domingo, 23 de septiembre de 2012

Rajoy sólo hace juegos de manos




No ha transcurrido aún un año de gobierno popular -¡muy esclarecedor el nombrecito que se buscaron!- cuando ya la situación en la que se debate España, cruje por todos los lados. Ni los más firmes partidarios del PP en las urnas podían imaginarse catástrofe similar.

Todos los españoles, menos está claro los apesebrados, a los que ciega la comida que se les pone delante, se están dando cuenta  de que nuestro país está inmerso en una crisis sin precedentes, que no sólo ha costado ya el escaso estado del bienestar del que disfrutábamos, sino que está poniendo en riesgo la propia supervivencia de cientos de miles de familias, y también el futuro del país durante muchos años.

Y Mariano, el líder espiritual de la derecha española, el depositario de la tradición burguesa y liberal de la oligarquía, se muestra vacilante y titubeante, callado y gallego, ante una situación que no imaginaba ni en sus peores pesadillas. ¿Quién le iba a decir a él, aquella noche  de júbilo del 20N, en el balcón de Génova, que España se le iba a ir de las manos en menos de nueves meses?

Y yo no se si le han engañado porque es tonto y se ha creído lo que le decían, o es malo y sabía que le engañaban. De otra manera no comprendo cómo es posible que pensara que con la Reforma Laboral, que es la única reforma que ha hecho y el resto son recortes, se crearían puestos de trabajo, como le aseguraron los empresarios. Y seguimos subiendo en el paro y los nuevos puestos de trabajo no se ven por parte alguna.

Es cierto que estamos experimentando una crisis universal, que sacude las bases de la economía de la mayor parte de los países desarrollados;  pero también es cierto que en España está teniendo unas consecuencias demoledoras. Y ello es debido a las particulares características económicas de nuestro país,  a la existencia de diversas burbujas económicas y a la clase política que padecemos y consentimos, que se desarrolla y medra en unas condiciones  casi únicas en Europa y que antepone sus intereses particulares como clase, antes que los generales del país.

Partiendo casi de cero, como lo hicimos en 1976, se tuvieron que poner las bases de lo que debería ser un estado occidental, europeo, moderno y competitivo, como el resto de los países de nuestro entorno. Dos fueron las bases fundamentales sobre las que se pretendió construir este nuevo estado. La  creación de partidos políticos de fuerte implantación, con listas electorales cerradas y bloqueadas, con un sistema proporcional, y la descentralización del estado existente.  Y ambas dos se han demostrado como el origen del actual problema que padecemos. Tal vez haya llegado el momento de cambiarlas.

Son las cúpulas de los partidos las que eligen a los candidatos que deberá votar el pueblo; y los eligen entre los jóvenes adeptos del partido que han mostrado una mayor fidelidad a esas cúpulas. Es decir la valía personal, el conocimiento, la preparación, la honestidad, la honradez,  y otra serie de valores que se debieran tener muy en cuenta a la hora de elegir un cargo público, apenas cuentan para nada. De esta manera los partidos políticos se han convertido en el modo de vida de una multitud de personajes y sus familias, que se reparten los cargos públicos en la política, los puestos políticos en las empresas públicas de las diversas administraciones y los cargos pseudolaborales en grandes empresas que dependen de la Administración para obtener trabajo y beneficios.

Cuando en el 77 se pusieron las bases constitucionales de nuestro Estado se pensó –erróneamente, como se está demostrando ahora- que la mejor manera para no diferenciar demasiado a determinados territorios que aspiraban a una cierta autonomía –las llamadas Autonomías históricas, País Vasco, Cataluña y Galicia- era hacer un “café para todos” y crear un estado autonómico con determinados niveles competenciales; superior para unas, que ya las habían tenido, y menor para otras que no las solicitaban. Y esto fue una equivocación de terribles consecuencias. La clase política emergente, se unió a los –no me gusta la palabra caciques- miembros de las élites locales que necesitaban subirse al nuevo tren que pasaba por su puerta, para no perder su preponderancia provincial o regional. Y todos ellos, al grito unánime de “aquí no vamos a ser menos”, generaron de la nada un sentimiento regionalista inexistente y la estructura desmesurada de un estado de 17 autonomías, de casi iguales competencias.

Y de esta manera la casta política española creó un entramado clientelar, de absorción y dación de recursos y prebendas, extendido a 17 autonomías y más de 8000 municipios.  La red estaba creada y a partir de ese momento se trataba de ponerla a funcionar captando ingresos para los partidos y sus allegados.

Para mejorar el sistema se trató de darle financiación y recursos. Así vino la Ley de Cajas de Ahorro que permitió a los políticos entrar en sus Consejos de Administración y distribuir a su interés particular los recursos que mantenían. También llegó la Ley del Suelo que dejó en manos municipales este gran recurso susceptible de todo tipo de corruptelas. De esta manera se había completado el entramado del negocio.

Este sistema es el que va creando diversas burbujas financieras o estructurales que le sirven para obtener pingües beneficios y generar nóminas y dietas para sus allegados. Lo malo es  que cuando se pinchan, sus consecuencias se pagan a escote entre todos. Entre las recientes, con pinchazos estruendosos, están la burbuja inmobiliaria, la burbuja de las renovables, la de las Cajas de Ahorro, la de las infraestructuras, la de las televisiones autonómicas…. La primera ha conseguido poner al estado en bancarrota, pendiente de un rescate necesario, la segunda ha logrado que el precio de nuestra energía sea la más alta de Europa, con la pérdida de competitividad para nuestra industria que ello supone. La de las Cajas de Ahorro a la vista está y a sus gestores no sólo no se les ha imputado por su mala gestión, sino que se han ido a su casa con indemnizaciones millonarias. La de las infraestructuras, invocando el conocido grito de guerra de “aquí no vamos a ser menos”  ha conseguido dejar atrás un gran número de aeropuertos infrautilizados y con pérdidas millonarias; estructuras feriales mastodónticas y sin clientes;  autopistas de peaje sin usuarios, y un largo etcétera; porque los dislates se han multiplicado por 17 en el mejor de los casos y por unos cuantos más, cuando en el reparto de los distintos pasteles han entrado también los ayuntamientos. Pero eso si, con cada una de éstas locuras inexplicables se han obtenido beneficios directos  y un gran número de puestos de trabajo absurdos y muy bien pagados, con sus dietas y sus prebendas.

Todo eso ahora toca pagarlo, y como decía antes lo haremos a escote, porque es fácil socializar las pérdidas pero imposible, con esta estructura, hacerlo con los beneficios y para qué hablar de encausar a los responsables. Los partidos ya se han encargado de contaminar con sus afines a las estructuras que deberían haber vigilado y perseguido el disparate que ahora toca pagar. Desde el Tribunal Constitucional al Consejo General de Poder Judicial; el Banco de España; los Consejos de las Cajas de Ahorro;  las entidades reguladoras de la energía y las telecomunicaciones; el reciente caso de la Comisión Nacional del Mercado de Valores;  las Cámaras de Comercio;  las grandes empresas públicas y algunas privadas…en todos estos lugares estratégicos existen en puestos clave o son dirigidos, por personal  propio de los partidos. Y esta lamentable situación no se puede mantener en un estado de derecho que precisa para su correcto funcionamiento que estos organismos sean independientes. La contaminación entre el poder legislativo y el ejecutivo es única en Europa y causa extrañeza y preocupación, cuando no una risa mal contenida, entre nuestros socios comunitarios.

La estructura política española genera burbujas –la próxima podría ser la de los casinos x 17-, porque en una muestra de  locura suicida, necesita huir hacia adelante, para poder seguir manteniendo el clientelismo y la estructura captadora de recursos con la que mantener a sus cercanos y afines.  Y uno de los numerosos problemas que generan estas burbujas y que nos va a tocar pagar durante muchos años es la incapacidad de la industria y empresa de base,  la que crea el entramado empresarial del país, para obtener los recursos necesarios con los que existir, desarrollarse y ser competitiva en Europa.

Ante esta situación de catástrofe, porque la crisis general  reinante en el mundo occidental ha destapado nuestra particular crisis e impedido la enésima huida hacia adelante por falta de recursos,  el partido en el gobierno, y no creo que la diferencia hubiera sido mucha con el otro partido, tal vez una mayor sensibilidad en las actuaciones,  ha decidido recortar en lugar de reformar. Y con esa solución, que intenta poner parches  y aguantar el tirón por si la crisis se pasa,  ha agudizado la crisis interior acabando con el consumo interno, y está intentando y legislando para que el coste de la situación se traslade al estado de bienestar y que lo paguen los que menos tienen. Lo que es injusto a todas luces.

En estos nueves meses se han cometido diversas atrocidades que han agravado la situación, nos han colocado en puertas de un necesario rescate y han acabado con la ya escasa credibilidad de los partidos políticos españoles. Para hacer un breve repaso, y aparte de la Reforma Laboral que ha conseguido casi dos millones de nuevos desempleados, con especial  incidencia entre mayores que tenían altas indemnizaciones y  buenos sueldos, y a los que se ha condenado al desempleo y la miseria de por vida, sin lograr por ello que sus hijos encuentren un trabajo precario y mal remunerado, podemos hablar de:

. Los recortes en Sanidad que han desmantelado la única buena estructura del estado del bienestar que teníamos y que pueden beneficiar el fortalecimiento de una sanidad privada para quién pueda pagarla.

. Los recortes en Educación que era, precisamente por la implicación de los partidos políticos en la misma, una estructura necesitada de consenso, proyección y menos ideología.

. Los recortes en Investigación y Desarrollo que significan un suicidio futuro para nuestra industria y nuestros jóvenes.

De momento se trata de dejar incólumes las estructuras generadoras de rentas para la clase política e impulsar medidas que tapen agujeros, como son los recortes y las subidas de impuestos.  Aunque con ello agraven la crisis por la caída del consumo, el cierre de empresas, la desaparición de autónomos y la generación de nuevos desempleados que, sin apenas coberturas, están condenados a la miseria y al abandono.

Además se está propagando el rumor interesado de que el rescate implicará nuevos recortes y sacrificios, y por ello se dice que no es necesario, que hay que negarse. Y no es eso.

Para obtener el rescate que necesitamos, nos van a imponer a cambio, medidas de reforma y no más recortes, que es precisamente lo que no quieren hacer los partidos, porque esas medidas de reforma, chocan de manera frontal con sus intereses y su modo de obtener recursos para los suyos.

Hay que reformar la estructura política con un sistema electivo mayoritario y unas listas abiertas, quitando el poder a las cúpulas de los partidos. Hay que acabar con los miles de empresas, públicas o pseudopúblicas,  que tan solo sirven para mantener  decenas de miles de pesebres a un coste elevadísimo y duplicar estructuras  económicas que se detraen a la posibilidad de negocio de las empresas privadas. Hay que terminar con muchas de las competencias autonómicas  y volver a un estado mucho más racional y centralizado que optimice los recursos.  Hay que establecer un plan de infraestructuras nacional, que vertebre el  estado y no  a cada una de las 17 autonomías como si fueran mini estados. Hay que propiciar la fusión entre muchos de los 8000 ayuntamientos  para ahorrar en costes…hay muchas cosas que hacer y pronto, porque nos va el futuro en ello.

Por desgracia todo ello significa hacerse el harakiri para nuestra clase política. Y no les veo por la labor de hacerlo. Todo lo contrario, van a seguir poniendo parches en formas de recortes para hacer pagar la crisis a los demás, se van a negar a cualquier tipo de reforma del sistema y van a seguir viviendo en su particular burbuja,- esta es dorada- protegida de la realidad social a la que van a someter al país. Y eso no es todo, porque si perciben que la única manera de mantener su situación de privilegio es la de salirse del euro, lo intentarán hacer. Aunque ello signifique el retroceso del país y la emigración masiva para muchos de nosotros y nuestros hijos.

Está en nuestras manos exigir que den la talla y que acometan las reformas que les llevarán a su casa y a buscar trabajo, como al resto de los españoles, que ya estoy harto de oír, a determinados políticos, que con 5.000 euros al mes viven justitos. Pero creo que quien antepone el bienestar del partido y sus afines, al sufrimiento y desgracia de todo el país, no es el estadista que necesitamos. Y este estadista tiene que ponerse frente al aparato de su propio partido, y a los intereses económicos del resto del arco parlamentario. Y para ello sólo –lo que no es poco- puede contar con el resto del país no contaminado por los pesebres y las prebendas.

Ya hay voces que piden una absoluta revisión del concepto de estado, y los líderes políticos, que están viendo las orejas al lobo, ya se están lanzando a crear cortinas de humo para distraer la atención de lo verdaderamente importante. Las voces de autogobierno, independencia, más autonomía, federalismo…son esas cortinas de humo que quieren tapar la verdadera situación. Hay que revisar la estructura de nuestro estado, formar un gobierno de concentración y salir del problema en el que estamos metidos, todos juntos. Ante situaciones excepcionales se requieren soluciones de la misma índole. No hay otra. Lo demás son juegos de manos.

 

Eduardo Lizarraga

Madrid, Septiembre 2012

 

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