mucho más efectivo dar ese impulso a la producción de energías renovables, pero eran mucho menos atractivas para las grandes multinacionales de la energía, que no querían la competencia de pequeños productores independientes, y además requerían inversiones más modestas, con lo que el tanto por ciento de comisión resultante sería más pequeño. Pero aún estamos a tiempo de cambiar.
El capitalismo lleva dos siglos viviendo de absorber recursos futuros en cuatro aspectos indispensables para su supervivencia: el financiero, el energético, el ambiental y el social. El financiero porque el dinero que las entidades financieras prestan lo hacen en base a una deuda que emiten y que esperan poder pagar con los recursos que se generen en el futuro. Es decir, estamos trayendo capitales del futuro hacia el presente por medio de una expansión enloquecida del crédito, aumentando así el crecimiento y el consumo basados ambos en un endeudamiento masivo de toda la sociedad. Algo similar a la estructura piramidal de esos “banqueros del pueblo” perseguidos como estafadores. Y esto funcionará si la economía está en constante crecimiento. Pero si esto no sucede así el sistema finalmente se colapsará.
El golpe de gracia para que el sistema financiero se colapse lo dará el sistema energético. El tiempo de la energía barata se ha acabado para siempre, como ya decía antes, y de los combustibles, sobre todo del petróleo, depende el funcionamiento del aparato productivo industrial y las fuerzas de transporte y de cohesión territorial. Su encarecimiento y disminución traerá un tiempo de decrecimiento causado por las crisis de la movilidad motorizada y de la relación de las ciudades con la producción agrícola e industrial. Y con el decrecimiento en la producción llegará la quiebra del sistema financiero al no poder hacer frente a las deudas contraídas. Llevamos más de dos siglos creciendo gracias al uso de combustibles fósiles que han tardado millones de años en formarse. La Agencia Internacional de la Energía estima que para atender a la demanda petrolífera en las próximas dos décadas hará falta poner en el mercado una oferta similar a la de seis nuevas Arabias Saudíes, algo imposible porque no existen. ¿Por qué la élite político financiera que dirige el mundo del capitalismo global no aboga por una reducción del consumo energético global y una reconversión energética sostenible? Porque eso sería el equivalente al suicidio del sistema que dirigen y prefieren seguir huyendo hacia delante.
De igual forma que estamos viviendo de capitales futuros y de una energía fósil que desaparece por momentos, utilizamos nuestro planeta como si tuviéramos otros para irnos cuando lo agotemos. El cambio climático y el colapso ecológico son las mayores consecuencias de una política de crecimiento desmedido y de un modelo que utiliza nuestra biosfera a coste cero. Pareció, en un momento dado, que los acuerdos que salieran de Kyoto podrían mejorar la situación, pero el inmenso peso industrial de los no firmantes (EE.UU., China, India, Canadá, Brasil, Australia) ha convertido en inútiles los esfuerzos. La actual crisis global y los costes de la “opción verde” están eliminando las reticencias, y resulta dudoso creer que, en el futuro, se podrá llegar a algún tipo de acuerdo mayoritario que salvaguarde nuestra biosfera, y repercuta los costes ambientales en los distintos procesos industriales y económicos. Seguimos huyendo hacia delante.
Donde no se huye hacia delante, sino que estamos retrocediendo a velocidad nunca vista antes, es en los derechos sociales, políticos, y en el bienestar de los pueblos. Resulta ya evidente a todas luces que el modo de vida occidental no puede exportarse a todo el planeta y que el estado del bienestar se construyó por medio de la depredación ecológica, la explotación del sur y el expolio de las denominadas, en su momento, “colonias”. Para el capitalismo global los países del llamado Tercer Mundo ni existen ni lo harán jamás. Ni son fuerzas productivas en una sociedad tan tecnologizada como la nuestra, ni mucho menos consumidores de productos. Son, a lo sumo, sumidero de residuos o campo de experimentación. Y veremos nuevos esfuerzos, a partir de ahora, para lograr que se mantengan allí. Pero lo que debería hacer reaccionar a la sociedad de los países occidentales es la regresión en sus conquistas sociales, culpándose a la crisis económica de ello, y en sus derechos políticos y ciudadanos con la excusa de defendernos del terrorismo de todo tipo que nos acecha. Pero seguimos inmersos en la trampa del consumo al que nos obligan, necesario para que todo siga funcionando, y en la ilusión y fantasía que nos proporciona el mundo de la comunicación, la imagen y el ciberespacio. Es que somos como niños.
Parece claro que la carrera hacia delante no lleva a ningún sitio, y que el crecimiento sin fin, al menos mientras dependamos de materias finitas, no es posible. Por lo tanto parece lógico comenzar a tomar medidas. ¿Tenemos a las personas adecuadas para liderar esta actuación? Yo no las veo, ni entre nuestros políticos, marionetas del poder financiero, ni entre nadie ligado en cualquier forma al capitalismo global. Habrá que buscar en otro sitio. Por ello hay que dar la bienvenida a los nuevos grupos sociales emergentes que aportan ideas valientes y novedosas, porque lo que tenemos ahora no nos va a servir para nada.
jueves, 28 de abril de 2011
Hace falta un cambio
Apenas quedan ya tres semanas para nuestra próxima cita con las elecciones autonómicas y municipales y la letra y la música de todos los partidos es la misma de siempre. “Ladrón” dice uno, “y tú más” le contesta el otro “Corrupto” le vuelve a acusar, “y tú más”, le vuelve a responder. Pero, ¿hay alguno que prometa acabar con la corrupción en su programa electoral?, ¿hay alguno que se comprometa a impulsar leyes para que los políticos corruptos devuelvan el dinero, no qué se han llevado, sino el que han costado al erario público? Y no solo eso, ¿hay algún partido que no lleve en sus listas electorales a políticos encausados en alguna trama de corrupción? Ninguno. Y en este sentido tengo que valorar la sabiduría innata de Esperanza Aguirre que con valentía –electoralista sin duda, pero valentía al fin-, ha declarado que en las listas de la Comunidad de Madrid no va, ni irá ningún político encausado en alguna trama de corrupción. No es Esperanza personaje político de mi devoción, pero debo admirar el valor allá donde lo encuentro, y si lo esgrime un político de nuestro tiempo aún me causa mayor admiración. El disgusto en Génova, que defiende a todos sus presuntos corruptos con el débil argumento de la presunción de inocencia, ha debido ser mayúsculo, tan sólo comparable con la patada en el trasero levantino de Camps y su tropa.
En todo caso, ¿cómo puede Cospedal , que es la esgrimista oficial de la presunción de inocencia, hablar de moralidad, de ética y de lo que harán cuando estén instalados en las poltronas del poder, ganando lo que gana? Siendo, como es, de 624 euros al mes el sueldo mínimo de un trabajador en España, ¿cómo puede dirigirse a estos trabajadores, con su sueldo anual de 240.000 euros, sin caérsele la cara de vergüenza? Es más, ¿cómo puede siquiera uno de esos 40 millones de españoles que ven su nivel de vida bajar de año en año, hacerles de corifeo a Rajoy, Cospedal y su cuadrilla? Y lo mismo me da hablar de Zapatero, Blanco, Rubalcaba y Chacón. Todos ellos son cómplices en el gigantesco fraude que la clase política está haciendo a la sociedad española. Y ante esta situación mi amiga Pilar, que disfruta de un gran sentido común y que siempre ha sido votante del PP, me dice que no va a votar. Y supongo que a muchos votantes del PSOE les sucederá lo mismo. Porque ¿quién no está harto de nuestra clase política?
Una clase política que año tras año aumenta sus privilegios a costa del erario público; que tienen la jubilación máxima a los siete años de cotización; que son los únicos trabajadores del Estado español que no tributan el IRPF; que se suben el sueldo por unanimidad al principio de cada legislatura; que frente a la congelación o bajada de sueldo que ha tenido la mayoría del resto de los trabajadores, ellos siguen impertérritos; que cobran dietas, disponen de coche oficial, aviones, hoteles…y por supuesto de la amplia posibilidad de seguir haciendo negocios privados o de cobrar más de un sueldo.
Y frente a ello, se eliminan las ayudas a casi 700.000 parados, desaparece el cheque bebé, las pensiones sufren desmedidos recortes, la jubilación sube a los 35 años de cotización y a 67 de edad, se prevén recortes en Sanidad… Todo esto supone el mayor tijeretazo al estado del bienestar y a los derechos sociales, adquiridos a lo largo de todo un siglo, que se ha conocido.
Por si esto fuera poco, perdonan y hacen la vista gorda a los diversos delitos monetarios cometidos por banqueros y empresarios; no existe ningún planteamiento para acabar con el generalizado fraude fiscal, que es más de diez puntos superior a la media europea; no se exige que la Banca devuelva el dinero con el que se les ha “socorrido” y que ha servido para que den dividendos a sus accionistas, premios a sus directivos y nada de crédito a las familias ni a las pequeñas empresas.
Mientras todo esto sucede, el paro real continúa aumentando de forma dramática; los jóvenes siguen en casa de sus padres, sin trabajo y sin esperanza de encontrarlo; los desahucios aumentan al ritmo que marcan los bancos; la clase media se empobrece día a día; los autónomos desaparecen; las pequeñas empresas se volatilizan… Y hoy, día 27 de abril, el país se paraliza por un partido de fútbol.
¿De quién es la culpa de que tengamos esta sociedad aborregada y con una mansedumbre que no tiene parangón en ningún momento de nuestra historia? ¿Cómo es posible que nadie salga a la calle a protestar? ¿Es que no vemos lo que está pasando en los países árabes? ¿Qué necesitamos para comprender que si no nos movemos por nuestros derechos otros se aprovecharán de nuestra laxitud?
Creo que la culpa la tenemos todos; los partidos políticos que se aprovechan de esta pasividad para lograr sus fines; los medios de comunicación que venden porquería barata y repugnante, atontando a la sociedad; los corruptos que saben que no se les perseguirá; los periodistas que hemos alquilado tantas veces nuestros servicios que ya no tenemos ninguna credibilidad; los idealistas que ya no salen de su casa y, sobre todo, el españolito de a pie, que esclavizado por las letras y la hipoteca, sin trabajo o a punto de perderlo, asqueado por el panorama político y de corrupción general que contempla todos los días, ha perdido toda esperanza e ilusión en la vida. ¿Cómo es posible que programas de Tele5 tengan la audiencia que tienen? ¿Cómo es posible que Esteban o Jorge Javier y toda su patulea, productores de una basura repugnante y zafia, se hayan convertido en iconos para una gran parte de la sociedad española? ¿Tan enfermos estamos como para eso?
Mi amiga Pilar, y todas las otras buenas personas de este país, tienen que encontrar un referente para volver a creer en el futuro y participar de nuevo en la construcción de nuestro país, porque les necesitamos. Y si los partidos políticos actuales, los mayoritarios PSOE y PP, y los otros, son incapaces de ofrecernos un proyecto de país ilusionante, habrá que exigírselo o eliminarlos y buscar otros. No saldremos de donde nos hemos metido si no realizamos un gran esfuerzo colectivo para conseguirlo. Sin más, hace falta un cambio absoluto en nuestra sociedad y en nuestra manera de ver la vida.
En todo caso, ¿cómo puede Cospedal , que es la esgrimista oficial de la presunción de inocencia, hablar de moralidad, de ética y de lo que harán cuando estén instalados en las poltronas del poder, ganando lo que gana? Siendo, como es, de 624 euros al mes el sueldo mínimo de un trabajador en España, ¿cómo puede dirigirse a estos trabajadores, con su sueldo anual de 240.000 euros, sin caérsele la cara de vergüenza? Es más, ¿cómo puede siquiera uno de esos 40 millones de españoles que ven su nivel de vida bajar de año en año, hacerles de corifeo a Rajoy, Cospedal y su cuadrilla? Y lo mismo me da hablar de Zapatero, Blanco, Rubalcaba y Chacón. Todos ellos son cómplices en el gigantesco fraude que la clase política está haciendo a la sociedad española. Y ante esta situación mi amiga Pilar, que disfruta de un gran sentido común y que siempre ha sido votante del PP, me dice que no va a votar. Y supongo que a muchos votantes del PSOE les sucederá lo mismo. Porque ¿quién no está harto de nuestra clase política?
Una clase política que año tras año aumenta sus privilegios a costa del erario público; que tienen la jubilación máxima a los siete años de cotización; que son los únicos trabajadores del Estado español que no tributan el IRPF; que se suben el sueldo por unanimidad al principio de cada legislatura; que frente a la congelación o bajada de sueldo que ha tenido la mayoría del resto de los trabajadores, ellos siguen impertérritos; que cobran dietas, disponen de coche oficial, aviones, hoteles…y por supuesto de la amplia posibilidad de seguir haciendo negocios privados o de cobrar más de un sueldo.
Y frente a ello, se eliminan las ayudas a casi 700.000 parados, desaparece el cheque bebé, las pensiones sufren desmedidos recortes, la jubilación sube a los 35 años de cotización y a 67 de edad, se prevén recortes en Sanidad… Todo esto supone el mayor tijeretazo al estado del bienestar y a los derechos sociales, adquiridos a lo largo de todo un siglo, que se ha conocido.
Por si esto fuera poco, perdonan y hacen la vista gorda a los diversos delitos monetarios cometidos por banqueros y empresarios; no existe ningún planteamiento para acabar con el generalizado fraude fiscal, que es más de diez puntos superior a la media europea; no se exige que la Banca devuelva el dinero con el que se les ha “socorrido” y que ha servido para que den dividendos a sus accionistas, premios a sus directivos y nada de crédito a las familias ni a las pequeñas empresas.
Mientras todo esto sucede, el paro real continúa aumentando de forma dramática; los jóvenes siguen en casa de sus padres, sin trabajo y sin esperanza de encontrarlo; los desahucios aumentan al ritmo que marcan los bancos; la clase media se empobrece día a día; los autónomos desaparecen; las pequeñas empresas se volatilizan… Y hoy, día 27 de abril, el país se paraliza por un partido de fútbol.
¿De quién es la culpa de que tengamos esta sociedad aborregada y con una mansedumbre que no tiene parangón en ningún momento de nuestra historia? ¿Cómo es posible que nadie salga a la calle a protestar? ¿Es que no vemos lo que está pasando en los países árabes? ¿Qué necesitamos para comprender que si no nos movemos por nuestros derechos otros se aprovecharán de nuestra laxitud?
Creo que la culpa la tenemos todos; los partidos políticos que se aprovechan de esta pasividad para lograr sus fines; los medios de comunicación que venden porquería barata y repugnante, atontando a la sociedad; los corruptos que saben que no se les perseguirá; los periodistas que hemos alquilado tantas veces nuestros servicios que ya no tenemos ninguna credibilidad; los idealistas que ya no salen de su casa y, sobre todo, el españolito de a pie, que esclavizado por las letras y la hipoteca, sin trabajo o a punto de perderlo, asqueado por el panorama político y de corrupción general que contempla todos los días, ha perdido toda esperanza e ilusión en la vida. ¿Cómo es posible que programas de Tele5 tengan la audiencia que tienen? ¿Cómo es posible que Esteban o Jorge Javier y toda su patulea, productores de una basura repugnante y zafia, se hayan convertido en iconos para una gran parte de la sociedad española? ¿Tan enfermos estamos como para eso?
Mi amiga Pilar, y todas las otras buenas personas de este país, tienen que encontrar un referente para volver a creer en el futuro y participar de nuevo en la construcción de nuestro país, porque les necesitamos. Y si los partidos políticos actuales, los mayoritarios PSOE y PP, y los otros, son incapaces de ofrecernos un proyecto de país ilusionante, habrá que exigírselo o eliminarlos y buscar otros. No saldremos de donde nos hemos metido si no realizamos un gran esfuerzo colectivo para conseguirlo. Sin más, hace falta un cambio absoluto en nuestra sociedad y en nuestra manera de ver la vida.
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