Todos los “millones” de espectadores, que vemos a diario los documentales de la 2, estamos cansados de oír eso de que son las especies que se adaptan al medio las que sobreviven. Que cuando cambian las condiciones ambientales y aumenta el frío o disminuye la cantidad de alimento algunas especies emigran, las hay que desaparecen y otras se adaptan y prosperan. Pues algo parecido es lo que está sucediendo en nuestro país. Las condiciones han cambiado en estos tres últimos años, y parece que todo va a seguir en la misma línea de empeoramiento, por lo que sólo podemos emigrar, adaptarnos o desaparecer. La primavera no va a volver antes de tiempo.
Nos enfrentamos a una crisis de recursos; el primero el dinero y a continuación la alimentación, la energía y el agua. Debemos volver a aprender a vivir con menos, como lo hicieron en su momento nuestros padres y abuelos, y a limitar el tamaño de muchos de los bienes de que disfrutamos, a saber casas, coches y hasta televisores. Tenemos que consumir menos, sobre todo de los recursos que están escaseando, es decir, dinero, alimentos, energía y agua. Ya se que este concepto de gastar menos va en contra de los que defienden la necesidad del crecimiento económico constante para que todo funcione, pero tal vez haya llegado el momento de decir basta al crecimiento y buscar otras soluciones. La fiesta dura desde mediados de los 90 y debemos de comprender que ya se han apagado las luces y toca rascarse el bolsillo para pagar.
¿Cuántos metros cuadrados de casa necesita una persona para vivir? ¿Cuántos cms3 necesita un coche para funcionar lo suficiente? ¿Necesitamos tres o cuatro coches por familia? ¿Y cuatro televisores? ¿Hay que comprar ropa todas las temporadas y estar a la moda? ¿Es necesario comer o cenar en los restaurantes para ser felices? ¿El que algo sea viejo o esté anticuado obliga a que lo sustituyamos aunque funcione correctamente?
Hay que responderse a estas preguntas y a unas cuantas más, y seguro que a todas las que planteemos la respuesta será la misma: que necesitamos muchas menos cosas de las que creemos para vivir bien. Otra cosa es que los especialistas en vender intenten crearnos la necesidad y que casi siempre lo consigan.
Tenemos casi cinco millones de personas en el paro, los sueldos o bajan o se estancan, debemos una escalofriante cantidad de dinero como país y solo saldremos de esta si somos capaces de sobrevivir con menos y ahorrar más. Debemos hacer de la necesidad virtud y ser imaginativos, en lugar de derrochadores, a la hora de enfrentarnos al día a día. La comodidad debe, además, dejar paso a la economía.
Los hipermercados, que llevan con nosotros poco más de treinta años, no son la solución más barata a la compra alimentaria. Basan su atractivo en el establecimiento de unos precios reclamo en productos básicos, como son la leche y el aceite, pero luego tienen el mismo precio o son más caros que las tiendas de barrio. Y ya en el caso de las frutas y verduras la diferencia puede resultar escandalosa. Además suelen estar situados en el extrarradio y siempre debemos utilizar el vehículo propio para poder acercarnos a ellos. No son la solución más económica, tal vez la más cómoda, pero en una situación de crisis como en la que estamos desenvolviéndonos no son sostenibles, ni por lo que consumen en recursos, ni por el empleo que generan, ni por lo que nos hacen gastar.
Los bancos y cajas de ahorro también están notando la crisis; sus aventuras inmobiliarias, de las que están saliendo con el dinero de todos, haciendo realidad el viejo axioma de “socialicemos las pérdidas pero no los beneficios” y la caída de su principal negocio, la venta de dinero, basada en la concesión de hipotecas y créditos al consumo, están haciendo una buena mella en sus cuentas de resultados. Su solución es sencilla, nos están subiendo y seguirán haciéndolo, todas las comisiones por los servicios que hasta ahora nos prestaban gratis, a cambio de tener nuestro dinero. Hay que contabilizar este coste en comisiones diversas y cerrar un buen número de cuentas inútiles y que solo nos cuestan dinero. Concentrar todo lo posible en una única cuenta y negociar el precio de las comisiones, que sí se puede hacer, aunque se obstinen en decirnos lo contrario.
Se avecina una nueva privatización de servicios, como puede ser la venta del Canal de Isabel II en Madrid, algunos tramos de la Sanidad y otros de la Educación. De nuevo vamos a volver a pagar los de siempre y sin devolución alguna. Porque, aunque las administraciones autonómicas o estatal cuando le toque el turno, eliminen algún coste de estos servicios al privatizarlos, nosotros vamos a pagarlos en directa y no nos van a bajar los impuestos en la parte proporcional al ahorro conseguido, porque ese dinero ya se lo han gastado. Es decir, pagaremos dos veces.
Y en cuanto a la venta en Madrid del Canal de Isabel II, para el que Esperanza Aguirre, por razones obvias, está buscando otro posible comprador que no sea Aguas de Barcelona, los madrileños se pueden ver privados de unos de sus bienes más preciados y que hasta el momento en que se comenzó a preparar la venta ofrecía un muy buen servicio a todos sus usuarios. Ahora ya no tanto porque hay que subir su EBITDA como sea. Y aunque el agua es un bien de todos, cuando su gestión sea privada, entrará en conflicto la calidad y la garantía de abastecimiento con el coste, y unas tendrán que bajar y otro subir para que los beneficios se incrementen. Nuevo incremento de precio, y por lo tanto rapiña a nuestro bolsillo, en algo tan básico como es el agua.
Y la energía no le va a ir a la zaga; aunque se hayan estancado sus tarifas hasta fin de año, por razones electoralistas y de control de precios, debemos ir preparándonos porque subirán de nuevo el año que viene. Y no de una manera contenida. La liberalización del mercado energético que traería, eso nos dijeron, una libre competencia en la política de precios, es una cuchufleta que nos vendieron de forma interesada. Todos sabemos lo que nos ha subido el recibo de la luz en estos dos últimos años, y las prebendas que ha conseguido el sector del Ministerio de Industria, que han sido muchas, no han ido en beneficio del consumidor. Preparemos más dinero para la electricidad. ¿Cómo vamos a poder ahorrar?
Tenemos que consumir menos, ahorrar más y también, hay que volver a decirlo, ser más eficientes en nuestros trabajos. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, permanecer más horas en la oficina o fábrica, que estamos a la cabeza de Europa en horas trabajadas y a la cola en competitividad conseguida. Tal vez sea ahora el momento de normalizar nuestros horarios que cada vez son más disparatados. Y para ello hace falta un gran pacto con múltiples intervinientes; patronal y sindicatos por un lado, administraciones por otro, y hasta las televisiones deberán comprometerse para acabar sus programas de máxima audiencia antes de las once de la noche. Debemos ajustar nuestros horarios a los del resto de nuestros vecinos porque cada día se están distanciando más y esa puede ser una de las razones, seguro que hay muchas más, de nuestra falta de competitividad.
Todos debemos hacer un análisis de cuáles son nuestros recursos y cómo podemos hacer, no sólo para que sean suficientes, sino para poder ahorrarlos en lo posible y salir de la crisis adaptándonos a ella. Casas y coches grandes que pueden compartirse, mayor eficiencia energética en los hogares, comunidades de compradores para bajar los precios, movilizaciones para impedir el desmantelamiento de los servicios públicos y, por lo tanto, una duplicidad en sus costes, participación en bancos de tiempo, intercambios de bienes y servicios, vuelta a mirar las estructuras tradicionales de la familia como organización social… cada uno de nosotros debe saber hasta donde va a tener que llegar para pasar los tres años de crisis, como poco, que nos quedan. Hay que adaptarse para sobrevivir y lo dicho antes, hacer de la necesidad virtud.
Eduardo Lizarraga
5 de Octubre 2011
Blog de opinión política y relatos más o menos cortos. La sostenibilidad y el medio ambiente también tendrán su espacio. Te invito a que me des tu opinión y te contestaré.
miércoles, 5 de octubre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
En la ardiente oscuridad
Por si había alguna duda sobre el agosto movidito que han tenido nuestros políticos, no hay más que ver lo que éstos últimos días de agosto nos dejan; nada menos que una pedorreta a la soberanía popular y una fractura del consenso constitucional , que tiene riesgo de convertirse en costumbre.
La Constitución que tenemos los españoles se sometió y aprobó en referéndum, y aunque legalmente los partidos mayoritarios puedan ampararse en la Ley para reformarla, no resulta ético ni moral hacerlo. Eso sin olvidar el precedente que está dejando para posteriores “necesidades reformistas”. Se nos dice que es urgente hacerlo ¿es que no puede esperar dos meses? , se nos asegura que un referéndum resultaría demasiado oneroso en las actuales circunstancias ¿y una tercera urna el 20N?, se invoca a los mercados y a su tiranía ¿resulta mejor convertirse en tirano y hurtar sus derechos al pueblo? A veces tengo la impresión de que quien nos gobierna de verdad son los mercados financieros, y es a ellos a los que se rinden cuentas y no al pueblo español. ¿Cuándo se han puesto en estas dos legislaturas de acuerdo el PP y el PSOE para algo? Hasta el paro, que es la mayor preocupación del país, ha pasado a un segundo o tercer término frente a las exigencias de de estos mercados sin rostro.
Y todo esto en cuanto a la rotura del consenso constitucional, pero también hay otras cuestiones que saltan a la palestra. ¿Se puede limitar el déficit presupuestario a las comunidades históricas? Y si esto es así ¿se puede limitar la solidaridad de estas comunidades? ¿Con qué va a negociar el consumido Gobierno de ZP para tener la aquiescencia de algunos partidos en los trámites parlamentarios que se van a suceder estos días? Durán y Lleida sabe negociar muy bien cuando está en ventaja, seguro que saca adelante su eternas peticiones para el sector empresarial, ¿tal vez la de cargarse la obligatoriedad de los convenios colectivos?. Se necesita que 35 parlamentarios pidan la convocatoria de un referéndum vinculante para que la decisión de reforma de la Constitución pueda ser sancionada o rechazada por la sociedad española. ¿Podrán comprarlos a todos?
Mucho me temo que la limitación del déficit presupuestario va a afectar sobre todo a los conceptos más sociales del presupuesto. Es decir, Sanidad, Prestaciones, Ayudas, Educación… porque no nos engañemos, ya son varios los botones de muestra que este ejecutivo nos ha dejado en estas últimas semanas. Sus prioridades se dirigen a que el sistema financiero no tenga pérdidas y que paguen los excesos no los que han ganado más, sino los que tienen menos. Y es necesario recordar una vez más que el origen de todo este problema mundial tiene poco que ver con las cuentas públicas y mucho con una nueva forma de hacer negocio, vendiendo lo que no se tiene y comprando sin dinero, manejando en todo momento los mercados a conveniencia. Los que inventaron esta nueva economía financiera y que se lucraron de ella a costa de todos, son a los que ahora se ayuda para que el sistema, su sistema, pueda seguir funcionando.
La reducción del IVA en las viviendas nuevas es una medida dirigida al sector bancario, para que éste pueda reducir el stock de vivienda que tiene y compita con ventaja frente a la venta de vivienda usada. Vivienda que es propiedad de un hipotecado, que ve como se continúa devaluando mes a mes y que no tiene posibilidad de venderla a un precio que le pueda permitir pagar al banco lo que le debe. A ese mismo banco que ahora compite en el mercado de la vivienda con una nueva ventaja fiscal, concedida graciosamente por este ejecutivo que se dice socialista.
Decía Maquiavelo “Los hombres son tan simples que el que los quiera engañar siempre encuentra a algunos que se dejan”. Y así nos va. Seguro que nos vuelven a engañar y nosotros, contentos y encantados de habernos conocido, les iremos a votar de nuevo. Porque pensemos desde otra óptica el porqué de la elección de la fecha del 20N. Este otoño no va a ser nada conflictivo, salvo algunas protestas por la chapuza constitucional que se quiere hacer. A este verano caliente, lleno de maniobras en la oscuridad, y en el que todos andamos preocupados por la economía, -hay que difundir el sorprendente dato de ventas de los diarios económicos que este agosto ha batido todos los records-, va a seguir un otoño electoral que tan sólo va a tener trascendencia política, pero a las navidades le sucederá un periodo de decisiones y toma de medidas que van a atentar sobremanera contra nuestro bienestar social. Esta reforma constitucional, que quiere impedir déficits superiores al 0,4%, es una buena indicación. Y unas elecciones sumergidas en crispación social y agitación callejera, no tienen sentido político para ninguno de los grandes partidos, que quieren seguir manteniendo la comodidad y seguridad de la alternancia.
A partir de las Navidades, que se dejarán tranquilas para que tiren en lo posible del consumo, veremos la verdadera cara del PP y una nueva radicalización de los sindicatos y del movimiento 15M, porque el derecho laboral y los derechos adquiridos de los trabajadores van a ser los primeros grandes perjudicados. A ellos seguirán la sanidad y las prestaciones sociales, el medio ambiente y la educación., entre otras. No creo que se introduzca ninguna medida fiscal especial sobre los bancos ni sobre las grandes fortunas, como en Estados Unidos o Francia, y no porque estas puedan irse, que ya se han ido, sino porque tal declaración fue una mera cortina de humo para distraer la atención de lo que se estaba trajinando a escondidas. Los paganos vamos a volver a ser los mismos de siempre, los que no podemos defendernos, porque tenemos una nómina visible y somos fáciles de engañar, porque somos almas sencillas, con mucho que perder y una familia detrás. Nos hemos aburguesado demasiado.
Lo dicho, este ha sido un verano caliente, y trabajando codo a codo en la oscuridad los dos grandes partidos han puesto las bases para volvérnosla a jugar.
Eduardo Lizarraga
Agosto 2011
La Constitución que tenemos los españoles se sometió y aprobó en referéndum, y aunque legalmente los partidos mayoritarios puedan ampararse en la Ley para reformarla, no resulta ético ni moral hacerlo. Eso sin olvidar el precedente que está dejando para posteriores “necesidades reformistas”. Se nos dice que es urgente hacerlo ¿es que no puede esperar dos meses? , se nos asegura que un referéndum resultaría demasiado oneroso en las actuales circunstancias ¿y una tercera urna el 20N?, se invoca a los mercados y a su tiranía ¿resulta mejor convertirse en tirano y hurtar sus derechos al pueblo? A veces tengo la impresión de que quien nos gobierna de verdad son los mercados financieros, y es a ellos a los que se rinden cuentas y no al pueblo español. ¿Cuándo se han puesto en estas dos legislaturas de acuerdo el PP y el PSOE para algo? Hasta el paro, que es la mayor preocupación del país, ha pasado a un segundo o tercer término frente a las exigencias de de estos mercados sin rostro.
Y todo esto en cuanto a la rotura del consenso constitucional, pero también hay otras cuestiones que saltan a la palestra. ¿Se puede limitar el déficit presupuestario a las comunidades históricas? Y si esto es así ¿se puede limitar la solidaridad de estas comunidades? ¿Con qué va a negociar el consumido Gobierno de ZP para tener la aquiescencia de algunos partidos en los trámites parlamentarios que se van a suceder estos días? Durán y Lleida sabe negociar muy bien cuando está en ventaja, seguro que saca adelante su eternas peticiones para el sector empresarial, ¿tal vez la de cargarse la obligatoriedad de los convenios colectivos?. Se necesita que 35 parlamentarios pidan la convocatoria de un referéndum vinculante para que la decisión de reforma de la Constitución pueda ser sancionada o rechazada por la sociedad española. ¿Podrán comprarlos a todos?
Mucho me temo que la limitación del déficit presupuestario va a afectar sobre todo a los conceptos más sociales del presupuesto. Es decir, Sanidad, Prestaciones, Ayudas, Educación… porque no nos engañemos, ya son varios los botones de muestra que este ejecutivo nos ha dejado en estas últimas semanas. Sus prioridades se dirigen a que el sistema financiero no tenga pérdidas y que paguen los excesos no los que han ganado más, sino los que tienen menos. Y es necesario recordar una vez más que el origen de todo este problema mundial tiene poco que ver con las cuentas públicas y mucho con una nueva forma de hacer negocio, vendiendo lo que no se tiene y comprando sin dinero, manejando en todo momento los mercados a conveniencia. Los que inventaron esta nueva economía financiera y que se lucraron de ella a costa de todos, son a los que ahora se ayuda para que el sistema, su sistema, pueda seguir funcionando.
La reducción del IVA en las viviendas nuevas es una medida dirigida al sector bancario, para que éste pueda reducir el stock de vivienda que tiene y compita con ventaja frente a la venta de vivienda usada. Vivienda que es propiedad de un hipotecado, que ve como se continúa devaluando mes a mes y que no tiene posibilidad de venderla a un precio que le pueda permitir pagar al banco lo que le debe. A ese mismo banco que ahora compite en el mercado de la vivienda con una nueva ventaja fiscal, concedida graciosamente por este ejecutivo que se dice socialista.
Decía Maquiavelo “Los hombres son tan simples que el que los quiera engañar siempre encuentra a algunos que se dejan”. Y así nos va. Seguro que nos vuelven a engañar y nosotros, contentos y encantados de habernos conocido, les iremos a votar de nuevo. Porque pensemos desde otra óptica el porqué de la elección de la fecha del 20N. Este otoño no va a ser nada conflictivo, salvo algunas protestas por la chapuza constitucional que se quiere hacer. A este verano caliente, lleno de maniobras en la oscuridad, y en el que todos andamos preocupados por la economía, -hay que difundir el sorprendente dato de ventas de los diarios económicos que este agosto ha batido todos los records-, va a seguir un otoño electoral que tan sólo va a tener trascendencia política, pero a las navidades le sucederá un periodo de decisiones y toma de medidas que van a atentar sobremanera contra nuestro bienestar social. Esta reforma constitucional, que quiere impedir déficits superiores al 0,4%, es una buena indicación. Y unas elecciones sumergidas en crispación social y agitación callejera, no tienen sentido político para ninguno de los grandes partidos, que quieren seguir manteniendo la comodidad y seguridad de la alternancia.
A partir de las Navidades, que se dejarán tranquilas para que tiren en lo posible del consumo, veremos la verdadera cara del PP y una nueva radicalización de los sindicatos y del movimiento 15M, porque el derecho laboral y los derechos adquiridos de los trabajadores van a ser los primeros grandes perjudicados. A ellos seguirán la sanidad y las prestaciones sociales, el medio ambiente y la educación., entre otras. No creo que se introduzca ninguna medida fiscal especial sobre los bancos ni sobre las grandes fortunas, como en Estados Unidos o Francia, y no porque estas puedan irse, que ya se han ido, sino porque tal declaración fue una mera cortina de humo para distraer la atención de lo que se estaba trajinando a escondidas. Los paganos vamos a volver a ser los mismos de siempre, los que no podemos defendernos, porque tenemos una nómina visible y somos fáciles de engañar, porque somos almas sencillas, con mucho que perder y una familia detrás. Nos hemos aburguesado demasiado.
Lo dicho, este ha sido un verano caliente, y trabajando codo a codo en la oscuridad los dos grandes partidos han puesto las bases para volvérnosla a jugar.
Eduardo Lizarraga
Agosto 2011
martes, 23 de agosto de 2011
Un agosto tórrido y movidito
Este mes de agosto de 2011 está siendo muy diferente, en el terreno político me refiero, a todos los años anteriores. No hay vacaciones políticas en el sentido estricto, y los líderes de los distintos partidos “interrumpen” sus periodos de descanso para irrumpir en el ruedo político con absoluta asiduidad. Signo inequívoco del mes de septiembre que nos aguarda.
Y varias son las razones de la singularidad de este agosto tórrido y movidito. Por un lado, claro está, la crisis económica en la que estamos inmersos, que lejos de irse despejando, nos sacude día a día con nuevos sobresaltos, lo que indica que aún nos queda mucho por sufrir. Y por el otro lado todo el resto de “la movida”; es decir, los últimos meses de presidencia de Zapatero, con sus intentos de enderezar en lo posible la situación; las apariciones del candidato Rubalcaba, que pretende a su vez convencernos de lo bien que lo puede llegar a hacer, si le damos la oportunidad para ello; y los sobresaltos alarmistas de toda la plana mayor del PP, desde Andalucía a Castilla la Mancha o Aragón, pasando siempre por Génova, vestidos de verano, pero ya con el tono de campaña electoral.
Menos mal que ya han eliminado el soniquete de adelanto electoral y comienzan a mostrar “la patita” en lo que va a ser su campaña de elecciones generales. Y aunque ya no venga casi a cuento , sigo sin entender el porqué de sus prisas; y es que su eterno argumento de que miran por el bien de España me hace sonreír de medio lado. No son estos, los hombres del PP, ni tampoco los del PSOE, más que políticos que miran por su interés, y por el del partido del que cobran, por un plazo de cuatro años, no son estadistas que miren por el beneficio de una generación. En este orden de cosas se avecinan muy malos tiempos –creo que peores que los ya pasados- para los trabajadores y parados de este país, y por consiguiente para el partido que esté en el Gobierno. Yo hubiera dejado que, aunque fuera por vergüenza torera, Zapatero hubiera dejado hechos o encauzados algunos de los deberes que al parecer hay que hacer. Y me gustaría no tener que cargar en mi currículo con el recorte de derechos sociales y laborales que se avecina. Pero las cosas están así y así hay que tomarlas.
Me encantaría saber, como a todo el resto de españoles, cual es el programa económico y social del Partido Popular para la próxima legislatura. Es decir, cuál va a ser la reforma laboral, la sanitaria y la impositiva, cuáles los recortes a los funcionarios y los recortes de derechos laborales a los trabajadores, las prebendas a las grandes empresas y a las pequeñas, las privatizaciones de servicios y empresas públicas, las subidas de impuestos… en fin, todo ese conjunto de medidas que dicen que no van a hacer y de las que echarán la culpa al antecesor cuando las hagan. Son fáciles de adivinar sus pasos a partir del 2012, tan sólo hay que ver quiénes han sido sus firmes aliados en estos últimos tres años y a los que tendrá que devolver lo recibido. ¿Qué quiere la CEOE? ¿Qué quieren las grandes empresas?¿Y las grandes fortunas? ¿Qué desea la Iglesia? Todos se van a poner a la cola para cobrar y sino, al tiempo. Pero, ¿pondrán al país, y a ellos mismos, bajo las patas de los caballos para contentarlos?
Preveo un año 2012 muy complicado y frustrante, no sólo en la política, sino también para un elevado número de los trabajadores de este país, funcionarios o no, parados o no, jóvenes o no. Todos nosotros, y me incluyo entre los preocupados y posibles damnificados, vamos a ver recortados muchos de los derechos laborales y sociales conquistados a lo largo de casi un siglo. Y la gran pregunta es ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿y la de los sindicatos comprados y amansados por el PSOE? Están estallando revueltas sociales en muchos países del mundo, algunos con una tradición de tranquilidad muy grande. Estaría bien que el Gobierno que venga tenga especial cuidado en que esto no suceda.
Los indignados del 15M van a crecer en número y sus acciones se van a multiplicar. Porque tienen razón en su principal planteamiento. Hay que cambiar un sistema viciado e ineficaz, que cada vez privilegia a un menor número de personas y perjudica a más. Ni el mercado ni el dinero pueden dejarse en manos privadas porque ya vemos lo que sucede. Si el sistema no cambia iremos abocados a otra crisis –parece que hay nuevos problemas económicos llamando a la puerta- de la que tal vez ya no podamos salir. Los Gobiernos occidentales deben hacerse con el control financiero de los mercados, no sólo para evitar los enriquecimientos de unos pocos, sino para impedir la miseria y el sufrimiento a millones de personas. Ya se que la música no gusta, y menos a estos liberales de viejo cuño que llegan, pero como dice el refrán “a la fuerza ahorcan”.
Y es que si no se toman las medidas adecuadas para impedir el caos económico y existencial a millones de españoles, los indignados pueden pasar primero a desesperados y luego a amotinados. Cierto es que ya el Partido Popular, a través de algunos de esos programas de falso debate político con los que se pretende presentar la realidad del país, y se confunde a las almas sencillas, ha lanzado la acusación de que “son las hordas de Rubalcaba las que ocuparon Sol y se lanzarán contra el gobierno del PP después de que el PSOE pierda las generales”. Pero esta no es la realidad, el descontento social crece y hay que tener claro que no es contra la democracia, sino contra la caterva de políticos mediocres, de uno u otro signo, que se creen de una casta especial, tanto por sus prebendas, como por sus sueldos, y que envueltos en su particular burbuja de yupie, han llevado al país al borde del abismo.
Hay que cambiar el sistema y tan sólo una nueva clase de políticos y un gran pacto entre los partidos, con un gobierno de concentración, podrá hacerlo y salvar así la situación. Porque en caso contrario volveremos a la misma tesitura, a echar la culpa al que estuvo antes –parece que esa será la “gran estrategia del PP” y a no hacer nada porque el que está enfrente no dejará hacerlo, no sea que salga bien. Y estoy apuntando ahora al PSOE, que se ha quejado amargamente de que el PP no le ha ayudado en ningún momento, por miseria política, a capear la gran crisis en la que estamos inmersos. ¿Hará lo contrario el PSOE de lo que acusa al PP y será un firme aliado cuando le necesite el Gobierno? Creo que no; que su miseria será la misma de la que ha hecho gala el PP durante estos últimos tres años y que hará todo lo posible para conseguir que la situación vaya mal al partido gobernante, no importándole un ardite lo que suceda con el país y sus ciudadanos.
Lo dicho, o hacemos un gran esfuerzo común para cambiar el sistema, o seguiremos inmersos en la misma inmundicia, y cuando la situación es mala todo tiende a peor.
EDUARDO LIZARRAGA
AGOSTO 2011
Perlas vaticanas
No he estado siguiendo la visita del obispo de Roma a nuestro país en modo alguno, para ser exacto lo único que me ha preocupado, y por tanto a lo que he prestado atención, ha sido el modo en que sus actividades podían interferir en las mías, lo que ha sido unas cuantas veces para mi disgusto, y sin embargo, ha sido tanta la cobertura mediática que a esta visita le han prestado muchas cadenas de TV, que algunas de sus frases e ideas han llegado hasta mi. En concreto dos de ellas no han dejado de preocuparme, porque si el representante máximo de varios centenares de millones de católicos es capaz de esgrimir tales barbaridades en público, es porque no sólo muchos políticos, sino también la Iglesia, han perdido definitivamente el pudor.
Me sorprendía la primera de sus frases cuando en un telediario, de no se qué cadena, el Jefe del Estado Vaticano decía al nuestro, es decir a Juan Carlos, que “el cristianismo está siendo rechazado en el mundo”. Y lo decía sin ningún rubor y con todo el aplomo de que es capaz. Y creo que este buen hombre, porque estimo que debe serlo, anda un poco equivocado. No es el cristianismo al que se rechaza, yo me considero cristiano y a lo único que rechazo es a una Iglesia que ha perdido sus valores, sus ideales y cuyo único objetivo en el mundo es continuar manteniendo su poder; eso sí, en medio de unos lujos tan desorbitados y con un boato que ya no son de recibo.
No voy a entrar ni en el coste de la visita ni en los beneficios –todos los políticos, incluso los más católicos tan sólo han hablado de beneficios económicos para Madrid, ¿dónde queda la espiritualidad?-, pero con la historia de la Iglesia en la mente tengo obligación de hacerme una serie de reflexiones. El verdadero poder de la Iglesia comienza tras el Edicto de Milán, entre Constantino y Licinio, que garantizaba la libertad religiosa en todo el Imperio Romano; fue en el año 313 y desde ese instante la recién permitida Iglesia maniobró acertadamente para quedarse con la exclusiva religiosa del Imperio, medida que consiguió de Teodosio en el año 380. A partir de ese momento comienza la persecución del paganismo –vergonzoso cierre de la Academia de Atenas- y de cualquier otra religión que no sea la cristiana. Persecución que llenó de sangre y terror los siguientes 1500 años, convirtiendo a la Iglesia católica en un azote, sangriento e inculto, de pueblos, costumbres y religiones, compitiendo con las tiranías más sangrientas que hayamos conocido. Con la excusa de “Dios lo quiere” causó centenares de miles de muertos con las Cruzadas, a ellas siguieron la tortura y muerte de los cátaros, la persecución de los judíos, la quema de brujas y las guerras de Religión de los siglos XVI y XVII que causaron la decadencia y empobrecimiento de la España de la época. Todo esto por citar unos pequeños ejemplos, pero podría seguir hasta llenar más de un libro.
La Iglesia creció y se hizo fuerte durante sus primeros siglos estando del lado de los pobres, de los esclavos, de los desarraigados, ¿qué queda de aquel espíritu? Creo que nada, tan sólo es una empresa, tal vez la más antigua del mundo y la que tiene mayor número de clientes, con su política comercial, sus inversiones, sus directivos, su presidente, su Consejo de Dirección, sus sueldos y dietas, su escalafón, sus jefes de zona…Ya no está ni con los pobres, ni con los esclavos, ni con los que sufren, al menos la Iglesia Vaticana. No he visto ni una imagen de esta iglesia en Somalia, ni en la India, ni en Haití. ¿Para qué todo ese lujo, ese boato, ese derroche de medios? ¿Con cuantos millones del presupuesto que ha costado la visita del sucesor de San Pedro se podía haber solucionado la hambruna de Somalia?
No creo que nos apartemos del cristianismo, sino más bien es esa Iglesia la que se aparta de la realidad, y hace menos que algunas ONGs laicas por solucionar los problemas del mundo.
La segunda “frase del día” con la que me sorprendió el Jefe del Vaticano y me reforzó aún más en mis convicciones de que la Iglesia es ya tan sólo una empresa más o menos rentable, fue la escuchada el día antes de su marcha: “A Jesucristo sólo se puede llegar a través de la Iglesia Católica” Si Jesucristo es Dios está claro que la Iglesia Católica quiere tener la exclusiva de la salvación. No está mal, nada mal. Me quedo con la marca, los derechos de uso, le instalo el copyrigt y el que quiera salvarse me paga. Vamos, es que ni la SGAE que casi nos cobra por cantar en la ducha ¿Dónde quedan los seguidores de otras religiones, incluidas las cristianas? ¿Dónde quedan los hombres buenos que siguen unas correctas normas éticas y morales? Esto no lo dijo el Pontifex Maximus, o tal vez no se atrevió a decirlo, pero seguro que su director comercial ya tiene en mente decir, como argumento de venta, que el usuario de otras empresas de salvación se podrá quedar sin cobertura divina en cualquier momento.
Como a todas las empresas del mundo a la Iglesia Católica también le ha llegado la crisis; otras iglesias más pequeñas y activas, más cercanas a los pobres y desfavorecidos, le están dando sustanciosos bocados al negocio de la salvación; muchos de sus trabajadores se desligan de la misma, hartos de unos corsés estrechos y anticuados y abren su propia oficina, y sus clientes principales, ricos, cultos y occidentales, abandonan la empresa de sus padres y dedican sus superávits económicos a la financiación de ONGs en todos los rincones del mundo. Ante esta situación se produjo una pequeña discusión entre las dos tendencias mayoritarias, y aunque pareció que en un primer momento pudo triunfar la opción más aperturista, el cambio de propietario del anillo del pescador consiguió que el fundamentalismo más rancio y retrógrado se instalara definitivamente en la cúpula eclesiástica. Amparados por una organización algo siniestra, los partidarios de la tradición fundamentalista se centran, desde hace unas décadas, en afianzarse en los países más ricos pregonando las bondades de la familia y pasando el diezmo a sus acólitos, que pagan a gusto su plaza en el paraíso. Mientras tanto se abandona a su suerte a millones de personas que, originarios de muchos de los estados llamados fallidos, carecen de toda posibilidad económica y necesitan ser salvados del hambre sin poder pagar nada a cambio.
Así lo veo y así lo siento; y mucho tiene que cambiar esta “Iglesia Universal” para que yo pueda volver a creer en ella. Mientras esto sucede espero que el actual ocupante de la silla de San Pedro, y los que le sigan en el cargo, se fijen más para sus visitas en otros países y nos dejen un poco de tranquilidad en éste.
Eduardo Lizarraga
Agosto 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Una realidad molesta
Pasan ya más de tres años desde el inicio de la crisis financiera y, sin ver todavía el final, creo que aunque hemos aprendido algo de sus causas, no solo desconocemos las consecuencias que va a tener, sino que nos arriesgamos a repetirla. Y todo ello porque salvo algunas excepciones, los principales culpables siguen al frente de sus empresas y continúan dispuestos a mantener su poder y una manera de hacer negocios que no tiene en cuenta ninguna ética y su único objetivo es el dinero. Y las excepciones culpables, que tienen nombres y apellidos, están en retiros dorados dejando pasar el tiempo que les queda, sin que se les moleste. No se va a juzgar a nadie por crímenes contra la humanidad, aunque sus actuaciones hayan llevado el sufrimiento a cientos de millones de personas, y la muerte a decenas de miles. Y esto seguirá sucediendo mientras que no se considere al dinero como el arma más terrible que existe, y que por lo tanto debe estar sometido al control de los estados.
Una de las peores consecuencias de esta crisis financiera es que no nos está dejando ver que agazapadas tras la montaña de paro, datos económicos y balances empresariales, se encuentran dos nuevas crisis llamando a la puerta y cuya presencia y desarrollo están cuestionando ya los doscientos últimos años de civilización. Se trata de la crisis energética y el colapso ambiental.
En cuanto a la primera, de la que se comenzó a hablar durante la crisis petrolífera de los años 70, parece que está triunfando la línea de actuación del avestruz, es decir, la que opina que a pesar del incuestionable declive del petróleo no hace falta preocuparse, ya que obtendremos la energía necesaria de otras fuentes, ya sea el carbón, el gas natural, la biomasa o la fisión nuclear. Es la suicida confianza de que nuestra tecnología puede con todo y que encontrará la solución. El otro punto de vista, el más silenciado por agorero , mantiene que cuando nuestro planeta, durante una era de condiciones climáticas y biológicas muy larga y estable, produjo y acumuló en su subsuelo unas grandes cantidades de energía finitas, y las puso a nuestra disposición, nos tocó la lotería, y es muy improbable que vuelva a hacerlo. ¿Y entonces qué haremos?
En cuanto al colapso ambiental, que se está manifestando todos los días de mil maneras distintas: cambio climático, catástrofes naturales, pérdida de la biodiversidad, envenenamiento masivo del planeta…los grandes poderes económicos, que quieren seguir pudiendo hacer sus negocios bajo el prisma del “bussiness as usual” lo ningunean y se esfuerzan en ridiculizarlo, tachando de pesimistas y catastrofistas a los que ven la realidad. No podemos seguir pensando que el crecimiento infinito es posible, sobre todo cuando los recursos no lo son. Y además, ¿qué significa mantener ese crecimiento continuo de las sociedades occidentales del bienestar?
Vayamos a la huella ecológica. A ese concepto incómodo que todos debiéramos tener presente a la hora de desarrollar cualquier actividad. La huella ecológica de una población o de un individuo se basa en el material consumido, y se estima a partir del área de los sistemas marítimos y terrestres que son necesarios para producir los recursos que dicha población consume y para asimilar el conjunto de los recursos que genera. Como el consumo refleja el nivel de ingresos, la huella ecológica per cápita nacional está muy relacionada con el PIB per cápita. Los ciudadanos de los países ricos necesitan una media global de entre 4 y 10 Ha para mantener sus estilos de vida, mientras que los habitantes de los países pobres precisan algo menos de una hectárea. Los países ricos muy poblados como Japón, Holanda o Reino Unido tienen huellas ecológicas varias veces más grandes que sus áreas productivas respectivas, lo que les hace incurrir en masivos déficits ecológicos que se compensan con los excedentes de países pobres de baja densidad de población.
El promedio de la huella ecológica de una persona es de 2,2 hectáreas, lo que resulta muy alarmante cuando comprobamos que sólo hay 1,8 hectáreas de tierra y agua por persona en nuestro planeta. Es decir, el total de la huella ecológica humana supera ya la biocapacidad global en más del 20%. Ello explica dos cosas, primero que nuestro modo de vida “desarrollado” roba recursos a los países y personas más desfavorecidos condenándolos a la indigencia y subdesarrollo, y que este modo de vida no puede extenderse de forma sostenible a todo el planeta. Y no sólo no puede extenderse, sino que la distancia entre los países ricos y los pobres es cada vez mayor. Es una gran falacia que esta economía liberal globalizadora, de la que muchos políticos , generalmente de derechas, son firmes partidarios, reduzca la desigualdad social; es más bien todo lo contrario. En estos momentos las 500 personas más ricas del mundo disfrutan de mayores ingresos que los 420 millones más pobres y en más del 80% de los países la desigualdad ha aumentado, de manera dramática, en estos últimos años de bonanza económica; lo que está generando tensiones que se traducen en revueltas sociales y grandes movimientos migratorios que pueden volverse imparables.
El sistema que tenemos se fundamenta en la necesidad de un crecimiento anual de entre el 2 y el 3%; el consumidor tiene que consumir y la publicidad está para inducirle a ello. En los últimos cincuenta años la población mundial se ha multiplicado por cuatro, el consumo de energía por 16, la pesca por 35 y la producción industrial por 40. Es una enloquecida y ciega carrera hacia delante con un claro perdedor.
Si queremos desocupar el espacio ecológico que estamos utilizando, para lograr el crecimiento del consumo en los países en desarrollo y una sostenibilidad de los recursos existentes, los países ricos deberemos reducir el consumo de energía y de bienes materiales en un 80%. ¿Podemos hacerlo? ¿Podremos conseguir que la inteligencia colectiva a largo plazo, prevalezca sobre la planificación a corto plazo derivada de los intereses de grupos pequeños? Este es el reto al que nos enfrentamos, con seguridad el mayor al que se ha enfrentado la humanidad en tiempos históricos. Y debemos superarlo porque nos va la supervivencia en ello.
Una de las peores consecuencias de esta crisis financiera es que no nos está dejando ver que agazapadas tras la montaña de paro, datos económicos y balances empresariales, se encuentran dos nuevas crisis llamando a la puerta y cuya presencia y desarrollo están cuestionando ya los doscientos últimos años de civilización. Se trata de la crisis energética y el colapso ambiental.
En cuanto a la primera, de la que se comenzó a hablar durante la crisis petrolífera de los años 70, parece que está triunfando la línea de actuación del avestruz, es decir, la que opina que a pesar del incuestionable declive del petróleo no hace falta preocuparse, ya que obtendremos la energía necesaria de otras fuentes, ya sea el carbón, el gas natural, la biomasa o la fisión nuclear. Es la suicida confianza de que nuestra tecnología puede con todo y que encontrará la solución. El otro punto de vista, el más silenciado por agorero , mantiene que cuando nuestro planeta, durante una era de condiciones climáticas y biológicas muy larga y estable, produjo y acumuló en su subsuelo unas grandes cantidades de energía finitas, y las puso a nuestra disposición, nos tocó la lotería, y es muy improbable que vuelva a hacerlo. ¿Y entonces qué haremos?
En cuanto al colapso ambiental, que se está manifestando todos los días de mil maneras distintas: cambio climático, catástrofes naturales, pérdida de la biodiversidad, envenenamiento masivo del planeta…los grandes poderes económicos, que quieren seguir pudiendo hacer sus negocios bajo el prisma del “bussiness as usual” lo ningunean y se esfuerzan en ridiculizarlo, tachando de pesimistas y catastrofistas a los que ven la realidad. No podemos seguir pensando que el crecimiento infinito es posible, sobre todo cuando los recursos no lo son. Y además, ¿qué significa mantener ese crecimiento continuo de las sociedades occidentales del bienestar?
Vayamos a la huella ecológica. A ese concepto incómodo que todos debiéramos tener presente a la hora de desarrollar cualquier actividad. La huella ecológica de una población o de un individuo se basa en el material consumido, y se estima a partir del área de los sistemas marítimos y terrestres que son necesarios para producir los recursos que dicha población consume y para asimilar el conjunto de los recursos que genera. Como el consumo refleja el nivel de ingresos, la huella ecológica per cápita nacional está muy relacionada con el PIB per cápita. Los ciudadanos de los países ricos necesitan una media global de entre 4 y 10 Ha para mantener sus estilos de vida, mientras que los habitantes de los países pobres precisan algo menos de una hectárea. Los países ricos muy poblados como Japón, Holanda o Reino Unido tienen huellas ecológicas varias veces más grandes que sus áreas productivas respectivas, lo que les hace incurrir en masivos déficits ecológicos que se compensan con los excedentes de países pobres de baja densidad de población.
El promedio de la huella ecológica de una persona es de 2,2 hectáreas, lo que resulta muy alarmante cuando comprobamos que sólo hay 1,8 hectáreas de tierra y agua por persona en nuestro planeta. Es decir, el total de la huella ecológica humana supera ya la biocapacidad global en más del 20%. Ello explica dos cosas, primero que nuestro modo de vida “desarrollado” roba recursos a los países y personas más desfavorecidos condenándolos a la indigencia y subdesarrollo, y que este modo de vida no puede extenderse de forma sostenible a todo el planeta. Y no sólo no puede extenderse, sino que la distancia entre los países ricos y los pobres es cada vez mayor. Es una gran falacia que esta economía liberal globalizadora, de la que muchos políticos , generalmente de derechas, son firmes partidarios, reduzca la desigualdad social; es más bien todo lo contrario. En estos momentos las 500 personas más ricas del mundo disfrutan de mayores ingresos que los 420 millones más pobres y en más del 80% de los países la desigualdad ha aumentado, de manera dramática, en estos últimos años de bonanza económica; lo que está generando tensiones que se traducen en revueltas sociales y grandes movimientos migratorios que pueden volverse imparables.
El sistema que tenemos se fundamenta en la necesidad de un crecimiento anual de entre el 2 y el 3%; el consumidor tiene que consumir y la publicidad está para inducirle a ello. En los últimos cincuenta años la población mundial se ha multiplicado por cuatro, el consumo de energía por 16, la pesca por 35 y la producción industrial por 40. Es una enloquecida y ciega carrera hacia delante con un claro perdedor.
Si queremos desocupar el espacio ecológico que estamos utilizando, para lograr el crecimiento del consumo en los países en desarrollo y una sostenibilidad de los recursos existentes, los países ricos deberemos reducir el consumo de energía y de bienes materiales en un 80%. ¿Podemos hacerlo? ¿Podremos conseguir que la inteligencia colectiva a largo plazo, prevalezca sobre la planificación a corto plazo derivada de los intereses de grupos pequeños? Este es el reto al que nos enfrentamos, con seguridad el mayor al que se ha enfrentado la humanidad en tiempos históricos. Y debemos superarlo porque nos va la supervivencia en ello.
sábado, 4 de junio de 2011
Entre sanguijuelas y garrapatas
Si hay algunos animales que desde siempre han provocado asco y repugnancia entre nosotros son aquellos que viven de la sangre de los demás; pulgas, sanguijuelas, garrapatas, vampiros…no gozan de ninguna buena prensa y su misma mención nos repele. Y ello a pesar de que representan un mínimo riesgo para nuestra vida. Sin embargo, cuando por un extraño arte de metamorfosis esos mismos animales –y pido perdón al reino animal- mutan y colocándose pantalón, chaqueta y corbata, u otros oropeles, se yerguen a nuestro lado convirtiéndose en banqueros, políticos, faranduleros y un largo etcétera, les aplaudimos, admiramos, amamos y estamos dispuestos a dejar que nos chupen hasta la última gota. Y sonriendo. ¿Es que somos tontos?
Hace apenas veinte días que una parte de esa sociedad desangrada ha decidido decir ¡basta! Basta de burlas, basta de ser el rebaño de corderos, basta de alimentar a los morloks con nuestra sangre. Y a pesar de las amenazas han decidido utilizar el espacio común de las plazas, que en esa función tienen más de 2500 años, para exteriorizar su protesta. En Barcelona, Felipe Puig decidió acabar con ellos por la fuerza y no hizo más que echar gasolina al fuego. Ahora son más y tienen más conciencia. En Madrid la CEIM ha decidido denunciarles ante la fiscalía por no dejar hacer negocio a los comerciantes. ¿Es qué es más importante el mercadeo de 20 comercios que el despertar de una conciencia social que parecía dormida? Se les quiere llevar al extrarradio, donde no molesten, donde su voz se pierda entre los campos. No vamos a dejar que eso suceda, vamos a seguir allí hasta que tengan que utilizar la fuerza, y ¿quién se va a atrever? ¿El candidato Rubalcaba? ¿La CEIM y la CEOE al compás? ¿Rajoy?¿Es que no estamos viendo todos los días las imágenes de la primavera árabe? ¿Es que no compartimos sus reivindicaciones? Hay que conseguir que esta sociedad aborregada por Tele5, presa del consumo y esclava de las hipotecas y las tarjetas de crédito, se levante y haga oír su voz. Porque nos va la vida en ello.
Entre un 7 y un 31% han elevado los bancos sus comisiones en este último año. Desde un 7% por el mantenimiento de la cuenta, a un 31% por disposición de efectivo con una tarjeta de crédito. ¿Alguien ha dicho algo? ¿Alguien ha impedido que lo hagan? Pues no, nadie de los que tienen el poder político para decidir en estas cuestiones ha dicho nada. ¿Por qué será? ¿Cuántos partidos políticos dependen del crédito de los bancos para sus campañas y funcionamiento? ¿No son acaso chupasangres con más o menos patas?
Las entidades financieras son las principales causantes de la situación de crisis económica en la que nos encontramos. Su desmedido afán por el beneficio, por repartir dividendos, por crecer, por unos bonus obscenos para sus directivos, por el relumbrón, nos ha llevado a una situación en la que miles de millones de personas están muriendo, sufriendo, pasando necesidades. Todo por querer jugar al Monopoly con el dinero de los demás, mejor dicho, con las deudas de los demás, con un dinero inexistente. Y cuando todo el castillo de naipes se les viene abajo deben acudir los gobiernos centrales, con el dinero de todos, para sacarles del lío en el que nos han metido. Hasta aquí, y luego quiero entrar en las responsabilidades penales que actuaciones de esta calaña debieran tener, todo parece, desde el punto de vista del capitalismo financiero global, algo que entra dentro de lo posible. Lo imposible, el esperpento, viene después. Y este sucede cuando las entidades financieras, salvadas “in extremis” con dinero público en lugar de entonar el mea culpa y cambiar su actuación hacia una política más social y sostenible, adecuada a una situación tan grave como en la que nos encontramos, continúan haciendo de las suyas, y ahora no ya con dinero privado de sus clientes, ahora con dinero público que es de todos. Y en lugar de dar créditos para el crecimiento empresarial y para el saneamiento de la economía, se lanzan de nuevo a la repartición de dividendos, de bonus y a actuar en los mercados financieros en contra de los intereses de los países que les han prestado el dinero; jugando contra su deuda nacional.
Hace falta, de una vez por todas, acabar con los paraísos fiscales desde los que se están orquestando todas estas campañas contra la deuda de diversos países, entre ellos España; hay que dejar de considerar a todas estas sanguijuelas, garrapatas y vampiros como héroes nacionales y modelos a seguir. Y están en todos los ámbitos, desde presentadores de telebasura que actúan como barrenadores del cerebro, hasta personajes como Fernando Alonso que es ciudadano andorrano para no pagar los impuestos en su país. Para qué hablar de políticos diversos, banqueros de papel couché o constructores cementadores de toda nuestra costa.
Pero debemos hacer otra reflexión, y esta es muy peligrosa porque trae al recuerdo conceptos que el capitalismo global quiere dejar definitivamente enterrados. Vamos a juzgar a Ratko Mladic –se lo merece 8000 veces- por crímenes contra la humanidad; cuando caiga Gadaffi se le juzgará por lo mismo. Sus armas han causado el sufrimiento y la muerte a miles de personas. Por ello se las quitaremos y les juzgaremos. ¿Qué debemos hacer con los responsables financieros de esta crisis mundial que han dejado sin trabajo y condenado al hambre, al sufrimiento y a la muerte a cientos de millones de personas? ¿Tal vez a miles? ¿No son el dinero y los instrumentos financieros armas más terribles que los AK 47 y las Oerlinkon? Y si es así, ¿por qué las dejamos en manos de garrapatas y sanguijuelas indeseables para las que no somos nada más que un rebaño al que sangrar? Según Trichet si vamos a otra crisis ya no habrá dinero para solucionarla.
De verdad, hace falta ese cambio de sistema para poder evolucionar hacia un mundo más justo y más seguro. ¡Que me busquen en las plazas!, llevaré dos botes de “Garrapatin” en los bolsillos.
Hace apenas veinte días que una parte de esa sociedad desangrada ha decidido decir ¡basta! Basta de burlas, basta de ser el rebaño de corderos, basta de alimentar a los morloks con nuestra sangre. Y a pesar de las amenazas han decidido utilizar el espacio común de las plazas, que en esa función tienen más de 2500 años, para exteriorizar su protesta. En Barcelona, Felipe Puig decidió acabar con ellos por la fuerza y no hizo más que echar gasolina al fuego. Ahora son más y tienen más conciencia. En Madrid la CEIM ha decidido denunciarles ante la fiscalía por no dejar hacer negocio a los comerciantes. ¿Es qué es más importante el mercadeo de 20 comercios que el despertar de una conciencia social que parecía dormida? Se les quiere llevar al extrarradio, donde no molesten, donde su voz se pierda entre los campos. No vamos a dejar que eso suceda, vamos a seguir allí hasta que tengan que utilizar la fuerza, y ¿quién se va a atrever? ¿El candidato Rubalcaba? ¿La CEIM y la CEOE al compás? ¿Rajoy?¿Es que no estamos viendo todos los días las imágenes de la primavera árabe? ¿Es que no compartimos sus reivindicaciones? Hay que conseguir que esta sociedad aborregada por Tele5, presa del consumo y esclava de las hipotecas y las tarjetas de crédito, se levante y haga oír su voz. Porque nos va la vida en ello.
Entre un 7 y un 31% han elevado los bancos sus comisiones en este último año. Desde un 7% por el mantenimiento de la cuenta, a un 31% por disposición de efectivo con una tarjeta de crédito. ¿Alguien ha dicho algo? ¿Alguien ha impedido que lo hagan? Pues no, nadie de los que tienen el poder político para decidir en estas cuestiones ha dicho nada. ¿Por qué será? ¿Cuántos partidos políticos dependen del crédito de los bancos para sus campañas y funcionamiento? ¿No son acaso chupasangres con más o menos patas?
Las entidades financieras son las principales causantes de la situación de crisis económica en la que nos encontramos. Su desmedido afán por el beneficio, por repartir dividendos, por crecer, por unos bonus obscenos para sus directivos, por el relumbrón, nos ha llevado a una situación en la que miles de millones de personas están muriendo, sufriendo, pasando necesidades. Todo por querer jugar al Monopoly con el dinero de los demás, mejor dicho, con las deudas de los demás, con un dinero inexistente. Y cuando todo el castillo de naipes se les viene abajo deben acudir los gobiernos centrales, con el dinero de todos, para sacarles del lío en el que nos han metido. Hasta aquí, y luego quiero entrar en las responsabilidades penales que actuaciones de esta calaña debieran tener, todo parece, desde el punto de vista del capitalismo financiero global, algo que entra dentro de lo posible. Lo imposible, el esperpento, viene después. Y este sucede cuando las entidades financieras, salvadas “in extremis” con dinero público en lugar de entonar el mea culpa y cambiar su actuación hacia una política más social y sostenible, adecuada a una situación tan grave como en la que nos encontramos, continúan haciendo de las suyas, y ahora no ya con dinero privado de sus clientes, ahora con dinero público que es de todos. Y en lugar de dar créditos para el crecimiento empresarial y para el saneamiento de la economía, se lanzan de nuevo a la repartición de dividendos, de bonus y a actuar en los mercados financieros en contra de los intereses de los países que les han prestado el dinero; jugando contra su deuda nacional.
Hace falta, de una vez por todas, acabar con los paraísos fiscales desde los que se están orquestando todas estas campañas contra la deuda de diversos países, entre ellos España; hay que dejar de considerar a todas estas sanguijuelas, garrapatas y vampiros como héroes nacionales y modelos a seguir. Y están en todos los ámbitos, desde presentadores de telebasura que actúan como barrenadores del cerebro, hasta personajes como Fernando Alonso que es ciudadano andorrano para no pagar los impuestos en su país. Para qué hablar de políticos diversos, banqueros de papel couché o constructores cementadores de toda nuestra costa.
Pero debemos hacer otra reflexión, y esta es muy peligrosa porque trae al recuerdo conceptos que el capitalismo global quiere dejar definitivamente enterrados. Vamos a juzgar a Ratko Mladic –se lo merece 8000 veces- por crímenes contra la humanidad; cuando caiga Gadaffi se le juzgará por lo mismo. Sus armas han causado el sufrimiento y la muerte a miles de personas. Por ello se las quitaremos y les juzgaremos. ¿Qué debemos hacer con los responsables financieros de esta crisis mundial que han dejado sin trabajo y condenado al hambre, al sufrimiento y a la muerte a cientos de millones de personas? ¿Tal vez a miles? ¿No son el dinero y los instrumentos financieros armas más terribles que los AK 47 y las Oerlinkon? Y si es así, ¿por qué las dejamos en manos de garrapatas y sanguijuelas indeseables para las que no somos nada más que un rebaño al que sangrar? Según Trichet si vamos a otra crisis ya no habrá dinero para solucionarla.
De verdad, hace falta ese cambio de sistema para poder evolucionar hacia un mundo más justo y más seguro. ¡Que me busquen en las plazas!, llevaré dos botes de “Garrapatin” en los bolsillos.
jueves, 26 de mayo de 2011
Que nos busquen en las plazas
Una vez pasada la cita electoral del pasado domingo, cita que los que viven de ella llaman sin rubor alguno “la fiesta de la democracia”, los partidos mayoritarios, de forma independiente a como les haya ido, observan, no sin cierta preocupación, un nuevo elemento que puede dar la nota discordante en el año que queda hasta las elecciones generales.
Al igual que está sucediendo en otros países de nuestro entorno, grupos de jóvenes y no tan jóvenes han tomando plazas céntricas en muchas ciudades españolas, para protestar por el devenir de una crisis que no han causado, pero que están pagando como si lo hubieran hecho. Demandan un cambio en el modelo social, económico y político.
En el PSOE, que ha sufrido el mayor debacle de su historia, el ruido por buscar el causante y la sucesión de Zapatero está silenciando cualquier otra cuestión. Pero el PP, que se debate entre pedir a las claras la anticipación de las elecciones generales, o hacerlo con la boca chica para que el PSOE siga haciéndoles el trabajo sucio un año más y desgastándose por lo tanto, se está comenzando a preocupar por esta nueva fuerza que ha tomado las calles y que parece querer seguir en ellas. Y ello no gusta a los ínclitos representantes de la ley y el orden, que ya perciben unos próximos años calientes y que estarían encantados con que el movimiento, recién nacido, no llegara a más. Bastante van a tener con los sindicatos, que entonces si que se echarán al monte.
Los partidos políticos se están haciendo los miopes ante la realidad que preconizan estos recién llegados. No es que no la conozcan, es que es una realidad incómoda para sus intereses. Por poner un ejemplo, no es mal camino el tomado por Islandia, silenciado de forma ominosa por los medios de comunicación, pero evidencia palpable de que los desastres causados por una minoría no deben ser socializados y pagados por la mayoría. Allí, ante la voluntad del pueblo islandés, ha debido dimitir el gobierno, reformarse la constitución y convocarse nuevas elecciones. ¿No es un ejemplo aquí, donde nunca dimite nadie?
La crisis financiera iniciada en 2007 en Wall Street, que llegó a Europa y a España de manos de las famosas “hipotecas basura”, parece que se ha estancado dentro de nuestra fronteras. El paro, la disminución del consumo y el estancamiento inmobiliario son las consecuencias que más están afectando a nuestro país. El resto de Europa también se ha visto afectado, pero ya va saliendo. Nuestros mayores diferenciales son la corrupción y la burbuja inmobiliaria ¿Cuántos listos se han enriquecido con la especulación del suelo? Cuántos políticos se han dejado corromper? ¿Por qué se rescata con dinero público a los bancos y cajas que se mezclaron y enriquecieron con el negocio de la construcción?
Dice mi amiga Pilar, que de esto sabe mucho, que el gran error -¿intencionado?- fue dar las competencias del suelo a las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Y debe tener razón porque toda la gran corrupción, los negocietes y los negociones, el amiguismo y el latrocinio, los tránsfugas y los maletines, iniciaron en aquel momento su imparable camino hacia la crisis en la que estamos instalados.
Ahora ya es tarde para recoger esas competencias, pero algo debiera hacerse porque estoy seguro, que en caso contrario, repetiremos el modelo erróneo cuando la situación mejore, si es que mejora que tengo mis dudas.
Y volviendo a los políticos que estos días nos ocupan, mejor dicho, que estos días se ocupaban de nosotros, porque como ya ha pasado el domingo volvemos a no existir hasta la próxima cita electoral. Pues volviendo a esos políticos que padecemos, no creo, que tengan ni la clase ni la preparación que la situación exige. Creo más bien que, abierto ya el melón de estas elecciones, irán, unos y otros, a remolque de la situación, obedeciendo las instrucciones del mercado y rindiendo pleitesía a los poderes económicos y financieros que les apoyan, aunque para ello deban pasar por encima del pueblo que les ha votado. Todo ello aderezado con peticiones de adelanto electoral y enrrocamiento en la Moncloa por “responsabilidad política”. Eso si, de todo lo que suceda nunca tendrán la culpa ellos, -los políticos en general- será el mercado, la coyuntura, los otros que estuvieron antes…
Y así nos va. Eligiendo lo que podemos entre listas cerradas e imputados y penados; dándonos ya cuenta que después de la crisis de las ideologías lo mismo nos da uno que otro, nos robarán igual; teniendo la certeza de que ninguno hará lo que conviene al país, sino a su partido, al mercado, a la oligarquía financiera, a su interés particular…Hace tiempo que no creo ya en los partidos políticos, son empresas privadas que subvencionamos con dinero de todos; que hacen sus negocios particulares, dan empleo a sus socios, realizan todo tipo de alianzas y se protegen entre ellos, beneficiándose de prebendas inexistentes o prohibidas para el resto de la sociedad, aunque así perjudiquen el interés común.
Acabo de poner la tele y la he apagado. Solo aparecían políticos, preocupados por sus puestos de trabajo cesantes o queriendo hacerse, cuanto antes, con el trozo de pastel que les hemos dado. ¿No se dan cuenta de que en estos momentos necesitamos cambiar el sistema y las reglas de juego? ¿Somos tan mentecatos que no nos enteramos de que sólo quieren mantener su jerarquía y derechos? Tenemos un año para reaccionar y darnos cuenta de la verdadera situación. ¿Y si cuando vuelvan a acordarse de nosotros no vamos ninguno a su fiesta, qué pasa? Que nos busquen en las plazas de nuestras ciudades y nos convenzan.
Al igual que está sucediendo en otros países de nuestro entorno, grupos de jóvenes y no tan jóvenes han tomando plazas céntricas en muchas ciudades españolas, para protestar por el devenir de una crisis que no han causado, pero que están pagando como si lo hubieran hecho. Demandan un cambio en el modelo social, económico y político.
En el PSOE, que ha sufrido el mayor debacle de su historia, el ruido por buscar el causante y la sucesión de Zapatero está silenciando cualquier otra cuestión. Pero el PP, que se debate entre pedir a las claras la anticipación de las elecciones generales, o hacerlo con la boca chica para que el PSOE siga haciéndoles el trabajo sucio un año más y desgastándose por lo tanto, se está comenzando a preocupar por esta nueva fuerza que ha tomado las calles y que parece querer seguir en ellas. Y ello no gusta a los ínclitos representantes de la ley y el orden, que ya perciben unos próximos años calientes y que estarían encantados con que el movimiento, recién nacido, no llegara a más. Bastante van a tener con los sindicatos, que entonces si que se echarán al monte.
Los partidos políticos se están haciendo los miopes ante la realidad que preconizan estos recién llegados. No es que no la conozcan, es que es una realidad incómoda para sus intereses. Por poner un ejemplo, no es mal camino el tomado por Islandia, silenciado de forma ominosa por los medios de comunicación, pero evidencia palpable de que los desastres causados por una minoría no deben ser socializados y pagados por la mayoría. Allí, ante la voluntad del pueblo islandés, ha debido dimitir el gobierno, reformarse la constitución y convocarse nuevas elecciones. ¿No es un ejemplo aquí, donde nunca dimite nadie?
La crisis financiera iniciada en 2007 en Wall Street, que llegó a Europa y a España de manos de las famosas “hipotecas basura”, parece que se ha estancado dentro de nuestra fronteras. El paro, la disminución del consumo y el estancamiento inmobiliario son las consecuencias que más están afectando a nuestro país. El resto de Europa también se ha visto afectado, pero ya va saliendo. Nuestros mayores diferenciales son la corrupción y la burbuja inmobiliaria ¿Cuántos listos se han enriquecido con la especulación del suelo? Cuántos políticos se han dejado corromper? ¿Por qué se rescata con dinero público a los bancos y cajas que se mezclaron y enriquecieron con el negocio de la construcción?
Dice mi amiga Pilar, que de esto sabe mucho, que el gran error -¿intencionado?- fue dar las competencias del suelo a las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Y debe tener razón porque toda la gran corrupción, los negocietes y los negociones, el amiguismo y el latrocinio, los tránsfugas y los maletines, iniciaron en aquel momento su imparable camino hacia la crisis en la que estamos instalados.
Ahora ya es tarde para recoger esas competencias, pero algo debiera hacerse porque estoy seguro, que en caso contrario, repetiremos el modelo erróneo cuando la situación mejore, si es que mejora que tengo mis dudas.
Y volviendo a los políticos que estos días nos ocupan, mejor dicho, que estos días se ocupaban de nosotros, porque como ya ha pasado el domingo volvemos a no existir hasta la próxima cita electoral. Pues volviendo a esos políticos que padecemos, no creo, que tengan ni la clase ni la preparación que la situación exige. Creo más bien que, abierto ya el melón de estas elecciones, irán, unos y otros, a remolque de la situación, obedeciendo las instrucciones del mercado y rindiendo pleitesía a los poderes económicos y financieros que les apoyan, aunque para ello deban pasar por encima del pueblo que les ha votado. Todo ello aderezado con peticiones de adelanto electoral y enrrocamiento en la Moncloa por “responsabilidad política”. Eso si, de todo lo que suceda nunca tendrán la culpa ellos, -los políticos en general- será el mercado, la coyuntura, los otros que estuvieron antes…
Y así nos va. Eligiendo lo que podemos entre listas cerradas e imputados y penados; dándonos ya cuenta que después de la crisis de las ideologías lo mismo nos da uno que otro, nos robarán igual; teniendo la certeza de que ninguno hará lo que conviene al país, sino a su partido, al mercado, a la oligarquía financiera, a su interés particular…Hace tiempo que no creo ya en los partidos políticos, son empresas privadas que subvencionamos con dinero de todos; que hacen sus negocios particulares, dan empleo a sus socios, realizan todo tipo de alianzas y se protegen entre ellos, beneficiándose de prebendas inexistentes o prohibidas para el resto de la sociedad, aunque así perjudiquen el interés común.
Acabo de poner la tele y la he apagado. Solo aparecían políticos, preocupados por sus puestos de trabajo cesantes o queriendo hacerse, cuanto antes, con el trozo de pastel que les hemos dado. ¿No se dan cuenta de que en estos momentos necesitamos cambiar el sistema y las reglas de juego? ¿Somos tan mentecatos que no nos enteramos de que sólo quieren mantener su jerarquía y derechos? Tenemos un año para reaccionar y darnos cuenta de la verdadera situación. ¿Y si cuando vuelvan a acordarse de nosotros no vamos ninguno a su fiesta, qué pasa? Que nos busquen en las plazas de nuestras ciudades y nos convenzan.
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