jueves, 26 de mayo de 2011

Que nos busquen en las plazas

Una vez pasada la cita electoral del pasado domingo, cita que los que viven de ella llaman sin rubor alguno “la fiesta de la democracia”, los partidos mayoritarios, de forma independiente a como les haya ido, observan, no sin cierta preocupación, un nuevo elemento que puede dar la nota discordante en el año que queda hasta las elecciones generales.
Al igual que está sucediendo en otros países de nuestro entorno, grupos de jóvenes y no tan jóvenes han tomando plazas céntricas en muchas ciudades españolas, para protestar por el devenir de una crisis que no han causado, pero que están pagando como si lo hubieran hecho. Demandan un cambio en el modelo social, económico y político.

En el PSOE, que ha sufrido el mayor debacle de su historia, el ruido por buscar el causante y la sucesión de Zapatero está silenciando cualquier otra cuestión. Pero el PP, que se debate entre pedir a las claras la anticipación de las elecciones generales, o hacerlo con la boca chica para que el PSOE siga haciéndoles el trabajo sucio un año más y desgastándose por lo tanto, se está comenzando a preocupar por esta nueva fuerza que ha tomado las calles y que parece querer seguir en ellas. Y ello no gusta a los ínclitos representantes de la ley y el orden, que ya perciben unos próximos años calientes y que estarían encantados con que el movimiento, recién nacido, no llegara a más. Bastante van a tener con los sindicatos, que entonces si que se echarán al monte.

Los partidos políticos se están haciendo los miopes ante la realidad que preconizan estos recién llegados. No es que no la conozcan, es que es una realidad incómoda para sus intereses. Por poner un ejemplo, no es mal camino el tomado por Islandia, silenciado de forma ominosa por los medios de comunicación, pero evidencia palpable de que los desastres causados por una minoría no deben ser socializados y pagados por la mayoría. Allí, ante la voluntad del pueblo islandés, ha debido dimitir el gobierno, reformarse la constitución y convocarse nuevas elecciones. ¿No es un ejemplo aquí, donde nunca dimite nadie?

La crisis financiera iniciada en 2007 en Wall Street, que llegó a Europa y a España de manos de las famosas “hipotecas basura”, parece que se ha estancado dentro de nuestra fronteras. El paro, la disminución del consumo y el estancamiento inmobiliario son las consecuencias que más están afectando a nuestro país. El resto de Europa también se ha visto afectado, pero ya va saliendo. Nuestros mayores diferenciales son la corrupción y la burbuja inmobiliaria ¿Cuántos listos se han enriquecido con la especulación del suelo? Cuántos políticos se han dejado corromper? ¿Por qué se rescata con dinero público a los bancos y cajas que se mezclaron y enriquecieron con el negocio de la construcción?

Dice mi amiga Pilar, que de esto sabe mucho, que el gran error -¿intencionado?- fue dar las competencias del suelo a las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Y debe tener razón porque toda la gran corrupción, los negocietes y los negociones, el amiguismo y el latrocinio, los tránsfugas y los maletines, iniciaron en aquel momento su imparable camino hacia la crisis en la que estamos instalados.

Ahora ya es tarde para recoger esas competencias, pero algo debiera hacerse porque estoy seguro, que en caso contrario, repetiremos el modelo erróneo cuando la situación mejore, si es que mejora que tengo mis dudas.

Y volviendo a los políticos que estos días nos ocupan, mejor dicho, que estos días se ocupaban de nosotros, porque como ya ha pasado el domingo volvemos a no existir hasta la próxima cita electoral. Pues volviendo a esos políticos que padecemos, no creo, que tengan ni la clase ni la preparación que la situación exige. Creo más bien que, abierto ya el melón de estas elecciones, irán, unos y otros, a remolque de la situación, obedeciendo las instrucciones del mercado y rindiendo pleitesía a los poderes económicos y financieros que les apoyan, aunque para ello deban pasar por encima del pueblo que les ha votado. Todo ello aderezado con peticiones de adelanto electoral y enrrocamiento en la Moncloa por “responsabilidad política”. Eso si, de todo lo que suceda nunca tendrán la culpa ellos, -los políticos en general- será el mercado, la coyuntura, los otros que estuvieron antes…

Y así nos va. Eligiendo lo que podemos entre listas cerradas e imputados y penados; dándonos ya cuenta que después de la crisis de las ideologías lo mismo nos da uno que otro, nos robarán igual; teniendo la certeza de que ninguno hará lo que conviene al país, sino a su partido, al mercado, a la oligarquía financiera, a su interés particular…Hace tiempo que no creo ya en los partidos políticos, son empresas privadas que subvencionamos con dinero de todos; que hacen sus negocios particulares, dan empleo a sus socios, realizan todo tipo de alianzas y se protegen entre ellos, beneficiándose de prebendas inexistentes o prohibidas para el resto de la sociedad, aunque así perjudiquen el interés común.

Acabo de poner la tele y la he apagado. Solo aparecían políticos, preocupados por sus puestos de trabajo cesantes o queriendo hacerse, cuanto antes, con el trozo de pastel que les hemos dado. ¿No se dan cuenta de que en estos momentos necesitamos cambiar el sistema y las reglas de juego? ¿Somos tan mentecatos que no nos enteramos de que sólo quieren mantener su jerarquía y derechos? Tenemos un año para reaccionar y darnos cuenta de la verdadera situación. ¿Y si cuando vuelvan a acordarse de nosotros no vamos ninguno a su fiesta, qué pasa? Que nos busquen en las plazas de nuestras ciudades y nos convenzan.

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