domingo, 23 de febrero de 2014

¡Ay por Dios, que me vuelvo a Santa Pola!


Queda algo menos de veintiún meses para que el Partido Popular se vea en el trance de enfrentarse de nuevo a las urnas, en unas elecciones generales. Que parece ser están aún lejos para preocuparse demasiado. Pero con las urnas el PP se va a tener que ir viendo durante estos dos próximos años. Primero serán las elecciones europeas, luego llegarán las municipales y autonómicas y posteriormente, como colofón las generales.  Las elecciones vascas, catalanas y gallegas, si no ocurre nada extraordinario, quedarán fuera de las convocatorias de estos dos próximos años.  Y aún aparentando tranquilidad, comienzan ya las señales de desconcierto  entre los próceres  y beneficiarios del partido gobernante.

Y en esta carrera que se avecina, todos los partidos desean concurrir con el terreno preparado y con sus mejores marcas electorales a punto. Y este deseable objetivo  se está poniendo muy cuesta arriba para el PP, que si contaba con tener una legislatura tradicional, es decir, los dos primeros años para romper los cacharros de la legislatura anterior,  y barriendo los trozos tener otros dos años para volver a encandilar al electorado, se ha equivocado del todo. Y por si fuera poco el destrozo causado, que ha dejado lleno de cristales el calvario electoral, los casos de corrupción le salen como hongos en otoño. Y ya no son sólo Bárcenas , la Gurtel o Noos,  que también, sino que en todos los lugares le aparecen bolsos de Loewe, o viajes, o botellas  de vino, o más cuentas en Suiza, que de todo hay. Y cuando no hay corrupción por babor le aparece un tonto/tonta a estribor  como la de Calasparra, o alguno de NNGG soltando exabruptos y queriendo destacar.

El conjunto de agraviados ha ido creciendo de forma exponencial durante estos dos años de Gobierno de Rajoy. Y entre los millones de damnificados por este gobierno, que ha ido a recortar a los más débiles,  salvando los intereses de la iglesia, los bancos, los ricos y las grandes empresas, se encuentran  muchos de los que le dieron la victoria electoral en el 2011, integrantes de ese centro, que desde nuestro inicio democrático da  las mayorías absolutas al que se hace con él.

En estos momentos sufrimos el segundo aniversario de la reforma laboral, que ha dejado atrás más de seis millones de parados y un rosario de derechos perdidos por los trabajadores, aunque ganados por los empresarios y  que no está llevando a nada en lo laboral, aunque sí a la senda de los beneficios empresariales. Sueldos en descenso, contratos por horas, indemnizaciones a la baja o  inexistentes. Y todo ello trufado con cierres y ERES como Coca Cola, PanRico, Fagor, Roca…

El rescate de la banca se ha visto aderezado con las informaciones de las astronómicas indemnizaciones y pensiones,  que los directivos se adjudicaban a costa de  bancos y cajas ya intervenidos. Rato y Blesa llevaron a Caja Madrid al desastre, y a los contribuyentes a tener que pagar sus desmanes. Y mientras estos sinvergüenzas siguen viviendo a lo grande, centenares de miles de españoles se ven desahuciados de sus casas,  sin que el Gobierno apoye medidas para que la banca no siga poniendo a españoles en la calle.

Para qué hablar de la privatización de la Sanidad, iniciada en Madrid y parada en seco por los tribunales de justicia. Privatización que persigue encontrar grandes posibilidades y beneficios a empresas  cercanas a la órbita del PP a costa de la saludo de todos los españoles. Lamela y Güemes, consejeros de Sanidad de esperanza Aguirre, tendrán que comparecer  ante la Justicia, porque se sospecha de posibles delitos en esa privatización. Y suma así otros cuantos centenares de miles o millones de afectados.

Y el año ha empezado mal, muy mal para las perspectivas electorales del Partido Popular. La Ley del aborto no sólo vuelve a afectar a otros cuantos millones de personas, sino que causa convulsiones en el interior del propio partido. Esta concesión, a la Iglesia y al ala más religiosa del PP, choca con una realidad de país que no quiere volver atrás. Y vuelve a restar votos.

Las recientes declaraciones de  Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, han  mostrado de forma clara lo que a esa empresa  les importa España, los españoles y el propio partido que tanto ha hecho por sus intereses. Después de saquear durante más de una década el bolsillo de todos nosotros, de conseguir llevar adelante sus intereses empresariales obteniendo los mayores ratios de beneficios de Europa, con sueldo desconocidos en otros países, deciden que la regulación de las tarifas con las que asaltan nuestros hogares no es de su agrado. Le hacen una pedorreta al Gobierno y al país y dicen, más o menos, que somos unos casposos y no les interesamos. Pues váyanse con viento fresco señores, con el de los generadores eólicos que tan poco les interesan. Seguro que viene otro a ocupar su lugar y ya intentaremos que no robe tanto. Y con la tarifa eléctrica por las nubes, y millones de españoles pasando frío con la pobreza energética instalada en sus hogares,  otros cientos de miles de votos que se van.

A lo que parece pudiera ser que tan sólo los fundamentalistas del partido, esos que votarán al PP aunque les quiten casa, trabajo y vida, seguirán dándole sus votos.  Los votantes del ala dura los podríamos llamar. Pero con esos únicos apoyos el PP volverá a la oposición, perderá algunas  comunidades autónomas, que ganó con engaños, y  muchos ayuntamientos , y tendrá que repartir los escasos puestos obtenidos en las urnas  entre una gran cantidad de personajes sedientos de poder, sueldos y prebendas. Personajes que pertenecen a todas las regiones ideológicas  del partido, la aznarista,  la marianista, la valenciana…y  que tan sólo se encuentran a gusto si disponen de coche oficial. Situación que la actual potencia electoral del partido ha permitido con creces, pero que no se va a repetir en la próxima etapa, que ya comienza.  La tarta se la van a repartir entre más partidos y podría haber muchos puestos bien retribuidos en los que la gaviota se viera desplazada.

Ante esta situación, que se ve venir, los representantes del ala dura y aznarista, que saben que los votos residuales que no se van a ir son suyos, no parecen muy de acuerdo, ni con lo que puede suceder  ni con el reparto  de los coches oficiales, y no quieren quedarse sin nada. Y comienzan a agitarse.

El sector marianista se encuentra en una lucha de intereses muy complicada. Si quiere conservar el voto centrista, que es el que le dio el poder, debe aflojar sus medidas neoconservadoras  e intentar recuperar votos. Que el pregonar de día y de noche que los números van bien no va a dar resultado hasta que el español medio vea el dinero en su cartera y sus hijos alimentados y calientes.  Así, debería olvidarse de la Ley del Aborto, tal y como está planteada, mejorar la de Seguridad Ciudadana,  sin que parezca lo que es, una Ley Mordaza, no dar más vueltas de tuerca a la Reforma Laboral, como le están pidiendo los empresarios, no ceder a los intereses de las eléctricas con su política de tarifas, comenzar a proceder contra los casos de corrupción que le salpican, controlar la calle sin hacer uso de la fuerza…mostrar una cara más amable y cercana al pueblo que le votó.  Sin olvidarse de algún golpe de efecto como el de penalizar las grandes fortunas. Pero va a ser que no, que no lo va a hacer. Tan sólo va a seguir su procedimiento actual, sobreactuando, eso sí, en sus posiciones anticatalanas y  antiterrorista que tan buenos resultados le han dado siempre.  Al PP no le interesa que haya un proceso de paz que no termine con la absoluta rendición y “pase por las armas” de los terroristas de ETA. Dando el placer de la venganza a sus seguidores. Sabe que esa situación es muy difícil que se produzca y pretende no perder votos por ese flanco, que es el más barato, casi gratis. Los platos rotos los pagamos en el País Vasco y allí gobierna el PNV…

Pero esta “posibilidad blanda y centrista”, salvo con Cataluña, el País Vasco y el problema etarra, que le permitiría recuperar algunos votos perdidos, perjudica y molesta a sus socios electorales, Iglesia,  Banca, Empresarios, que aún quieren sacar más partido a la victoria que obtuvieron en el 2011 -quién sabe cuáles fueron los pactos que hicieron-…y también al ala dura del partido, que percibe que una vuelta al centrismo puede dejar un espacio electoral a la derecha que alguien puede intentar ocupar. Y aunque todavía nadie se ha pronunciado en este sentido, la opción existe y ese alguien podría postularse en los próximos meses. Hay espacio, hay votos y sin duda recursos económicos, falta tan sólo la persona que aglutine los votos y  barones para esa persona, que existen y conocemos. La hegemonía del Partido Popular, como único partido parlamentario en la derecha es un fenómeno español inexistente en el resto de Europa. Y pudiera ser que no durara mucho más, que poco antes o después de las próximas elecciones, apareciera un partido que amparara a esa extrema derecha pujante en Europa y algo desdibujada en España.

Difícil papelón el de Mariano, sobre todo si se tiene en cuenta su costumbre de esconder la cabeza en el hoyo y esperar a que escampe. ¿Continúa apretando la economía  al pueblo español, incluidos sus votantes? ¿Disminuye la presión y busca obtener recursos entre los que son sus apoyos financieros e ideológicos?  Iberdrola ha dado un portazo, los jueces están poniendo en apuros a la banca con los desahucios y las preferentes, los casos de corrupción abundan tanto como las cuentas en Suiza entre sus acólitos, Aznar le hace burletas y su mujer es una inútil que perderá el Ayuntamiento de Madrid, Vidal Cuadras le reta desde Europa, Esperanza se le pone dura, Bárcenas sigue amenazando, Granados quiere que le dejen tranquilo con su pasta, a la Cifuentes le encuentran un dinero inexplicable, la Gürtel cada día se complica más,  la Infanta no sabe no contesta… ¡Socooooorro, yo soy el registrador de Santa Pola!

 

Eduardo Lizarraga

Manzanares el Real,  Febrero de 2014