miércoles, 19 de octubre de 2016

Sabadell se lanza a competir con las agencias inmobiliarias




Con el mismo sentimiento que tiene el que pone un circo y le crecen los enanos, deben andar los agentes inmobiliarios después de enterarse que el Banco de Sabadell ha decidido lanzarse a la palestra de la intermediación inmobiliaria y hacerles la competencia. Y es que el banco que preside Josep Oliu, tras observar que el mercado inmobiliario está mejorando y que abundan las operaciones entre particulares, ha anunciado que ofrecerá sus servicios no sólo a los particulares que quieran comprar sus viviendas, sino también venderlas. Y para ello va a reestructurar su red comercial en todo el territorio nacional. Lo dicho, lo de los enanos.

Sabadell no sólo quiere sacar partido a su amplia cartera inmobiliaria, heredada en gran parte  de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, sino que va a ampliar su negocio con los pisos de otros particulares que confíen en sus servicios inmobiliarios. Y la base va a ser Solvia, la plataforma inmobiliaria que no quiso sacar a bolsa ni compartir con otros accionistas, como hicieron Santander con Altamira o el Popular con Aliseda.

La estrategia de Sabadell pasa por convertir a Solvia en un franquiciador y crear una red de franquiciados en todo el territorio nacional, comenzando por las zonas de mayor demanda inmobiliaria; sean o no Apis,  tengan o no experiencia en inmobiliaria. Deberán disponer, eso sí, de dinero para la franquicia y de un perfil de joven emprendedor.

El modelo a seguir puede resultar parecido al desarrollado por otras redes de franquicias inmobiliarias como Best House, Look& Find o Redpiso. Incluso el banco piensa en disponer de una red de  oficinas propias Solvia, desde las que competir en el mercado inmobiliario. De momento tiene ya dos abiertas, una en Alicante y otra en Sevilla, pero pretende terminar el año con 12 oficinas propias a las que se sumarán 24 franquiciadas.  

El negocio parece redondo, me cuelo en el sector, dispongo de cartera a buen precio, tengo la llave de las hipotecas, vendo seguros y cobro por franquiciar…   pero puede resultar una pesadilla para muchos profesionales ya establecidos que no contaban con esta competencia. Otra cosa es que resulte ético ejercer, con todas las bazas en la mano, en una verdadera posición abusiva.

Que el modelo lo seguirá el resto de las entidades financieras parece algo obvio, sobre todo si la percepción generalizada es que detrás del crecimiento del sector hay dinero y negocio.  El modelo que pueden aportar a los franquiciados, tanto Solvia como el resto de bancos si entran en el negocio, es el de una oficina inmobiliaria de alta gama, con acceso no sólo a la cartera de Solvia, sino también a la de Sareb y a los particulares que vendan o compren en su área de influencia. Pero además dispondrán de la posibilidad de contar con potentes herramientas de gestión, inversión publicitaria, tanto en medios como digital, compartida con la entidad, acceso privilegiado  a los servicios financieros del banco, a los seguros…

Sucedió antes de la crisis financiera, con la apertura de miles de agencias inmobiliarias, franquiciadas o no, con profesionales experimentado o no. No se sabe ciencia cierta cuántas agencias inmobiliarias llegó a haber en España antes de la crisis…¿50.000, 60.000, tal vez 70.000? Hablando, claro está, de negocios con puerta, ventanas y dirección conocida, porque francotiradores los hubo a decenas de miles.

 A todos ellos les afectó la crisis; unos sobrevivieron con profesionalidad y fe, otros cerraron, otros se sumergieron hasta que llegaran tiempos mejores…se calcula que las oficinas inmobiliarias se redujeron a una cuarta parte dejando a miles de personas sin empleo y sin posibilidad de seguir en el sector. En ciudades medianas como Santander, Gijón o Tarragona la escabechina se llevó por delante las siete octavas partes de sus efectivos.

Pero a partir del 2014, siete años después del estallido de la burbuja, comenzó la recuperación. Y los más osados, visionarios o necesitados, emprendedores todos, se lanzaron de nuevo a montar su negocio de intermediación inmobiliaria. Muchos de ellos bajo el paraguas de un sector franquiciador, que se frotaba las manos por la vuelta del negocio.

Una gran parte de los que están llegando de nuevo al sector inmobiliario, al albur de la recuperación, no quieren ya, como en la anterior ocasión, hacer dinero fácil. Son personas con cierta preparación y edad, que se han quedado desgajadas del mercado laboral por la profunda crisis que vivimos. Con algo de capital y mucha ilusión y necesidad a partes iguales, buscan su oportunidad para volver a ser personas útiles. Algunos lobos solitarios confiarán sólo en su capacidad y otros se pondrán al amparo de alguna de las franquicias que tanto abundan.

Pero entra un nuevo actor en el mercado  a competir y después de Sabadell,  los bancos se lanzarán de cabeza al negocio de la intermediación inmobiliaria y lo harán aprovechándose no sólo de sus particulares facilidades, sino también de la falta de regulación que padece este sector, excesivamente liberalizado, con mucho intrusismo y sin la fuerza corporativa que un colegio profesional obligatorio o una implantada organización de las empresas del sector debiera aportar.

Para qué hablar de la necesaria regulación del sector bancario en todas las actividades que tengan que ver con el sector inmobiliario. Sus tejemenejes financieros nos costaron un rescate que pagamos entre todos y lo seguiremos haciendo durante años. Pero ellos y sus actividades son intocables para los políticos que padecemos.


Eduardo Lizarraga/Periodista

http://eduardolizarragad.blogspot.com.es/

jueves, 13 de octubre de 2016

La vivienda nueva está perdiendo la batalla de la juventud






La recuperación del sector inmobiliario que, poco a poco, va ganando posiciones perdidas, no está alcanzando ni a todas las regiones ni tampoco a la construcción y venta de vivienda nueva. Es sobre todo la construcción residencial, el verdadero  motor económico, el que está mostrando mayor debilidad.

La preocupación está presente en los promotores y constructores del país, que analizan la situación e intentan encontrar soluciones. Y es que la crisis y las soluciones adoptadas para su salida, supusieron y suponen unas cargas muy difíciles de superar.

De esta forma encontramos que el sector de la construcción y su peso en la creación de nuevas empresas, experimentó un descenso de casi cinco puntos durante el periodo comprendido entre 2011 y 2015. En concreto descendió desde el 16,1% registrado en 2011, al 11,8% de 2015. En total, durante el ejercicio pasado, la cifra de empresas de construcción de nueva creación alcanzó la cifra de 11.290. Lidera la clasificación Barcelona, seguida de Madrid y Málaga. Son las zonas costeras donde más está tirando el sector, con ocho provincias situadas entre las diez primeras.

Pero a pesar de los datos de crecimiento, las cifras de operaciones de compraventas inmobiliarias son muy claras y es que a pesar de la franca mejoría del mercado inmobiliario, el segmento de la vivienda nueva no sólo no mejora sino que mes a mes decrecen sus operaciones en favor de la segunda mano. Y aunque pueda parecer de locos sus precios suben muy por encima de la media. Para intentar mejorar las compraventas, los promotores deben  no sólo contener sus precios, sino buscar  clientela nueva,  y la única existente está entre los jóvenes. Pero la situación laboral de este segmento de la población y los sueldos que perciben, les alejan cada vez más de la posibilidad de acceder al mercado de la vivienda como compradores de obra nueva, que es lo que siempre fueron.

Incorporar a este segmento de la población es el reto al que se enfrentas los promotores y les va en ello la mejoría de sus números y la supervivencia de una parte importante de las empresas y los puestos de trabajo que generan.

La consecución de éste objetivo no va a ser tarea fácil, ni para los promotores ni para los sufridos padres. El último informe del 'Observatorio de la emancipación' del Consejo de la Juventud de España, con datos de 2015, identifica por primera vez una caída en la tasa de la emancipación de los españoles en la franja de edad entre los 30 y los 34 años. Esta tasa bajó del 74,7%, en 2014, a un 73,2%, en 2015. Ese descenso, aunque no parezca muy pronunciado, supone 182.794 treintañeros independizados menos en un año y es muestra de cambio de tendencia. Ya no son únicamente los jóvenes de entre 16 y 29 años los que retrasan su salida del nido. Pero además, con la crisis económica, laboral y de salarios surge un nuevo fenómeno, la "generación boomerang", que son los jóvenes que se independizaron pero  regresan al hogar.

Entre los factores que explican la baja y cada vez más tardía emancipación española, el Consejo destaca con preeminencia la precariedad laboral de la juventud. Pese a la mejora de los datos del empleo en términos globales del último año, el juvenil sigue marcado por una excesiva temporalidad y unos salarios exiguos.  La mayoría de los jóvenes no llegan a mileuristas, que era lo que se consideraba precario en la precrisis. Hemos dado un paso hacia atrás y los sueldos no llegan a 900 euros, con la mayoría de los jóvenes instalados en el salario mínimo de 655 euros al mes.  Si a ello le añadimos que la vivienda nueva se encarece mes a mes, vemos de forma clara la imposibilidad de que muchos jóvenes se emparejen y se emancipen para formar un hogar. Esta situación tiene un efecto demoledor en la pirámide demográfica ya que se tienen menos hijos y más tarde. Las pensiones y su sostenibilidad sufrirán las consecuencias en un futuro muy cercano.

La Sociedad de Tasación tiene muy clara la situación y especifica que  las familias españolas necesitan de media 7,5 años de sueldo para comprar una vivienda. Por supuesto la situación difiere si adquirimos la vivienda en una u otra comunidad autónoma. La vivienda es más asequible en Murcia, La Rioja, Aragón y Castilla-La Mancha y se torna misión imposible en cinco comunidades: Baleares, Madrid, Cantabria, Catalunya y País Vasco.

Para finales de éste año se preveía alcanzar  –si la situación de emancipación de la juventud española no hubiera evolucionado en negativo-  el equilibrio nacional entre oferta y demanda neta de vivienda.  Pero a partir de ese momento, en una situación algo más estabilizada, la demanda será insuficiente para disolver todo el excedente almacenado en un tiempo razonable, ya que las condiciones demográficas a la baja, creación de nuevos hogares en descenso, empleo aún precario y esfuerzo financiero en aumento, no pronostican una mayor fuerza de la demanda en el mercado.

España está perdiendo población. La natalidad está entre las más bajas de Europa, los inmigrantes marcharon y lo siguen haciendo, a sus lugares de origen, machacados por un país que no les ofrece empleo. Nuestros jóvenes se van por la misma razón. Y menos población necesita menos vivienda. Las expectativas laborales y de salarios, en un país que ha perdido gran parte de su industria, no son buenas. Este oscuro futuro condiciona también el crédito que no está por volver a asumir riesgos. Por  demografía España perderá medio millón de personas hasta el 2021, por las otras variables es menos predecible y tendrá mucho que ver con la situación económica y con el fortalecimiento del mercado laboral.

Durante el periodo 2011-2015 el número total de hogares creados entre los menores de 40 años, a consecuencia, casi siempre,  de la imposibilidad de emanciparse,  apenas ha superado los 1,35 millones, mientras que los que van a desaparecer en los grupos de mayores de 75 años suman una cifra próxima a los 850.000. En el grupo intermedio de adultos se produce un decrecimiento de cerca de 65.000 hogares. El saldo neto equivalente al crecimiento del número de hogares durante los cinco años será de 450.000, es decir unos 90.000 al año.

Para el segundo quinquenio de la década, la previsión del crecimiento total de hogares será notablemente inferior, situándose en el entorno de los 260.000, aunque las últimas previsiones dan una cifra menor.  Y esto se producirá porque desciende la creación de hogares en los segmentos en edad de emancipación (1,23 millones) y se incrementan los de desaparición forzosa entre las edades avanzadas (900.000).

Con estos datos puede afirmarse que en España se crearán una media de unos 275.000 hogares al año hasta 2016, si bien desaparecerán también anualmente unos 185.000. Después, hasta 2021, el flujo medio anual de hogares creados estará en el entorno de los 246.000 con una cantidad media de desapariciones de 195.000. El incremento medio anual de hogares, por lo tanto, será respectivamente de 90.000 y algo más de 50.000.

 La cada vez más tardía emancipación de los jóvenes españoles y su incidencia en el mercado de la vivienda es una variable que se contemplaba poco en las estadísticas,  pero está ya comenzando a ser un problema de difícil solución. Incorporar a esta generación damnificada por la crisis es necesario y corresponde al Gobierno poner los medios suficientes para lograrlo. Sus beneficios se extenderán al resto de la economía y no únicamente a la venta de viviendas nuevas, como ya se comprobó en la anterior fase expansiva de la construcción. El problema es que las soluciones  a este problema ni se están poniendo ni se las espera; más bien todo lo contrario.



Eduardo Lizarraga – Periodista-

miércoles, 5 de octubre de 2016

Los consumidores pagan los abusos



Durante estos últimos años los consumidores españoles hemos asistido, entre atónitos e indignados, a los abusos y asaltos sufridos por multitud de grandes empresas. Bancos y entidades financieras, compañías energéticas, empresas de telecomunicaciones, y multinacionales automovilísticas, entre las más habituales, han tomado al asalto nuestra economía sangrándonos siempre que han podido, mintiéndonos y estafándonos a la menor oportunidad . Y lo que es peor, sin grandes consecuencias ni en multas ni en desprestigio. Son actuaciones que cuentan con algún denominador común, timos casi siempre de escaso importe, pero que afectan a cientos de miles, cuando no millones de consumidores y con las administraciones mostrando una pasividad ante ellas, que raya en la prevaricación.
La última conocida, aunque no la más grave, es la multa “y marcha atrás” con que la Junta de Andalucía ha sancionado a Endesa, por aplicar a 350.000 usuarios tarifas ilegales por el alquiler de sus contadores de luz. La Junta acordó el pasado 13 de septiembre sancionar a Endesa Distribución con 400.000 euros y el comiso de 1,39 millones de beneficio ilícito y es que la compañía ha venido cobrando tarifas más elevadas como si tuviera activada la telegestión de los nuevos contadores inteligentes, cuando eso no era cierto. Ahora la Junta da marcha atrás y dice que no puede obligar a la eléctrica a devolver el dinero cobrado ilegalmente. ¿Quién lo va a hacer? ¿Nos arriesgamos a dejar de pagarle hasta que nos devuelva el dinero?…seguro que nos cortan la luz con todo el peso de la Ley.
Por supuesto que Endesa no es la única eléctrica que está cometiendo esta estafa sistemática y multitudinaria, sino que el resto de grandes distribuidoras hacen lo mismo, como si se hubieran puesto de acuerdo en el timo. Y al compás actúan tanto el resto de las autoridades autónómicas de protección al consumidor, como el propio Ministerio de Industria, con absoluta pasividad ante el fraude masivo. Todo ello a pesar de que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ya ha advertido de la ilegalidad de esta actuación.
Otro de los sectores más denunciados por los consumidores españoles es el de las telecomunicaciones, con unas empresas que vulneran una y otra vez los derechos de los consumidores no recibiendo más que multas ridículas, cuando las reciben, que compensan de sobras los fraudes que cometen. La más denunciada es Movistar, que ha subido de forma reiterada sus tarifas de “Movistar Fusión” a pesar de que se contrataron bajo la publicidad de “para toda la vida”…. Ahora dicen en Movistar que tan sólo era un mensaje comercial. Y este abuso de la teleoperadora está en los tribunales, pero no es la administración la que ha denunciado a Movistar, sino FACUA-Consumidores en Acción, una asociación privada de consumidores, que está asumiendo el papel que debieran ejercer las distintas administraciones, tanto autonómicas –tienen competencias para ello- como la central en el sujeto del Ministerio de Industria.
Ministerio éste que también ha optado por el papel de “desaparecido” en la crisis de Volkswagen, siendo adelantado en las denuncias interpuestas contra la multinacional del automóvil por algunas comunidades autónomas, asociaciones de consumidores, como OCU y la ya mencionada Facua, y múltiples demandas individuales. De forma paralela el juez Ismael Moreno, titular del Juzgado Central de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional, avanza con una investigación a Volkswagen que cuenta de plazo hasta junio de 2017. El último movimiento de la Fiscalía ha sido la petición, a las autoridades estadounidenses, de información para detectar el software usado con el que trucaron los niveles de emisiones.
Las entidades financieras son las más denunciadas por los consumidores españoles, que se ven afectados por sus múltiples manejos y triquiñuelas con las que sacar un dinero que el euríbor y la situación financiera mundial les escatiman. Se comenzó con el escándalo de las preferentes, le siguió la cláusula suelo y los swap, ahora es el índice IRPH el denunciado. Por el camino, las múltiples comisiones que por tener nuestro dinero o entrar en sus establecimientos pretenden cobrarnos.
En el fondo de toda esta situación de desprotección del consumidor frente a los intereses de las grandes y poderosas multinacionales, subyace la dejación de las distintas administraciones por defender los derechos de los más débiles. Y se extiende la sensación de que no somos más que las presas fáciles en el coto de caza que para estas empresas es España, habiéndose convertido los guardeses de la finca en hábiles monteros que ponen la presa en el punto de mira de la escopeta del señorito.
La cuestión importante radica en saber si es una dejación estudiada y son por tanto decisiones políticas, o sencillamente se debe a la estulticia y falta de preparación de las áreas de protección al consumidor e industria, de estas administraciones que padecemos. Y los dos casos son terribles. El primero porque las decisiones políticas suelen tener alguna contrapartida y el segundo porque conociendo la sobrada capacidad de los funcionarios, relegados a niveles de subdirección, no podemos más que dejar la culpabilidad en manos de sus más inmediatos jefes, cargos políticos todos… y entonces volvemos a la primera derivada: padecemos muchos políticos incapaces y algunos vendidos. Aún me estoy riendo con la publicación de los currículos de algunos de los preclaros socialistas andaluces que han descabezado al PSOE… da vergüenza que puedan optar a algo que no sea llevar las cajas con las urnas hasta los colegios electorales.
En el camino de estos meros ejemplos, de lo que una organización de consumidores ha denominado “la timocracia”, se quedan actuaciones ilustres de algunas preclaras empresas españolas… El Corte Inglés y otras grandes superficies con sus ventas a pérdidas, la protección de los productores españoles que hace Mercadona adquiriendo gran parte de los productos de sus lineales a industrias foráneas, las empresas municipales/privadas del agua subiendo sus tarifas…
Y éste verano han vuelto a reaparecer en las iras de los consumidores las teleoperadoras, que se han lanzado a cobrar cantidades desorbitadas por los megas consumidos de más sin que medie ningún contrato que confirme la compra. Esa ha sido la postura de Orange que te remitía un SMS -¿alguien los mira ya? para decirte que habías consumido todos los megas de agosto y que a partir de ese momento te los facturaba a tropomil. La actuación de Movistar, más sibilina, te oculta que cuando compras unos megas este verano, para remediar el adsl que te dejaste en casa, te los va a seguir facturando mes a mes hasta que le digas basta. Asegura que la adquisición es para siempre y no para esos quince días en la playa, en que te quedaste más colgado que una paraguaya sin el face ni el guasa ni nada de nada.
Estos últimos años han sido y todavía lo son, una fiesta para estas grandes empresas en la que todos los gastos y beneficios han ido a costa de los consumidores y sus derechos. Y en este sentido hemos retrocedido mucho. Hay que volver la vista atrás, hacia una sociedad más respetuosa con los derechos de todos y menos complaciente con las apetencias de los que abusan y estafan. Y es nuestra clase política la que tiene la capacidad y el deber de actuar. Todos lo necesitamos.
Eduardo Lizarraga
www.aquimicasa.net

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La banca acecha nuestro dinero




El IRPH Entidades o Índice de Referencia de Préstamos Hipotecarios es el segundo índice de referencia, tras el euríbor, más utilizado en nuestro país y afecta a casi 1.300.000 hipotecas. Y es también el nuevo problema al que se enfrenta nuestro sistema bancario. Porque éste índice, sustituto de las hipotecas referenciadas a euríbor a doce meses, ha cerrado agosto a 1.957% frente al -0,048% al que ha cerrado el euríbor.  Y el usuario, sufridor de este abuso bancario, no está de acuerdo y miles de ellos se han unido para plantear demandas colectivas a los bancos que aplican éste índice.  La primera entidad en desfilar por la pasarela del abuso es CaixaBank, a la que seguirán Catalunya Caixa y Banco Sabadell. Se enfrentan a tener que devolver los intereses cobrados de más…casi nada.

Hay que tener en cuenta que en 2013 el Estado se vio obligado a derogar el antiguo IRPH y reformar el método de cálculo, rebautizando la novedad con el nombre de IRPH Entidades. Y se vio obligado por una resolución de las autoridades europeas –si hubiera sido por nuestro Gobierno seguiríamos igual- que consideraba abusivo el índice de referencia por opaco en su composición y facilidad de ser manipulado. El sucesor parece que no ha mejorado la situación sino que tan sólo ha dilatado en el tiempo su resolución.

Y es que llovía sobre mojado por la manipulación de los índices hipotecarios. Tanto la UE como Estados Unidos han tenido que actuar y multar a grandes bancos por la manipulación del euríborEn el caso de Estados Unidos la multa principal, 2.175 millones de euros, ha recaído sobre el Deutsche Bank. Por su parte, la Comisión Europea ha multado con más de 1.710 millones de euros a 8 grandes bancos internacionales entre los que se encuentran JP Morgan,  otra vez Deutsche Bank, Societé Générale y Citigroup. Todos ellos se coordinaron para modificar los precios de derivados financieros y manipular el líbor y el euríbor.

Este del IRPH es uno más de los escándalos y abusos a los que ya nos tiene acostumbrados la banca que padecemos. Se comenzó con las preferentes, se siguió con la cláusula suelo, intentaron cobrar peaje a todo el que traspasara las puertas de cualquier sucursal para realizar un pago por trasferencia–aquí el Banco de España estuvo al quite y les dijo que era cobrar doble- se lucraron con el amaño del euríbor por parte de otros bancos y ahora continúan insistiendo con el IRPH. Todo ello, una banca que ha sido rescatada con más de 120.000 millones de euros de dinero público. Cantidad que en su mayoría no podrá ser recuperada y que pagaremos desde los Presupuestos Generales del Estado, para que la banca continúe con sus triquiñuelas y picardías en pos de nuestros dineros.

En España,  las entidades bancarias ofrecieron acciones preferentes a inversores particulares,  muchas veces personas mayores e inexpertas en cuestiones económicas y accionariales. Las entidades financieras daban a entender que se trataban de renta fija cuando no lo son.  Es decir, no cumplía el primer requisito que buscaba este tipo de inversores: la seguridad. También incumplían otra de las demandas requeridas:  la posibilidad de rescatar el dinero invertido.  Por ello muchos expertos han considerado esta venta como una estafa encubierta, perpetrada por las entidades financieras en un momento en que necesitaban fortalecer su cuenta de resultados.  Pero también necesitaban liquidez  los ciudadanos que confiaron en ellos.

Con la cláusula suelo, esa que impide que nuestra cuota hipotecaria siga los pasos del euríbor en su descenso, la Justicia no se está atreviendo a actuar, peligra –dicen- la estabilidad del sistema financiero. De ese sistema apuntalado con un rescate bancario que requirió previamente de un cambio urgente en la Constitución. De la misma que es intocable para otras cuestiones. Así lo afirmaron desde el Tribunal Supremo de España, que consideró la cláusula como abusiva, pero que las cantidades percibidas no se podían cobrar con efecto retroactivo. Y en la misma tónica están las declaraciones de Paolo Mengozzi,  abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que asegura que  los bancos españoles no deben devolver los miles de millones de euros a los clientes a los que cobró intereses abusivos por la aplicación de la cláusula suelo. Justifica Mengozzí su afirmación con el riesgo que eso supondría para el sistema bancario.

Y la cantidad que habría que devolver a los usuarios afectados no es baladí ya que podría tener un impacto en sus balances de entre 5.000 y 7.000 millones de euros, de los que tan sólo una pequeña parte esta provisionada. Las entidades más afectadas por la devolución del dinero, generado con esta práctica abusiva, serían Banco Popular, CaixaBank, Bankia y BBVA. Todos ellos de entre los más florido y culpable de nuestro sistema bancario.

De ese sistema bancario que necesitó de una reforma de la Constitución Española para que se le pudiera rescatar con dinero público. La reforma constitucional española modificó el artículo 135 de la Constitución estableciendo en el texto resultante el concepto de estabilidad presupuestaria y que el pago de la deuda pública fuese lo primero a pagar en los Presupuestos Generales frente a cualquier otro gasto del Estado. A partir de aquí llegaron los recortes legales y la asunción por parte de todos los españoles de los dislates inmobiliarios producidos por el sistema financiero español, sobre todo por las Cajas de Ahorro, los años anteriores. Unas Cajas de Ahorro dirigidas por los partidos políticos a su antojo y necesidad. Tal vez el caso más flagrante fue el de Caja Madrid/Bankia dirigida por el entorno del PP desde más de dos décadas antes.

Toda esta serie continuada de estafas, consumadas o en grado de tentativa, contra usuarios y clientes, amparadas en una legislación que en muchas ocasiones ha sido dictada por ellos mismos, pone de manifiesto una vez más que el sistema financiero necesita de intensas reformas y de un mayor control. Y mejor no hablamos del Banco de España que es un instrumento más a su alcance. Baste recordar las declaraciones de Fernández Ordoñez sobre el sistema bancario español, diciendo que “tenemos 150 bancos, casi 50 cajas de ahorro y 85 cooperativas de crédito y no hay ningún problema”…tres años después llegó el gran rescate.

Y mientras este control llega…si es que lo hace,  habrá que tener cuidado cuando traspasemos el umbral de una entidad bancaria, porque su propósito no es ayudarnos a resolver nuestros problemas financieros, como hasta ahora pensábamos, sino intentar aligerarnos todo lo posible el bolsillo en su propio beneficio. Y la forma de hacerlo no importa, que si hay problemas ya hay abogados y políticos en nómina para resolverlos.

Eduardo Lizarraga/ WWW.AQUIMICASA.NET

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La estabilidad en los precios marca el mercado



Los datos del mes de agosto vuelven a confirmar la realidad del mercado español de la vivienda en 2016. Un mercado que crece en ventas y se estabiliza en los precios del inmobiliario. Y sufre altibajos, como el experimentado este mes de agosto, en que el residencial ha experimentado una bajada media del 0,5% en sus precios.

Por supuesto que no todo el mercado se mueve al unísono, como ya estamos observando desde hace meses. La costa mediterránea, en casi todas sus zonas, y las islas Baleares y Canarias, experimentan un crecimiento en tasa interanual, mientras que en las capitales y grandes ciudades junto con las áreas metropolitanas y los municipios más pequeños, los valores medios en los precios de venta han sido inferiores a los marcados hace un año. De esta forma la caída media con respecto a los precios alcanzados en su momento álgido, finales del 2007, se sitúa en un 42,1%.

Estos son los datos reflejados por el índice de precios Tinsa Imie General y Grandes Mercados, que  se calcula a partir de las tasaciones realizadas por la compañía a viviendas terminadas y recoge cada mes la variación interanual del valor de una vivienda y su nivel respecto al año 2001, al que se otorga el valor 1000.

Y la realidad que nos confirma mes a mes la estadística, con todo lo inexacta que puede ser esta ciencia para lugares puntuales, es que el mercado residencial de nuestro país está inmerso en un proceso de estabilización. Y que desde otoño del 2014 el nivel del precio medio –no el precio medio del metro cuadrado- se mueve con ligeros incrementos y decrementos en una escala situada entre los 1.320 y los 1.340 puntos.

Por supuesto que existen tres zonas en las que no sólo las ventas crecen, sino también los precios. La costa mediterránea, ha incrementado su precio medio un 4,1% entre enero y agosto y un 2,8% han subido los precios en Baleares y Canarias. Y son los incrementos de estas áreas los que han propiciado el incremento general de precios de un 0,2% durante los ochos primeros meses del año que, en caso contrario, hubiera quedado en negativo. Tal y como ha quedado la comparativa entre este mes de agosto y el del pasado 2105, que quedó un 0,5% por encima del 2016.

Y es que a pesar de todas las expectativas y datos más o menos interesados y sesgados, los precios no suben, al menos los precios finales, porque a la hora de poner precio a la vivienda, está comenzando de nuevo un conato de locura colectiva, basado en estos datos aireados en muchos medios, por los que el vendedor se piensa llegados de nuevos los antiguos tiempos y pone precios fuera de mercado. Los pies en la tierra vuelven en cuanto el vendedor se enfrenta a la realidad del comprador. Porque este comprador le está pidiendo descuentos que oscilan entre el 20 y el 22% del precio solicitado.

Y también la realidad nos alcanza cuando comprobamos de nuevo la situación del precio medio, que desde los máximos del 2007 alcanzó en agosto un 42,1% de caída media.  Inferior a este descomunal descenso de precios encontramos Baleares y Canarias con una caída acumulada del 30,7%. Las áreas metropolitanas sustituyen a la costa mediterránea en su posición de mayor ajuste durante la crisis, con una caída del 46,5%  frente al 46% de la costa mediterránea.

La realidad que estamos viendo mes a mes no hace sino confirmar un futuro de incrementos de precios débiles, ligados de alguna manera al incremento del IPC. Por poner un ejemplo, el IPC del mes de agosto fue de un -0,6% y la caída en los precios de la vivienda, dejando aparte las áreas específicas mencionadas, fue de un -0,5%. Como esperamos un 2% máximo en la subida del IPC de éste año, podemos pronosticar un aumento anual en el precio medio  de la vivienda no superior al 2%, haciendo otra vez las salvedades pertinentes.

Varias son las razones para que estemos inmersos en ésta situación de debilidad de los precios. Un exceso de oferta, sobre todo en vivienda de segunda mano, una demanda, que aunque ha aumentado exponencialmente en este último año, aún está lejos de las más de 600.000 viviendas vendidas en 2007, y unas aún más estrictas condiciones bancarias para la concesión de hipotecas que las de antes de la crisis, aunque han mejorado mucho en los últimos veinte meses.

 Pero también es importante considerar el descenso que los salarios han experimentado en estos años de penuria económica y que para el mismo puesto pueden llegar a superar el 50% en contratos nuevos y un 20% en los contratos de los que han mantenido su puesto de trabajo. La precariedad y la movilidad laboral también están entre las razones que impulsan esta debilidad en los precios del inmobiliario español, por lo que tienen de inseguridad ante el futuro.

Y mientras los precios no tiren con decisión hacia arriba va a ser difícil que la vivienda nueva, que continúa siendo la cenicienta de esta historia, pueda irse haciendo con un hueco en el mercado. La mayor flexibilidad del propietario de la vivienda de segunda mano a la hora de negociar el precio de venta y la gran diferencia de precio entre las viviendas nuevas y las usadas, hace que a pesar del aumento en la petición de certificaciones de obra, que ha alcanzado este mes de mayo un incremento del 79,5% sobre mayo del 2015, la venta de vivienda nueva siga deprimida y con escasas perspectivas en el plazo medio.

La realidad es que es muy difícil volver a incrementos de precios que nos acerquen a los “años dorados” de la especulación inmobiliaria; y posiblemente no sea bueno intentarlo, porque ahora estamos pagando sus consecuencias. Debemos arreglar primero las consecuencias que la crisis económica ha tenido para las clases medias y bajas de éste país; crear puestos de trabajo con salarios que garanticen la vida digna de los trabajadores, acabar con la especulación y el fraude que roban nuestro futuro y considerar que la vivienda es un derecho de todos los españoles. Y actuar en consecuencia.


Eduardo Lizarraga
Periodista económico
WWW.AQUIMICASA.NET


martes, 30 de agosto de 2016

Endika Seisdedos



Era el sabor de la sangre lo primero que me venía a la mente cuando recordaba aquellos aciagos días. Me había despertado oprimido, con el peso de un guerrero germano encima. Su sangre y la mía mezcladas nos empapaba a los dos, chorreaba desde mi frente por un amplio corte abierto y llenaba mi boca. Pero él había llevado la peor parte. La punta de mi gladio asomaba por su espalda y las trenzas rubias que adornaban su cabellera se veían sucias por la sangre que debía haber salido de un profundo tajo en su cabeza.

Estábamos en una profunda grieta del suelo, a la que debimos caer en lo más duro del combate. Y aquello me salvó la vida, por dos veces. Porque estoy casi seguro que mi gladio se lo clavó cuando llegamos al suelo y porque me ocultó de la vista de sus compañeros.

La luz era incierta, no sé si de amanecer o de anochecer y me llegaba desde la apertura que había justo encima de mí. No me extrañaba nada estar tan dolorido, la caída había sido de unos dos o tres metros ¡y con aquel gigantón encima!

No se oía nada y decidí intentar ver lo que sucedía. Con esfuerzo conseguí liberarme del muerto y su rigidez me indicó que ya llevábamos allí bastantes horas.

-       ¡Torkas, Torkas! Los gritos llamándome despejaron mis recuerdos y me hicieron volver a la realidad. Era Nemevo, uno de los hombre de la tercera centuria
-       ¡Te llama el centurión, que vayas rápido a la tienda del tribuno!

En la tienda del tribuno estaba Julio César, al que luego conocieron como Germánico, sobrino de Tiberio, nuestro emperador. Además de Julio César y nuestro centurión Antonino, estaban otro de nuestra legión, del que no conocía el nombre y algunos hastati, princeps y varios tribunos. Discutían sobre el mejor camino a seguir  Fue Antonino quien me presentó.

-       Es Torkas, uno de los supervivientes de la XIX legión, de los que pudieron salvarse con Casio Querea y atravesar el Rin; era decurión en la tercera cohorte.

El sobrino del augusto Tiberio me miró fijamente; no era la misma mirada que me habían dirigido casi todos desde mí vuelta al imperio hacía ya seis años. Unas miradas que pretendían avergonzarme por estar aún vivo, cuando casi todos mis compañeros habían muerto. Unas miradas que habían terminado por hundirme en una vida miserable y de la que tan sólo deseaba que los dioses me libraran. Y lo hicieron, aunque no de la forma en que quería, sino en la visita de Antonino. Querían que les acompañara y les ayudara a encontrar el sitio exacto del desastre de Varo. Era una expedición contra los queruscos para recuperar las águilas perdidas y hacer sentir el peso de Roma al otro lado del Rin.

La mirada de Julio César era penetrante, dominante y curiosa, pero se distinguía también una mezcla de respeto, como si conociera todo lo sucedido en aquel lejano otoño, seis años atrás. Como si supiera de la sangre y desesperación de los más de 30.000 hombres y mujeres que fueron salvajemente asesinados aquellos días. Como si pudiera hurgar en mi interior y conocer mis más profundos deseos.



-       ¡Decurión –me dijo- acabas de recuperar tu antigüedad y tu grado. Te incorporas a la centuria de Antonino y serás responsable de dos escuadras de batidores. Deberás indicarnos el camino que recorrieron las tres legiones de Publio Quintilio Varo tras pasar el Rin y ser aniquiladas en la selva de Teotoburgo.

Aquella noche otra vez no pude dormir y si lo hice no me di ni cuenta. Los recuerdos se entremezclaban con los sueños y no podría decir cuáles eran mejores o peores. Llevaba ya mucho tiempo así. El rostro de Endika Seisdedos, mi compañero en la cohorte desde hacía años y que quedó allí, en el bosque, se me apareció repetidas veces, parecía enfadado, como siempre. Tal vez me perseguía por no haber ido a buscarle. Tal vez quería que le encontrara y enterrara sus restos. No conocía sus dioses familiares y por eso no pude ofrendarles sacrificios para aplacarlos.

Habíamos cruzado el Rin al comienzo del verano con tres legiones, la XVII, la XVIII y la XIX y no hubo nada que resaltar hasta que con la vista puesta en el otoño llegó la vuelta y también la trampa en forma de levantamiento de alguna tribu,  un poco al interior. Y Varo cayó en ella y todos con él.

El día 9 de septiembre, con una fuerte tormenta de truenos y aguaceros, nos internamos en  aquel bosque sin fin. Endika iba rezongando, veía ojos en los árboles y le llegaban ruidos de lo lejos. Era para preocuparse porque su instinto no había fallado nunca, ya en el Danubio nos había salvado varias veces de emboscadas de los sármatas y de la caballería parta en Siria. Nos contaba que desde chico percibía esas cosas y que cuando su padre le llevaba a cazar por los montes de Vasconia sabía dónde estaban los jabalíes y los capturaba a mano entre los matorrales. Y no era de extrañar, porque entre su tamaño –que nos sacaba una cabeza a todos y a algunos dos- y que sus manos de seis dedos eran como palas, lo de coger los jabalíes “al vuelo” parecía cosa fácil.

El camino que seguíamos, al pie de una sucesión de colinas,  bordeaba un inmenso pantano. Avanzábamos empapados y sombríos por los malos augurios de los truenos y relámpagos. En un momento dado árboles cortados nos bloquearon el paso y de entre el bosque nos llegó una lluvia de dardos a la que siguió un salvaje ataque de los germanos, que tras hacernos bastante daño se retiraron. La misma táctica siguieron durante el resto del día y no fue hasta que conseguimos montar un campamento, poco antes del anochecer, cuando pudimos reorganizarnos y contar las bajas. Era una zona más despejada y allí los germanos no se atrevieron a atacarnos.

Con el amanecer volvimos a emprender el camino e internarnos en el bosque. Volvieron los ataques de los germanos cada vez más envalentonados al ver que no podíamos hacerles frente. La caballería de Numonio Vala huyó para salvarse…nunca más se supo de ellos. Y nosotros seguimos resistiendo y muriendo espalda con espalda. Fue un día más sangriento que el anterior.



Con los carros de bagajes volvimos a montar un campamento para pasar la noche. Corría el rumor de que Varo y algunos generales se habían suicidado para no caer vivos en manos de los germanos. Sentado a mi lado y comiendo algo que había podido encontrar entre los carros de abastecimiento,  Endika estaba muy pesimista y aseguraba que mañana acabaría todo.

 -     Tal vez fuera mejor intentar darnos el dos antes de que acaben con todos nosotros y buscar                   alguna oportunidad que aquí no tendremos. Es cuestión de dejar el sol a nuestra espalda cuando           salga y  dejarnos caer a la siniestra todo lo que podamos hasta alcanzar el río, tres o cuatro                   jornadas. Cuando sea de día atacarán el campamento y no podremos aguantar mucho.

No nos dieron tiempo a tomar ninguna decisión y con los primeros rayos del sol asaltaban nuestras débiles defensas. Casi en desbandada seguimos el camino,  luchando ya por separado o en grupos pequeños. Perdí de vista a Endika y a otros compañeros de la centuria en la refriega y al poco me vi enfrentado en combate singular con el germano que, sin querer, me salvó la vida.

Salí del agujero con la caída de la noche,  los gritos y el olor a carne quemada llegaban desde todas partes. Fui deslizándome entre los matorrales y evitando las luces de las hogueras alrededor de las cuales los germanos festejaban su victoria con las vidas y cuerpos de mis compañeros. Alejándome hacia el sur encontré a un grupo de legionarios mandados por un joven centurión que intentaban huir de la masacre. No éramos los únicos  Varios grupos de las destruidas legiones se abrían camino escondiéndose de día y avanzando por la noche. El objetivo de todos era llegar al limes del Rin. Nadie pudo decirme nada de Endika, el gran Seisdedos. Y su recuerdo me acompañaría en los seis años pasados desde entonces.

Hacía ya cuatro jornadas que habíamos atravesado el limes del Rin hacia el norte y tenía tan fresco el recuerdo del paisaje que recorríamos, que parecía ayer cuando había marchado por allí con mis compañeros muertos. Sus caras y sus voces caminaban a mi lado mientras nos adentrábamos en el bosque maldito.

Bordeando el pantano fuimos encontrando las primeras huellas del desastre; los árboles derribados fueron la señal más clara. A su alrededor comenzamos a ver los restos de las legiones; blanqueaban los huesos entre las hojas secas, armas rotas, estructuras de carretas quemadas y miembros de caballos y cuerpos humanos  clavados en troncos de árboles. En algunos claros del bosque encontramos bárbaros altares con restos humanos quemados o cuarteados; los restos de ropas demostraban que habían elegido a tribunos y centuriones para sus barbaries.



Julio César ordenó dar sepultura a todos aquellos restos y muchos fueron los que se ofrecieron como voluntarios al tener parientes o amigos entre los componentes de las legiones masacradas.



Durante los siguientes días recorrimos el camino de sangre y muerte que habíamos seguido seis años antes. Cavando tumbas y recogiendo restos de insignias y uniformes, buscando pistas sobre las perdidas águilas imperiales, entrando a sangre y fuego en todas las aldeas cercanas en las que había despojos del desastre. Y fue al tercero de ellos, cuando clavado en un corpulento roble, encontré lo que quedaba de Endika, de Endika Seisdedos. Con los brazos en cruz y sostenido por lanzas que le clavaban al árbol, su tamaño y sobre todo los seis dedos de cada una de sus manos decían muy a las claras a quién perteneció aquella osamenta. Y habían dedicado tiempo a su muerte. Seguro que no les debió resultar nada fácil capturarlo vivo y muchos de ellos debieron pagar caro el intento.

Enterré los restos de Endika al pie del árbol que le sirvió de cruz. Junto a sus gigantescas caligae y un gladio inservible que encontré cerca.  Para respetar sus creencias orienté su tumba con la cabeza hacia oriente y los pies hacia occidente y la cubrí con unas ramas de fresno. La “lizarra”, como él la llamaba, era su árbol totémico y siempre que podía abrazaba sus troncos, decía que daban vida. Estará contento allá donde se encuentre.

Julio César prosiguió su búsqueda de las águilas, arrasando aldeas y llenando los bosques de postes con crucificados. Y tanto se empeñó en la tarea que terminaron trayéndole dos de ellas; la de la XVII y la de la XIX; aseguraban que la tercera nunca la encontraron y es cierto que entre los legionarios supervivientes se decía que uno de los centuriones, para evitar que la capturaran, se había hundido con ella en el pantano. También se ofreció una recompensa por Arminio, el traidor caudillo de los queruscos,  causante de la debácle, pero nadie lo consiguió encontrar y no fue hasta unos años después, cuando se consiguió derrotarlo en Idistaviso, en las riberas del río Wesser.



Volví a Roma aprovechando el reemplazo de una de las cohortes, ya no tenía nada que hacer allí. Endika me sonreía en los sueños y yo ya podía dormir.

Eduardo Lizarraga

Hondarribia Agosto 2016

viernes, 26 de agosto de 2016

Fardos de ilusiones rotas




Con la noche ya casi cerrada, un suave silbido atravesó el tupido macizo de argoma con nitidez. Era la señal. Hacía un buen rato que protegidos de miradas indiscretas, del frío y de la humedad, dormitábamos en una pequeña borda hecha con helechos, que de lejos podía parecer una vieja meta desmantelada. Salimos con cuidado de no pincharnos. Entre las sombras estaba Joxean, el mugalari.

-          ¡Venga, venga, que tenemos el tiempo justo! -nos apresuró para de seguido ponerse en marcha ¡Goazen!

Joxean, natural de la cercana Oyarzun, era uno de los mugalaris más experimentados de la zona. Ya se dedicaba al “negocio” con su padre,  antes de la guerra, llevando ganado de un lado a otro de la muga. Mulas viejas que sólo servían ya para carne, pasaban a Iparralde, y ganado joven y robusto, de trabajo, entraba en Hegoalde; vacas de esas de leche, blancas y negras, también traían. Luego, con la guerra en Europa, formó parte de la red que ocultaba y pasaba a aviadores derribados o miembros de comandos aliados,  hurtándolos de las garras de los nazis y sus amigos franquistas.

Fueron tiempos duros y peligrosos, en los que los tiroteos de alemanes y Guardia Civil menudeaban y a menudo se saldaban con víctimas silenciadas y sin nombre. Lo que siguió, con el maquis filtrándose por todos los Pirineos, tampoco fue mejor y los contrabandistas no tuvieron sus mejores momentos.

Éramos seis los que le seguíamos como podíamos. A pesar de su edad, Joxean tenía aún piernas fuertes y conocía cada piedra de las trochas y torrenteras por las que nos llevaba. A veces paraba para escuchar con atención y enseguida proseguía. Íbamos hacia Sara a recoger la mercancía que ya tendrían preparada. Pasaríamos al otro lado dejado Bera a nuestra izquierda y volveríamos antes del amanecer para atravesar la muga por Endarlaza. Noviembre es con mucho el mejor mes para nuestras andanzas; no hace aún frío y las noches ya son largas y protectoras.

Los días anteriores había llovido mucho y las errekas que llegan al Bidasoa aún bajaban con violencia. Por eso tuvimos que arriesgarnos y pasar el río, con la ropa sobre los hombros, por un vado que tenía poco fondo y que a veces estaba vigilado. Pero lo hicimos sin novedad. Veríamos a la vuelta…

Al poco de pasar la muga, comenzó a caer un sirimiri fino y persistente que empapaba nuestras txapelas con sus gotas menudas. Bajábamos a través de un bosque de hayas ya desnudas y la hojarasca lo cubría todo. La noche era tranquila, con la luna queriendo mostrarse de vez en cuando entre las nubes. Si  la lluvia proseguía, la vuelta sería segura. Ni carabineros ni Guardia Civil salen a mojarse, sino tienen motivos concretos.

Nuestro grupo era bastante heterogéneo. De edades y necesidades varias. Desde los que vivían sólo de esto y que lo necesitaban para alimentar a su familia, al caso de Kepa y mío propio, que lo hacíamos por el afán de aventura y por poder tener un dinero extra con el que poder salir al baile con las chicas o regalar algún capricho a la novia. Creo que en mi caso la excitación de la aventura era los primero, y aunque también me estaba ya gastando alegremente el dinero que sacaría del “pase”, aquello me divertía.

Llegamos a casa de Erru, en Sara, poco antes del amanecer. Allí recogeríamos mercancía de precio y de la que obtendríamos un buen beneficio. Nylon, jabones, componentes eléctricos, ropa interior,  pantalones vaqueros americanos. Todo para un comerciante de Donosti con el que ya teníamos hechos buenos viajes. A mí me había introducido en el negocio un conocido de Onddarbi, arrantzale de oficio y contrabandista de ocasión, que se dedicaba a pasar mercancía con su txipironera, trayendo rodamientos, duralex, piezas de coches importados…todo lo que pesaba demasiado para andar con ello a cuestas por los montes. Aquello le dejaba buen dinero y hasta había conseguido llevar a sus hijos a estudiar a Bilbao.

Había otros tipos de tráfico por la muga, algunos más lucrativos, otros más honorables, algunos repugnantes y todos, sin excepción, más peligrosos. Entre lo peor estaba el comercio de personas; hombres y mujeres, casi siempre portugueses o norteafricanos, que buscaban llegar a Iparralde para desde allí encontrar una vida mejor en Europa. Había en Irún una red especializada en su paso; su responsable, hombre de pocos o ningún escrúpulo, vivía en una calle cercana a la iglesia del Juncal. Tenía un viejo coche americano, de esos grandes, negro y con un maletero tan inmenso que presumía de poder meter hasta cuatro personas dentro. Un Packard creo que era. Si tenían suerte les pasaba por alguno de los pasos poco vigilados del Baztán, Etxalar o Peñaplata. Pero al mínimo contratiempo los abandonaba en pleno monte y les decía que ya estaban en Francia. Eso cuando no los dejaba en la orilla izquierda del Bidasoa y les impulsaba a atravesarlo para llegar a su destino. Algunos no llegaban nunca al otro lado y aparecían en la bahía de Txingudi a los pocos días. Nuestro río, por pequeño y revuelto, puede ser muy traicionero para los que no conocen sus mañas.

En el establo de Erru encontramos los fardos ya hechos, unos cuarenta kilos para cada uno. Antes de salir de vuelta aprovecharíamos para secarnos, comer algo y dormir entre el heno hasta el anochecer. La dueña de la casa siempre se portaba y tenía preparada una buena mesa a la que sentarnos para reponer fuerzas.

Antes de caer la tarde ya estábamos todos despiertos y nerviosos por salir. Un cigarrillo, encendido con mi chisquero de mecha, ese que no se ve al prenderlo en la noche, y compartido con Kepa en silencio cómplice, puso punto final al descanso.

-¡Goazen mutilak! –la voz de Joxean nos recordaba que nos quedaba la vuelta. Y ahora cargados. 

Volveríamos por un camino más fácil, dejando a un lado Biriatou, y atravesando el Bidasoa pasado Endarlaza, cerca de Punttas. Y de allí subiendo hacia Irumugarrieta para pasar por el collado de Saroia, llegaríamos a Oyarzun en poco más de seis horas.

-          ¡Kontuz, begira! –la advertencia nos sobrecogió

Era  Txelis, que iba en cabeza con Joxean, quien los vio cuando pasábamos el río con los fardos al hombro. Eran dos bultos oscuros y deslavazados, aplastados en el ribazo del vado. Les debía haber dejado la corriente al bajar el caudal tras las intensas lluvias. Un hombre y un chico joven, casi un niño. A su lado, entre las piedras, algunas ropas dispersas,  mojadas y manchadas de barro y una maleta de cartón empapada y vacía. Ambos,  con los brazos abiertos se enganchaban a la tierra y sus caras miraban la orilla que sólo la muerte les dejó alcanzar.

-¡Putos cabrones inhumanos! -exclamó Joxean con un tono de voz salido desde el alma.

Y no hubo nada más, proseguí el camino inmerso en un silencioso y culpable griterío interior. Mi noche de aventura, de riesgo controlado, de algo de dinero fácil, era también noche de muerte y de sueños rotos para otros más desafortunados que llegaban hasta aquí buscando una vida mejor,.


Eduardo Lizarraga

Hondarribia, Agosto 2016