sábado, 16 de noviembre de 2013

Un menú especial (Relato en dos folios)


La puerta oscilante se abrió, dando paso a Pablo que llevaba las manos llenas de platos.

-          ¡Martín, Martín!  te llaman los señores de la mesa ocho - exclamó, mientras recogía la comanda de otra mesa y volvía a salir empujando la puerta con la cadera.

Me limpié las manos y salí tras de él. Era la tercera o cuarta vez aquel día que reclamaban mi presencia. No hay nada mejor que cocinar con cariño y dedicación para que se reconozcan tus habilidades.

Los señores de la mesa ocho, el matrimonio de los Gálvez y unos amigos, estaban encantados con mis volovanes, rellenos de mollejas tiernas al armagnac, con cebolla confitada y perifollos frescos de temporada.

-          ¡Excelente Martín! -me dijo el señor Gálvez levantándose de la mesa. Ya les dije yo a mis amigos que podían confiar en mi elección y en tu sugerencia. No hay nada mejor que comprobar “in situ” si las críticas son verdaderas o infundadas.

Tras hacer el teatro de costumbre volví a la cocina, no sin que antes me felicitaran también desde otra mesa por unas ¡Magníficas! –me dijeron- carrilleras de ciervo al vino tinto.

Mi restaurante, “El Cazador”,  había sido inaugurado por el abuelo poco antes de la guerra y desde entonces era el “modus vivendi” de toda la familia. Convencido de que aquel era mi futuro y porque además me entusiasmaba, conseguí que mi padre me enviara a estudiar cocina a Francia. De allí, y tras pasar por los fogones donostiarras de un conocido chef guipuzcoano,  me fui haciendo con las riendas del restaurante que mi padre me fue dejando poco a poco. De eso hacía ya diez años y desde entonces todo había ido marchando muy bien, mejorando el caché del restaurante temporada tras temporada, hasta encumbrarlo a uno de los diez mejores de la ciudad.

Por eso, no me gustó nada cuando André Dupont, el crítico gastronómico de uno de los mejores periódicos del país, comenzó a hacer sangre con “El Cazador” en su página semanal.

Que si los platos están anticuados y carecen de imaginación; que si la carta de vinos parece sacada de un restaurante de carretera;  que si la materia prima es de escasa calidad;  que a pesar de estar especializado en caza y productos de temporada faltaban los hongos y sobre todo la trufa blanca;  que si… un sinfín de comentarios que fueron llevando la mejor clientela hacia la competencia y consiguieron mesas vacías en la sala. Y todo ello sin haberle visto el pelo por el restaurante.

Intenté hablar con él, le llamé en varias ocasiones, hasta le fui a ver a la redacción del periódico. Todo fue inútil hasta que me lo señalaron, por casualidad, en la presentación del libro de un chef amigo, que se había hecho conocido a través de un programa de TV.

-          ¡Mira, es  André Dupont!, ese que ha hablado varias veces de tu restaurante y no muy bien-  me comentó con algo de sorna un colega.

Me señaló un personaje bajito, algo rechoncho y con la cara redonda como una hogaza. Me dirigí a él sin tapujos, con la mano por delante y una ancha sonrisa.

-          ¡Sr. Dupont, qué gusto conocerle! -le espeté con el mayor cinismo- soy  Martín Valderrama de “El Cazador”.

No pareció sorprenderse. Alargó la mano, que resultó ser blanda y resbalosa,  y con un marcado acento francés me saludó con algo de afectación.

-          Encantado Sr. Valderrama, sé que me ha llamado en alguna ocasión…- me contestó dejando el final de la frase en el aire.

-          Sí –le respondí con la mejor de mis sonrisas- quería hablar con usted, para invitarle un día a comer, y presentarle los nuevos platos con los que pretendo renovar nuestra carta la temporada que viene. Algo muy restringido, en mi cocina particular, en la que experimento y elaboro. ¿Qué le parece?

-          Bon, pero tengo los próximos fines de semana muy ocupados –parecía que quería evadirse, pensé.

-          No se preocupe, le haré la cata exclusiva un lunes –insistí-  el día que cierra el restaurante al público. Estaré a su total disposición.

-          Si es así no tengo problema. ¿Le parece bien el próximo lunes?

Me dio su teléfono y quedamos para el lunes de la semana siguiente. Procuraría sorprenderle con lo preparado.  Para terminar de decidirle le añadí, como en un aparte:

-          Me han traído un magnífico armagnac de Maillac que podremos probar al finalizar la comida.

En el restaurante disponía de una especie de “sancta sanctorum”,  cerrado siempre con llave, con cocina, despensa, cámaras frigoríficas, comedor y hasta una  chimenea grande de estilo campestre. Era mi laboratorio privado,  al que invitaba a amigos para hacer comidas especiales. Y esta tenía que ser muy especial.

Preparé el menú con cuidada atención; no menos de diez platos que pasarían la temporada siguiente a la carta, caza, algún pescado, hongos, Saint Honoré... Buena materia prima, cuidada preparación, una buena selección de vinos –con algún Borgoña para hacerle los honores- y el mencionado armagnac de Maillac, Millèsime de 1950, para finalizar. Nada podía fallar y merecería una buena crítica.

Llegó puntual a la hora prevista y la comida, que serví en persona pues aquel era día de descanso, transcurrió con franca cordialidad, alabando el Sr. Dupont  todos los platos y la selección de vinos. Tras degustar el Saint Honoré pasamos al café y al armagnac. Me senté a su lado, frente a la chimenea encendida para hablar de lo que me interesaba.

-          ¿Y bien, qué le parecen las novedades? ¿Estima que tienen la suficiente categoría para que “El Cazador” siga entre los diez mejores restaurantes?

-          ¡Todo fantástico! El menú, los vinos, esos hongos deliciosos y este armagnac extraordinario.  Pero le tengo que ser franco Valderrama, no podré decir nada bueno de su restaurante si usted no es bueno conmigo, no sé si me entiende…

Demasiado le entendí cuando contemplé el brillo de sus ojos que no se debía precisamente al vino, aún cuando había bebido bastante;  parecían el visor de una caja registradora.

Y aquello me sentó mal, no sólo por el hecho de ser chantajeado de aquella manera vil, sino por la burla que suponía a mi dedicación, a mi maestría en los platos preparados, al cuidado exquisito que todos y cada uno de los trabajadores del “El Cazador” ponían en su quehacer diario.

Antes de que se diera cuenta y sin manías, le metí el cuchillo de deshuesar hasta el puño. Me deshice de sus ropas y documentos en el fuego de la chimenea –ni  se llamaba Dupont ni era francés, Boñar y de Albacete. Con algo de trabajo, que no mucho, pues el hombre era menudo, el cuerpo terminó troceado y en la cámara frigorífica.  Tiempo habría de ir dándole salida.

 

Eduardo Lizarraga

Manzanares el Real,  noviembre 2013

 

lunes, 28 de octubre de 2013

Rajoy busca un país de esclavos sumisos


A menos de un mes de que el Gobierno del Partido Popular cumpla  la mitad de su legislatura, de esa para la que dice que está legitimado por el pueblo español, todas las previsiones  de cómo iba a actuar la derecha española si alcanzaba el poder, se han quedado cortas. La voladura, controlada y muy bien diseñada, del pequeño estado de bienestar del que disfrutábamos en España es un hecho incontestable;  la Sanidad, las pensiones, la educación, los sueldos, los servicios sociales…todo se ha ido en beneficio de unos pocos, y casi con seguridad, para no volver.

Si a ello le sumamos las leyes que está cocinando Gallardón en su ministerio, al objeto de  controlar mejor al pueblo, las prebendas a bancos y grandes empresas, los indultos otorgados graciosamente por el Gobierno del PP, los beneficios a la Iglesia, el nuevo marco en contra de las mujeres y un largo etcétera que día a día sufrimos, pero que sería muy prolijo enumerar, nos colocamos en una situación en la que los vulnerados por el PP son legión y aumentan a cada movimiento del ínclito Rajoy.

Y no sólo es la clase más desfavorecida la que está siendo perjudicada con el gobierno del PP; los pequeños y medianos empresarios, los autónomos, los propietarios de fincas e inmuebles y los funcionarios son ya, aunque muchos aún no lo sepan, los mayores perjudicados por una forma de hacer política a la que votaron de forma masiva. Engañados, ¡sí!,  pero otorgaron la suficiente “legitimidad” a este gobierno, para que ahora pueda abrasarles. Un gobierno, que disminuyendo el importe de las pensiones y los sueldos, causando la baja del valor del inmobiliario, haciendo la vista gorda a los aumentos desenfrenados de la luz y el gas y manteniendo íntegra la deuda de los ciudadanos con los bancos, está consiguiendo convertir a España en un país de personas esclavizadas para siempre por unas deudas inasumibles. Como en la Edad Media, pero durmiendo en casa.

Ante esta situación política y económica, el pueblo español vuelve a demostrar que es diferente, y dando la razón a nuestra historia, volvemos a gritar ¡Vivan las cadenas! Así, en lugar de salir a la calle a exigir nuestros derechos y acabar con los que nos están robando el presente, y lo que es más importante, el futuro de nuestros hijos, nos metemos en casa, refugiándonos bajo la mesa camilla para aguantar el chaparrón de forma sumisa. Todo ello mientras nos quede casa en la que refugiarnos, porque la crisis económica que comenzó azotando y desahuciando a inmigrantes y obreros –que aunque muchos de ellos no lo sepan, todavía existen en España- ha llegado ya a las clases medias más acomodadas y está causando verdaderos estragos.

Desde que comenzara la crisis, las familias de rentas más altas han podido resistir los malos resultados empresariales y la pérdida de empleo de uno o más miembros de la familia durante algún tiempo, gracias a su solvencia económica o a la venta de propiedades. Pero la duración y la profundidad de la mala situación, están acabando por agotar sus recursos.

Como si de la peste negra que azotó Europa en el siglo XIV se tratara, la insolvencia ha ido llegando a todos los estamentos sociales. En sus comienzos alcanzó a los inmigrantes, que fueron los que primero perdieron su empleo, y además, al avalarse unos a otros, el contagio fue rápido y los desahucios llegaron encadenados, como la caída de las fichas del dominó.

A continuación les llegó el turno a las jóvenes parejas de nacionalidad española, que se habían metido en la adquisición de una vivienda y que con uno o más niños pequeños vieron  como el paro atenazaba a uno o a los dos miembros de la familia. Tiraron de lo que pudieron: subsidios, tarjetas de crédito, amigos, familiares…al final agotaron la capacidad de generar recursos y se encontraron desahuciados, en la calle o volviendo a vivir con padres o familiares.

Pero no quedó ahí la cosa ya que en muchos casos estos padres o familiares les habían avalado la vivienda y las ejecuciones hipotecarias se cebaron en sus propiedades o pensiones.  Nuevos problemas para una clase ya inmersa en la crisis y que ha desintegrado numerosos núcleos familiares.

Pero la crisis ha seguido su senda de destrucción y ya afecta a  familias de rentas altas, propietarias de empresas,  propietarias de inmuebles y viviendas,  que no pueden aguantar más. Votaron al gobierno de Rajoy, el del empleo, las pensiones, la ley, el orden, la educación…todo lo que siempre ha esgrimido en sus idearios la clase acomodada, y se encuentran peor que con los socialistas. Y ya no sirve seguir echándoles la culpa.

Durante los primeros años, y aprovechando el colchón económico que los años de bonanza les habían proporcionado, capearon el temporal pensando que no duraría mucho, que los problemas se cebarían en los de siempre, que para eso están, y  que en breve llegaría la calma. Atrincherados en sus casas del barrio de Salamanca o en sus chalets de Pozuelo, parecían capaces de poder aguantar todo lo que viniera. Utilizaron  bienes personales para financiar sus empresas, porque creían en el futuro y en su proyecto vital. Hipotecaron y avalaron operaciones de refinanciación con su vivienda, además de pedir dinero prestado a amigos y familiares. Tenían como objetivo sacar su empresa de lo que pensaban un bache profundo pero pasajero, y para ello cualquier financiación les valía, aún las más caras. Pero ahora la persistencia de la crisis y  la caída del consumo se han llevado su negocio por delante  y con él su vivienda, que debido a la devaluación del inmobiliario ya no es capaz de aguantar tanta hipoteca. Ahora  les ha llegado el momento de enfrentarse a un proceso de penurias para el que no están preparados, para el que no les quedan fuerzas y que además no entienden. Ello sin contar con que no encuentran tampoco ningún empleo en el maltrecho por no decir inexistente mercado laboral español. Es la crisis vergonzante. Es la deuda que les esclaviza también.

Quedan ya sólo dos años para las próximas elecciones legislativas y ni al Gobierno del PP ni al PSOE les interesa ningún adelanto electoral. Al primero, porque tiene que empezar a vendernos su incipiente recuperación económica echando todo tipo de campanas al vuelo, y al segundo, porque tiene tales expectativas  electorales que mejor seguir esperando, por si llega algún milagro que supere al de Bárcenas.

Pero para que el PP nos consiga vender sus “brotes verdes”, y sus votantes perciban algo de felicidad en medio de la esclavitud, hacen falta  tiempo y que el paro comience a descender sin trampas. Que eliminar a parados de las listas o seguir aumentando el empleo con los precarios contratos que defiende y practica la CEOE, no van a ayudar en nada ni a la economía nacional ni a su electorado. Tiene que bajar el paro, con empleo estable, en más de un millón de personas para que la economía de las familias, esa que preocupaba al PP en la época de Zapatero, comience a mejorar. Y si la economía de las familias mejora, también lo hará el consumo y con él las medianas y pequeñas empresas de los electores populares.  ¿Sucederá esto en los dos años que quedan de legislatura? Yo creo que no.

Por si fuera poco para este desbarajuste reinante en las bases votantes peperas, llega la Unión Europea y les echa abajo la doctrina Parot, en la que tanto hincapié habían hecho y merced a la cual tantos votos habían cosechado. Todos podemos recordar a Rajoy encabezando las manifestaciones e increpando al Gobierno socialista por sus negociaciones con ETA; ahora las tornas han cambiado, ya no está en las manifestaciones, y esos mismos que le jaleaban y le dieron sus votos, le acusan de traidor. Todo se le está torciendo al PP, y parece que no va a ser suficiente con que algunos de sus más señalados próceres asistan a la manifestación de la AVT, para que no se les inculpe de la situación y se les exijan medidas. Medidas poco factibles ya que significarían no aceptar las doctrinas del Tribunal de Derechos Humanos con todo lo que ello implica. Y es que si estamos en Europa estamos para todo y no ”a la carta”.

La AVT está mordiendo la mano que otrora le dio de comer, arrinconando al PP con argumentos tan poco democráticos, como acusar de ser cómplices de los etarras a aquellos que asuman la decisión del Tribunal de Estrasburgo, o que tan sólo se puede estar con las víctimas o con los etarras. Las víctimas de unos asesinos son siempre respetables y su voz debe ser escuchada y tenida en cuenta, pero de ahí a que puedan dirigir la política judicial y legislativa de un país hay un abismo. Sobre todo cuando se entiende que las asociaciones de víctimas del terrorismo son sólo eso, asociaciones de matiz político y que no agrupan, ni mucho menos, a todos los afectados.

Y mientras todo esto sucede con el PP, el PSOE de Rubalcaba continúa con su encefalograma plano, en una carrera cuesta abajo desesperante y que está teniendo ya consecuencias fatales para el país. Por el bien de todos, por responsabilidad democrática y urgencia nacional, deben dar paso a ese líder sólido que todos, hasta el PP, necesitamos. ¿O es que no existe en la izquierda?

 

 

Eduardo Lizarraga

Manzanares el Real, octubre de 2013-10-28

miércoles, 16 de octubre de 2013

El último escalón (Relato de dramática actualidad)

Marcial cerró la puerta con suavidad tras de sí. La decisión estaba tomada y ya sólo quedaba ponerse en marcha. Ni Marta ni él iban a esperar a lo que estaba por llegar, no se lo merecían. Bajó el escalón que separaba la puerta de su vivienda del último rellano y comenzó a descender la escalera. Blanqueada por miles de lavados con lejía, crujía mientras pisaba los peldaños. Conocía su sonido y los pasos que había en cada descansillo. Nueve boliches de latón adornaban la barandilla, dos por cada piso y uno en el portal. Boliches que había acariciado innumerables ocasiones en los más de cincuenta años que llevaba subiendo y bajando aquella escalera, dos o más veces al día. Al principio, los asía con un rápido gesto para coger impulso o frenarlo, ahora lo hacía con dulzura para apoyarse en ellos y descansar.
Cuando llegó a la puerta que daba paso a la calle recordó la primera vez que Marta se la había franqueado.
-          Pasa un momento que fuera llueve mucho - le dijo.
Le acompañaba todas las tardes, desde que salía del taller de costura de Madame Francine, hasta la puerta de su casa. Marta, Martita, como todos la llamaban en aquella época, trabajaba en aquel taller desde hacía un año y estaba muy contenta.  No sólo por los seis duros que ganaba  a la semana, sino porque la Francine vestía a lo mejor de las señoras del barrio de Salamanca  y eso le estaba permitiendo aprender mucho.
-          Con el tiempo- decía-  tal vez consiga abrir mi propio taller.
Lavapiés era un barrio muy castizo en aquella época. De clase humilde y trabajadora, sus habitantes se conocían entre ellos y se saludaban con educación. Marta vivía con sus padres en una amplia casa de la calle del Tribulete, en el cuarto piso. El padre,  conductor de tranvía en la compañía madrileña, podía permitírselo y vivían con cierto acomodo.
Marcial, que era huérfano desde muy pequeño- cosas de la guerra- vivía con unos tíos lejanos unas calles más allá. Trabajaba como ayudante en una gran ferretería que había en la calle Narváez y su estación de metro era la misma que la de ella, por eso se conocieron, subían y bajaban en el mismo andén.
Tras los consabidos dos años de período militar, formalizaron su relación y aunque los padres de Marta esperaban más para su hija, no pudieron decirles que no y se casaron en el 60. Los escasos recursos de que disponían los recién casados y la amplitud del piso, hicieron que Marcial aceptara el ofrecimiento y quedaron a vivir en la casa de los suegros.
-          No os preocupéis –les comentó el suegro- que será sólo hasta que mejore vuestra situación
Los años fueron pasando en  Tribulete 6 y la situación se fue manteniendo. Un embarazo fallido, seguido de una fuerte infección que puso en peligro la vida de Marta, impidió que la pareja pudiera tener hijos. Primero falleció el padre y quedaron los tres en la casa, subiendo y bajando por la escalera de los boliches dorados. A los años fue la madre y la pareja se encontró sola en el piso.
Marta ya no trabajaba en el taller de Madame Francine, hacía años ya de eso. Se puso por su cuenta y durante un tiempo le fue bien, pero luego la artritis le afectó los dedos de las manos y le impidió coser,  relegándola al piso y a las labores domésticas. Seguía haciendo cosas para la casa y algún trabajillo para vecinas y conocidas, con lo que equilibraban el presupuesto. Acababa de terminar unos gruesos cordones dorados para las cortinas del salón.
 – Mira, mira,- le dijo- me han quedado muy a la francesa.
Marcial también se había jubilado de la ferretería en la que trabajó toda su vida, y con la pensión que le había quedado y los trabajillos de su mujer, salían adelante.
Todo transcurría con tranquilidad rutinaria, subiendo y bajando los cuatro pisos de escalera con boliches dorados, salvando el último escalón que daba paso a su casa, y saliendo a pasear por el barrio los domingos.
Pero la artritis siguió avanzando y Marta hacía ya seis años que no podía salir de la casa, subir y bajar los cuatro pisos eran demasiado para ella;
-          Ni tan siquiera puedo bajar “nuestro escalón” para asomarme a la escalera -decía lamentándose a las vecinas.
Al principio tuvieron un asistente social que atendía a personas dependientes y como las medicinas las tenían gratis y el alquiler de la casa variaba muy poco, pudieron seguir viviendo de una pensión que, aunque algo exigua,  se revalorizaba cada mes de enero.
Todo empezó a cambiar hacía cinco años. Primero sacaron una ley que actualizaba los alquileres de renta antigua y año tras año se lo subían cantidades inasumibles.  Luego les quitaron el asistente social.
-          Hay crisis y ya no hay presupuesto en la Consejería, -les dijeron.
 También les obligaron a pagar una parte de la gran cantidad de medicinas que necesitaba la mujer y sin las cuales los dolores se le hacían insoportables
-          No es mucho, tan sólo tendrán que pagar un 25%- les comunicaron.
 La pensión se la habían congelado y todo seguía subiendo. El invierno anterior pasaron mucho frío al tener que elegir entre la comida y la electricidad y desde antes del verano ya no podían pagar el alquiler. Este año había vuelto a subir la luz varias veces
-          Es por el déficit de tarifa y el mercado libre, -le explicaron a Marcial cuando preguntó.
Se acercaba de nuevo  el invierno y el casero, que ya no era el de toda la vida sino una sociedad extraña de nombre extranjero, había pedido y obtenido del juzgado su desahucio.
-          Tienen ustedes que pagar la deuda, más los intereses debidos y los costes judiciales- les escribieron- en caso contrario tendrán que abandonar la vivienda antes del 15 del próximo mes.
 Y la fecha era ya mañana.  Como gran noticia aquel día recibió una carta felicitándole, le decían desde el Ministerio que su pensión subiría un 0,25% el año próximo.
Como Marta se enteraba de poco-algunos días no le reconocía siquiera- y estaba siempre tumbada en la cama quejándose, Marcial había ido vendiendo cosas de la casa para pagar comida y medicinas, pero ya no les quedaba casi nada.  Incluso había vendido las cortinas del salón, las de terciopelo antiguo, pero se había quedado con los gruesos cordones dorados que su mujer había elaborado con tanta dedicación.
La farmacia del barrio estaba en su misma calle, unos números más allá.
-          Son 7,87 por los dos envases- le dijeron- y no podemos dejárselo para el mes próximo.
Y como no tenía  dinero suficiente tuvo que conformarse con un envase del  tranquilizante que tomaba Marta. Para ella habría suficiente. No se enteraría de nada.
A la tarde todo había terminado. La enferma postrada en la cama ya no respiraba. De un sueño intranquilo y doliente había pasado al plácido y definitivo de la muerte.
Marcial había tomado su decisión; abrió la puerta de la casa y  tras descender el último escalón, “su escalón”,  acarició por postrera vez el boliche de latón de su descansillo, a la vez que le anudaba el grueso cordón dorado de las cortinas del salón. A continuación, y tras pasarse el lazo sobrante por el cuello,  se precipitó por el hueco de la escalera.
Eduardo Lizarraga
Manzanares el  Real, octubre de 2013

sábado, 21 de septiembre de 2013

¡Ay mi fregoneta! (Relato en dos folios)


Emeterio Montoya, pequeño y moreno, se mostraba casi imperceptible sentado entre los dos guardias civiles. Con las muñecas esposadas entre las piernas miraba, cariacontecido, su ropa manchada y rota, y las nailas llenas de barro. De repente, y como hablando para sí mismo, exclamó:

¡Qué man  chorao la fregoneta!

Y  luego, ya dirigiéndose a uno de los guardia civiles, repitió:

¡Mi sahento, que manrobao la fregoneta! ¡La sebrita!

-Miré usted –le respondió el interpelado- ni soy sargento ni se nada de su furgoneta. Cuando lleguemos al cuartelillo pone usted una denuncia.

El vehículo seguía dando tumbos por el camino rural que discurría entre las huertas. Con los baches, Emeterio chocaba con uno u otro de los guardias, y los melones y melocotones que iban en las cajas, se desparramaban por la trasera del furgón.

Hacía poco más de dos horas que había comenzado el mal trago por el que ahora estaba pasando. Todo iba bien, como las otras veces. Habían llegado, él y el Perlita, a eso de las doce de la noche a la zona de las huertas de la vega.  Después de bajar una docena de cajas de madera, de esas que se emplean para la fruta, dejaron su furgoneta, la cebrita, como la llamaba Emeterio, aparcada un poco  más lejos,  escondida a la entrada de un camino y entre unos matorrales, para no llamar la atención, y comenzaron a recolectar la fruta que ya estaba casi madura, llenando las cajas una a una  y dejándolas al amparo de la cuneta.  No llevarían una hora trabajando, cuando escucharon el motor de la furgoneta que arrancaba,  y el sonido de sus ruedas rechinando en el camino y abandonando  a toda velocidad el lugar. Emeterio quedó como traspuesto, contemplando las luces traseras que desaparecían en la noche.  Casi al momento,  se encendieron unas luces en una casuca que había al fondo y alguien comenzó a gritar:

-¡Ladrones, hay ladrones en la huerta del tío Juan!

Otras voces contestaron a lo lejos y más luces se encendieron.

No habían pasado cinco minutos desde los primeros gritos cuando por el fondo del camino vieron como llegaba un coche policial con la sirena puesta.  El Perlita anduvo vivo, y pudo escapar por entre los juncales, pero él se medio cayó en una acequia y le trincaron como a un principiante. Y con las cajas llenas de fruta a su lado no había nada que decir. Le quitaron el baldeo, le pusieron las esposas y le metieron en el furgón policial.

El calabozo del cuartelillo era ya conocido por  Emeterio y también sabía, por experiencia, que hasta la mañana siguiente no prestaría declaración al sargento oficinista del puesto.  Así es que arrebujándose en la vieja manta militar que encontró sobre el banco, se preparó para pasar lo mejor posible las horas de noche que quedaban. Hacía frío allá abajo a pesar de no ser más que principios de septiembre.

No llevaría más de dos horas durmiendo un sueño, parecido al de los justos, cuando se despertó con el  ruido que hizo al abrirse la puerta del calabozo, para dar paso a un nuevo inquilino.

-          ¡Buena noshe! Escuchó que decía el que entraba,  con un marcado acento que le llenó de satisfacción y tranquilidad. Al menos no era un payo.

-          ¡Buena noshe nos de Dio! Y que se lleve pronto a loh picoleto que sólo quieren buscarnos la ruina.

Río el recién llegado y se sentó a su lado diciéndole,

-          ¿Y por qué estás aquí hermano? ¡Qué tapasao?, que te veo con la lima y loh jarale roto y manchao.

-          Pue ya ve, questaba a la noshe hasiéndome un huerto con un colega y ya teníamo la fruta metía en la caha cuando un malaje me choró la fregoneta. En die minuto teníamo a loh picoleto ensima, que unos cabras que sobaban por allí se fueron de la muy y dieron el queo. Mi colega salió de naja y se abrió en cuanto vio la movida, pero a mí me ligó la pasma. Que iban con el bufoso en la mano y amenazando con darme un buchante  loh muy desalmao.

Me choraron la sebrita killo, noventa napos que había pagao y un peluco de colorao.

-          ¿La sebrita le llamah colega?

-          Eh que iba maqueá como una sebra,  a raya negra sobre blanco, muy guapa killo, hasta pestaña le había pintao a los brillos. ¿Y a ti que tapasao? preguntó el Emeterio.

 Tras una pequeña vacilación el recién llegado le contó su caso.

- ¡E una equivocació tron, un payo que ha disho que le he vendió unos muebles robaos y saquivocao de persona. Que para esos payos todos los calés somos iguales. Hase un rato vino la pestañí a la keliy y paentro... Yo soy piquero, pero cualquiera se lo dise a estoh.

-          ¿Hase un truja? Y ofreció el  Emeterio un paquete de cigarrillos preguntando a la vez, ¿cómo te llama killo?

-          ¡Soy Ramón, pero me llaman el Sevilla, aunque soy de Graná, de loh jesuline , añadió para aclarar la procedencia.

-          ¡Guardia, guardia! - gritaba Emeterio- a ver si hase el favo de trae una cobija para el colega, que hase algo de rasca en el truyo y no vamos a estar lo do liaos con la misma.

Volvió el guardia al poco con otra manta.

-          ¡A ver si sos calláis que ya es hora. Y para fumar hace falta pedir permiso, a ver si sos enteráis ustedes.

Salió cerrando la puerta tras de sí y quedaron los dos presos solos, con las brasas de los cigarrillos brillando en la oscuridad.

Se despertaron unas horas después, casi a la vez, con seguridad por el olor  a café que venía de arriba. Se oían voces que señalaban que comenzaba la actividad en el cuartelillo.

-          Ya me vendrían bien uno buche de café y unos shurros, dijo Emeterio riendo. Como los que me trae a la piltra lo domingo la Maruja.

-          Yo prefiero una porrita pero no diría que no a lo shurro, contestó Ramón.

-          Me despertao con la sebrita en el bolo , viendo los brillos apestañaos y  el bul  también a rayas–dijo Emeterio- mira que si la ha jodio el sungo ese. Como le pille le vi a enseñá el sufra siete vese. - E hizo ademán el Emeterio de tirar de pincho.

-          No te coma el tarro tron, que seguro que la encuentra bien. Una fregoneta de sebra se gila pronto - le consolaba Ramón- que no es un roda pa vasilá y la habrá dejao en cualquier lao.

-          Noventa napos, killo, y un peluco de colorao que cotisé -se lamentaba Emeterio- con una estampita de la Virgen de los Remedios que me regaló la Maruja.

Seguían hablando por lo bajines los dos gitanos cuando se abrió la puerta de arriba y unos pasos descendieron por las escaleras.

-          A ver vosotros –dijo una voz- os va a llamar el sargento para hacer la declaración. Si no queréis declarar o queréis un abogado se lo decís arriba.

Se volvió a cerrar la puerta. Y los dos gitanos se miraron con el profundo conocimiento que marca la experiencia.

-          Por uno cuanto melone no me vái a dar ningún disgusto. La trena será pa otro día –dijo Emeterio, añadiendo –seguro que ya están la Maruja y el Perlita arriba con un buga pa ir a la keli y poé makeame un poco.  A vé luego por donde empieso yo a busca la sebrita…¡Mala muerte tenga el choro ese!

El Ramón no dijo nada y tan sólo asintió a las palabras que escuchaba, como dándole la razón para animarle.

Al poco se volvió a abrir la puerta y bajaron un cabo con unos papeles y dos números de escolta.

-          Venga –dijo- que suba el de la furgoneta que el sargento le va a tomar declaración.

-          Matocao a mi primero - dijo Emeterio, subiendo las escaleras con decisión.

Pero el cabo, que ya le conocía de otras ocasiones, le rechazó con la mano diciendo:

-          No hombre no, Emeterio, que a ti te pillamos con los melones. Al que pillaron con la furgoneta, esa pintada con rayas negras, es al otro,

-          A ver –dijo hojeando los papeles que llevaba- Ramón Vargas, que suba.

Si no se lo impiden se lo lleva por delante allí mismo.

 

Eduardo Lizarraga

Hondarribia, Septiembre 2013

 

 

miércoles, 17 de julio de 2013

Bárcenas da a luz


La situación del  Gobierno y del Partido Popular está pasando de la insostenibilidad a la agonía. Tras unos largos meses de embarazo,  que el PP no ha podido interrumpir y no por su ideología conservadora,  Bárcenas ha dado a luz un monstruo que ríete tú de la hidra de Lerna, la de las siete cabezas. Y la criatura amenaza con devorar al Partido Popular empezando por la cabeza y llegando hasta los mismos pies si se le deja hacerlo.  Y este parece que puede ser el final, si la dirección del PP y el presidente del Gobierno continúan con su estrategia de negarlo todo –aunque algunas cosas no – y esconderse por sistema.

El embarazo de Bárcenas ha sido largo y feliz casi hasta el final. Y es que el extesorero siempre esperó que hubiera intervención para no tener que dar a luz. Así nos explicamos su chulería y gracejo sin par, sus peinetas y sus cenas y viajes de lujo con foie y sauternes. En su mente estaban presentes las promesas de intervención de Rajoy para librarle de la cárcel.  Pero no ha podido ser así; por distintas razones el problema se le ha ido de las manos al PP y Bárcenas se ha visto obligado a parir  a la bestia.

Con toda la documentación que ha ido apareciendo y la que ya tiene en su poder el juez Ruz –seguro que continúan apareciendo nuevas revelaciones -  resulta ya claro para todos los españoles, salvo para los más fieles peperos,  cuya adicción resulta ya fundamentalista, que el partido que sustenta al Gobierno y  parte de los miembros del mismo, han estado cobrando sobresueldos durante casi veinte años. Y que la sede del PP en Génova 13 era una oficina de recaudación y extorsión a empresas con reparto posterior del botín obtenido.

Y que nadie caiga en el fácil engaño de considerar que ese robo no le afecta. Las empresas que accedían a la extorsión y daban  “gentiles donaciones al PP”, muy por encima de los 60.000 euros por año que permite la ley, recibían a cambio sustanciosos contratos de obra pública u otras prebendas y en el coste final de las obras, coste que pagaba el Estado –que somos todos- se incluían, con absoluta seguridad esos “sobrecostes” que luego iban a parar en sobres a ser “sobresueldos”. Y es que a los prebostes peperos, con cargo estatal o no, no les resultaba suficiente el sueldo que recibían, sino que tenían que complementarlo.  Y esto deben entenderlo todos los españoles, estos prebostes no podían vivir por debajo de sus posibilidades.

Esta conducta es inmoral y en los casos en que los cargos del PP cobraban sueldos de la Administración es delincuente.  Rajoy, Cascos, Acebes, Rato, Mayor Oreja… todos ellos y alguno más están en éste caso. Delitos que ya han prescrito pero que en todo caso demuestran la catadura moral de éstos que gobiernan y nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que tenemos que apretarnos el cinturón y volvérnoslo a apretar para que el país vaya bien. Ellos están exentos de apretarse el cinturón o como hiciera Fraga, llevan tirantes.

Pero además de “complementar” los sueldos de sus directivos –llamémoslos así, ya que el PP ha demostrado ser una empresa con afán de lucro- los dineros obtenidos con métodos mafiosos pagaban otras actividades también oscuras.  Entre ellas costes electorales “extra”,  abogados, como por ejemplo los que defendían a Bárcenas, -surrealista que a la vez el PP fuera acusación particular-  o los que defendieron a los cargos militares acusados en la catástrofe del Yak 42.

Desde los comienzos del caso Gürtel, que luego abrió el caso Bárcenas, el PP ha seguido la estrategia de negarlo todo y callar sin actuar. Y ahora es víctima de esa estrategia que se está demostrando nefasta y que amenaza con llevarse al partido por delante si no actúan.

A la hidra nacida de Bárcenas ya no la va a poder matar nadie si no es con la verdad y actuando con contundencia. De cualquier cabeza que se corta con alguna mentira nace otra nueva. Y las apariciones de Floriano, Cospedal , Pons o algún otro, con declaraciones absurdas y que siguen el mismo guion de “todo es mentira y Rajoy es el más honesto de los hombres”,  son ya chistes que causan la hilaridad o indignación de la mayoría de los españoles. Para qué hablar de cuando sale el ínclito Mariano en una pantalla de plasma o contestando a un medio afín leyendo un papelito.

El problema radica en que para cuando la Justicia diga algo habrá pasado esta legislatura y tal vez la siguiente. Y es que si todo se centra en los juzgados el Partido Popular tiene las suficientes herramientas y dinero para dilatar, anular o silenciar todo lo que quiera. Y entonces  se jugará con la presunción de inocencia y en la ausencia de condenas judiciales, hasta hacernos vomitar. Muchos de los delitos están prescritos y otros son casos que sólo vulneran la ética y la moral que debieran tener nuestros gobernantes y que están ayunos de ellas.

No todo el PP está sucio y los que no han recibido dinero, bien porque no han querido, bien porque no se les ha ofrecido, están pidiendo que se depuren responsabilidades y que si hay que sustituir a Rajoy se haga lo más rápido posible. Las intervenciones de Esperanza Aguirre y de Vidal Cuadras van en ese sentido.  La militancia sigue callada ante los desmanes de sus directivos y el PP vasco, que tendría que estar “tomando la Bastilla”  lleva unas semanas contemporizando con Rajoy.  Es decir, que a lo sumo y si la hidra sigue sin control puede llegar una sustitución de Rajoy, pero nunca unas elecciones anticipadas. Los barones peperos no quieren perder sus feudos y van a hacer todo lo posible para que esto no suceda.

El PSOE por su parte continúa con su estrategia plana, centrada en el Parlamento y sin querer sacar “los pies del tiesto”. Es la estrategia de Rubalcaba. La estrategia de ganar tiempo, de seguir desgastando al PP y al Gobierno e intentar ganar las próximas elecciones dentro de algo más de dos años. Sabe Rubalcaba que su candidatura no ilusiona ni a los españoles ni a los propios socialistas, que tiene un complicado debate con el PSC y que continúa sin levantar en las encuestas. Por eso quiere ganar tiempo y prefiere una sustitución ordenada de Rajoy que correr el albur de ir a unas elecciones  generales anticipadas.

Es decir, los dos partidos mayoritarios miran, como siempre,  por sus intereses como partidos y no por los del país, que es el interés de todos los españoles.  Saben que si hay elecciones ahora, ninguno de los dos obtendrá mayoría absoluta y que se avecina una fragmentación del Parlamento con los escaños mucho más repartidos, una subida de los partidos nacionalistas –salvo CiU, también pringado hasta las cejas- , de partidos ecologistas como Equo y de Izquierda Unida. Se podrá escuchar que en la situación actual unas elecciones anticipadas no interesan, que los poderes financieros internacionales quieren estabilidad y seguir por el camino de las reformas pepero, que se puede caer en una situación de desgobierno perjudicial para España. Todo son milongas interesadas lanzadas por los de siempre.

En la situación de crisis estancada en la que nos encontramos no necesitamos un gobierno corrupto, deslegitimado y sin la confianza de los españoles, sino un nuevo proyecto ilusionante, creíble y con el que poder afrontar el largo y duro camino que aún tenemos que recorrer.   Tenemos que salir de donde estamos y no va a ser el PP quien lo haga.

Pero por desgracia, y esto es algo que habrá que arreglar sin tardanza, el pueblo español carece de instrumentos para controlar la voluntad de los partidos y para poder forzar cambios que éstos no deseen. Los votos de noviembre de 2011 ya no son legítimos, y el mayor indicativo de esta realidad es que el PP se esfuerza en hablar de legitimidad democrática todos los días. El Gobierno que padecemos carece de cualquier legitimidad después de todo lo que ha hecho el partido que le sustenta  y más aún para llevar adelante todos los cambios que están haciendo. Pero aunque todos nosotros estemos de acuerdo en ello no podemos hacer nada, al menos por los cauces parlamentarios y legales actuales. Sólo votar cada cuatro años.

Si a la situación de crisis económica, con el paro, la pobreza, los desahucios,  la subida de impuestos  y el descontento general, le unimos los escándalos económicos de un partido que ha defraudado al país, con una corrupción sistematizada desde hace veinte años, el cóctel puede ser explosivo una vez pase el verano. Porque a pesar de lo que intenta el PP, la hidra parida por Bárcenas va a seguir viva y devorándole mientras no tome medidas contundentes.

Si el PP quiere salir de la agónica situación en la que se encuentra y no morir en el intento, deberá realizar una limpia sistemática en el partido, exigiendo responsabilidades públicas, conocimiento de toda la verdad y denunciando a los responsables del latrocinio. Y si ese camino es una nueva travesía del desierto lo tendrá que hacer por el bien del país al que dice que ama tanto. Necesitamos un partido más democrático y en el que la militancia pueda elegir a los líderes que necesitará, sin duda, para lo que se le avecina.

Por su parte, el PSOE debe hacer casi lo mismo, limpiando las viejas estructuras del aparato que se han convertido en una rémora  y cambiar el proyecto gris y plano actual, por un modelo más ilusionante y que de paso a nuevas caras que consigan mover al electorado.

Ambos partidos tienen que propiciar un cambio en la Ley Electoral que proporcione garantías de limpieza y trasparencia en el funcionamiento de los partidos, permita exigir responsabilidades en casos como el actual y que puedan crearse verdaderos instrumentos independientes de control.  Las listas abiertas y el cambio de la ley de proporcionalidad  son otras de las exigencias de la sociedad. Al igual que pide que los partidos dejen de meter mano en la Justicia poniendo a jueces afines en sus diferentes estructuras.

Y en lontananza habrá que debatir el modelo de estado que deseamos ser y si queremos seguir respetando la herencia franquista de la monarquía o queremos evolucionar hacia otro sistema. Las crisis es lo que tienen, traen cambios y no sólo en Sanidad o Educación.

 

Eduardo Lizarraga

Manzanares el Real,  julio 2013