lunes, 31 de marzo de 2014

Les deux jumeaux (Relato para mis amigos de Onyarbi)


El viajero, apoyadas las manos en el pretil que separaba la carretera del precipicio, seguía con la vista la acantilada línea costera que tenía al frente;  Las Landas adivinándose al fondo, con la luz de sus  playas entre los pinos.  Hendaya, Ziburu, San Juan de Luz, Biarritz…recordaba muy bien como era toda aquella costa. En un momento dado sus ojos se fijaron en los dos inmensos peñascos, que batidos por las olas del noroeste, parecían  querer desafiar  a  la mar.  Estaban justo enfrente y entonces recordó la historia de aquellas dos rocas, la que le contara su aittona hace mucho  tiempo, antes de irse de allí, cuando era pequeño.

 


 

 

Sucedió hace muchos años, en una época más feliz y sencilla, cuando no había coches, ni móviles, ni tan siquiera luz eléctrica. En un caserío de Hendaya,  que se asoma a la bahía de Loya y que en la zona llamaban la casa del prado –Larretxea-,  nacieron dos niñas gemelas. Fue en una noche  de invierno, fría y despejada, en la que la luna creciente  y las estrellas, se disputaban el protagonismo en el firmamento, alumbrando apenas la blanca espuma de la mar. Las llamaron Ainhoa e Izarra. Eran iguales del todo y  desde que abandonaron la cuna y comenzaron a andar, nadie, ni a veces sus propios padres, podía diferenciarlas. De niñas iban  de la mano, demostrando que estaban siempre unidas  y  compartiéndolo todo, la escuela, los amigos, el trabajo en el caserío, la pesca entre las piedras de Loya.

Crecieron guapas y  alegres,  y daba gusto verlas danzar cuando ya más mayores iban juntas a las romerías de la zona.  Se las podía ver en Hendaya o Irún y Hondarribia,  y siempre había una buena corte de chicos a su alrededor. Pero no parecía que ninguno de ellos fuera  capaz de romper la pareja que formaban Ainhoa e Izarra.

Hasta que un día pasó lo previsible. Ambas se enamoraron del mismo chico, un pescador de Hondarribia que  conocieron  en las fiestas de la Magdalena; se llamaba Ander y era muy popular en el pueblo.  Alto, fuerte y buena persona, desde el principio sintió predilección por Ainhoa.  Su familia era la propietaria de una de las grandes txalupas atuneras del pueblo y cuando llegaba el verano siempre andaba de la antxoa al atún. También tenía Ander un hermoso batel, pintado de verde, con la vela al tercio y con el que pescaba en la bahía, llegando en su osadía hasta los cantiles de Erreka y Gaztelu. Era buen marino y la imagen del batel cabalgando sobre las olas de la barra, con el empuje de la vela henchida por el viento del noroeste, era más que habitual.

La relación con Ainhoa no sentó bien a Izarra, que no entendió  porqué Ander se inclinó por su hermana sin siquiera hablar apenas con ella. Y la situación se fue complicando con una mezcla de celos y amores fraternos.  Hablaban un día las dos hermanas sentadas en un banco, dentro del zaguán del caserío.

  • No sé qué le has visto al chico ese de Onyarbi –decía Izarra con un cierto desprecio- es más simple que el asa de un cubo.
  • Es simpático –contestaba lacónica Ainhoa con una mirada soñadora.
  • Tontorrón, eso es lo que es –proseguía Izarra para pincharla.
  • Y me hace reír –añadía la hermana
  • ¡A ti y a todas!, que también le he visto con la mayor de Petralanda diciéndole cositas –aseguraba Izarra intentando levantar suspicacias.
  • La verdad es que no se por qué no te gusta, al principio te parecía un chico muy interesante. Y no quiero hablar más de esto que me pongo de genio – le contestó Ainhoa  levantándose bruscamente.

Y como sucede cuando las situaciones no se aclaran en su momento,  aquella primera discusión sin resolver  terminó ahondándose y convirtiéndose en un abismo.

Las dos hermanas se fueron distanciando. Ya apenas salían juntas y Ainhoa no volvió a comentar nada de Ander.  Por su parte Izarra, envidiosa y llena de celos,  intentaba averiguar los pasos de su hermana para encontrarse con el pescador y siempre estaba al acecho de sus idas y venidas. De algunas cosas conseguía enterarse a través de varias de las amigas comunes que tenían.

Así supo, que en algunas ocasiones, Ander venía a ver a Ainhoa con su batel desde Hondarribia, acercándose a la bahía de Loya y permaneciendo con ella desde el atardecer hasta la noche. No había otra manera,  porque el puente fronterizo lo cerraban a las ocho de la noche  -a las nueve si era verano-  y ya hasta las seis de la mañana no se abría; además la vuelta, desde Larretxea hasta Hondarribi, era muy larga andando.

Menos distancia y tiempo había por mar, desde la bahía de Txingudi hasta Loya, aunque para acortar era preciso  sortear el arrecife de Erretas  por el interior, y llegar por un paso entre las rocas, estrecho y poco profundo, para  doblar enseguida  la peligrosa punta de Santa Ana.  Más fácil hubiera sido verse en la playa de Hendaia, pero la constante presencia de los guardas fronterizos, playa arriba, playa abajo, siempre era molesta. Para ayudarle  en la aproximación y la maniobra,  Ainhoa solía colocarse con un farol en la zona del acantilado que está sobre la bahía,  y de esta forma el hábil pescador  maniobraba seguro con su batel, de gran vela rojiza al tercio, y podía entrar en la bahía, hasta el fondo arenoso sin contratiempos.

En la imaginación de Izarra fue formándose un plan para suplantar a su hermana y poder hablar con Ander, ¡lo necesitaba!  Pero le hacía falta disponer de un farol y sobre todo saber cuándo tendría lugar el próximo encuentro de la pareja.  Andaba dándole vueltas a cómo enterarse y no conseguía encontrar la forma, hasta que de la manera más sencilla una mañana, cuando volvía de puerto Caneta de comprar algo de pescado, una vecina de Hondarribi, que tenía al hijo trabajando en Hendaya, se lo puso en bandeja.

  • ¡Ainhoa, Ainhoa!  -le gritó desde la calle de la iglesia- que me ha encargado Ander que te diga que salen con la txalupa  pasado mañana, a por atún, y que como estarán unos día fuera que esta noche donde siempre… ¡Tú sabrás lo que quiere decir chica! Me ha pedido que te lo dijera si te veía. A mediodía cuando llegue a casa le diré que te he dado el recado para que esté tranquilo.

Contenta por este inesperado golpe de suerte, que le brindaba la posibilidad de hacer lo que tanto tiempo llevaba pensando, se hizo con uno de los faroles que tenía su padre para pescar y esperó hasta que cayera la tarde. Sabía muy bien cómo llegar a la bahía, que distaba poco menos de un kilómetro del caserío; también sabía de la existencia de una pequeña cueva, al fondo, discreta y con el suelo tapizado de arena en la que jugaron mucho de pequeñas; seguro que era allí donde se reunían.

Recordaba bien la maniobra que tendría que hacer el pescador para llegar hasta la bahía y también cómo tenía que hacer para ayudarle a llegar. Infinidad de veces, cuando era pequeña, había ayudado, junto con su hermana a su madre, para que el tío Kepa, hermano de la ama, llegara con su barca hasta allí. Primero, cuando viera que la embarcación se aproximaba, y era fácil distinguirle por la vela rojiza, le alumbraría desde lo alto del acantilado que da sobre la playa de Hondarraitz, mirando hacia Hondarribia,  luego iría siguiendo su rumbo con el farol desde la punta para, al final, cuando ya embocara la bahía, bajar a la playa para alumbrarle desde abajo. Era fácil y conocía bien los sitios para ir haciéndolo.

Poco antes de que comenzara a atardecer, provista de su farol, salió del caserío y con paso vivo se dirigió a la parte alta del acantilado. Desde allí podría ver bien cuando el batel se aproximara. Al poco se apercibió de una vela que se acercaba, era de un batel verde que navegaba paralelo a la larga playa de Hondarraitz;  poco antes de iniciar la curva dio una bordada y se abrió lo suficiente para  dar respeto a sotavento. Iba recto a la Punta de Santa Ana, maniobrando con habilidad entre las rocas y  con la aparente intención de doblarla, sin duda era Ander.

 Estaba subiendo el viento y  aumentaba el ruido de las olas al romper contra el acantilado; con la marea subiendo, no era el mejor momento para estar por allí en una barquichuela, ni aunque fuera una singladura conocida. Con el farol encendido y la noche cayendo rápido,  la chica se orientó hacia la punta.  Ya estaba en la parte más alta del acantilado, casi en el borde. Al girarse para alumbrar al pescador vio una luz que subía por el camino; antes de poder reaccionar su hermana se le echó encima. De alguna forma se había enterado de la cita y de la presencia de Izarra.

  • ¿Qué haces aquí, bruja?- le espetó- menos mal que me lo han dicho…¿Dime, qué pensabas hacer? ¡Estás loca!

Izarra estaba enmudecida y no acertaba a decir nada. A duras penas pudo balbucir una excusa.

  • Venía a dar un paseo...

A los gritos siguieron los bofetones,  los tirones del pelo y la pelea. Enredadas y a golpes, con los faroles caídos y apagados en el suelo, las dos hermanas rodaban sin control alguno sobre la hierba, sin apercibirse de la cercanía del precipicio;  sin darse cuenta cayeron danto un terrible grito por el borde del acantilado. No fue el único, pues desde la mar y sobreponiéndose al ruido del viento y la marejada, otro terrible grito llegó hasta allí. Sin luz con la que guiarse y con olas y viento embravecidos, el batel acababa de irse contra las rocas.

Aquella noche, al fuerte temporal  del noroeste, siguió un gran terremoto en la zona y dos gigantescos peñascos en la Punta de Santa Ana se separaron de la costa. Los cuerpos de Izarra y Ainhoa nunca fueron encontrados y de Ander  tan solo hallaron los restos del batel en la playa de Loya.

Desde entonces los dos peñascos están separados para siempre y de cara al mar, esperando al amante que ya nunca podrán tener.

El viajero los contempló una vez más, con las olas intentando abatirlos. Pensativo se dio la vuelta y prosiguió su camino.

 

Eduardo Lizarraga

Hondarribia , marzo 2014

sábado, 29 de marzo de 2014

La vuelta del gacetillero


Los recientes acontecimientos sociales han puesto de manifiesto una vez más, hasta llegar a la evidencia más cruda, la brecha que se está abriendo entre los medios de comunicación y  sus antiguos lectores, causada por la distinta realidad social que contemplan y reflejan. Es el servilismo hacia el Gobierno  de estos medios tradicionales, es decir impresos, lo que les convierte en indignos y  les aleja de la verdad hasta hacerles caer en lo grotesco. Es en las manifestaciones populares de rechazo a la actual política social donde estos “medios de quiosco”, sobre todo nacionales,  obedecen el toque de rebato gubernamental y le intentan prestar un impagable servicio de mentira impresa, disfrazado apenas de falta de profesionalidad periodística.

Y es impagable no porque dejen de obtener  algo a cambio, que por supuesto que lo  obtienen, y basta enterarse  de  la dotación publicitaria que tendrán determinadas acciones gubernamentales este año para entenderlo.  Es impagable porque, a pesar del elevado presupuesto publicitario con que los medios se beneficiarán este 2014 electoral y propagandístico, el fiel de la balanza se descompensa por lo que ponen en su lado del platillo: pérdida de credibilidad entre la sociedad y abandono de las cabeceras por parte de sus seguidores.  La continuación del buen trabajo periodístico en otras áreas informativas menos trascendentales para el devenir político, como la deportiva o la cultural, por poner dos ejemplos, no basta para contrapesar el abrazo a la ideología del Gobierno  en  información sensible, incluida la internacional.

En esta rueda maléfica en la que entraron los medios de comunicación a finales de los 90, inmersos en un modelo de negocio tocado y hundido ahora por la difusión de internet, se han sucedido EREs con despidos masivos de los mejores profesionales, becarización del periodista, servilismo al poder, venta de la no información, más EREs, experiencias fallidas en la red, venta de activos,  cierres empresariales, cuchilladas traperas…Y es una rueda porque a menor profesión en la información, menos ventas en los quioscos; lo que parece no importarles mucho sino es por la trascendencia que tiene esta difusión  en las tarifas publicitarias. Por si fuera poca la situación de abatimiento general, no del periodismo, sino de los medios establecidos y su modelo económico,  llega una crisis general que barre el consumo y por lo tanto la publicidad;  a la misma se suma el auge de las redes sociales y el surgimiento en ellas de millones de comunicadores no profesionales.

Y  de esta forma los medios de comunicación entran de lleno en un torrente tumultuoso que lleva directo a la catarata. Y ya no se pueden salir del cauce establecido,  no hay manera de remar a la contra sin provocar el hundimiento inmediato.  Eligieron en su momento el modelo de obtención de ingresos publicitarios por encima de los ingresos por venta de copias, o tal vez no pudieron hacer nada por evitarlo ya que lo que llegaba por esa vía, en un principio como un “más a más”, se transformó en la parte mollar de los ingresos empresariales. Y  así se pasó del modelo  periodístico del siglo XVIII,  en que el gacetillero busca la información, la escribe, imprime y vende en la calle, obteniendo así su beneficio,  al imperio de Randolph Hearst, en el que los medios se convierten en armas políticas y económicas que pueden provocar guerras y hacer caer imperios; además de proporcionar inmensos beneficios. Los mercaderes de la información y la publicidad iban a vivir su siglo de oro.

A los medios de comunicación de todo el mundo les ha pillado con el pie cambiado la revolución que están suponiendo internet y las tecnologías a su servicio. En España, la década de los 80, con su locura autonómica, prometía un nuevo auge de los imperios de comunicación con la subida imparable de la publicidad y la multiplicación de canales de radio y televisión. Inversiones multimillonarias en la década de los 90, compras de editoriales, participación en canales televisivos, productoras, revistas, nuevos productos periodísticos…Parecía un futuro prometedor y las empresas periodísticas se convirtieron en grandes empresas que competían en sueldos para sus principales directivos con las mejores empresas del país.  La profesión también vivía un momento de auge con el “glamour” de las estrellas televisivas y  de los grandes iconos periodísticos. En consonancia, de las facultades de todo el país comenzaron a salir cantidades ingentes de profesionales que aspiraban a su pantalla, a su onda, a su página en los medios. Y claro está a desarrollar su trabajo bien pagado y a la fama si era posible.

A finales de aquella década llegó internet y para los medios podía suponer una verdadera revolución que no sabían muy bien cómo enfocar. ¡Internet es gratis! decían unos. ¡Hay que cobrar por los contenidos! decían otros. Y todos aspiraban a que fuera un nuevo modelo publicitario aunque no sabían muy bien cómo. Surgieron infinidad de nuevos proyectos, tanto informativos como empresariales y en todos ellos los contenidos eran importantes; había que dar algo que leer para llevar también la publicidad.  ¿O era al revés? Se decía, en aquella época de auge y locura, que el mejor proyecto era el que se escribía en la servilleta de papel de un bar.

Y llegó el pinchazo de la burbuja tecnológica. Fue en el 2002 y muchas de las grandes inversiones realizadas por  distintas empresas se cayeron como castillo de naipes. Los medios, que no habían terminado de ver claro cómo cobrar la publicidad en un medio aún poco desarrollado, se curaron las heridas sufridas y volvieron rápidamente la vista y las inversiones a su negocio tradicional, crucificando, de paso, a visionarios y gurús que tuvieron que irse a otros países menos viscerales.

Nos dimos un baño de realidad, se decía y lo malo del baño es que, como en el famoso dicho del gato escaldado,  los medios  dejaron de pensar en internet, le dieron la espalda y se volcaron en buscar el dinero donde siempre.  Y si malo fue el desmesurado entusiasmo inicial peor resultado ha dado el portazo a lo nuevo que venía.  Porque tanto ha venido que ha terminado por arrollarles y llevárselos por delante. Somos país de extremos y si en su momento Napoleón nos llevó a abominar del progreso y abrazar el absolutismo casposo y eclesiástico del siglo XIX español, el pinchazo de la burbuja tecnológica del 2002 colocó a los medios a los pies de los caballos.

Y así estamos en estos momentos, con unos medios mendicantes del dinero  público y dispuestos sus directivos a vender la profesión con tal de poder seguir manteniendo sus sueldos desmesurados.  No son periodistas, son masters MBA y por eso sólo ven el beneficio más inmediato, aunque a cambio sacrifiquen lo más precioso que tiene un periodista y por tanto el medio para el que trabaja que es la credibilidad.

No queda, en el futuro más cercano, sitio más que para dos medios, a los sumo, de tirada nacional en España. Y si hablo de medios hablo también de los radiofónicos y televisivos. Internet es enemigo para todos y el trasvase de publicidad y lectores, radioyentes o  televidentes es evidente.  Esto en cuanto a los medios nacionales, pero la situación afectará también a los medios más locales que aunque con menos gastos y ambiciones, también están sufriendo la caída de la inversión publicitaria y el auge de internet y las redes sociales.

La crisis económica que llevamos soportando desde el 2008 no ha hecho sino acelerar el proceso. A los EREs actuales van a seguir los cierres patronales y algunos van a afectar a puntales de la comunicación española. Y van a terminar un ciclo que comenzó cuando a alguien se le ocurrió poner un anuncio al pie de una noticia.

Los nuevos medios tecnológicos dotan a los periodistas de unas herramientas para realizar su trabajo imposibles de imaginar hace unos años.  La digitalización, las comunicaciones y las redes sociales permiten a un periodista poder subir su información con soporte audio y video en tiempo real y que sea accesible desde cualquier punto del globo. Millones de personas pueden contemplar, en directo y al instante, la información que suba a facebook o twitter –por mencionar las redes sociales de mayor difusión- un periodista desde cualquier lugar del mundo. Y lo peor para los medios es que ya no necesitan sus canales para poder llegar a éste público. Como el gacetillero de hace tres siglos el periodista de hoy puede llegar a su audiencia desde la esquina de su sala de estar o como mi amigo Miguel Angel Nieto, desde las escaleras del Mac Donalds de Maidan en Kiev. Sólo hace falta una tecnología, que es accesible ya a todos por precio y difusión,  y una cobertura de red que, en aquel caso, fue la del router del Mac Donalds, que se quedó encendido cuando el propietario cerró las puertas en medio de la revolución.

Yo creo que la crisis no es del periodista, que debe reciclarse siguiendo un camino que ya recorrieron antecesores como Blanco White, la crisis es de los medios, que han perdido su  credibilidad y modelo de negocio.  Para que el periodista pueda volver a la palestra necesita cuestiones implícitas como profesionalidad y credibilidad, pero también algo más; se trata de lo de siempre, del modelo económico para que este periodista pueda cobrar por el trabajo de informar a su público o al de otros, cercanos o lejanos.  Pero ya estamos en ello.

 

Eduardo Lizarraga

Manzanares el  Real Marzo de 2014

lunes, 24 de marzo de 2014

La noche ártica (Relato para mi hija en dos folios)


Las llamas bailaban sobre los troncos, que se consumían despacio, alumbrando a la vez las ramas bajas de los árboles.  La noche ártica era tranquila y aunque estaban por encima del paralelo 60, no hacía excesivo frío todavía. El gran perro, tumbado a poca distancia de la hoguera,  con uno de los hombres a su lado, tenía los ojos entornados y la respiración tranquila. Podría decirse que dormía. Pero sus orejas se movían de vez en cuando escuchando los ruidos del bosque.

Se estaba viendo así mismo hacía mucho tiempo. Era poco más que un cachorro y el fuego le daba miedo. De forma instintiva buscaba la protección de su madre, una gigantesca San Bernardo.  Los indios tatanas  la habían rescatado el verano anterior, de entre los restos de una almadía que había naufragado en el Yukón. Y como nunca habían visto un perro como aquel no se la comieron. La llevaron al poblado y allí nació su camada. El padre debía ser uno de los perros, casi lobos, que tenían los indios para tirar de sus trineos, tal vez fuera Inko, el macho dominante.

Como por retazos, su vida iba pasando ante sus ojos.  Al crecer y dejar de ser una bola de pelo con la que jugaban los niños de la aldea, que le pusieron Pekas por nombre, había pasado a manos de un extraño hombre blanco que le unció, junto a otros perros, a un trineo. ¡Cómo odiaba el restallar del látigo! Y aún podía escuchar las desagradables voces del hombre que les gritaba para que corrieran más. Todo terminó a los pocos meses, apenas iniciada la primavera,  con una grieta en el hielo del cauce del Porcupine; el río se tragó al hombre, al trineo y a todos sus compañeros del tiro. Y si pudo salvarse fue por el mal estado del arnés que no aguantó su fuerza y pudo romperlo a tirones.

Quedó sólo en el bosque. Con la única compañía de sus primos salvajes, los lobos, de los que aprendió a cazar. Y aprendió bien para poder comer. Llegaba el verano y había abundancia. Ágiles ardillas y sabrosos conejos al principio; algún caribú ya mayor que no podía seguir al resto de la manada al principio del otoño. Restos de un alce, muerto por la edad, en el bosque. Salmones en un río que desembocaba en un mar desconocido allá a lo lejos, al norte.… Luego llegó el invierno y ya todo se hizo más difícil. Con la aurora boreal llameando sobre la llanura de nieve,  sobrevivió con ratas almizcleras y pequeños depredadores que, como él, luchaban cada día por la vida.  Incluso los lobos lloraban por las noches a la luna, quejándose de hambre. La vuelta de los caribús y el correr de los riachuelos en la pradera, le dijeron que llegaba la primavera y otra vez la abundancia.

Una mañana, cuando roía sin mucho entusiasmo unos viejos huesos con algo de piel pegada,  un  olor conocido  le asaltó la nariz. Era humo. Olfateando en el aire pudo localizar el lugar desde donde venía. Luego escuchó sus voces y los sonidos le resultaron familiares. Eran hombres blancos; pero recordó también el látigo.

-          ¡Quedan menos de 100 millas Joe! decía una de las voces

-          Eso será si el mapa que tienes es correcto Shokum, le contestó otro hombre. Y su voz le gustó.

-          ¿Cómo no lo va a ser si lo hice yo mismo?

-          Pues porque te tiembla el pulso si no bebes y si lo haces es peor, contestó el de la voz agradable.

También olía a comida y el olor le despertó viejos recuerdos. Decidió arriesgarse. Fue acercándose poco a poco, casi arrastrándose por encima de la nieve.

Un disparo –sabía muy bien lo que era- le sorprendió y sintió una quemadura en el brazuelo derecho.

-          Mira Joe, un lobo allá arriba…creo que le he dado

-          Baja ese rifle ¡idiota! No ves que es un perro…

La quemadura le dolía y apenas podía moverse. Sintió pasos y se revolvió para defenderse.

-          ¡Pues claro que es un perro! –escuchó decir al de la voz agradable- ¡Y muy grande! No tiene nada de que ver con los perros de la región,  y parece que no le has matado.

Intentó levantarse gruñendo y sacando los dientes, pero con un quejido cayó sobre la nieve. Sintió como unos brazos fuertes lo levantaban y nada más. Cuando despertó estaba al lado del fuego, era de noche y le habían vendado la herida. Intentó levantarse pero no lo consiguió.

-           Mira Joe, el perro se ha despertado.

Joe, que era el de la voz agradable se acercó hasta donde estaba tumbado. No intento huir ni defenderse, había algo en aquel hombre que le gustaba. Con mucha calma acercó su mano y le acarició el lomo, metiendo sus dedos fuertes entre el pelo áspero mientras le susurraba. Le dejó hacer, se tranquilizó y con los ojos entornados fue durmiéndose.

Al día siguiente le acostaron en uno de los dos  trineos de carga que llevaban y salieron hacia el noroeste. Joe avanzaba a su lado mientras animaba a los perros del tiro.

Cuando a eso del mediodía hicieron un alto, Joe le dio de comer algo de pescado seco.

-          Creo que debías haberlo dejado atrás –decía Shokum- ya tenemos bastantes perros y además no creo que viva.

-          ¡Si que vivirá, es fuerte y no parece que sea de los que se rinden. En unos días llegaremos a la cabaña y seguro que se recuperará.

La choza de troncos de abeto, pues no era poco más que eso, se encontraba a la orilla de un riachuelo en el que habían encontrado el año pasado algunas pepitas de oro. No era la mítica Cabaña Perdida de las leyendas del Klondike, pero seguro que sacaban beneficio. Y volvían con equipo y provisiones para quedarse.

Pasaron los meses y los saquitos de piel con polvo de oro se amontonaban en el fondo de la cabaña. El corto verano boreal se acababa  y el invierno llegaría con virulencia en aquellas latitudes tan altas. Caería el crepúsculo y no volvería a aparecer hasta unos meses después. Ambos amigos decidieron pasar allí los grandes fríos y volver a Dawson cuando despuntara la primavera.

Tumbado junto al fuego, sentado sobre las patas traseras, tendidas las delanteras en el suelo, la cabeza erguida y parpadeantes los soñolientos ojos, fijos en las llamas, Pekas ,el gran perro,  escucha entre los ruidos del bosque la llamada de sus hermanos salvajes.  Están muy cerca, al otro lado del arroyo, y tan sólo la cálida mano de Joe, que reposa en su lomo, impide que vaya a reunirse con ellos. La noche ártica lo cubre todo.

Eduardo Lizarraga

Manazanares el Real , Febrero 2014


domingo, 23 de marzo de 2014

Veinte meses para hacer caja


A menos de veinte meses para que les quiten las llaves de la caja,  los cargos con mando en plaza del Partido Popular continúan liquidando el escaso patrimonio que le resta al pueblo español. Si  los de arriba comenzaron con la educación y siguieron con la sanidad, ayudando como quien no quiere la cosa a sus amigos banqueros de paso, ahora son los alcaldes populares de los pueblos, los que quieren hacer caja privatizando agua y servicios municipales o urbanizando entornos naturales. Y andan enloquecidos en la tarea.

Como plaga de langostas, que agotan los recursos por donde pasan, los munícipes populares siguen intentando hacer negocio con lo que tienen a su alcance. Y les da lo mismo lo que opine el pueblo que gobiernan –además lo dicen en su cara-, saben que la oportunidad no se va a volver a repetir y que para llenar el bolsillo les queda poco tiempo. La legitimidad de los votos obtenidos es más que dudosa a estas alturas del latrocinio.

Durante estos dos años de gobierno de Rajoy hemos asistido a un despiece controlado y planificado del estado de bienestar que España había alcanzado. Y es que con la escusa de la crisis, los neoliberales del partido popular, obedeciendo a sus amos,  que los tienen, han  llevado adelante sus planteamientos ideológicos para que la crisis la pague el pueblo,  y ricos, banqueros y grandes empresas vean los toros desde la barrera. El argumento es el de siempre, la creación de puestos de trabajo y evitar que los ricos se lleven sus empresas y dineros fuera. Y aunque parezca increíble a estas alturas del discurso el argumento sigue teniendo firmes seguidores.

Otra mentira más que añadir, a la inmensa lista con la que el PP ha regalado los oídos de los que le creyeron, desde  que llegaran Rajoy y su estrategia de mentira continuada. Los empleos que se crean son para esclavos mal pagados (Ver artículo publicado en este blog "Europa limita al sur con China") y si las empresas se quieren ir pues puerta abierta que seguro que otras vendrán a ocupar su lugar porque negocio lo hay. Inconcebibles las palabras de Sanchez Galán, presidente de Iberdrola diciendo que España no les interesa y que van a invertir en otros países. Todos debiéramos habernos dado de baja de su eléctrica y así no tenían que irse sino que les habíamos echado. Yo lo hice y me siento mejor…Holaluz me llamo ahora.

Pero siguiendo con el destrozo causado por el PP durante estos más de dos años y sin querer ser exhaustivo:  Reforma Laboral para convertirnos en esclavos,  Reforma Sanitaria para que paguemos la asistencia e intento de venta de hospitales en Madrid –modelo a seguir si les dejamos, - dinero “prestado” a los bancos que puede llegar a los 150.000 millones de euros  y que éstos no van a devolver, con unos intereses diarios de 105 millones que pagamos entre todos, Reforma de la Justicia para que ya no sea gratuita, Ley de seguridad Ciudadana para que no protestemos y nos puedan multar o penar si lo hacemos.  

Tomo aire y prosigo: han destruido la Ley de Dependencia, disminuido los salarios, congelado las pensiones, hemos llegado o superado –según cómo se realice el recuento- los 6 millones de parados,  insultan a las mujeres con una Ley del Aborto casi eclesiástica, siguen los desahucios a razón de más de 90.000 al año, nos han subido los impuestos como nunca, pero ni a las grandes empresas ni a los ricos, como siempre, han conseguido que nuestra mejor generación se tenga que exiliar.

 Otro poco más y lo dejo que me sale un sarpullido: mantienen una política de indultos indecente,  la corrupción de que nos enteramos es diaria, suben la luz y les dejan que nos sigan robando, permiten que los políticos –suyos y de los otros partidos, para que se callen- reciban favores de las grandes empresas, corrompen la Justicia metiendo sus manos en ella, incumplen su programa electoral hasta convertirlo en el programa de lo que no han hecho ni van a hacer, mantienen las prebendas a la Iglesia y le permiten que tome parte de las decisiones del Gobierno, se ríen del Estado laico encomendándose a vírgenes y santos para que obren milagros… Lo siento, no puedo con esta gente, su culto al negocio, al sobre y su olor a sacristía.

Y siendo grave la promulgación de leyes neoliberales tendentes a hacernos esclavos, siempre se pueden derogar y volver a legislaciones a anteriores a fuerza de votos. Por supuesto que tendrá un coste, económico y del otro, pero sólo voy a votar a quien me lo garantice y me de seguridad en  el cumplimiento de su palabra, aunque no se aún cómo.  Y claro está que será necesario estudiar los posibles delitos perpetrados en la realización de todo este cambio del estado constitucional de 1977, laico y democrático, a un estado eclesial, inculto, franquista  y de las JONS. Que ganar unas elecciones tampoco da permiso para todo…eso lo hicieron los nazis en el 33.

Está claro que tampoco hay que caer en el fundamentalismo y que tal vez algo de lo hecho  sea bueno y funcione bien, pero tendrá que querer mantenerlo el pueblo, que es soberano, al menos en la Constitución. Y para que ejerza esa soberanía habrá que darle los mecanismos adecuados y no sólo el votar  cada cuatro años programas electorales que no constituyen ningún compromiso y que se incumplen de forma sistemática. ¿Y por qué no es delito esa estafa?, porque tendríamos a todos los políticos en la cárcel.  Y cuando hablo de mecanismos hablo de consultas populares cuando haya decisiones que afecten al modelo de estado elegido; que convocar un referéndum en este país parece mentar la bicha. Y con ello no queremos quitar  valor a los representantes del pueblo español sino lo contrario, valorarlos en lo que valen y hacen.  La confianza del pueblo español en sus gobernantes debe ser evaluada en continuo y no cada cuatro años con procesos consultivos fraudulentos.

Distinta es la recuperación de todo lo vendido de forma graciosa a empresas y amigos. Hospitales, empresas municipales de agua, concesiones en parques nacionales, permisos de minería o de prospecciones diversas, servicios sanitarios, de catering, de limpieza, de seguridad, cambios de uso de suelo… Estamos viviendo una subasta pública “al mejor postor y que además sea de mi cuerda y me dé una comisión”. Y si el Canal de Isabel II sobrevive aún es porque la única oferta procedía de una empresa catalana ¡y hasta ahí podíamos llegar! Va a resultar complicado sino imposible recuperar todo este entramado empresarial vendido y cancelar concesiones a largo plazo sin millonarias indemnizaciones.

¿Y esto es conforme a Ley? ¿Puede un político o un partido gobernante, aunque tengan la mayoría, tomar decisiones que van más allá en el tiempo de su mandato electoral? ¿Por qué  hipotecan un futuro que no es suyo? Los votos conseguidos en las urnas, esos a los que recurren de continuo para justificar la legitimidad de sus decisiones  no van más allá de los cuatro años. El resto no les pertenece y por lo tanto no parece lógico  que puedan tomar decisiones sobre él.  Si es conforme a la Ley  que tenemos habrá que cambiarla.

Entiendo que no habrá ninguna empresa  que quiera comprar algo u obtener una concesión para sólo cuatro años.  Habrá que pactar que esas decisiones a más largo plazo deban tomarse por 2/3 de la cámara –es un ejemplo-  o por 2/3 de los partidos con representación parlamentaria y la decisión estará más acorde con lo que desea el pueblo, representado hoy y en el futuro.

Pero esta solución no interesa, las comisiones disminuyen, hay que repartirlas entre más y se pueden hacer públicas al común de los españoles. No lo van a hacer sino les obligamos.

Por eso hace falta que el pueblo español de un puñetazo encima de la mesa y exija que se cambie la Ley Electoral –principal fuente de problemas y corrupciones-, se implanten las listas abiertas, desaparezca el concepto de proporcionalidad actual basado en la Ley D’Hondt y se estudie otro que no favorezca a los partidos mayoritarios, se establezcan mecanismos de participación popular fuera de los procesos electorales –consultas, referéndums-, se impida a los partidos gobernantes tomar decisiones que vayan más allá de su legitimidad temporal, acabar con las donaciones...

Otros conceptos a tener en cuenta  son el cumplimiento de la Constitución y sus preceptos, por encima de conveniencias partidistas o intereses empresariales; que al PP se le llena la boca de Constitución para lo que le interesa,  pero NS/NC de los derechos constitucionales al trabajo, a la vivienda,  y  a la dignidad…Y España es un Estado laico, sin Vírgenes condecoradas ni santos milagrosos para resolver el paro o la pobreza. Y no hay sitio en el Gobierno para quien no entienda esto. Lo vamos a conseguir, ¡Juntos podemos!

 

Eduardo Lizarraga

Manzanares el  Real , marzo 2104

 

domingo, 23 de febrero de 2014

¡Ay por Dios, que me vuelvo a Santa Pola!


Queda algo menos de veintiún meses para que el Partido Popular se vea en el trance de enfrentarse de nuevo a las urnas, en unas elecciones generales. Que parece ser están aún lejos para preocuparse demasiado. Pero con las urnas el PP se va a tener que ir viendo durante estos dos próximos años. Primero serán las elecciones europeas, luego llegarán las municipales y autonómicas y posteriormente, como colofón las generales.  Las elecciones vascas, catalanas y gallegas, si no ocurre nada extraordinario, quedarán fuera de las convocatorias de estos dos próximos años.  Y aún aparentando tranquilidad, comienzan ya las señales de desconcierto  entre los próceres  y beneficiarios del partido gobernante.

Y en esta carrera que se avecina, todos los partidos desean concurrir con el terreno preparado y con sus mejores marcas electorales a punto. Y este deseable objetivo  se está poniendo muy cuesta arriba para el PP, que si contaba con tener una legislatura tradicional, es decir, los dos primeros años para romper los cacharros de la legislatura anterior,  y barriendo los trozos tener otros dos años para volver a encandilar al electorado, se ha equivocado del todo. Y por si fuera poco el destrozo causado, que ha dejado lleno de cristales el calvario electoral, los casos de corrupción le salen como hongos en otoño. Y ya no son sólo Bárcenas , la Gurtel o Noos,  que también, sino que en todos los lugares le aparecen bolsos de Loewe, o viajes, o botellas  de vino, o más cuentas en Suiza, que de todo hay. Y cuando no hay corrupción por babor le aparece un tonto/tonta a estribor  como la de Calasparra, o alguno de NNGG soltando exabruptos y queriendo destacar.

El conjunto de agraviados ha ido creciendo de forma exponencial durante estos dos años de Gobierno de Rajoy. Y entre los millones de damnificados por este gobierno, que ha ido a recortar a los más débiles,  salvando los intereses de la iglesia, los bancos, los ricos y las grandes empresas, se encuentran  muchos de los que le dieron la victoria electoral en el 2011, integrantes de ese centro, que desde nuestro inicio democrático da  las mayorías absolutas al que se hace con él.

En estos momentos sufrimos el segundo aniversario de la reforma laboral, que ha dejado atrás más de seis millones de parados y un rosario de derechos perdidos por los trabajadores, aunque ganados por los empresarios y  que no está llevando a nada en lo laboral, aunque sí a la senda de los beneficios empresariales. Sueldos en descenso, contratos por horas, indemnizaciones a la baja o  inexistentes. Y todo ello trufado con cierres y ERES como Coca Cola, PanRico, Fagor, Roca…

El rescate de la banca se ha visto aderezado con las informaciones de las astronómicas indemnizaciones y pensiones,  que los directivos se adjudicaban a costa de  bancos y cajas ya intervenidos. Rato y Blesa llevaron a Caja Madrid al desastre, y a los contribuyentes a tener que pagar sus desmanes. Y mientras estos sinvergüenzas siguen viviendo a lo grande, centenares de miles de españoles se ven desahuciados de sus casas,  sin que el Gobierno apoye medidas para que la banca no siga poniendo a españoles en la calle.

Para qué hablar de la privatización de la Sanidad, iniciada en Madrid y parada en seco por los tribunales de justicia. Privatización que persigue encontrar grandes posibilidades y beneficios a empresas  cercanas a la órbita del PP a costa de la saludo de todos los españoles. Lamela y Güemes, consejeros de Sanidad de esperanza Aguirre, tendrán que comparecer  ante la Justicia, porque se sospecha de posibles delitos en esa privatización. Y suma así otros cuantos centenares de miles o millones de afectados.

Y el año ha empezado mal, muy mal para las perspectivas electorales del Partido Popular. La Ley del aborto no sólo vuelve a afectar a otros cuantos millones de personas, sino que causa convulsiones en el interior del propio partido. Esta concesión, a la Iglesia y al ala más religiosa del PP, choca con una realidad de país que no quiere volver atrás. Y vuelve a restar votos.

Las recientes declaraciones de  Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, han  mostrado de forma clara lo que a esa empresa  les importa España, los españoles y el propio partido que tanto ha hecho por sus intereses. Después de saquear durante más de una década el bolsillo de todos nosotros, de conseguir llevar adelante sus intereses empresariales obteniendo los mayores ratios de beneficios de Europa, con sueldo desconocidos en otros países, deciden que la regulación de las tarifas con las que asaltan nuestros hogares no es de su agrado. Le hacen una pedorreta al Gobierno y al país y dicen, más o menos, que somos unos casposos y no les interesamos. Pues váyanse con viento fresco señores, con el de los generadores eólicos que tan poco les interesan. Seguro que viene otro a ocupar su lugar y ya intentaremos que no robe tanto. Y con la tarifa eléctrica por las nubes, y millones de españoles pasando frío con la pobreza energética instalada en sus hogares,  otros cientos de miles de votos que se van.

A lo que parece pudiera ser que tan sólo los fundamentalistas del partido, esos que votarán al PP aunque les quiten casa, trabajo y vida, seguirán dándole sus votos.  Los votantes del ala dura los podríamos llamar. Pero con esos únicos apoyos el PP volverá a la oposición, perderá algunas  comunidades autónomas, que ganó con engaños, y  muchos ayuntamientos , y tendrá que repartir los escasos puestos obtenidos en las urnas  entre una gran cantidad de personajes sedientos de poder, sueldos y prebendas. Personajes que pertenecen a todas las regiones ideológicas  del partido, la aznarista,  la marianista, la valenciana…y  que tan sólo se encuentran a gusto si disponen de coche oficial. Situación que la actual potencia electoral del partido ha permitido con creces, pero que no se va a repetir en la próxima etapa, que ya comienza.  La tarta se la van a repartir entre más partidos y podría haber muchos puestos bien retribuidos en los que la gaviota se viera desplazada.

Ante esta situación, que se ve venir, los representantes del ala dura y aznarista, que saben que los votos residuales que no se van a ir son suyos, no parecen muy de acuerdo, ni con lo que puede suceder  ni con el reparto  de los coches oficiales, y no quieren quedarse sin nada. Y comienzan a agitarse.

El sector marianista se encuentra en una lucha de intereses muy complicada. Si quiere conservar el voto centrista, que es el que le dio el poder, debe aflojar sus medidas neoconservadoras  e intentar recuperar votos. Que el pregonar de día y de noche que los números van bien no va a dar resultado hasta que el español medio vea el dinero en su cartera y sus hijos alimentados y calientes.  Así, debería olvidarse de la Ley del Aborto, tal y como está planteada, mejorar la de Seguridad Ciudadana,  sin que parezca lo que es, una Ley Mordaza, no dar más vueltas de tuerca a la Reforma Laboral, como le están pidiendo los empresarios, no ceder a los intereses de las eléctricas con su política de tarifas, comenzar a proceder contra los casos de corrupción que le salpican, controlar la calle sin hacer uso de la fuerza…mostrar una cara más amable y cercana al pueblo que le votó.  Sin olvidarse de algún golpe de efecto como el de penalizar las grandes fortunas. Pero va a ser que no, que no lo va a hacer. Tan sólo va a seguir su procedimiento actual, sobreactuando, eso sí, en sus posiciones anticatalanas y  antiterrorista que tan buenos resultados le han dado siempre.  Al PP no le interesa que haya un proceso de paz que no termine con la absoluta rendición y “pase por las armas” de los terroristas de ETA. Dando el placer de la venganza a sus seguidores. Sabe que esa situación es muy difícil que se produzca y pretende no perder votos por ese flanco, que es el más barato, casi gratis. Los platos rotos los pagamos en el País Vasco y allí gobierna el PNV…

Pero esta “posibilidad blanda y centrista”, salvo con Cataluña, el País Vasco y el problema etarra, que le permitiría recuperar algunos votos perdidos, perjudica y molesta a sus socios electorales, Iglesia,  Banca, Empresarios, que aún quieren sacar más partido a la victoria que obtuvieron en el 2011 -quién sabe cuáles fueron los pactos que hicieron-…y también al ala dura del partido, que percibe que una vuelta al centrismo puede dejar un espacio electoral a la derecha que alguien puede intentar ocupar. Y aunque todavía nadie se ha pronunciado en este sentido, la opción existe y ese alguien podría postularse en los próximos meses. Hay espacio, hay votos y sin duda recursos económicos, falta tan sólo la persona que aglutine los votos y  barones para esa persona, que existen y conocemos. La hegemonía del Partido Popular, como único partido parlamentario en la derecha es un fenómeno español inexistente en el resto de Europa. Y pudiera ser que no durara mucho más, que poco antes o después de las próximas elecciones, apareciera un partido que amparara a esa extrema derecha pujante en Europa y algo desdibujada en España.

Difícil papelón el de Mariano, sobre todo si se tiene en cuenta su costumbre de esconder la cabeza en el hoyo y esperar a que escampe. ¿Continúa apretando la economía  al pueblo español, incluidos sus votantes? ¿Disminuye la presión y busca obtener recursos entre los que son sus apoyos financieros e ideológicos?  Iberdrola ha dado un portazo, los jueces están poniendo en apuros a la banca con los desahucios y las preferentes, los casos de corrupción abundan tanto como las cuentas en Suiza entre sus acólitos, Aznar le hace burletas y su mujer es una inútil que perderá el Ayuntamiento de Madrid, Vidal Cuadras le reta desde Europa, Esperanza se le pone dura, Bárcenas sigue amenazando, Granados quiere que le dejen tranquilo con su pasta, a la Cifuentes le encuentran un dinero inexplicable, la Gürtel cada día se complica más,  la Infanta no sabe no contesta… ¡Socooooorro, yo soy el registrador de Santa Pola!

 

Eduardo Lizarraga

Manzanares el Real,  Febrero de 2014

sábado, 18 de enero de 2014

Eólo y la señorita Acosta (Relato en dos folios)


Agazapado tras la esquina, tan sólo unos pequeños remolinos en el polvo de la calle denotaban su presencia.  Aquel sitio, junto con el callejón que daba al mercado, era uno de sus habituales puntos de observación y espera. Miraba con atención un portal que tenía al otro lado de la calle. Un portal amplio y antiguo, de una casa grande, con dos plantas y azotea, que se notaba un tanto desfasada en aquel entorno de edificios más modernos del paseo de los Olmos. Un leve movimiento tras los visillos de la planta alta le puso en alerta. Una cara larga y arrugada se destacó en el marco de la ventana, miraba con detenimiento la calle y enseguida se retiró de la vista.

Al poco rato se abrió la puerta que daba a la acera y una mujer menuda, vestida un tanto a la antigua, con un traje malva y  un gran sombrero a juego,  sobre su larga melena rubia, salió a la calle. Dejó que se confiara, que avanzara unos cuantos metros, que atravesara la primera calle por el paso cebra y entonces se lanzó hacia ella. Sin duda alguna le oyó llegar, unos agudos silbidos a los que seguía una polvareda delataron su presencia. Pero daba igual, mucho tendría que correr la señorita Acosta si quería evitarle, porque en aquel tramo de calle no había ningún comercio en el que refugiarse.  Cogiéndola por detrás le subió un poco la falda, pero antes que pudiera llevárselo la mujer había protegido el sombrero con su mano derecha y farfullando denuestos, mientras sus crenchas rubias volaban de un lado a otro,  avanzó dando saltitos para protegerse dentro del mercado, Allí estaría a salvo.

-          ¡Maldito viento! –masculló la señorita- y  eso que parecía que el tiempo estaba calmado.

-          ¡Maldita sea, qué rápida ha sido! -dijo el viento para sus adentros, mientras salía volando entre las copas de los árboles- hoy tampoco me llevo el sombrero.

Muchos años duraba aquella pugna entre la señorita Acosta y el viento. En concreto desde aquella soleada mañana de mayo en que la señorita se quedó para siempre en eso, en señorita.  Con todo el festejo dispuesto en el antiguo jardín de la casa, las sillas con los invitados, el cura con su altar en el templete, adornado con flores blancas y colgaduras,  el cóctel servido sobre amplias mesas a un costado, bajo la arboleda, el servicio vestido de negro, con pulcritud, atento y esperando, los padres, los familiares, los amigos…la novia rubia, radiante…estaba todo esperando a un novio que ni llegó, ni se volvería a saber nada más de él.

Y  la espera se hacía cada vez más tensa, los murmullos crecían y los traseros de muchos de aquellos invitados se removían inquietos en sus asientos,  mientras el estómago les hacía gorgoritos por el hambre y la vista del festín que les esperaba. Y entonces, sin avisar, sin que se le esperase, con mucho sigilo y si mover ni una hoja antes, hizo su aparición. Del primer soplido se llevo las colgaduras del templete y el ramo que la  temblorosa novia sujetaba entre las manos. Y antes de que pudieran protegerlos se hizo con alguno de los sombreros de las invitadas que, amplios y vaporosos, volaban con maestría. Su amiga la lluvia llegó de su mano. Fue la desbandada. Ni los platos llenos, ni las botellas fresquitas a la sombra pudieron contenerlos. Empujados por las señoras, que no veían el momento de ponerse a comentar lo sucedido, todos los asistentes desaparecieron en pocos minutos.  Quedó tan sólo la familia y la señorita Acosta que, llorosa y avergonzada,  corrió a casa, a refugiarse de aquel viento traicionero que parecía querer burlarse también de ella.

Desde entonces su animadversión fue creciendo con los años, en paralelo con la amargura del carácter de la mujer.  A Eolo le hacían gracia los reniegos y denuestos de la señorita Acosta y para obtenerlos se ocupaba en molestarla todo lo posible. Si tendía en la azotea se encargaba de llevar polvo hasta la ropa tendida;  si salía del mercado se dedicaba a enredarle los dorados bucles que eran uno de los orgullos de la solterona. Se entretenía en golpear  las contraventanas y en meter el humo que salía de la chimenea, por el tiro hacia las habitaciones; si encontraba la puerta del portal abierta metía dentro hojas o papeles, rompía cristales de las ventanas de la fachada  e incluso se llevó, en un invierno que estaba fuerte,  la antena de la televisión y más de una docena de tejas.

Tampoco la dejaba tranquila por la noche, cuando dentro de casa cosía o escuchaba música en el anticuado tocadiscos. Aullaba por los agujeros de las chimeneas, gemía contra las paredes y emitía todo tipo de silbidos desde las alturas. Parecía querer decirle que no la olvidaba.

-          ¡Aquí estoy!  siseaba

-          Te espero para cuando salgas –añadía.

La señorita Acosta se fue quedando sola, con el viento como única compañía. Primero fueron sus padres, ya ancianos, los que la dejaron y luego la vieja criada que la cuidaba desde niña. No hubo manera de poder sustituirla. Y es que la señorita tenía su carácter y muchas rarezas.

Desfilaron multitud de candidatas por la casa del paseo de los Olmos. Unas duraron más y otras menos; alguna hubo que se fue a las pocas horas de entrar. Y es que el servicio allí no era nada fácil. Conforme la fámula de turno iba limpiando, detrás marchaba la señorita Acosta, como perro perdiguero siguiendo un rastro. Había polvo aquí o por allí, motas que su exagerada visión convertía en manchurrones, desorden bíblico en la cocina…y para qué hablar de la ropa.

-          Tiéndala de las puntas –ordenaba la señorita

-          ¡Que se eterniza en la azotea! gritaba, si la veía demasiado tiempo tendida

-          ¡Dóblela como Dios manda! Y nadie sabía muy bien cuál era ese mandato

De la plancha no se puede hablar, porque ninguna consiguió llegar hasta ese  momento crucial de las labores domésticas. El caso es que entre unas cosas y otras,  Acosta quedo sola y así siguió durante muchos años. Espiando por las mañanas desde la ventana, por si aparecía el viento traicionero que le recordaba el nefasto día de su boda.

Con la llegada del invierno el viento se fortalecía y la señorita salía lo menos posible. Una mañana en la que el sol calentaba de forma tenue el paseo y después de mirar y remirar desde la ventana, por si veía algo moverse que demostrara la presencia del  viejo enemigo, Acosta se decidió a salir. Parecía no haber peligro. Un complicado sombrero gris destacaba  sobre sus rubios cabellos y un elegante paraguas malva –era el color favorito de la señorita- parecía poder defenderla de lo que pudiera acontecer.

Estaba esperándola.  Llevaba unos días aguardando ese momento, su momento. Antes de que se diera cuenta, antes de que llegara siquiera al paso cebra, la alcanzó de pleno. De un fuerte manotazo le arrebató el sombrero que voló por encima de la carretera. Y para regocijo de propios y extraños, que los había por el paseo, pegada al sombrero, cogida con unos largos alfileres, iba la larga cabellera rubia de la señorita Acosta, que paralizada en la acera contemplaba cómo el viento se llevaba su último orgullo.

 

 

Eduardo Lizarraga

Enero de 2014 Manzanares el  Real